domingo, 29 de marzo de 2020

Los hombres también saben escribir romántica

¡Y sin ayuda de nadie!
Así, con esta reivindicación de profundo calado social como todas las que hago 😋― comienzo el post de hoy. Pero, antes de entrar en materia, te voy a poner en situación con una de esas larguísimas introducciones, en las que te cuento la mitad de mi vida.🤦‍♀️
Aquí está el germen que ha dado origen a la entrada que ahora lees. 
La cuarentena me está permitiendo llevar una vida muy estructurada. De lunes a sábado tengo todas las horas del día programadas, distribuidas en tareas con las cuales el tiempo se me pasan volando. Es una recomendación que dieron los psicólogos cuando el encierro comenzó y la estoy llevando a rajatabla. Me está sentando tan bien esta dinámica, que me da un poco de miedo pensar sí seré capaz de mantenerla cuando se levante el estado de alarma. La verdad es que he ganado calidad de vida, aunque haya perdido libertad. 
¿Esto tiene algún sentido?😕
Dentro de la organizada existencia que estoy llevando, el domingo es el día de descanso. Cuando me permito olvidarme de todo y simplemente vegetar, que tras toda una semana a piñón me viene muy bien. Sinceramente, acabo agotada. Hacía tiempo que no dormía como lo estoy haciendo ahora. Pero, claro, no tener nada que hacer, cuando estás obligada a no poner un pie fuera de casa, también tiene su parte negativa: la jornada se hace interminaaaable. 
Así que, tras aburrirme como una ostra el domingo pasado, desde el lunes siguiente me puse a pensar qué iba a hacer con mi día de descanso esta semana. Me apetecía rever una peli; una de esas viejitas que me gustaban mucho en el pasado. Redescubrir una historia para reencontrarme con emociones de otra época. Pero... ¿cuál veo? Si ya le he dado seis vueltas, como poco, a mi lista de clásicos inolvidables.
Entonces me acordé de un título que he tenido olvidadísimo: 1, 2, 3... ¡Splash!
Cuando era una niña, me encantaba esta historia. Mucho tenía que ver que estuviera completamente obsesionada con La sirenita. Y con todas las Princesas Disney, en general; pero, particularmente, con la que tiene su reino "Under the sea". 🎶 Al hacerme mayor, se me pasó la fiebre "sirenil" y lo que me parecía un personaje de lo más seductor empezó a darme un poco de grimilla ¿te imaginas caerte al agua y que, en medio de esa oscuridad y la falta de oxígeno, se te acerque un ser mitad humano mitad pez? ¡A mí me da un infarto!. Así me olvidé del mágico romance que Tom Hanks y Daryl Hanna mantuvieron en la pantalla. 
Hasta el lunes pasado, como ya digo; cuando un rayo de luz iluminó los rincones de mi memoria. Desde entonces, ando ilusionadísima, igual que una niña pequeña, con la sesión de cine que me espera esta tarde. Suponiendo que sea capaz de encontrar el DVD en el que tengo grabada la peli y que el reproductor, que no uso hace mil, todavía funcione. Pero... ¡fuera pesimismo! El reestreno va a ir rodado, ya veras. 
No desesperes, que ya casi he llegado al meollo de la cuestión. 😛
Desde que me he levantado, me he puesto a buscar información sobre la película en Internet. Ha sido así como he dado con el dato que, primero, ha despertado mi suspicacia. Y, segundo, me ha indignado un poco. 
Si recuerdas la historia, 1, 2, 3... ¡Splash! sigue la vida de Allen, un soñador desencantado del amor que ha perdido la esperanza de encontrar algún día a la mujer de su vida. Pero, ¡oh, cosas del destino! Cuando más desesperado está, su camino se cruza o se recruza, porque estos dos ya se conocieron siendo niños con el de una preciosa muchacha que guarda un enorme y húmedo secreto. 
La trama, en sí, es un soplo de esperanza para todos lo corazones románticos y vapuleados por la realidad, como el de esta que escribe.😭 Porque, tú párate a pensarlo, si por Allen, cuando él ya lo daba todo por perdido, una sirena que lo había amado desde su infancia dejó el mar para buscarlo por las aceras de Nueva York, ¿quién quita que en una galaxia muy lejana no pueda haber un alienígena de lo más hot coladito por estos huesos que, a estas altura de la cuarentena, ya tengo bien recubiertos de magro? Oye, las mismas probabilidades hay de una cosa que de la otra. Así que no seas aguafiestas y déjame fantasear.
Al final, se descubre el pastel, claro. Y Madison así llamó Allen a su sirenita, provocando que en Estados Unidos hubiera un aluvión de niñas nacidas en los ochenta que cargaron con el mismo nombre― queda expuesta con su cola de pez en una multitudinaria fiesta. Se la llevan para estudiarla. Que, por lo que se ve en las pelis, los norteamericanos son mucho de esto; te cogen a alguien que se sale de la norma y lo encierran para hacerle pruebas. Menos mal que nací en España, porque con lo bicho raro que soy, del otro lado del charco ya estaría conectada a un puñado de cables. 
Al bueno de Allen, tras asimilar el secretillo de Madison, no le queda más remedio que aceptar el papel de héroe y acudir al rescate de su dama con escamas. 
Ya está; ahora sí. Llegamos al punto. ¡Te juro que sí!
Al parecer, según las informaciones que he encontrado en Internet, la primera versión del guión concluía la acción con la despedida de los enamorados en los astilleros del río Hudson. Allí Madison se lanzaba al agua para regresar al mar, y su chico... Pues se quedaba en tierra, ¿qué iba a hacer el hombre? Es lo que tienen los amores entre diferentes especies; la adaptabilidad al habitad del otro es complicada. Si alguna vez has tenido un novio o novia de otro país, seguro que lo entiendes. 
Pero los señores involucrados en esta producción destinada a un fin tan trágico, tuvieron a bien dejar que sus esposas leyeran la historia antes de comenzar a rodar. Vamos, que, por lo que he leído, el script debió rular que no veas entre la parentela de estos tipos. Lo de mantener el proyecto en secreto les importó más bien poco. Fue esta visión femenina la que hizo cambiar el desenlace al Happy Ending que finalmente tuvo. 
Cuentan estas crónicas cibernéticas que, una de las mujeres, incluso llegó a decirle a su esposo:
Si Allen no va tras ella, el que se irá (de casa) serás tú. 

Allen y Madison despidiéndose frente a las heladas aguas del río Hudson.
¡PARA SIEMPRE!
Suerte que el club de esposas lo impidió.

Sí, sí, sí; es una anécdota muy encantadora. A mí también me hace gracia imaginarme a esa señora, que durante páginas ha sufrido el subidón de azúcar al que te arrastran Madison y Allen, haciendo chantaje emocional a su conjugue para que les de el final que ella y todos nosotros; yo, al menos― quería para la parejita. Pero, honestamente, la escenita me resulta un poco repetitiva. ¿No pasó exactamente lo mismo con la idea original de Pretty Woman?
¡Vaya! Por lo que se ve, las esposas de los grandes hombres de Hollywood son todas unas romanticonas. ¡Qué lástima que a James Cameron no le diera por enseñar el guión de Titanic a su santa! Quién quita que, de haberlo hecho, hubiésemos tenido un final feliz también para Jack y Rose. Seguro que la señora Cameron tenía la lógica suficiente para entender que ¡¡¡los dos cabían perfectamente en esa condenada tabla!!! 😡🤬
Perdón, no quiero encenderme. 
Todo esto viene a que lo del final trágico que se convierte en feliz por consejo de la esposa, ya no cuela. Lo siento mucho. Me parece una estrategia de marketing con la que se pretende engordar la leyenda que rodea a una producción de éxito. Y no me parece mal, que conste. Lo que me chirría es que se basa en una mentalidad bastante rancia y machista. 
Para empezar, creo que a estas alturas de la vida es evidente que NO todas las mujeres somos unas sentimentales, de lagrima fácil, que se emocionan hasta la médula con las historias de amor. Yo no soy un buen ejemplo de esto, estoy claramente en el bando de las ficticias esposas cambia finales. Pero lo de ser romántica viene determinado por mi personalidad, en ningún caso por mi sexo. 
De igual modo, también existen hombres que son perfectamente capaces de crear una historia romántica, con bien de azúcar, sin la ayuda de ninguna mujer. No todos son una panda de cínicos incapaces de desear por sí mismos un "y fueron felices, y comieron perdices". Como ocurre con las mujeres, también ellos desarrollan un carácter más allá de los estereotipos que se imponen a su género. 
Dejo el cine para llevarme el tema a la literatura, que es mi campo. Hombres eran Emma Blair (Ian Blair) o Jill Sanderson (Roger Sanderson). También el creador de la saga Poldark, Winston Graham. Imposible no mencionar al superventas Nicholas Sparks aunque este sea un especialista en regalarnos dramáticos finales. Un poquito más cerca tenemos a Federico Moccia. O, quedándonos en suelo patrio, a José de la Rosa. Un autor estupendo, que me encanta y recomiendo mucho. 
De modo que sí, como decía al comienzo de la entrada, queda probado que los hombres también saben escribir romántica. Porque el amor es algo que experimentamos todos los seres humanos, con independencia de nuestro género y preferencias sexuales. Y el romanticismo es un rasgo de la personalidad, no tiene nada que ver con que te llames María o Manolo. 
¡He dicho!
Bueno, pues, escribiendo esto, ya he echado fuera la mañana del domingo. 😊
¡Hala! A disfrutar del día.

Edito: Por si te interesa, te cuento que, al final, se fastidió la sesión de cine. No he podido encontrar ese DVD que he guardado durante años y que, justo cuando iba a hacer uso de él, resulta que está en paradero desconocido. Me he llevado un chasco bueno, después  de pasar toda la semana esperando para ver la peli. 😞
Nota mental: Adriana, hija, a ver si esto te sirve para aprender a ser un poquito más previsora y no dejarlo todo para el último momento. 

4 comentarios:

  1. Hola Adriana! que chula tu entrada, me ha encantado leerte! La verdad nunca he visto la peli que nombras, pero muchas ganas me dan ^^ Y sí, estoy totalmente de acuerdo contigo en el tema de que los chicos también pueden escribir historias bonitas, románticas y chulas, porque sienten igual que las mujeres, y también estoy de acuerdo en que nunca me recuperaré de Titanic, me dejó marcada de por vida ese final, y creo que a raíz de ahí, odio los finales en los que uno de los dos muere, no puedo con la vida... jajajajaja

    ¡Los dos cabían en la tabla!

    Besos! :)

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    1. Bueno, Titanic le ha destrozado el corazón a media humanidad de la manera más gratuita. :-P Si es que esa tabla... ¡Era tan grande!
      Tienes razón, desde pequeños nos empeñamos en condicionar a las personas diciéndoles "esto es de niños y esto de niñas". Cuando, en realidad, la manera de ser y los gustos de cada uno no tienen género. Somos personas, sin más. Y el amor es algo que experimentamos todos. Pobre del que no lo haga.
      Splash es una peli muy chula. Una comedia ligera y muy entretenida. Te la recomiendo mucho. ;-)
      ¡Un besote, Luna! Y muchas gracias por pasarte por el blog y comentar. Siempre es una alegría leerte.

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  2. Hola, gracias por el artículo. Muy acertado.
    De hecho yo corroboro que soy hombre y escribo romántica. Eso sí, algo diferente a lo habitual.
    Si te apetece, podemos estar en contacto. Te sigo en Instagram.
    Gracias y un saludo.

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    1. Hola, G.Z. Escribano.
      Entonces, eres la prueba irrefutable de lo que digo. ;-P
      Encantada de estar en contacto, también te sigo.
      Un abrazo, ¡y gracias por leer y comentar!

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