sábado, 1 de agosto de 2020

Cerrado por vacaciones. ¿Nos vemos en septiembre?

Desde el día en que comencé a escribir en este blog jamás me he tomado unas vacaciones de él. He estado por aquí en verano, Navidad y hasta mi cumpleaños; siempre intentando darle contenido y mantenerlo activo. No he sentido la necesidad de aparcarlo porque me encanta escribir. Así que, aún cuando me he sentido saturada de la novela que en ese momento tuviese entre manos, y necesitara desesperadamente aparcarla, el blog quedaba a parte de ese respiro porque sentarme aquí, a hablar contigo, me ayuda a desconectar y a cambiar de aires literarios. 
Sin embargo, este mes de agosto me voy a ausentar, por primera vez, de la que es mi casa en Internet. Pero tranqui, que no me siento mal ni ando enredada en uno de esos melodramas que tanto me gusta montarme. De hecho, estoy bastante bien a nivel anímico. Es solo que tengo una sobredosis de trabajo; ando preparando la novela de Lana y Darío, que me gustaría tener lista para el último trimestre de este año, y he aceptado el reto que me ha propuesto una amiga para terminar otra novela antes de septiembre (¿por qué no sabré reconocer cuándo es mejor retirarse que empeñarse en una cabezonería?🤦‍♀️). Quiero pasar los próximos treinta días centrada en estos proyectos y, por lo mismo, he decidido aparcar el blog, ya que no voy a poder dedicarme a él como me gusta hacerlo. 
Así que echo el cierre. Pero el 1 de septiembre, sin falta, prometo estar de vuelta por este riconcito de Internet que tan mío siento y en el que estoy tan a gusto. 
¿Qué dices? ¿Me esperas hasta entonces? 😉

domingo, 26 de julio de 2020

Héroes que sumen

Hace unos meses, después de leer puros comentarios positivos de la telenovela Hercai, me decidí a darle una oportunidad. Ya lo comenté por aquí en su momento, y también dediqué una buena parrafada a contar lo mucho que me gustaba su protagonista masculino. Uso el pasado, como te habrás percatado, porque muuuuchos capítulos después (ni yo misma me creo que he llegado tan lejos con esta serie; la voy viendo a salto de mata, eso sí, pero ahí sigo), mi opinión sobre el personaje ha cambiado drásticamente. Y es que en algún punto indeterminado de la historia, Miran Aslanbey dejó de ser para mí el héroe y pasó a asumir el rol del villano. 
Hago un pequeño esbozo del personaje, por si no lo conoces. 
Miran perdió a sus padres en trágicas circunstancias cuando solo era un niño. Desde ese momento estuvo bajo el cuidado de su abuela, Azize. Una señora muy bella que puede hacer que se te descomponga el vientre con una simple mirada. ¡Por Dios, qué miedito da esta mujer! De este modo, el pequeño crece intoxicado por los planes de venganza que la mujer le mete en la cabeza. Azize quiere usar a su nieto para vengar la muerte de su hijo y saldar, a su favor, la ancestral enemistad que la une a los Sadoglu. ¿Su plan maestro? Que Miran tome por esposa a Reyyan, una de las nietas de su odiado enemigo, para repudiarla tras la noche de bodas. Una vileza que supondrá que la deshonra caiga sobre la familia de la muchacha. Estamos en la Turquía profunda, así que ya te puedes imaginar lo que esto supone. 
Esta sería la trama a groso modo, porque como en todo buen culebrón aquí hay muchos matices y aclaraciones que no vienen a cuento. Necesitaría diez entradas, como poco, para exponerlo todo tal y como es. 😓
Partiendo de esta base, en principio, entender a Miran se hace muy fácil. Su dilema moral, la lucha que mantiene con los inesperados sentimientos que Reyyan le despierta... Es un hombre dividido entre la necesidad de hacer justicia, que le han inculcado casi desde la cuna (aunque sea una justicia viciada, para él es la correcta), y el dolor que siente al pensar en  hacer daño a la mujer que ama. 
¡¿Cómo no vamos a comprenderlo?! En un par de capis se gana nuestra ternura por completo.


Peeeero... la cosa cambia cuando el comprensible dilema moral que sufre el personaje se convierte en una patología. No soy psicóloga, pero solo hay que ver las reacciones de Miran para darse cuenta de que el chico tiene problemas. Sus estallidos de ira, su falta total de empatía hacia Reyyan, su egoísmo... Miran pasa de abandonar a su esposa a la mañana siguiente a su boda, sin explicaciones de ningún tipo ni volver la vista atrás, a exigir que ella se rinda al amor que él está seguro de que la chiquilla aún siente. Y no se equivoca, que es lo más curioso, porque a mí un hombre me hace la mitad de lo que él le hizo a Reyyan y juro que no me queda más sentimiento hacia su persona que el odio. Debo ser muy rencorosa. Pero bueno, Reyyan no es el objeto de análisis. Vuelvo con su maridito, que con él ya tengo bastante tela que cortar. 
Como iba diciendo, el hombre pasa olimpicamente de lo que siente la chica a la que le ha destrozado la vida y se empeña en ayudarla. Digo se empeña porque le vale un maldito ardite si ella quiere su ayuda o no. Y, si bien en un principio se muestra como un corderito enamorado, haciendo que hasta tú (o yo, en este caso) como espectador te dividas entre él «¡jo! ¡Si es que lo que le ha hecho es imperdonable!», y el «¿Pero qué iba a hacer el pobre, si le tienen lavado el cerebro?», poco a poco va pasando a un acoso y derribo de lo más tóxico. 
Aquí voy a tratar varios puntos que son spoiler, los cuales corresponde al momento en el que más cabreada he estado con Miran en lo que llevo de novela. Si decides seguir leyendo será bajo tu responsabilidad 😉
  1. Si Reyyan decide casarse con su primo, o con quien a ella le dé su realísima gana, es una decisión suya y, como tal, merece ser respetada. Si la chica ha concluido que es mejor pasar del amor y buscar la comodidad y el bienestar familiar, allá ella. Nos podrá parecer bien o mal, pero es asunto suyo. Miran, respeta. 
  2. Me parece súper romántica la escena del enamorado que llega, a lomos de su caballo, como si aún estuviéramos en el siglo XIX, a llevarse a la novia el día de su boda con otro hombre. Un cliché, vale; pero es que a mí los clichés me molan un montón. Ahora, cuando la novia en cuestión no quiere irse con este jinete del que está enamorada, la escena pierde toda su magia. Se convierte en un secuestro en toda regla. Esto también deberías apuntarlo, Miran: si una mujer te dice no, es no. Punto. Ella sabrá sus cuentas. 
  3. Creo que cuando un persona está en peligro, tiene todo el derecho del mundo a saberlo. Eso de «te secuestré para salvarte...» pues mira, chico, no. Mejor me cuentas lo que está pasando y ya yo decido si me compensa irme contigo o busco un plan alternativo. A la fuerza nada. 
Y, todo esto, aderezado con un repertorio de estallidos de furia que, la verdad, no convierten al héroe de esta novela en candidato al premio a mejor novio/marido del año. A mí, personalmente, me daría miedo convivir con un hombre así. Se me retuerce el estómago cuando veo a Miran en este plan, y aquí tengo que resaltar el estupendo trabajo que hace el actor encargado de darle vida, porque de verdad que parece que se le ha ido la pinza. Son escenas muy complicadas y él las interpreta con mucha naturalidad. Por otro lado, no estoy diciendo que el personaje esté mal desarrollado. Para nada, creo que lo han perfilado muy, muy bien. Verdaderamente es un chico que ha sido utilizado desde la infancia y eso lo ha llevado a ser devorado por la carga que Azize depositó sobre sus hombros, y el peso de las acciones que esta lo ha obligado a llevar a cabo. 
Miran está completamente desquiciado. No es su culpa, pero lo está. 
Esto me lleva a la cuestión que planteo en el título de la entrada: ¿es un buen héroe? Porque a la infeliz Reyyan le ha hecho cosas que otras protagonistas de novela han sufrido a manos de sus villanos. 
Si me fijo en los comentarios de la mayoría de las personas que ven la serie, parece que la respuesta es sí. Me llama mucho la atención que tanta gente defienda a Miran, mientras se quejan de lo difícil que se lo pone Reyyan al que es su marido. Lo entiendo, ¿eh? No sería la primera vez que soy yo la equivocada, la que ve las cosas de un modo en que no son. Perfectamente puedo estar malinterpretando. Pero lo que me hace difícil resignarme a ser la que no está viendo las cosas como son es que tanta consideración hacía Miran se justifica en el hecho de que el chico es muy guapo. Y lo es, ahí estoy completamente de acuerdo con la opinión general. A mí también me parece que Akin Akinözü es un hombre tremendamente atractivo (aun a pesar del horrible flequillito que lucía en los primeros capítulos), super masculino y muy... Pues eso, muy como me gustan a mí los hombres. Pero... ¿eso lo justifica todo? ¿Un buen físico vuelve perdonable lo imperdonable? 
Saco a colación al que es mi personaje favorito de la novela: Firat 🥰; el mejor amigo de Miran. El hijo de la criada de los Aslanbey, al que Azize ha criado como si fuera uno más de sus nietos (¿por qué será? ¡ah!🤐). Un tipo leal a la familia de la que se siente parte y que se esfuerza en hacer las cosas bien, con cabeza. Pero, curiosamente, ha terminado convertido en el chivo expiatorio del público, que no soporta que sea la voz de la razón, el Pepito Grillo del irascible héroe de esta historia. Porque Firat puede ser leal y estar más que dispuesto a arrimar el hombro (y sacar la pistola) cuando haga falta, pero eso no quiere decir que transija con todas las locuras que hace su amigo. Máxime, cuando estas implican poner en riesgo a otras personas a las que él también quiere. Y, ¡oh! ¡Eso es traición!


¡Pues claro, hombre! Ser completamente honesto con las personas que realmente aprecias, aunque eso implique decirles lo que no quieren escuchar, es ser una mala persona. Lo otro, no. Endulzar los oídos del personal, aun sabiendo que los estás alentando a que comentan un pifia enorme, es lo que hay que hacer. 😒
Me pregunto si, de haber escogido a un actor con un físico tan imponente como el de quien interpreta a Miran, las acciones de este personaje serían juzgadas de la misma manera. Me da en la nariz que el bueno de Firat, tan sensato y entregado a las personas que quiere, sería mucho más apreciado si, además, fuera un hombre guapo. 
Entonces, ¿qué debe tener el héroe de una novela para conseguir que empaticemos con él y nos pongamos de su parte? ¿Una personalidad carismática, justa, o una cara bonita y un abdominal marcado? 
Yo lo siento pero, aún sabiendo que soy minoría (pero una muy, muy minoritaria) me declaro Team Firat. A mí es que un buenazo me puede. Sobretodo si, además, tiene agallas. Me gusta tanto la personalidad de este personaje que, después del chorro de capítulos que llevo a la espalda, ya hasta le encuentro el punto a este hombre con un físico tan discretito; tan de andar por casa. Para mí, él es el verdadero héroe de la historia. El que más se ajusta al papel, de todos los personajes que habitan Hercai, por su desarrollo. Porque, para mí, sin duda, lo importante son los héroes que suman. Que no se convierten en un obstáculo constante que la protagonista debe salvar. Que no la empequeñezen, sino que, por el contrario, les faciliten el camino para que puedan llegar a ser la mejor versión de ellas mismas. 
Este es el tipo de persona que quiero en mi vida y, por lo mismo, la clase de héroe que espero encontrar en una historia. 

P.D.: Ahora verás como, en un puñado de capítulos, el tal Firat se convierte en un sieso solo para tirarme por tierra la defensa pública que le he hecho. Lo estoy viendo venir. 😨 Y no creo que mi corazón pueda soportar el desengaño. 😋

viernes, 17 de julio de 2020

El monstruo del amor romántico 🧟‍♂️

Esta es una entrada que llevo mucho tiempo queriendo escribir. ¿Porque no lo he hecho hasta ahora? Pues... por miedo. 😝 No, es broma; no ha sido por eso. Yo soy una valentona. Solo me asusta  los zombis, los fantasmas, las sirenas... Poquita cosa,  ya ves. Razones que una mente madura comprenderá, seguro. 
En realidad, si me he demorado en redactar este post es porque considero que lo que voy a tratar aquí es material sensible. Para mí, por lo menos, lo es. Y es que, pese a ser una defensora convencida (y activa) de los derechos de la mujer y la tan necesaria (y aún no alcanzada) igualdad de sexos, también soy una romántica empedernida. 
¿Esto es posible, o es otra prueba del desequilibrio emocional que padezco desde niña y que la edad no ha hecho sino acentuar? 
Pues... No lo sé. No estoy capacitada para hacerme un análisis clínico a mí misma. No creo que podamos ser lo bastante imparciales cuando el objeto de estudio somos nosotros. Al juzgarnos, inevitablemente caemos del lado de lo bueno o de lo malo, nos falta equilibrio para permanecer en el centro. De lo que sí puedo dar fé es de que el tema me ha generado más de una crisis de identidad. Porque, a ver, ¿me puedo considerar feminista, con las cosas que escribo? Porque todas mis novelas van encaminadas a engordar (a base de azúcar en cantidades suficientes pa' destrozar la dentadura de un tiburón) a ese que las mayores representantes de esta ideología a la que creo pertenecer llaman el monstruo del amor romántico

Pues yo, aunque soy miedosa, al mostruo ese
lo imagino tal que así; peludito,
suavecito y muy cute.

Menudo dilema, ¿no? 🤔
A ver, yo creo que aquí hay un error de base en cuanto a la concepción del mentado amor romántico. Porque, mientras la corriente feminista lo describe como una relación de pareja tóxica, heterosexual y de clara dominación (incluso subordinación) de la figura femenina respecto de la masculina, para mí es un concepto mucho más edulcorado pero también más libre y benigno que lo anterior. 
Una definición estupenda de cómo considero yo que debe ser el amor de pareja (o el amor en general) está en unos versículos de la Biblia, los cuales aprendí en la peli Un paseo para recordar. 😅 ¿Qué pasa? En mi insti, en clase de religión veíamos El amante y hablábamos de drogadicción y métodos anticonceptivos. Entre eso, y que nunca he sentido una espiritualidad muy profunda en lo tocante a temas religiosos, este texto, aunque me encanta, solo podía llegarme por fuentes indirectas. El cine culturiza mucho, ya ves.
En fin, reproduzco textualmente:

El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso, ni jactancioso, ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 
Corintios 13: 4-7

Remarco con subrallador las frases que considero más importantes, aunque todo el contenido me parece fundamental. 
Esta parrafada, traducida al castellano moderno, viene a decir que quien ama a otra persona no la humilla, violenta ni golpea. NUNCA. JAMÁS. Aquí me pongo completamente seria. No permitas que nadie te trate así, porque si lo hace está demostrando lo poco que le importas. La ecuación es tan simple como sumar dos más dos, no te engañes queriendo disfrazar un resultado al que es bien sencillo llegar.
Los celos no son adorables, ni una muestra de amor. Nadie tiene derecho a controlar con quien andas o cómo te vistes. Por supuesto, sobra decir que el contenido de tu móvil es cosa tuya y de nadie más. Estar en una relación de pareja es una elección que debe hacerse libremente, y libre sigues siendo todo el tiempo que esta dure. Cualquier cosa que caiga en un comportamiento tan nocivo como lo es pretender controlar a tu pareja NO ES AMOR. Ni romántico, ni de ningún tipo. 
Ahora bien, admito que dentro del romance, como género, y particularmente en la literatura, hay obras (muchas, muchísimas obras) que enmascaran acciones abominables bajo la etiqueta de "historia de amor". Estoy hablando de secuestros, e incluso violaciones, que sufren las protagonistas a manos del mal llamado héroe de la novela. Por no mencionar otros comportamientos más inocuos, pero que también relegan a la mujer a un papel débil y dependiente del hombre. 
Sin embargo, todas estas son historias, en su mayoría, son muy antiguas. Se remontan a los años setenta-ochenta, cuando surgió la literatura romántica actual. El concepto de romance, como las relaciones de pareja y la sociedad en general, ha evolucionado con el paso del tiempo. Las Novela Romántica, como fiel reflejo que es de esto, también lo ha hecho. Poco tienen que ver la mayoría de los títulos actuales con los de antaño. 
Es por todo esto que crear un mosntro a partir de un concepto tan bonito como lo es el amor romántico no solo no me gusta, sino que no lo puedo compartirlo. De hecho, creo que potenciarlo ayudaría a lograr relaciones de pareja más sanas e igualitarias, basadas en el respeto, la admiración y la protección mutua. Sí, la protección también; que querer a una persona implica preocuparse por él/ella e intentar ayudarlo/la siempre que esté en nuestra mano hacerlo. Lo otro es justificar el individualismo más egoísta pretendiendo ir de modernos.
Vamos, que más romance y menos reggaetón. ¡¡¡Coñi!!! 😁
Es broma. Bueno... no del todo. 😒
Aquí acabo esta entrada a la que he dado tantísimas vueltas. Espero que se me haya entendido. Y, si no ha sido así... ¡Pues qué le vamos a hacer! Al final, ser tan liberales que acabamos convertidos en dictadores, para no tolerar las opiniones de quienes no piensan como nosotros, es uno de los rasgos que definen a esta sociedad. La que buscando eliminar estereotipos no deja de inventar etiquetas para colgar de las orejas del próximo, y separarnos más los unos de los otros. 

jueves, 9 de julio de 2020

Ese no es el personaje que yo he leído 😒

No soy de ver telenovelas, y no porque no me gusten. Incluso podría decirse que el caso es el opuesto. De las veinticuatro horas que tiene el día, la mayoría de ellas (de las que me quedan libres después de cumplir con mis obligaciones, se entiende) las paso dejándome arrastrar por la romántica empedernida que vive dentro de mí, una tonta de mucho cuidado. 😔 De modo que imagínate, a mí me colocas delante de una historia de amor... y ya me tienes contenta y enganchada. 
Sin embargo, también es verdad que el formato telenovela se me resiste. Las historias contadas como serial televisivo suelen ser larguísimas, y eso me hace perder el interés. Cuando una trama se extiende demasiado se vuelve monótona y siento que tanto esta como los personajes pierden el sentido que tenían al inicio. Se alejan de su motivación original. Es por esto que no soy muy adepta al género, aunque repito que no tengo nada en su contra.
Pero, a lo que vamos. Hace unas semanas descubrí la que podría ser la solución al dilema que se me presenta cuando de ver una telenovela se trata. Una productora está recuperando clásicos telenoveleros para recrear nuevas versiones de ellos, dándoles un aire más actual y, lo que es todavía mejor (para mí), ¡una duración de unos veinticinco capítulos de media! Vamos, que se trata de convertir estas historias en series de televisión. 
Así, sí; ahora no tengo nada que objetar. 
De esta manera llegué a la más reciente adaptación de Rubí. Una historia original de Yolanda Vargas Dulché que, en su México natal, se ha llevado al cine y la televisión en varias ocasiones. Aunque, quizás, la más famosa de todas sea la de 2004, que en España se transmitió por Antena3, protagonizada por una despampanante y malvada Bárbara Mori. 
Tengo que decir que, a falta de ver los últimos capítulos (voy por el diecinueve, de veintiseís) esta nueva versión me está gustando. No voy a hacer comparaciones con la de 2004 porque esta no la vi, ni es para eso para lo que estoy escribiendo esta entrada. Mi objetivo es otro.
La serie tiene un aire a lo biopic que la hace creíble. En todo momento he tenido la impresión de estar husmeando en la vida de una de esas mujeres que son súper ricas y famosas solo por sus matrimonios o relaciones con hombres poderosos, porque en realidad ellas no tienen una profesión reconocida. Si es cierto que me está fallando el romance, aunque tampoco esperaba mucho de él. Una historia en la que la protagonista antepone su ambición por encima del hombre del que está enamorada... Pues, la verdad, creo que no da mucho juego en ese sentido. De hecho, la pareja protagonista comparte pocas escenas en pantalla. Pero tienen química. Todos los actores son muy naturales en sus interpretaciones y Camila Sodi, como la nueva Rubí, está muy bien. 
Esta es mi opinión personal. Por eso me ha sorprendido cuando me he enterado de la polémica que ha envuelto a la elección de esta actriz para interpretar el personaje. Bueno, en realidad, más que sorprenderme, debería decir que me he enfadado un poco. Porque resulta que la principal crítica que se le hace a Camila para ser Rubí, es que el público no la considera lo bastante bonita. 😯
Pero, vamos a ver, ¡si la chica es súper linda! Además, algo que es mucho más importante que esto: ¿me puede alguien explicar en qué clase de mundo vivimos, que en pleno siglo XXI se sigue juzgando a las personas por su físico?



Esta fue mi primera reacción: indignarme por la crueldad del personal. Pero, luego, cuando me relajé y lo pensé fríamente... Entonces llegué a la conclusión de que la critica tiene bastante fundamento, la verdad. 
En realidad, no se trata de juzgar la apariencia de una actriz, sino la de un personaje. En este sentido, yo creo que los profesionales de la actuación, por buenos que sean en sus trabajos, no pueden interpretar todos los papeles. Y es que un personaje es mucho más que un nombre escrito en un guión; ellos tienen alma propia. También unas características físicas. Así que, si vamos a poner a una persona de carne y hueso a interpretarlo, ¿no tendría esta que poseer, no solo una actitud, también una apariencia acorde a quien va a representar?
Esta es una cuestión  que se me plantea siempre que, para interpretar a Romeo y Julieta (obra de teatro que adoro, y de la que he visto todas las versiones que he tenido a mi alcance), te plantan a una pareja que ralla la treintena. Por mucho que ambos sean excelentes actores... la propuesta hace aguas en el momento que estos protagonistas aparecen en escena. Estamos hablando de personajes que fueron creados como adolescentes. Todo el desarrollo de la historia se fundamenta en los pocos años que tenían y sus actuaciones carecen de sentido si quienes las realizan son personas que ya dejaron atrás la edad del pavo, por mucho que aún sigan siendo jóvenes. Hay cosas que, o las hiciste a los quince años, o ya te aguantas; perdiste tu oportunidad.
Camila es guapa, a mí me encantan su aire dulce y esa apariencia tan menudita que tiene, se me hace muy tierna. Además, su melena es digna de anuncio de champú. Pero su imagen es lo opuesto a lo que debería ser Rubí. No se trata de que Bárbara sea más hermosa o mejor actriz que ella. Simplemente, encajaba mejor con el personaje: una mujer que ha hecho de seducir a los hombres su medio de vida. Y no los atrae, precisamente, fingiéndose cándida y desvalida para apelar al instinto protector de sus presas. De eso nada; Rubí recurre a otra clase de instintos, esos que llaman bajos. Es una mujer tremendamente sensual y sexual. 

Camila Sodi (izquierda) y Bárbara Mori (derecha)
interpretando a sus respectivas Rubí.

También está el tema de que el formato original de esta historia y esté personaje fue el cómic, por lo que Rubí ya nació con un rostro propio. Uno que guarda un gran parecido con el de la llamativa Bárbara, pero que está muy lejos de asemejarse al de la dulce (al menos en apariencia) Camila. 


Así que también es lógico que el público tenga una idea bastante concreta de cómo debería ser. ¿No? Yo creo que sí. Por eso, a pesar de que me indigné al principio, no me queda más remedio que dar mi brazo a torcer: Camila Sodi no es la mejor opción para interpretar a Rubí. Es más, dentro del reparto de esta nueva versión, que ella encabeza, hay actrices que habrían calzado mejor los zapatos de la protagonista. Compañeras de reparto que, cuando aparecen en la misma escena que la estrella del show, resaltan, con su presencia, la imagen de niña linda que tiene esta. Es el caso de Alejandra Espinosa (Sonya, en la ficción) que es una mujer espectacular y, por lo mismo, creo que habría sido una elección más acertada para actuar el papel principal. Porque es cierto que Camila tiene la actitud, pero le falla la imagen y esta es el cincuenta por ciento de su trabajo. En este rol, en concreto, lo es. 
Todo esto viene a que, en mi opinión, cuando se lleva una obra literaria al cine o la tele, se debería poner más cuidado en la elección de los personajes. No sé tú, pero yo siempre he tenido la impresión de que los directores de casting pasan un poco del tema y, a veces, solo se basan en la popularidad del plantel de actores que seleccionan para el reparto. Se olvidan de que, quienes leímos la novela (que seremos, también, los que iremos en masa al cine) nos enamoramos, no solo de una historia, también de unos personajes, y que esperamos verlos en la pantalla. Al menos, una versión lo más parecida posible a la descripción que nos dieron de ellos. Que la imaginación de cada uno es libre y ya se sabe que es imposible complacer a todos.
A ver si conseguimos que esto cambie, ahora que tenemos las redes sociales y podemos quejarnos y hacer que nuestras voces sean oídas. O leídas. 😜 Eso sí, sin ser crueles con los actores, porfa. Al final, ellos solo están intentando hacer lo mejor posible el trabajo que se les ha ofrecido. 

Hago un aparte para comentar que:
  • Gracias a esta serie me he dado cuenta de que no tengo ningún futuro como caza fortunas. Y no solo porque soy una sentimental incorregible y me resultaría imposible estar con un hombre al que no amo (es estando loquita por el susodicho, y muchas veces no veas si cuesta aguantarlo...🙄). Sino porque, para mí, un cardiólo es, como dirían las abuelas, un "buen partido". No sé que le pasó por la cabeza a Rubí para renunciar a Alejandro porque era pobre. Chica, ¡si el hombre tiene una profesión consolidada como médico! 
  • Me está encantando ver España (buena parte de la historia transcurre en Madrid) desde la perspectiva de México. Es curioso y divertido conocer la visión que tienen de nosotros en otros países. Y ese momento, cuando Rubí conoce al príncipe Eduardo de España (yo lo habría llamado Fernando, que es más parecido a Felipe y es un nombre con mucha presencia en nuestra casa real) y él le dice que le "llenaría de orgullo y satisfacción" que ella se uniera a la partida de golf... 🤣🤣🤣Me pareció un punto buenísimo, la frase no puede ser más borbónica. 

domingo, 5 de julio de 2020

Porque soy una sirena (poema)

Da igual si el mar está en calma 
o si arrecia la tormenta
y sus entrañas se alzan
en broncas olas de espuma yerma.

Aun si no me mantengo a flote,
y la marea me zarandea
arrastrándome a su capricho,
no temeré a la profundidad
ni a perecer ahogada en ella.

Soy inmune a los naufragios,
la tempestad no me afecta.
Saldré ilesa, lo juro,
porque soy una sirena. 


Ya había publicado este poema, hace unas semanas, por Instagram. Me gusta que el contenido que posteo aquí y allí sea diferente, no le veo mucho sentido a decir dos veces lo mismo. 🤷‍♀️ Sin embargo, con este texto, como ves, he hecho una excepción. Duplico su publicación porque, para mí, es especial. 
Todo lo que escribo tiene mucho que ver conmigo. Si eres asidua/o a leerme por aquí habrás notado que, aparte de hablar de escritura, en la mayoría de las entradas parte del contenido tiene mucho que ver con mi día a día. Me cuesta ser una narradora imparcial, por eso siempre que estoy redactando termino revelando, quizás, más de lo que debería. 
Cuando escribo una historia, son mis fantasías las que comparto. Esas que fabulo tumbada en la cama, mientras espero a que llegue el sueño, o en la parada del bus... Realmente, inventar una trama no me cuesta; es algo que me sale de manera natural, ya que desde que tengo uso de razón soñar despierta ha sido mi actividad favorita con la que matar el rato. No necesito ir al cine, lo llevo dentro de mi cabeza.
En mis novelas no hay nada de mi realidad, no son autobiográficas. Lógicamente, porque si hubiera vivido todo eso... Ya me habría tirado por el balcón. ¡Ufff! Menudos dramas me montó. 😛 Pero todos los argumentos los saco de una parcela muy íntima. Una en la que puede que incluso sea más yo de lo que lo soy cuando la realidad me reclama y no me queda más remedio que atenderla. 
Con la poesía es diferente. Estas... si tienen el punto autobiográfico que le falta a mi prosa. Y, de entre todos los poemas que he escrito, como digo, este es especial. Es mi himno. Uno que me recito íntimamente muy seguido. 
No es mi mejor poema, ni siquiera el más sentido. Pero sí es el que me recuerda que debo ser fuerte. Me hace mucha falta no olvidarlo. Es por esto que he hecho de estos versos mi mantra. También por lo que los traigo al blog a pesar de no ser inéditos. 
Quiero recordarme a mí misma que no debo dejarme atemorizar por la tempestad. Que si el barco zozobra, no importa. Que cuando el mar me engulla no precisaré nadar, desesperada, a la superficie, para asomar la cabeza entre las olas y mendigar una bocanada de aire. 
Yo no necesito preocuparme por nada de esto, porque no hay un naufragio capaz de acabar con una sirena. Simplemente, no está en nuestra naturaleza, nos es imposible ahogarnos.
No lo olvides, hermana sirena. 😉 O hermano tritón (no sireno, nunca sireno; deshechemos esta palabra, por favor). Yo no dejo de rocordarmelo. 🌊🧜‍♂️🧜‍♀️