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viernes, 11 de septiembre de 2020

Si quieres ser escritor debes...

El otro día, haciendo limpieza en los cajones de la cómoda que tengo en el dormitorio, encontré un cuaderno la mar de cute; rosita, de Hello Kitty. Muy mi estilo, vamos. 😋Lo raro es que ni me acordaba de que tengo semejante monería. Así que lo abrí, con la misma sensación que tendría al husmear entre las cosas de un extraño, y, al ojearlo, descubrí páginas y páginas llenas de apuntes de uno de esos cursos de escritura creativa a los que he asistido como alumna. 
¡Ay! ¡Aquellos tiempos! Qué romántica y qué bohemia me sentía. Y qué poquita cosa necesitaba para montarme mi película y ser feliz dentro de ella. 
En fin, si me permites, voy a hacer a un lado el modo abuela cebolleta que acaba de caerme encima: ¡Hala, señora! Váyase usted a sentar en el sofá, o donde quiera, que aquí tenemos cosas que hacer. 
¡Ea! Pues ya está; podemos seguir con lo nuestro.
Como te decía, el cuaderno estaba lleno de anotaciones sobre técnicas de escrituras. De todas ellas, mis ojos se detuvieron en un apartado remarcado con subrayador amarillo fosforito (difícil no reparar en ella) que gritaba con letra grande y mayúscula: CONSEJOS DE ESCRITURA. Y me dije:
-¡uy! Pues mira que bueno es esto para escribir una entrada en el blog. 
Conversaciones de estas que me gusta tener conmigo misma, ya sabes. 
Me voy a permitir cambiar el encabezado por el título de esta entrada para compartir esos tips contigo, y con todo el que sienta el escozor de una historia quemándole las yemas de los dedos; incitándolo/a a ponerla en palabras. Son pequeños detalles, pero vale la pena tenerlos muy en cuenta. Como suele ocurrir con la mayoría de las cosas pequeñas. 
Así que empezamos con la master class. 😎😉


Si quieres ser escritor debes...

  • Aburrirte: Aunque te parezca una manera un poco bestia de empezar en realidad el consejo tiene su miga. Muchas veces, del aburrimiento surgen las mejores ideas. De modo que no tengas miedo a esos "vacíos temporales" en los que no sabes qué hacer para que las manecillas del reloj se muevan un poquito. No desesperes. Primero que nada, comprueba que la pila no se haya gastado. Tras asegurarte de que la maquinaria sigue en funcionamiento, dale a la cabeza y montante una superproducción de Holliwood ahí dentro. Es lo mejor para matar el rato, y el primer paso para desarrollar la trama de tu posible novela.

  • Buscar estímulos: Si las ideas no vienen por sí solas, sal a su encuentro. Empápate de canciones, relee escenas de libros que te hayan marcado de algún modo, trata de averiguar qué motivó a un determinado autor a escribir ese poema que tanto te gusta o busca un final alternativo a la peli que viste el otro día y que te pareció un bluf. En definitiva, sumérgete de cabeza en cualquier cosa que estimule tu imaginación. 

  • Ser diferente: es mucho más importante que ser original. Seamos sinceros, a estas alturas de la vida ya todo está inventado. Es muy difícil (jamás imposible, pero sí tremendamente complicado) que des con un tema que ningún otro autor haya tratado antes. De manera  que olvídate de grandes gestas y limítate a ser simplemente tú. Marca tu estilo, no imites a nadie. Ese autor que tanto te gusta ya existe, no necesitamos otro. Pero siempre viene bien tener a gente nueva capaz de aportar lo más importante que puede tener cualquier persona que pretenda desarrollar una actividad creativa: personalidad. 

  • Arriesgar: pero lo escrito más arriba no quiere decir que te acojas a un patrón y no salgas de él. De eso nada, ¿qué sería de la escritura sin el placer de experimentar? No te cortes a la hora de asumir planteamientos creativos que nos muevan a lo nuevo, aunque se aparten de las normas literarias establecidas dentro de un determinado género. Da igual si tropezamos, lo importante es contar lo que deseas contar del modo que crees que debe ser contado. 

  • Tener fuerza de voluntad: El tesón pule tu forma de escribir. De modo que no des por perdido el tiempo que inviertes en hacerlo. Aunque al final consideres que es mejor desechar el texto en el que llevas dos meses trabajando siempre te habrá servido para mejorar tu estilo. Esto lo he comprobado de primera mano. ¡Ay!, Cielo de Bangkok, si te pillara ahora por banda qué puesta a punto te iba a hacer. 

  • Ser coherente: no te engañes a ti mismo, ni intentes engañar al lector. Ya hemos mencionado lo importante que es para un escritor tener personalidad, así que no la escondas. Se honesto con lo que cuentas, cree en ello y defiéndelo. En definitiva, no te prostituyas; no intentes quedar bien con Dios y con el diablo. La parte de ti que quede reflejada en el texto debe ser auténtica. 

  • Tener autoexigencia: duele (¡vaya si duele!) desechar esos tres capítulos en los has estado trabajando todo un mes. E incluso esa página que te ha tenido liado/a toda la tarde. Pero, si hay que hacerlo, pues hay que hacerlo y ya está. Elimina todo aquello que consideremos que no tiene el nivel necesario, o no cumple las expectativas del trabajo que nos hemos propuesto sacar adelante. 

  • Formarte: Lee continuamente y no dejes de aprender sobre el oficio. Asiste a cursos, charlas... Créeme, jamás sabrás suficiente sobre escritura. Aun cuando te parezca que el conferenciante de turno no esta aportando nada diferente a lo que ya sabes; aunque creas que todo este rollo de pautas, organización del trabajo y demás no te sirven para nada, aprende de todos los recursos que tengas a tu alcance. Otra cosa es que luego decidas no usarlos, pero que nadie diga que no conoces los entresijos de tu trabajo en profundidad. 

  • Forjar tu orgullo: Que no tu vanidad, no confundamos términos. Eres escritor, deberías conocer bien la diferencia entre uno y otra. 😉 Pocas cosas caen tan mal como una persona petulante o en exceso pagada de si mismo/a. Escribir no te hace mejor que los demás, no creas que tienes algún tipo de superioridad moral o intelectual reservada para unos pocos. Pero también ten presente que lo que haces no es fácil, ni puede hacerlo todo el mundo (cómo odio esa frase de 《yo también podría escribir. ¡Mi novio dice que tengo una imaginación!》. Pues inténtalo, guapa, inténtalo; a ver qué te sale).  Valora y da valor a tu trabajo. No serás el mejor novelista del mundo, pero eres novelista. 

  • No perder nunca la humildad: esto es un poco resumen de los dos últimos puntos. Un recordatorio de que estamos en constante proceso de aprendizaje, por mucho éxito que podamos llegar a tener. 

Y hasta aquí hemos llegado. Estos son los consejos que me dio la siempre adorable Hello Kitty cuando abrí su libreta. 😆 Ya ves, para que luego digan que es una gata bobalicona. Espero que te sirvan de ayuda si estás interesado/a en dedicarte a la escritura. Y, si no, pues que por lo menos hayas echado un ratito entretenido. 

miércoles, 20 de mayo de 2020

¿Qué es la Novela Romántica?

Hace unas semanas, un compañero escritor me envió un correo electrónico para dejarme su opinión sobre la entrada Los hombres también saben escribir romántica. En su mensaje, él me preguntaba qué es una Novela Romántica. También  me planteaba la duda de cómo puede definirse el romanticismo, cuando esto es algo muy subjetivo.
¡Y qué razón tiene!
Se supone que el romance es el género que escribo, por eso me esforcé en solventarle la duda a este compi de letras. Tengo toda la autoridad para hacerlo, ya que, como es universalmente sabido, soy una incuestionable autoridad en la materia.😜 Estoy bromeando, por supuesto. Yo solo soy una de las muchas "plumillas" que andan por ahí, arrastradas por el viento. Por eso, lo único que puede hacer por este colega de oficio fue repetir lo que he aprendido de otros, como un papagayo. Aunque soy una lorita muy aplicada, ¿eh? Eso sí que nadie me lo puede quitar. 
El que este escritor me propuso me pareció un tema interesante, por eso he querido traerlo al blog. Básicamente, lo que voy a hacer es copiar la exposición de mi punto de vista que escribí para mi remitente.

Clásica imagen para portada de una Novela Romántica.
Hay quien recuerda estas cubiertas con ternura.
Yo... No tengo una opinión tan buena sobre ellas. 😅

Empiezo a transcribir. Aquí vamos. 

A ver, voy a intentar responder la pregunta que me haces. Aunque no es del todo sencillo. 
Primero que nada, ten en cuenta que no es lo mismo una novela romántica que una novela de amor. No toda obra literaria que tenga como tema principal la relación amorosa de una pareja entra dentro del género romántico. Por ejemplo, Love Story, de Erich Segal, pese a ser una historia muy romántica en sí misma, no se puede incluir dentro de  la literatura romántica como género.
Cuando hablamos de literatura de género (ya sea romántico, policíaco, fantástico...) estamos hablando de un mundo que se rige por sus propios parámetros. De modo que sí, para que una novela se considere de género romántico debe cumplir con una serie de reglas o normas no escritas, pero que el lector espera encontrar en ella. Y, también, el editor, que al final es quien tiene en su mano la decisión de publicarla o no. 
Lo que se espera de una novela romántica es muy sencillo, en realidad. Puede resumirse en tres puntos:

1-El amor como eje estructural de la acción: en esto, no es muy diferente de una novela de amor, en ambas la trama amorosa es el tema central.

2-Fuerte componente erótico: este es, quizás, uno de los puntos que mejor definen al género romántico. El amor que sienten los protagonistas está marcado por un fuerte deseo sexual. Esto no quiere decir que el escritor deba llenar páginas y páginas de escenas eróticas, tampoco que tenga que ser muy explicito. Depende de cada uno, como autor, decidir hasta dónde quiere llegar y lo que desea narrar. Pero sin olvidar que, en la novela romántica, amor y deseo van de la mano. 

3-Final feliz: si el anterior era un punto que definía mucho al género romántico, el final feliz es la pieza que NUNCA puede faltar en él. Si algo he aprendido en los años que llevo en esto, es que al lector de romántica no le gustan (incluso llega a molestarle mucho y a hacer que su opinión de una novela que estaba disfrutando se vuelva negativa) que, al final de la historia, los protagonistas no hayan sido capaces de salvar todos los obstáculos para acabar juntos y vivir felices para siempre. Esto se debe a que la novela romántica forma parte de la literatura de evasión. Quizás, sea uno de los géneros más representativos dentro de ella. 

¿A que soy un pozo de sapiencia infinito? 🤣 Si es que estoy desaprovechadísima. 
El caso es que, tras hacer esta sesuda reflexión, me asaltó una duda que no es nueva, sino recurrente. Viene persiguiéndome desde mis orígenes como escritora. De inmediato, mi voz interior, esa a la que de tanto en tanto le gusta hacerse oír para darme la puñeta, me susurró al oído: «¿y tú, Adriana? ¿Eres verdaderamente una autora de Novela Romántica?»
A ver... Tengo claro que soy lectora de este tipo de literatura. Lo he sido desde la adolescencia. Pero también he leído muchísima novela de amor, de esa que se salta las barreras de cualquier género y, a falta de poder catalogar, se le cuelga la etiqueta de "sentimental". Supongo que, por lo mismo, es inevitable que esté influenciada por ambas. Aunque, últimamente... Desde hace bastante tiempo me decanto muchísimo más por títulos que entrarían en el segundo grupo. La verdad, me cuesta encontrar una Novela Romántica que me emocione o, por lo menos, me guste o entretenga. Tengo la impresión de que este género está atravesando una moda o quizás no; puede que sea solo el resultado de su evolución natural, adaptándose a los nuevos tiempos― a un tipo de comedia marcada por tintes sexuales extremadamente explícito. Historias en las que el lenguaje soez se acepta como algo natural, como material para el chascarrillo, y hay más dosis de sexo que de sentimiento. Esto.. A mí no me va mucho, la verdad. Problema mío, que soy una ñoña, lo sé. Pero... Confieso que empiezo a sentirme algo desubicada dentro del género; desplazada como lectora y, también, como escritora. 
En mis libros no hay maromos. Si chicos guapos, ¡claro que sí! Puestas a fantasear, que sea a lo grande. Pero dentro de esta necesaria idealización, mis protagonistas masculinos son del tipo natural. El exceso de músculo y testosterona... Es otra cosa que no me va nada. Además, todos ellos son hombres que tienen defectos y meten la pata. Se asustan, tienen miedos y no encajan mucho con el estereotipo del macho alfa. Tampoco empotran a nadie. No tienen necesidad de hacerlo porque, otra de las cosas que no abundan en mis novelas, son las escenas de cama. Pero no es que eluda el tema por un exceso de pudor, ni nada por el estilo. Lo que pasa es que no me nace llenar páginas y más páginas con posturas que parecen sacadas del Circo del Sol. Prefiero desarrollar la trama y los sentimientos de mis personajes. Siempre me ha primado más el corazón que la entrepierna, soy así de rara.
Con esto no estoy queriendo dar a entender que soy mejor que nadie. Nada de eso. Aunque tampoco creo ser peor escritora que el resto de mis compañeros de género solo porque mi estilo sea más "blanco". Son diferentes personalidades y maneras de escribir, solo eso.
El caso es que, respondiendo a la pregunta que mi voz interior me formuló con toda su mala baba, no tengo muy claro si soy una autora de Novela Romántica o solo escribo historias de amor. Por esta razón, cada vez tengo más manuscritos acumulando polvo en una carpeta, sin atreverme a sacarlos de allí para compartirlos con el mundo porque temo que no encajen en lo que se espera de ellos.
Un clásico en mi vida. Lo de someterme a la pauta que marca el compás... ¡Jo! ¡Cómo se me dificulta! Soy aritmética total. 🤦‍♀️

jueves, 26 de septiembre de 2019

El guión de diálogo

El maldito guión de diálogo. Así es como me habría gustado titular esta entrada. Pero, no es plan de ir faltando el respeto por ahí, no señor. Eso no está bien. Y, menos, cuando la condenada rallita de marras va a ser la invitada especial de hoy. A ella va dedicado el post, con todo mi cariño. 😒
Por si eres profanx en esto de la escritura, voy a empezar presentando a nuestra protagonista. Que no se diga que soy mala anfitriona. El guión de diálogo, como su propio nombre indica, es esa pequeña línea que precede a las intervenciones de los personajes en un texto. O, lo que es lo mismo, la que indica al lector que estos han tomado la palabra.


Ejemplo: Te dije que él no vendría. 

Hasta aquí, todo muy fácil. ¿Verdad? Seguro que no te estoy revelando nada que no supieras ya.

Pues no, nada más lejos de la apariencia. Para empezar porque, deja que te diga, que no cualquier ralla vale para introducir un diálogo. Concretamente, la que aparece dibujada en el teclado (guión corto) no sirve. ¿Y esa que a veces nos genera Word, de forma automática? (guión medio) Pues tampoco. 
El correcto, el apropiado, el que debes utilizar si no quieres quedar como un pardillo cuando mandes tu manuscrito a las editoraiales, es el guión largo. Sin más. Este es el gramaticalmente correcto a la hora de marcar la intervención de alguién.
Vale, y, ¿dónde lo encontramos? Porque, si el corto lo tenemos en el teclado, y el medio sale solo con un poco de ayuda de Merlín... El largo...
No te canses, deja de buscarlo. Ponerlo ahí, a la vista de cualquiera, habría sido demasiado fácil. Le quita emoción. Para hacer la vida del escritor un poquito más interesante, los señores diseñadores de los procesadores de texto han decidido proponernos un juego. Uno parecido a la búsqueda del Santo Grial: la búsqueda de nuestro guión largo/guión de diálogo. 
En realidad, dónde esté depende mucho del ordenador que estés utilizando e, incluso, del software. Generalmente, hay dos caminos para llegar a él:

  1. Ve a la barra de herramientas de tu procesador de texto (que está en la parte superior de la pantalla), busca la pestaña "insertar". Aquí te aparecerá un submenú en el que encontrarás el apartado "símbolo". Ahora, coge las gafas de bucear y zambúllete en en él. Se supone que aquí deberías encontrar el guión correcto para hacer a tus personajes hablar.
  2. Esta es mi favorita. También viene de la mano de Merlín, es un encantamiento. Coge tu barita mágica (si no tienes, los dedos también valen) y teclea el código Alt+0151, con el teclado numérico activado. 
Siguiendo una de estas dos vía llegarás al lugar adecuado. Aunque, ¿quién sabe? También es posible que no des con lo que buscas. A mí me ha pasado. 
En fin, lo de utilizar el guión correcto para introducir diálogos es algo que aprendí pronto. Cuando escribía El cielo de Bnagkok ya tenía solucionado el asunto. Lo que me ha costado bastante más es aprender a puntuar cuando a mis personajes les da por pasar de mí y toman la palabra. Para ser honesta, esto es algo que acabo de aprender. Lo estoy aprendiendo. En eso ando esta semana. 
Por lo que sé, es un problema común a la mayoría de los escritores. No lo digo para justificar mi ineptitud, sino porque realmente he leído y oído a muchos novelistas quejarse del lío que tienen con las normas de puntuación dentro de los diálogos. 
De este mal común surgió la idea de escribir el post que nos ocupa. Ahora, que me he convertido en una maestra en la materia, voy a compartir mi sabiduría con el pueblo llano😋 . 
Primero de todo, como ya sabemos cuál es el guión que debemos usar (el largo, siempre el largo, que no se te olvide) y dónde encontrarlo (con un poco de ayuda de los astros), tengamos en cuenta que no solo las palabras de los personajes van precedidas por él. También se usa para introducir todas las aclaraciones que, como narradores, queramos hacer sobre la actitud o apariencia del que está hablado. 

Ejemplo:  Te dije que no vendría exclamó María. 

Cuando, tras este pequeño inciso que hemos hecho, el personaje retoma la palabra, volvemos a colocar otro guión. Dejando la aclaración del narrador encerrada entre ambas líneas. 

Ejemplo: Te dije que no vendría exclamó María―. Es un cabezota.

Sin embargo, cuando la aclaración que hace el narrador no comienza por un verbo de habla (dijo, exclamó, comentó...), como hemos visto en el ejemplo, el punto que marca la aclaración del escritor se coloca antes del guión, y no después. 

Ejemplo:Ya te he dicho que no quiero hablar del tema. ―Ana se dio media vuelta y dejó a Julián plantado en mitad de la calle. 

Es fácil. Pero, créeme, se complica. Lo hace en el momento que también las frases lo hacen. Cuando personaje y narrador se suceden para mostrar al lector lo que está ocurriendo (lo que hace, siente, piensa o ve el que habla, mientras habla). Pero, por hoy, lo voy a dejar aquí. El resto, lo abordaremos en otra entrada. Hasta entonces, practica con esto.😜
Yo también lo haré. Corregiré mis textos y me flagelaré con la vergüenza que siento al pensar en esos otros, los que andan vagando por editoriales. Sin que pueda ya remediar los muchísimos errores que cometieron mis personajes al hablar (la culpa es de ellos, no mía). Las manos a las que esas aberraciones han llegado... Deben estar alucinando. 

jueves, 25 de julio de 2019

¿Escribimos un haiku?

Si digo que me encanta Asia no estoy aportando información nueva para que me conozcas un poquito más. Qué va, lo he repetido tantas veces ya, y en tantos sitios diferentes, que no te faltan motivos para gritarme:
¡Ya lo sé, tía pesada!
Así que tranqui, que no voy a reiterar ni a explicar otra vez que es por esta fascinación por lo que mi primera novela está ambientada en Tailandia. Tampoco que uno de mis grandes sueños es recorrer el sudeste asiático, descubriendo y aprendiendo de la multitud de culturas que lo conforman. Esta no es una de esas entradas que clasifico bajo la etiqueta "diario", sino de las que van en "taller de escritura de novela romántica". Aunque lo de Novela Romántica sobra aquí, pero la etiqueta ya está creada y sigo aprovechándola cada vez que me dejo caer por el blog para hablar de  técnicas y recursos literarios. De modo que ponte cómod@ y vamos a jugar un ratito con las letras.
¿Apetece el plan?
Te preguntaba en el título de la entrada si escribimos un haiku, y quizás debería comenzar explicando qué es eso.
El haiku es un género poético japonés muy asimilado por los escritores occidentales, a pesar del gran abismo kilométrico y cultural que separan a este lado del mundo de la nación nipona.  Son muchos los autores no japoneses que han escrito haikus. También te cuento que, etimológicametne, la palabra se traduce como "escritura paralela"  (hai) y"línea" (ku). Y que estos poemas están compuesto por un único verso de 17 sílabas. Ni una más, aunque si está permitido que sean un poquito menos. Pero no muchas, ¿eh? Recuerda que el 17 es nuestro número cuando nos convertimos en haijin, o autores de haiku.


Vale, pues si ya tenemos esto claro, pasemos a ver de qué modo se distribuyen estas 17 sílabas.
Primero que nada, debemos saber que los haikus están constituidos por tres versos sin rima. Y estos tres versos se combinan en 5, 7 y 5 sílabas. 

Para que lo asimiles mejor fíjate en este esquema:

Primer verso (5 sílabas)
Segundo verso (7 sílabas)
Tercer verso (5 sílabas)

Más claro ahora, ¿a que sí? Pues pasemos a ver un ejemplo con el siguiente haiku escrito por Matsuo Basho, considerado el padre del género: 

Noche sin luna.
La tempestad estruja
los viejos cedros.

Si descomponemos en sílabas el texto tenemos:

No/che/sin/lu/na. (5 sílabas)
La/tem/pes/tad/es/tru/ja (7 sílabas)
los/vie/jos/ce/dros. (5 sílabas)

Ahora que hemos aprendido la forma, vamos a concentrarnos en el contenido. Porque, ¿de qué hablan los haikus?
Pues estos versos suelen centrarse en la naturaleza, o abordan temas de la vida cotidiana. Podemos decir que su finalidad es captar la esencia de los momentos, por lo que prescinden del artificio al que nos tiene acostumbrados la poesía para centrarse en la sencillez, utilizando palabras fáciles de comprender. La idea es captar una imagen, como lo haríamos al tomar una fotografía. Pero usando palabras en lugar de una cámara. O el teléfono móvil, que va más en consonancia con nuestros tiempos.
En relación a esta idea también hay que señalar que los verbos no son muy relevantes ya que, como hemos dicho, lo que el texto hace es describir, no narrar una acción. Ese es el objetivo, el mensaje a transmitir. Lo que, por otro lado, tampoco significa que tengamos que huir de los verbos como de la peste, no es eso. A ver, que son palabras como las demás; tú sabrás si necesitas de ellos para expresar lo que quieres.
Y no podemos concluir sin explicar el concepto de Kigo. 
¡Vaya palabreja! Pero, ¡¿qué es esto?! Pues nada complicado, en realidad; no te asustes. Por kigo se entiende una alusión, explicita o no, que ponga de manifiesto el momento del año al que hace referencia el haiku. Es decir, esa escena que recoges, ¿es otoñal, veraniega...? Puedes mencionar la estación o el mes. O, simplemente, dejarlo entrever.
Según dicta la tradición, todo haiku debe incluir un kigo. Y, si nos paramos a pensarlo, es lógico. No olvidemos que la naturaleza es el principal tema de estas composiciones poéticas, y que esta está claramente marcada por las estaciones. 
Pues, ahora sí... ¡ya está todo dicho!
Lo cierto es que la teoría no es muy complicada, ¿verdad que no? A mí, al menos, me ha sorprendido en este sentido. Me imaginaba algo mucho más enrevesado.
¿Te atreves ahora a escribir tu propio haiku? Yo he tenido la poca vergüenza de intentarlo la ignorancia, como diría un maestro mío de la uni, es muy osada 😅, te dejo aquí el resultado: 

De los cerezos
se caen los pétalos.
Fútil belleza.

¿Qué te parece? La "ponefaltas" de mi hermana dice que me he saltado a la torera el principio de usar un lenguaje sencillo. Y todo por escribir la palabra fútil ¡increíble! Lo que tenemos que aguantar los artistas😎. Le he recomendado que se compre un diccionario y comience a hablar como Dios manda, ¡hombre, ya!

Por cierto, algo muy importante que se me ha olvidado comentar es que los haikus no tienen título. ¡Hala! Pues ahora sí está todo dicho. 

lunes, 17 de junio de 2019

Tu carta de presentación como escritor/a

La carta de presentación es ese documento con el que, valga la redundancia, nos presentamos a las editoriales cuando enviamos nuestro manuscrito. Un CV que, para qué nos vamos a andar por las ramas, da una pereza terrible redactar. Porque sí, así somos los escritores; podemos pasarnos horas y horas, páginas y páginas, hablando del archiduque VonGraf y sus líos de faldas. Pero, cuando se trata de poner los dedos al servicio de la burocracia... Que no, que no; eso no está hecho para nosotros. 
Te entiendo. Qué me vas a contar, si a mí me pasa exactamente lo mismo. Sin embargo, ahora que he pasado por la experiencia de redactar la mía,―mis dos novelas publicadas fueron seleccionadas de entre las enviadas a concurso, así que esta es mi primera vez preparando todo este papeleo la verdad es que me he dado cuenta que escribir una carta de presentación no es tan pesado como me parecía desde la distancia. En realidad, creo que una vez le das forma a la primera ya las has hecho todas. Y no es un modo de hablar, sino una convicción de verdad. Una carta de presentación bien enfocada te puede servir de plantilla para todas las que tengas que redactar durante tu vida profesional. 
¿Cómo? Muy sencillo, ya te lo digo. Vamos a verlo por partes. 
Para empezar, hagamos un mapa visual con todos los puntos que debe recoger este documento. Los cuales, como bien sabes, son:
  1. Datos de contacto: información fundamental y muy sencilla de facilitar, ¿verdad? Nadie conoce mejor que nosotros nuestros datos personales (nombre completo, DNI, dirección...). Debemos escribir estos junto con aquellos que sirvan a la editorial para comunicarse con nosotros (teléfonos, correo electrónico y blog). Revisa bien estos últimos, no sea que con las prisas te equivoques y termines perdiendo una oportunidad de ver tu manuscrito publicado. 
  2. Encabezado que incluya el nombre y cargo del destinatario: vamos a ser claros, el objetivo de toda esta parafernalia es demostrar que somos unos profesionales. En este sentido, molestarte en hacer una búsqueda por Internet para averiguar el nombre de la persona a la que va a llegar tu carta, y su puesto dentro de la empresa, te hará ganar puntos de inmediato. Sé que es un dato difícil de encontrar y, en este caso, no nos va a quedar más remedio que tirar del socorrido "Estimado Sr./Sra.:". Pero que esta sea nuestra última opción, a la que lleguemos porque verdaderamente no nos ha quedado más remedio, no porque pequemos de vagos. 
  3. Tu experiencia como autor/a: este, y el siguiente punto el número cuatro son el cuerpo de la carta de presentación. Lo que tenemos que currarnos. Aquí vamos a alardear de nuestro bagaje como escritores. Ya lo dijimos antes, tenemos que demostrar que somos profesionales, así que no omitas ni el detalle más ínfimo. ¿Que eres novel? ¿Y qué? Si has tenido la santa paciencia de escribir una novela de trescientas páginas, seguro que te gusta la escritura. Tampoco me creo que la obra te haya salido a la primera. Habrás hecho algún curso de escritura creativa, seguramente te presentaste a certámenes de relatos cortos o, si no, probablemente escribías para el periódico del instituto o eras fijo en los concursos de ortografía del cole. Tu relación con las letras debe remontarse mucho en el tiempo. Haz memoria y exponla sin omitir detalle. Cualquier cosa, por tonta que te parezca, vale para dejar claro que vamos en serio y no estamos empeñados en publicar una novela por mero capricho. 
  4. Breve sinopsis de la obra que se presenta: pues eso. Sabes lo que es una sinopsis, ese resumen que aparece en las contraportadas de las novelas. Imagina cómo sería la de la tu historia y escríbela. Recuerda ser breve y no destripar mucho, que no es un resumen de toda la trama. 
Y... ¡Ya está! Esto es todo. Bueno, y un frase de despedida, claro está. Que no es plan de dejar al pobre remitente así, a la francesa. 

Ten en cuenta que debes ser breve y conciso. El espacio con el que cuentas para exponer todo es de una página por un solo lado. Las editoriales reciben montones de propuestas todos los días, deben atender a muchos candidatos, de manera que no los aburras con palabrería innecesaria. Por otro lado, no intentes hacerte el gracioso. Profesionalidad, ¿recuerdas? ¿Se te ocurriría hacer chistes en una entrevista de trabajo? Pues lo mismo. Puedes considerar la carta de presentación como la versión de la entrevista de trabajo en el mundo editorial. Otro fallo que debes evitar es el peloteo. Sí, como lo lees. Vamos a ver, el solo hecho de que mandes tu manuscrito a una editorial ya deja claro que te gusta el trabajo que hacen. Si te pareciesen unos matados que solo publican bazofia, ¿a que no te pondrías en contacto con ellos para que publiquen tu querida novela?  Todos valoramos nuestro trabajo, hay cosas que no es necesario decir. Por no hablar de que tanto ellos como tú, yo y el mundo entero, sabemos que, si su grupo editorial no está interesado en tu propuesta, seguirás probando suerte en otras empresas. ¡Vamos! Seguro que has aprovechado la mañana de domingo para enviarla a unas cuantas! Así que déjate de tonterías y céntrate 😉.  


¿Vemos un ejemplo?


Vamos a analizar la siguiente carta de presentación.

Nombre: Manuela López García (Vanessa Cruchs)
Como ves, Manuela escribe bajo seudónimo. Lo cual hace constar especificando su nombre de autora a continuación del real y entre paréntesis. 
Fecha de nacimiento:
DNI:
Dirección:
Teléfono:
Correo electrónico:
Blog:
Hasta aquí no es diferente del CV de toda la vida, ¿a que no?

Estimada Sra. Mª Pilar Asenjo de Formentera:
(Coordinadora departamento de lectura Ed. CieloAzul):
Como chica aplicada que es, Manuela ha hecho los deberes y se dirige expresamente a la persona que sabe que va a leer su carta. 

Mi nombre es Manuela López (aunque firmo mis escritos como Vanessa Cruss) y soy autora de Novela Romántica Histórica. 
Aclaramos género de la obra antes de nada y, de paso, volvemos a recalcar lo del seudónimo para que no haya dudas. Por cierto, si, como yo, tú tampoco usas seudónimo, es obvio que te ahorras las aclaraciones en este sentido. 
Desde pequeña he sido una devoradora de libros; lectora voraz y escritora de diarios, cuentos y cartas de amor que redactaba por encargo para que mis amigas se declarasen al niño que les gustaba de una manera decente. Ya a tan corta edad destaqué por mi dominio de la palabra escrita, gracias a lo cual no hubo curso de escritura organizado por el colegio que se me resistiese. 
Convertida en una adulta, he seguido cultivando mi afición a plasmar pensamientos y sentimientos sobre el papel. Aunque me licencié en Gestión y Administración de Empresas, no he dejado de lado mi amor por la escritura y he participado en diversos certámenes literarios. Hasta que me he sentido lo suficientemente segura para embarcarme en la aventura de dar vida a un relato más extenso, mi primera novela. La cual le presento.
Ya has visto que Manuela no tiene un historial plagado de logros literarios. Lo único que la abala es su amor a la escritura, y a eso es a lo que le saca partido sin ningún complejo. 

Caminos cruzados es una novela romántica histórica con tintes de suspense y misterio, ambientada en la Inglaterra Victoriana. La trama se centra en Georgiana White, una joven de origen humilde que, tras quedar huérfana, es acogida por el rico y despiadado Sir William de Winter, decimotercero duque de Coursevillage. Cumplidos los dieciocho años, Georgiana, cansada de los malos tratos y abusos a los que la ha sometido su tutor desde que no era más que una niña, toma una drástica decisión: fugarse de ese hogar que para ella nunca lo fue. Pero en su camino a la libertad se topa con Thomas Willife, un hombre que se gana la vida de taberna en taberna estafando a los incautos viajeros. Y nunca ha conocido a nadie tan incauto como la temeraria Georgiana. 
¿Será Thomas el hombre capaz de llevar la paz a la desdichada vida de Georgiana? ¿Será Georgiana la presa fácil que el taimado Thomas cree? Y su encuentro..., ¿será casual o el resultado de un plan urgido en la sombra?
¡Listo! Resumen hecho y carta de presentación concluida. Ahora nos despedimos, firmamos y asunto resuelto.

¿Qué? ¿Tenía razón o no? ¿Ves ahora que, escrita una carta de presentación, escritas todas? Si te das cuenta, esta misma base vale para todas las que tengas que redactar, cambiando solo lo más específico para adaptarla. Así que no desesperes. Ten encuentra que ya has hecho lo más complicado: escribir una novela. No vas a dejar que una hojita más te arruíne el humor, ¿a que no?
Mucha suerte, y a por las editoriales 💪. 

martes, 9 de abril de 2019

El síndrome del escritor quemado

Que no es lo mismo que el síndrome de la página en blanco, síndrome del impostor o como quieras llamar a esos periodos de sequía que sufrimos todos los que nos dedicamos a una actividad creativa. No, el síndrome del escritor quemado no tiene nada que ver con la falta de ideas, sino con el hastío; con la desgana. Vamos, para que nos entendamos, es lo que se traduce como estar hasta las mísmisimas narices de algo. En este caso, en concreto, de la escritura. 
Pero..., ¿puede esto ocurrir? ¡¿Es posible semejante atrocidad?! 
Pues sí, por más duro que resulte aceptarlo esto pasa. Y más de lo que crees. Lo que sucede es que a los que escribimos nos suele dar un poquito de reparo reconocerlo, porque se nos llena la boca diciendo que amamos lo que hacemos. Y es verdad, si alguien creer que gastamos el tiempo juntando letras por dinero o fama es que, además de ser un iluso, no tiene ni la más mínima idea sobre cómo funciona este mundillo. Es por esto por lo que, para los escritores, admitir que estamos hartos de inventar, documentar, escribir, borrar y reescribir, corregir, corregir, corregir y volver a corregir otras siete veces más es algo así como para cualquier otra persona sería declarar que está un poco aburrida de su novio/a o marido/esposa. Duele aceptar que, en materia de amor, no todo son días de vino y de rosas. Pero la verdad es la verdad, chic@, y es única e inamovible. 
Por eso voy a alzar mi mano: estoy sufriendo este síndrome. Creo que por primera vez en mi vida. He pasado por bloqueos varios, pero nunca, hasta hoy, sentarme a escribir se había convertido en una actividad tediosa para mí. Y es que, al contrario de lo que la mayoría de la gente cree, este no es un oficio fácil, ¿sabes? Se te lleva la vida. Bueno, vale, igual me estoy dejando ganar un poquitín por la DramaQueen que habita dentro de mí. Pero sí que es verdad que te quita mucho de lo más valioso que tiene el ser humano: tiempo. 
Cada vez que alguien me dice que quiere ser escritor/a siempre le respondo lo mismo:
Ten presente que vas a sacrificar tu vida social en el camino. 
Todos tenemos obligaciones con las que cumplir y un trabajo al que no podemos renunciar reitero que la escritura, por sí sola, no sirve para mantenernos, a no ser que hayas desarrollado la buena costumbre de vivir del aire sin morir en el intento. Por lo mismo, querido/a aspirante a escritor, no te va a quedar más remedio que usar los ratos que te queden libres entre unas y otros para escribir. Esto se traduce en descuidar otras aficiones y decir que no a muchas salidas con amigos. Un gran sacrificio, sí. ¡Qué me vas a contar a mí! Y lo peor es que lo harás por una recompensa que no siempre será tan satisfactoria como esperabas. Ni siquiera tanto como mereces. La gente puede ser bastante tacaña cuando de valorar el trabajo de otros se trata. Por lo que es inevitable que acabes preguntándote por qué puñetas te estás esforzando tanto. 
¡Hala! ¡Al carajo con todo!
Perdón 😓 . 


Pero olvidemos las lamentaciones y vamos a lo que nos interesa: ¿qué se puede hacer para superar el síndrome del escritor quemado? Tras realizar una ardua búsqueda por Internet para ayudarme a mí misma he aquí el egoísta origen de esta entrada he llegado a las siguientes conclusiones:
  1. Tómate un pequeño descanso: Cuando te duelen los pies tras una larga caminata lo primero que haces es buscar un lugar en el que sentarte un rato, ¿verdad? Pues el cerebro funciona exactamente igual que los pies. También hay que darles un respiro cuando está sobrecargado. 
  2. ¡Escribe!: Una vez recuperad@ de la caminata habrá que seguir andando, ¿no? En ese banquito tan cómodo en el que te has apoltronado no te puedes quedar para siempre. Habrá que volver a casa, digo yo. Y, si de verdad quieres ser escritor/a, lo siente mucho, pero tienes que escribir. Es el único requisito indispensable para hacer carrera. 
  3. Cambia de historia: quizás tu cansancio esté motivado por una trama o unos personajes a los que les has dedicado demasiado tiempo. Como ocurre hasta en las mejores parejas, es mejor que os deis un tiempo. Prueba a tener nuevas experiencias literarias y a conocer otros amigos imaginarios.
Vale,  ahora viene la pregunta del millón: ¿qué pasa si hago todo esto y, aún así, sigo sin encontrar al escritor/a que llevo dentro?
Pues te aguantas, y dejas las cosas fluir. Si tu amor es verdadero resurgirá de las cenizas como el ave Fénix. Ya sabes que donde hubo fuego rescoldos quedan y ya verás como, tan pronto la gris realidad te abrume, volverás a tu refugio de papel y tinta de manera natural. Y, si no es así, si la escritura no es para ti más que un affaire pasajero, tampoco te preocupes. Ya llegarán nuevos romances con los que llenar tu tiempo. 

martes, 26 de marzo de 2019

Clausura del Taller de escritura de Novela Romántica

Ayer tuvo lugar la última sesión del Taller de escritura de Novela Romántica que, desde comienzos de febrero, he estado dirigiendo en la Biblioteca Provincial de Huelva. Una experiencia que solo puedo resumir como maravillosa y tremendamente enriquecedora para mí. Aunque también debo confesar que tuve mis dudas al principio. "En qué berengenal te estás metiendo, Adriana", me decía el Pepito Grillo que habita en mi cabeza. Y con más razón que un santo, por muy bichejo que sea mira que había animales, ¿por qué tenía que ser un grillo?😵 no puedo quitársela. 
Siempre he sido la tímida que se sentaba al final de la clase y rezaba en voz baja para que al maestro no le diese por preguntarle. También la que ve una cámara y huye en dirección contraria. Es por eso que estar frente a un auditorio me queda un poco fuera de habitad. Me he dedicado a la docencia durante varios años, pero esta ha sido mi primera vez frente a adultos... y no me he podido sentir más a gusto. 
Muchísimas gracias, grupo. Por aguantarme durante estas últimas ocho semanas, por vuestra disposición y vuestras ganas y, sobre todo, por haberme permitido disfrutar de vuestro talento.


Ánimo, y a seguir escribiendo 👍

jueves, 14 de marzo de 2019

La voz narrativa

Es uno de los temas que nos trae de cabeza en el Taller de escritura de Novela Romántica. Así que publico este post para aclarar y refrescar ideas 😜.


Primero que nada, partamos de la base de que podemos narrar:

En primera persona: yo
En segunda persona: tú
En tercera persona: él / ella

De estas tres, ya de entrada voy a descartar una: la segunda persona. La dejo de lado porque es la voz narrativa menos utilizada y se reserva casi  en exclusiva para el género epistolar. Su función es, básicamente, introducir al lector en la fantasía que propone el autor de la obra, al endosarle el papel de destinatario de las misivas. Por lo demás, para narrar en segunda persona basta con que finjamos que estamos redactando una carta o un e-mail a algún amigo o conocido. No hay más complejidad. 
Aclarado este punto, vamos a lo que nos interesa: la narración en primera y en tercera persona.

Primera persona

Una novela narrada en primera persona es aquella en la que un personaje de la misma (puede ser el/la protagonista u otro) cuenta, como su propio nombre indica en primera persona, la historia de la que está siendo participe. Es decir, el autor del texto, como si de un actor se tratase, asume el papel del personaje y relata los hechos como si fuese él. 
En este sentido, cuando hablamos de narración en primera persona podemos diferenciar:
  • Narrador protagonista: el héroe o heroína es quien cuenta la historia de la que es protagonista.
  • Narrador testigo: es otro personaje de la novela (no el protagonista) el que asume la tarea de narrar los hechos.
  • Narrador poliédrico: en este caso no tenemos un único narrador, sino que son varios los personajes que toman esta labor. 

Tercera persona

Podríamos decir que es la clásica. 
Al contrario de lo que ocurre con la narración en primera persona, aquí los personajes solo hablan cuando se redactan los diálogos que mantienen entre ellos. La historia, en sí, está contada por un narrador ajeno a los hechos que relata. Alguien que no interviene en la trama pero que conoce en profundidad todo lo que acontece en ella y a las personas que se ven involucrada en las situaciones de las que nos está hablando. Este narrador es, por decirlo de algún modo, una especie de dios capaz de seguir a los personajes en todo momento y de conocer cada una de sus acciones, pensamientos y emociones. A veces, incluso es consciente de lo que sienten antes de que los propios personajes se den cuenta de ello. 
Al hablar de la narración en tercera persona podemos diferenciar dos tipos de narrador:
  • Narrador omnisciente: aclaremos primero qué significa esta palabra según la RAE:
Omnisciencia: (del latín omnis "todo" y scientia "ciencia").
1. f. Conocimiento de todas las cosas reales y posibles,
atributo exclusivo de Dios.

Pues lo que decíamos. Atendiendo al significado de su nombre, el narrador omnisciente es ese "dios" capaz de saber absolutamente todo lo que ocurre en la novela y en el interior de las personas que transitan por ella. 

  • Narrador observador u objetivo: no se diferencia del omnisciente mas que en el hecho de que, a diferencia de este primero, el narrador observador ejerce la misma función de una cámara de cine: recoge los hechos (los narra en detalle) pero jamás entra en valoraciones sobre ellos. No da su opinión ni hace juicios de valor sobre lo que cuenta.
En conclusión, podemos decir que la narración en primera persona siempre está hecha por un personaje de la historia que se cuenta. Mientras que en la narración en tercera persona tenemos un narrador cuya única función dentro de la trama es transmitir los echos que se suceden y en los que él/ella no interviene. Es un mero canal de comunicación con el lector. 
Además, tal y como vimos durante la sesión, cada tipo de narrador tiene sus pros y sus contras. Por eso, decidir cuál utilizaremos es tan importante. Puedes probar diferentes voces antes de elegir por cual te vas a decantar. Por ejemplo, narra el arranque de tu novela en primera persona y luego intenta contar esa misma escena usando un narrador omnisciente (tercera persona). Valora con cual de los dos te sientes más cómodo y de qué forma podrás transmitir mejor lo que quieres.
Para finalizar, a la pregunta de si podemos utilizar más de una voz narrativa la respuesta es, rotundamente, . En una misma novela pueden aparecer varios tipos de narrador, incluso el narrador en primera persona y el omnisciente. Recuerda que las voces narrativas no dejan de ser herramientas para contar nuestra historia, y como tales podemos valernos de ellas del modo en que consideremos que les vamos a sacar mayor rendimiento. 

sábado, 2 de marzo de 2019

El espacio, otro personaje principal de la novela

Lo comentaba con mis chic@s del Taller de escritura de Novela Romántica: soy una gran fan de los espacios. En la vida en general y en la literatura en particular. Me gustan porque creo firmemente que un lugar puede influir poderosamente en el ánimo de una persona. Es por eso que, cuando narro, siempre me esfuerzo en darles la importancia que merecen. Quizás te suene exagerado pero, para mí, son como otro personaje más. 
Tenemos claro que cada historia se desarrolla en un espacio, ¿verdad? Un determinado país, pueblo o ciudad. Pero también en una época histórica y una estación del año específica. Y todo esto implica que los personajes se muevan en un ambiente en particular. Su manera de vestir, reaccionar al clima e, incluso, comer no será igual si las vivencias que estamos contando suceden en verano o si tiene lugar en invierno. Lo digo en serio. Yo, en mis novelas, incluso especifico en qué mes "estamos". Y odio cuando un autor/a no me ubica en el espacio con una precisión, no diré igual a la mía que ya sé que peco de excesiva, pero sí suficiente para que pueda hacerme una idea de cómo es el entorno por el que se mueve mi imaginación. Para que nos entendamos, me ralla mucho que los personajes lleven manga corta en una escena y, a la siguiente, salgan a la calle con abrigo. Me suena a falso, y lo peor que le puede pasar a un escritor es que su lector se salga de la mentira que le está contando. Sobre todo, cuando lo hace por detalles tan fáciles de corregir y controlar como este. Es por eso que me parece muy importante que, del mismo modo en que nos tomamos un momento para reflexionar y determinar en qué periodo histórico transcurre nuestra novela (pasado, presente o futuro) también definamos en qué estación. 
Para que nos hagamos una idea, la importancia del espacio en una obra literaria es la misma que tendría la escenografía en una representación teatral. No se reduce a un lugar y un momento, no es solo una imagen que describir. Es una entidad con identidad propia; con sus sonidos, sus olores y sus gentes. Son estos los que lo hacen diferente, único, y lo que crea el universo del que el lector se siente parte. El objetivo es ese, que el que lee se integre en ese mundo ficticio. Esta debe ser la meta de todo escritor: convertir el espacio en blanco de la hoja de papel en un escenario perfectamente armado y listo para la acción.

El mercado flotante de Bangkok fue uno de los escenarios que usé en El cielo de Bangkok.

Pero el espacio narrativo no se limita únicamente al lugar físico en el que transcurren los hechos. Tiene otra vertiente, la psicológica, que podríamos definir como la atmósfera. Lo que, por decirlo de una manera clara, sería algo así como el aura que envuelve a la novela. La que prepara el ánimo del lector y lo vuelve receptivo al sentimiento que el autor quiere transmitir. Y esto, para mí, es incluso más importante que lo que hemos comentado hasta ahora.
Por ejemplo, al leer una novela de terror está claro que buscamos una narración inquietante, que nos mantenga en vilo y nos haga mirar a los lados antes de meternos en la cama, para aseguramos de que la acción se ha quedado en las páginas del libro. Para ello, no basta con que el autor/a recurra a fantasmas, vampiros o payasos asesinos. Estos personajes, por sí solos, no tienen fuerza más que para dar algún que otro sustillo. La clave del verdadero terror está en preparar debidamente el espacio psicológico, y con ello el ánimo del lector, para la aparición de estos seres.
Pues igual sucede con la novela romántica. No es suficiente narrar la historia de una pareja, el estar enamorado no es sinónimo de romance. Para ganarnos la atención del lector y llegar a su corazón hay que preparar el ambiente del mismo modo en que lo haría un autor de novela de terror. Hay que trabajar la atmósfera, promoviendo la sensibilidad y creando un aura en el que la fantasía romántica que proponemos sea, no solo posible, sino cautivadora para quien vive la relación de los protagonistas como público.
Y es esto, precisamente esto, lo que me falla con más frecuencia cuando me enfrento a la lectura de una novela romántica. ¿Será verdad eso que dicen de que el romance a muerto? Pues va a ser que sí, porque si ya no se deja ver ni en las novelas que lo tienen como protagonista...
Así que, te lo pido de rodillas, querido escritor/a de este maravilloso género, cultivemos esa atmósfera que toda historia de amor necesita para provocar mariposas en el estómago del lector. Que sonará muy cursi pero, vamos a ver, ¿no es esa, justamente, la finalidad que perseguimos?
Pues hala, todo el mundo a escuchar a Alex Ubago para meterse en situación 😉.

domingo, 24 de febrero de 2019

La fórmula matemática para medir el ritmo de tu novela

El pasado lunes, en el Taller de escritura de Novela Romántica, hablamos sobre la narración y todos los elementos que intervienen en ella (tiempo, espacio, ritmo...). Como cualquier aspecto relacionado con la creación de una novela, la mezcla de estos queda a elección del que escribe. Está en el novelista, en su criterio y en el resultado que espera de su trabajo, velar por el desarrollo de la historia que está contando. Esto es así ya que, para bien o para mal (personalmente, me decanto más por lo primero) no existe la receta que nos guíe, marcando la cantidad de cada uno de los ingredientes que necesita la trama.  Escribir es un proceso creativo, una manera de expresarse. Y ya se sabe que cada quien se expresa de una forma diferente. Es por esto que, cuando hablamos de escritura, siempre lo hacemos en base a pautas, nunca a verdades absolutas.
En el tiempo que llevo al frente del taller me he dado cuenta de que esto, que mi mente caótica y poco amiga de ataduras considera un campo de posibilidades infinitas, puede complicarse para las personas más racionales. Así que ando buscando un método científico con más ahínco que cualquier matemático 😜. Esta semana la suerte ha estado de mi lado y, bicheando por Internet, he dado con una sencilla fórmula que permite medir el ritmo de una novela. Basta con hacer una división utilizando el número total de páginas de la misma y el de escenas que tenemos en ellas. Y listo. Se supone que a mayor número de escenas, más amena y dinámica será la historia.


Solamente por pedir, diré que me falta una leyenda, tipo test de la SuperPop, que detalle cómo sería el ritmo dependiendo del resultado de la división. Algo tipo:

  • De 0 a 5: Admítelo, tú novela es un ladrillo. 
  • De 6 a 11: Aceptable. Puedes estar tranquil@, no la utilizarán en las curas contra el insomnio.  
  • De 12 a 20: ¡Genial! A tu lector le va a dar un ataque al corazón.
La verdad es que yo no sabría decir qué número pude servirnos de referente para considerar que hemos conseguido un buen ritmo. En cualquier caso, recordemos que no se trata de meter escenas simplemente para que haya muchas, y que estás deben tener siempre una intención y aportar algo a la historia.
El post original puedes leerlo aquí. El artículo es muy bueno y da bastantes ideas para aprender a manejar el ritmo narrativo. 

martes, 5 de febrero de 2019

La necesidad de desmitificar la escritura

Ayer dio inicio el Taller de escritura de Novela Romántica y, a pesar de los nervios propios de todo comienzo, la experiencia me a encantado. Principalmente por el fabuloso grupo con el que me he encontrado. El trabajo se convierte en un placer cuando haces algo que te gusta y cuentas con gente dispuesta a participar y a abrirse. Escribir, al final, es más que nada eso: ganas de comunicar y buenas dosis de valentía para compartir con los demás lo que guardamos dentro. 
En esta toma de contacto una de las cosas que más me a llamado la atención es que algunos de mis novelistas en potencia hablan de su timidez, o del deseo de encontrar un personaje especial, como grandes frenos a la hora de ponerse a escribir. Y me resulta curioso no por extraño, sino por todo lo contrario. 
La actriz Inma Cuesta interpreta en la película Los miércoles no existen a una periodista con vocación de escritora. Sin embargo, su personaje confiesa que "aún no ha escrito nada porque sigue esperando una historia única" (no recuerdo la frase literal, pero más o menos venía a ser algo así). Esto, que expresa un personaje de ficción, es un condicionante que sufren (hemos sufrido y seguiremos sufriendo) bastantes autores que habitamos en el mundo real. Son muchos los aspirantes a escritores que no escriben, y no lo hacen porque todo lo que se les ocurre les resulta insuficiente.

Eduardo Noriega e Inma Cuesta en la película Los miércoles no existen

Es por esto que me parece importante trabajar en la desmitificación de la escritura. Es decir, en la necesidad de aceptar la cruda realidad. Y esta no es otra más que los que escribimos no tenemos la obligación de redactar genialidades cada vez que nos ponemos a gastar tinta. De hecho, vamos a ser honestos, la gran mayoría de lo que dejamos en el papel puede incluirse en la categoría de chorradas. Sin embargo, contrariamente a lo que solemos pensar, eso no tiene nada de malo. Al revés, es muy beneficioso. 
A ver, para que nos hagamos una idea, la escritura es como el ejercicio físico: cuanto más entrenes, mejores resultados obtendrás. Lo que en este caso se traduce en más habilidad para expresarnos, una mejora de nuestro estilo narrativo y, lo que es mucho más importante, un conocimiento más profundo de nosotros mismos; de quienes somos como autores, cuáles son nuestros puntos fuertes y también cuáles los débiles. 
Siguiendo con el ejemplo del deporte, es lógico suponer que, cuanto más escribamos, mejor lo haremos. Nuestros primeros textos serán también nuestros peores textos. Es algo lógico y de lo que no hay que avergonzarnos. Lo preocupante sería que ocurriese lo opuesto. Así que, ¿por qué no superamos las barreras de la timidez y la exigencia y nos ponemos a escribir cuanto antes? De esta forma llegaremos más rápido al nivel que deseamos. Para alcanzar un destino hay que ponerse en marcha para llegar allí. 
En definitiva, y para ir concluyendo y no hacer la entrada muy larga, escribir no es un acto de sublime perfección, sino de honestidad. No te frustres buscando florituras para adornar tu trabajo, porque el proceso es justamente el inverso: cuanto más trabajes, más bonitos resultaran tus escritos. Una belleza que surgirá de manera completamente espontanea y natural. 

domingo, 13 de enero de 2019

Temario del Taller de escritura de Novela Romántica

Temario

  • La Novela Romántica como género literario. Origen, características y subgéneros de la Novela Romántica. 
  • La idea generadora. Planificación y primer borrador de la novela.
  • La narración. Tiempo, espacio y ritmo narrativo.
  • La voz narrativa. Tipos de narrador; características, ventajas e inconvenientes de adoptar una u otra perspectiva narrativa.
  • Los personajes. Creación y desarrollo, tipos de personajes, motivación.
  • Desarrollo de la narración. Detonante, punto de no retorno, puntos de giro, clímax.
  • Las tramas secundarias. Importancia, función dentro de la trama principal y desarrollo.
  • El manuscrito. Finalización, tipografía y puntuación, envío a editoriales. 

miércoles, 9 de enero de 2019

Taller de escritura de Novela Romántica en la Biblioteca Pública de Huelva

Se acabó el imaginarlo, el hacer planes y, sobre todo, el utilizarlo como excusa para postergar todas esas cosas que nos da flojera hacer. El 2019 ya está aquí, dejó de ser futuro para convertirse en presente y, como tal, toca enfrentarlo. 
¡A por él, valiente! 😉
Te cuento que yo estoy comenzando el año nuevo con un proyecto que, para no desentonar, también es nuevo. Lo es para mí, ya que nunca he hecho nada parecido. Y estoy nerviosa, sí; pero también muy emocionada. 
Los próximos 4, 11, 18 y 25 de febrero y marzo voy a estar en la Biblioteca Pública de Huelva (mi cuidad) dirigiendo un Taller de escritura de Novela Romántica. Ocho sesiones semanales, de dos horas de duración cada una, en las cuales hablaremos de este maravilloso género literario. Desde sus orígenes hasta cómo crear nuestros personajes, que voz narrativa utilizar para sacar el mayor partido al texto o qué hacer una vez esté terminado el manuscrito para publicarlo. 


Así que ya sabes, si eres de Huelva capital, vives cerca de la ciudad o planeas venir de vacaciones por estas fechas me encantaría contar contigo. Además de aprender mucho junt@s, seguro que nos lo pasamos bien y echamos un ratito agradable.