martes, 24 de noviembre de 2020

Te tengo (poema)

Brillas en mis ojos
cuando te miro
y, en mis labios,
cuando te hablo,
eres suspiro.

El beso
que nunca he dado.
El que quedó
en el aire.
El imaginado.

Eres tanto,
y tú sin saberlo.
No sospechas 
que, aun sin tenerte,
te tengo.

domingo, 8 de noviembre de 2020

Mister Wu, o cómo saber qué cara tendrá tu futuro marido antes de conocerlo

El domingo pasado iba yo caminando con mis auriculares a toda mecha. A este ritmo, me acabaré quedando sorda, porque para que la música se sobreponga al sonido de la ciudad hay que elevarla a unos niveles... En fin, que esa tarde me había dado por rememorar viejas canciones de igualmente viejas pelis románticas. Y así, desgranando las melodías de Notting Hill, entre When You say Nothing At All y She me saltó un anuncio. Nada especial cuando oyes música en youtube, salvo por el carácter del mismo. Eso... digamos que la esencia del spot sí que fue bastante particular. 
La voz de una chica hablando en inglés se coló, tal y como he relatado, entre la de Ronan Keating y Elvis Costelo para hablarme de su primer amor con un tono bien intenso. Cuando me di cuenta de que la muchacha estaba dispuesta a desgranar su historial amoroso me aparté a un lado de la calle y comencé a mirar la pantalla. Reconozco que se ganó mi atención y ya no me bastaba con oír, también quería poner imagen a la mini comedia romántica que la inglesa me estaba soltando de improviso. No es un secreto que siento debilidad por el género. Y juro que, más que un anuncio, aquello tenía pinta de cortometraje.
Tras dos o tres relaciones, resulta que la que había venido a interrumpir mi tarde de música y paseo para contarme su vida en verso se compromete. Y se va de viaje a China; pero sola como la una, no te creas que se lleva al novio. Por lo visto, la chavala dominaba un poquito el mandarín (ahí, como la que dice que chapurrea el francés). Creo recordar que de niña pasó una temporada allí,  por el trabajo de sus padres. Pero eso tampoco importa mucho. Lo que cuenta es que, en un café, ve a un anciano observando fijamente a una joven y dibujando en un papel.


Un retratista,  dirás tú; como dije yo. Pues no, porque el caballero estaba pintando el rostro de un hombre, no el de la joven a la que no quitaba ojo. Raro, ¿no? Pues lo mismo pensó la inglesa y, para regocijo de tú curiosidad de la mía, resultó que no era una chavala tímida y no sentía pudor por abordar a un absoluto desconocido. Sin dudarlo, se acercó al anciano chino y le preguntó que estaba haciendo. A lo que él respondió (insertar música telenovelera aquí, please) que estaba pintando al futuro marido de la muchacha a la que estaba mirando.
😮😮😮😮😮😮😮😮😮😮
¡Toma! Ahí es nada. ¿Cómo te has quedado?
Pues nuestra amiga inglesa lo asimiló con bastante naturalidad, la verdad. Tanto, que hasta le pidió al caballero que le hiciera un retrato de su futuro santo. Claro, la oportunidad la pintan calva; yo habría hecho lo mismo. La mala suerte es que la cara que el dibujante plasmó en el papel... pues no fue la del prometido al que ella no se había llevado de viaje.
¿Ves? Por eso, teniendo en cuenta que ya andaba camino del altar, como quien dice, pues igual habría sido mejor no tentar a la suerte. ¿No?
Total, la tía va y deja al novio (hay que ser un poquito... Un poquito... ¡mala persona!). Y lo mejor es que le sale bien la locura de depositar una fe ciega en un anciano al que acaba de conocer y le ha soltado una chapa difícil de tragar, porque a los meses conoce al hombre que el chino le dibujó. 
Y todo esto es, como ya he dicho, un anuncio de cuatro minutazos. ¿Qué anuncia? Pues Mister Wu. ¿Y qué o quién es Mister Wu? El anciano dibujante, que se ve que se ha modernizado y ha abierto site online para dibujar maridos futuribles a mujeres del mundo entero. Con esto de Internet, el que se cierra puertas es porque quiere. Eso sí, si deseas solicitar sus servicios date prisa, porque el buen hombre tiene su edad y le queda poco tiempo de poder andar con el lápiz en la mano. Además,  creo recordar que no puede hacer más de cinco retratos al día. Cosas de las magias ancestrales, que también se agotan como la batería del móvil. 
Me pareció surrealista, de verdad. Todavía lo estoy intentando digerir, de hecho. Encuentro increíble que a alguien se le haya ocurrido un negocio así y, más aún, que haya gente dispuesta a gastar dinero en un servicio semejante. Luego está el tema del spot, que ya digo que era en plan peli y tuvo que costar lo suyo. 
He buscado información sobre Mister Wu pero no he hallado nada. Tampoco he vuelto a ver el anuncio. Lo único que he encontrado, para corroborar que todo esto que he contado no es fruto de un sueño, es esta página, donde varias personas hablan del anuncio (y no dan crédito, claro). Y, la verdad, la romántica que habita en mí (y que es muy grande para este cuerpo tan pequeño que tengo, metro ochenta debe medir como poco) se ha quedado con las ganas de echarle un ojo al site. Porque aunque sabe que esto es, además de un negocio muy absurdo, un tongo... ¡sería taaaaan bonito que fuera real! 🥰

Simplemente es una idea del tipo de marido que quiero,
un simple esbozo.
Mister Wu, ya sabe usted; tome nota 😛.


Yo,  aunque no llegara nunca a encontrar a mi amor destinado, guardaría su retrato y, con saber cómo es su cara, ya me daría por satisfecha. Sería como conocerlo un poco, aunque no lo conociera de nada.
¡Ay! ¡Qué asco vivir en el mundo real! Con lo bien que se tiene que estar dentro de una comedia romántica. 

sábado, 31 de octubre de 2020

No soy yo (relato)

Lo recuerdo como un sueño. Estuve segura de que lo era.
Siempre tuve una imaginación despierta y un cerebro aficionado a echar horas extras. Seguía trabajando después de que el sopor me arrastrara a la inconsciencia. Inventando películas, como una guionista desvelada, que se proyectaban tras mis párpados cerrados. Escenas cotidianas a veces salpicadas de surrealismo en las que me veía a mí misma, como un espectador que observa a la actriz desde la distancia.
Esa vez no fue diferente.
Mi cuerpo estaba allí; de pie, al otro lado de la enorme sala. Cubierto con un vestido negro y luciendo una expresión compungida, acorde con la lúgubre atmósfera del lugar.
¿Un funeral?
Tuve la certeza de que así era. El instinto me reveló la ubicación, prescindiendo de evidencias. Los llantos murmurados y los pésames me lo confirmaron.
            Mi imagen echó a andar por el pasillo abierto entre las bancadas. Mi consciencia la siguió; flotando a su espalda como una cámara de cine que la acompañó ―me acompañó― al altar coronado por la cruz. Allí estaba el ataúd, abierto. Emulando a un macabro joyero que guarda esa piedra preciosa que hace de contrapeso para que nuestras almas no echen a volar al menor soplo de viento.
            No sentí la piel de gallina, ni el corazón se me desbocó dentro del pecho. No tenía un cuerpo para padecer sensaciones. El mío, en ese momento, era independiente a mí. Y se mostraba calmado bajo mi mirada. Pero hubo algo, un miedo que logró agarrarse a mí a pesar de mi falta de materia.
            ¿Era yo la que estaba allí?
            Si aquello era un sueño, sin duda merecía ser llamado pesadilla. Por ello mi instinto se adelantó, una vez más, para ponerme al corriente de lo que pasaba.
            Ese terror que se había fijado en lo que fuera que quedaba de mí me agobió al extremo de desear el momento de despertar.
            «De un momento a otro. Acabará de un momento a otro».
            Alba. Alguien se acercó a ese yo vacío de mí detenido frente al ataúd. No estés aquí, no es bueno para ti.
            Se enganchó de mi brazo y me remolcó por el pasillo que recorrí unos minutos antes. Ahora, en dirección inversa.
            Siento mucho lo de Inés.
            ¿Inés? ¿Ella era la muerta?
            Ha sido una tragedia.
            El yugo de mi miedo se aflojó.
            Las dos íbamos en ese coche. Me siento responsable por estar aquí, mientras ella…
            Shhhh… No digas eso.
            ¡El accidente!
Lo recordaba. De hecho, era lo último que tenía almacenado en mi memoria.
Las dos habíamos bebido. Inés manejaba el coche y… después de eso…
¿Qué pasó? ¡¿Qué?!
No lograba recordar. Como si, de alguna manera, mi vida hubiera terminado en ese instante.
La que se suponía que era yo giró el cuello, devolviéndome la mirada. Sus ojos eran los míos, pero tan vacío que me permitieron ver la sombra de alguien más escondido tras ellos.
¡Inés! grité. Pero ya no tenía voz, y nadie pudo oírme.

sábado, 24 de octubre de 2020

Historias "simplonas"

Aquí vengo con una confesión que dejará mi alma al descubierto: necesito tener la tele encendida para hacer las labores domésticas😛. No sé si es una de mis rarezas o algo muy común. Jamás me he parado a preguntarle a mis conocidos si les sucede lo mismo. Pero a mí me hace falta murmullo de voces en la casa para activarme.
Así, hace algunos sábados, buscando sonido ambiente para ver si activaba mi modo ama de casa, me topé con una reposición de La máscara del Zorro en un canal de películas. La pillé casi recién empezada y... bueno, no me pude resistir a verla entera. ¡Hala, a hacer puñetas la limpieza! Total, al día siguiente era domingo 🙄. Y me acordé de no haber hecho lo que tenía agendado para el sábado, obvio. Hay cosas para las que no se reúnen ganas nunca.
No es que esta sea una de mis pelis favoritas, ni nada de eso. Pero, cuando era niña, me gustaba mucho. La verdad es que desde muy corta edad he tenido algo con el señor Antonio Banderas. Solo yo con él, aclaro para que los programas del corazón no empiecen a maquinar 😛. El buen hombre ni siquiera sabe que existo. Pero yo recuerdo que no levantaba dos palmos del suelo (ahora tampoco mido mucho más) y me sonrojaba toda cuando lo veía en la tele. ¡Es taaaaan sexy! A mí me lo parece. Supongo que siempre me han gustado los maduritos. Me pregunto si seguiré igual después de cumplir los ochenta.
A lo que iba; me planté ante la tele, me tragué la peli enterita y... ¡me gustó tanto como antes! Verdaderamente la disfruté. Envidié a Elena (la espectacular Katherine Z. Jones) por ser tan bellísima y ganarse el corazón del héroe; quise ser ella. Me emocioné cuando el Zorro logró su cometido he hizo justicia para su hermano y el pueblo de California. También me planteé si la escena en la que la pareja protagonista pelea a espadazos (eran floretes, no espadas; pero no sé si "a floretazos" es una expresión correcta) en las cuadras sería criticable desde la perspectiva feminista actual. En mi opinión, el héroe se pasa un poco al desvestir y aprovechar para besar a su adversaria a la más mínima oportunidad. Aunque bien es cierto que a ella no parece importarle, como tampoco me habría importado a mí 🙈. 


Aunque, de todas estas cosas que pensé y sentí, la que quiero destacar, y es el origen de esta entrada, es que los entendidos en cine que conozco, directa o indirectamente (vía Instagram), seguramente opinarían que no tengo ningún criterio si digo que me gustó esta película. A ver, razón no les faltaría porque el cine no es materia que yo domine, sino una de esas muchísimas cosas de las que no tengo idea. Pero lo que quiero decir es que La máscara del zorro se considera una de esas historias bazofia producidas para recaudar dinero en taquilla valiéndose de la pocas luces del populacho. 
¿Por qué cuando algo goza del favor mayoritario la intelectualidad le cuelga la etiqueta de superficial? 
Hummm... Creo que esta gente sabe algo que yo desconozco 🤔.  
En realidad, es verdad que el guion reúne todos los ingrediente para ser un éxito. Por ejemplo:
  • Un héroe: el propio Alejandro (el encargado de portar la máscara del Zorro en esta versión que estoy "analizando") lo dice en un momento de la peli, soltando una frase que considero genial: 《el heroísmo es una fantasía romántica》. Lo que, traducido al castellano, viene a decir que es una actitud absolutamente utópica. Todos estamos lejos de ser héroes o heroínas en la vida real. Ni siquiera quienes nos lo parecen desde la distancia encajan por completo en la medida de un papel tan grandilocuente como este. Será por eso que necesitamos tanto de ellos y llenamos la ficción con sus nobles figuras. Todos queremos a alguien que nos salve, o calzarnos los zapatos del salvador. El de esta historia, en concreto, es uno con el que resulta muy sencillo identificarse. El pobre Alejandro no es nadie especial. Adiestrado por el auténtico Zorro queda en evidencia más de una vez porque, si bien es cierto que tiene potencial, no posee un talento innato. Es como cualquiera, también mete la pata y nos reímos de él en más de una ocasión. Así es como se gana nuestra simpatía. 

  • Una historia de amor: es curioso porque, aunque yo no destacaría el romanticismo como un rasgo común a la mayoría de los humanos... ¡Ay que ver lo que le gusta un amorío al personal! Hasta en series de televisión donde no hay tramas amorosas, los autores de fanfics se dan a la tarea de solucionar ese olvido creando parejas imposibles y maquinando apasionados romances para ellos. Será que, en el fondo, todos soñamos con encontrar a esa persona con la que compartir la vida. La soledad es muy triste 😔. Alejandro tiene a Elena. Con el añadido de que los dos son guapos y jóvenes y dan genial en pantalla. Y, aunque la suya no es una relación fácil, con lo  cual ayudan a mantener el interés en la trama, al final terminan juntos y siendo papás del pequeño Joaquín. ¿Quién no queda satisfecho con semejante cierre?
  • El mal se representa en una élite poderosa que, al final, recibe su castigo: y, si la paternidad de los protagonistas no es suficiente, la justicia representada en su forma más simple y pura viene a llenar el vacío. Ya se sabe que el poder es injusto, y nos queda muy a desmano al común de los mortales. ¿Para qué queremos a un héroe si no es para que nos proteja de los abusos que sufrimos a manos de los encumbrados? 

Mezclando todos estos ingredientes es fácil (colocar este adjetivo es demasiado simplista, pero para que nos entendamos) tener un éxito en taquilla o en las librerías. El resultado es el tipo de historias que la mayoría ama (amamos). Algo con lo que es muy sencillo conectar; una trama simplona y poco arriesga. De acuerdo, es verdad, pero... ¿qué hay de malo con eso? Un producto que es capaz de llegar a una mayoría... ¿no es también algo que conecta con las necesidades de la gente? En este caso, la de evasión de la realidad; lo cual me parece fundamental. 
Por no hablar de que hay montones de obras teatrales de la antigua Roma que siguen este esquema (un clásico) que he expuesto. ¿Se las considera mejor trabajo que La máscara del zorro solo porque el tiempo las ha curtido en una pátina de prestigio? Y, de ser este el caso, ¿no es esa una manera de pensar muy snob?
Pregunto, que conste; que yo no tengo ninguna verdad absoluta y lo que expreso en este blog no dejan de ser opiniones muy personales. Sé que solo soy una escritorzucha y que, por lo mismo, mi palabra tiene poco valor, pero no me voy a cansar nunca de defender el papel de las historias que conectan con nuestra fantasía y nos hacen soñar, sin pretender educarnos o aleccionarnos como a ovejas. Entre otras cosas porque no creo que exista ningún escritor (ninguna persona, en realidad) con suficiente autoridad moral para enmendar la plana al resto y ser un ejemplo. 
Por cierto, para concluir, si no has visto La máscara del zorro te la recomiendo. Particularmente si te gusta la novela romántica. El guion bien podría haber sido escrito por Mary Jo Putney o Johanna Lindsey, tiene todo para ser una historia romántica de época  como las que ellas escribían 🥰. 

P.D.: prometo que la próxima entrada no será sobre cine, que llevo dos semanas muy monotemática 😋. Es que, ¡me gusta tanto!

sábado, 17 de octubre de 2020

Escribir: ¿Porqué y/o para qué?

Hoy he visto una película espantosa. Pero muy, muy mala. La verdad es que ya se preveía en los créditos del comienzo, en los que una muñequita generada por ordenador, con una pésima animación, interactuaba con los nombres de los actores y del resto del personal de la producción. Pero seguí pegada a la pantalla de la tele, sin moverme de canal, porque pensé que sería una comedia romántica. Una que aún no había visto, además. No hay mucho material, dentro de este género, que sea inédito para mí. Y me apetecía algo ligerito, así que... En fin, no me voy a justificar; me senté a verla, ya esta.
La peli en cuestión se titula Atajo a la felicidad, y resulta que me equivoqué de medio a medio con mi primera impresión sobre ella. No me refiero a su calidad, que en eso acerté, sino al género que toca. Su trama no es amorosa, sino que se centra en la vida de un escritor, Jabez Stone (Alec Baldwin). O, mejor dicho, en un aspirante a serlo, porque el buen hombre jamás a publicado y trabaja como dependiente en unos grandes almacenes para ganarse el pan que no puede pagar con su pluma. Aún así, es un buen novelista y él está muy seguro de su potencial. 
Lo que sucede es que, claro, ya llega un momento en la vida en el que, por mucho que uno crea en sí mismo, cuando tanto tú como tu trabajo solo os lleváis portazos en las narices... Te acabas quemando. Y esto es lo que le pasa a nuestro prota, el bueno de Jabez. Que se le hinchan las... Pues eso, las narices en las que tantos portazos se ha llevado, cuando un amigo suyo, también escritor, firma un suculento contrato con una editorial para publicar una de sus novelas. 
Está muy feo eso de tener envidia, y más de tus amigos. Pero bueno, un momento de debilidad lo tiene cualquiera y a nuestro héroe la noticia le sienta como un tiro. Así que, al volver a su apartamento, estalla y, en una arranque de enfurecida frustración, lanza la maquina de escribir por la ventana. Con tan mala suerte que el chisme, que no pesa poquito precisamente, va a caer encima de una señora que iba paseando por la calle con su marido. Y la mata, obviamente; a ver quién sobrevive a un porrazo en la cabeza con una Olivetti. PERO...
Tranquilidad, porque justo antes de tirar la máquina de escribir, Jabez había pronunciado unas palabras que desataron una magia antigua y oscura. Palabras que serán el detonante de su historia:
-Vendería mi alma al diablo por ocupar el lugar de...
No recuerdo el nombre, pero se refería al amigo del contrato millonario. Con eso ya tienes todo lo que necesitas saber. 
Pues, como te decía, mira tú por dónde el diablo lo escucha y llama a su puerta (literal), encarnado en el tipazo de Jennifer Love Hewitt, para sellar el acuerdo que tan inconscientemente Jabez ha formulado.



De este modo, la señora que acabó siendo victima del arrebato de ira con máquina de escribir incluido, vuelve a la vida, levantándose del suelo como si solo hubiera tropezado. Y, esa misma noche, nuestro chico inicia una carrera de éxito como escritor. Tanto, que incluso Tom Cruise adquiere los derechos de su primera novela para hacer una peli. Una malísima, eso sí, y con unas lamentables críticas. Tan malas como las que suelen tener los libros de nuestro protagonista, aunque se vendan como churros. Digamos que Jabez no está muy valorado entre sus compañeros de letras. Lo que, sin embargo, no impide que se lleve un montón de premios porque, como ya sabemos, en estos tiempos modernos la fama es mejor reclamo que el talento. La cuestión está en si a la persona que ostenta tanta popularidad le compensa tenerla aún sabiéndola inmerecida. 
¿Vale la pena el éxito a cualquier precio? He aquí el gran dilema que nos plantea la película.
Para mí, la respuesta es clara: por supuesto que no. Pero, por si hay gente más indecisa que yo, el guion sigue ahondando en el tema. Para ello, la cinta muestra como el amigo cuyo lugar en la vida quiso ocupar Jabez cae en desgracia. El hombre termina destrozado como autor, acusado de plagio, y finalmente muere atropellado por un taxi. El mismo que pretendía tomar, dando un claro ejemplo de esperpento y mala suerte. El colmo de la desgracia justificado por la diablesa Jennifer con la siguiente afirmación:
-Para que uno triunfe otro debe fracasar. 
Menuda filosofía, ¿no? Yo, por si acaso (ya sabes, todo lo de la ley del Karma, y eso) sigo defendiendo que mejor te fijes en lo que haces tú y no te ocupes de lo que consiguen los demás. Me parece mucho más sano.
El caso es que nuestro escritor va perdiendo a aquellos que apreciaba, al tiempo que gana esa fama vacía de talento. Es entonces cuando empieza a desear volver a ser quien era antes: el escritor fracasado que vendía corbatas para sobrevivir. También es en este momento de crisis existencial cuando se reencuentra con un editor (con la cara de Anthony Hopkins) que, en su día, rechazó su novela.
Sí, sí; el elenco de la peli es buenísimo. Lo infumable  es el resultado final de la misma.
En fin, resumo rápido. Resulta que el editor también vendió su alma al diablo, por eso ha calado a Jabez desde el principio y sabe qué hay tras su éxito. Pero, en vez de enemistarse, los dos, hartos de estar entre las garras de la sexy Satanás que los ha liado, se alían para romper el contrato que une a nuestro escritor con esta vil criatura. De ese modo, también Hopkins podrá deshacerse de ella. Es un dos por uno, ganan ambos.
Ni cortos ni perezosos, llevan a la diablesa a juicio (¿qué? ¿exagero al decir que es una peli horrible?). Un contencioso que tiene lugar en el inframundo, claro está. Con un jurado popular formado por Oscar Wilde, Hemingway, Truman Capote... Y en el que el juez es, ni más ni menos, que el amigo  escritor que terminó debajo de un taxi, en vez de en el asiento del pasajero. 
Pues sí; Jabez lo tiene chungo. Suerte que cuenta con la ayuda de Hopkins como letrado, quien hace una defensa impecable de su caso. 
Aquí sucede lo verdaderamente interesante de la peli, y la razón por la que estoy escribiendo esta entrada. ¡Ay! ¡Mis larguísimas introducciones y yo!🤦‍♀️
Frente al tribunal de famosos y reconocidos literatos, Hopkins expone el caso de su cliente: un escritor que sueña con ser leído y que sus historias lleguen a millones de personas. Porque para eso escribimos todos, no nos engañemos. Los escritores necesitamos lectores. Gente a la que comunicar nuestro punto de vista; nuestros sentimientos y pensamientos. Pero si el autor no tiene alma... ¿qué podría escribir?
Ya digo que la película es malísima. Lo he repetido tanto, a lo largo de esta entrada, que me estoy haciendo pesadísima. Aún así, más allá del lamentable resultado en pantalla, el guion se basa en una muy buena idea. En una gran verdad que me deja entrever los sentimientos de quien (o quienes) lo escribió. 
A él (ella o ellos) le digo, de escritor a escritor: te entiendo perfectamente, hermano 👊. Yo sé por lo que has pasado y cómo surgió la inspiración para esta historia. Lo sé porque este guionista ha dejado parte de su alma, de sus vivencias como autor, en su guion. Como hacemos todos con nuestros textos. Lo curioso de escribir, concretamente de escribir ficción, es que hablas de personas que no existen y situaciones inventadas. Sin embargo, es sobre ti sobre quien estas escribiendo. 
Por ejemplo, hay tanto de mí en mis novelas, en esas historias inventadas, que al releerlas puedo encontrar en sus páginas a mi yo del pasado. Igual que si tuviera entre mis manos un viejo diario. 
Es por esto que sí, aunque es obvio que queremos ser leídos, nuestra necesidad no está motivada por la vanidad. No buscamos presumir ante nuestros conocidos y amigos una lista de logros literarios. El éxito no es eso. Lo que queremos es comunicarnos y transmitir una idea; con la esperanza de que, quizás, alguien allí fuera, al otro lado de la página, nos entienda. 
Para eso se escribe; por eso escribimos: para desahogarnos del océano que nos inunda por dentro. Conviene no perder de vista este objetivo. 
Por cierto, por si te quedas con la duda, te cuento de Jabez recupera su alma y retoma su vida desde donde la dejó antes de firma el peor contrato de su vida. 
¿No te parece un estupendo mensaje? Yo, de ahora en adelante, me pararía dos veces a pensar si merecen la pena las perdidas que puedo tener al correr tras un sueño que, en realidad, solo es una absurda muestra de ambición y vanidad😉.