domingo, 31 de enero de 2021

De musas y musos

¡Oh, las musas! Esas diáfanas criaturas a las que el trabajo de los escritores, y de cualquiera que realice una actividad creativa, parece superditado. 
Si te digo la verdad, no soy muy devota de ellas. Me siento más afín al grupo de quienes las esperan pico y pala (o boli y libreta) en mano que del de quienes se sientan a adorarlas contemplativamente. Jamás se me ha dado bien lo de rendir pleitesía a nadie ni a nada. Pero, como esta es una entrada dedicada a ellas, vamos a reconocerles el tradicional lugar que se les otorga en la vida de todo "artista".
《¡Ay, mamá! ¡Quiero ser artista! 》🎵🎶 😜
Si tuviera que elegir alguna de las nueve, me quedo con Melpómene, la musa de la tragedia. Sí; sin duda, es la mía. Podría añadirla como coautora de mis novelas. Si me conoces un poquito ya sabrás que, a Dramaqueen... ¡no me gana nadie 😅! Me gustan las historias intensas y sufridas. Aunque alguna que otra comedia ligerita también hay en mi haber, que no todo va a ser disecar al personal a base de exprimirles lágrimas. 
Pero, más que de ellas, a lo que he venido ha sido a hablar de ellos. Sí, sí: de los musos, que también los hay aunque no se los mencione mucho. Hoy quiero contarte quienes han sido los señores que, desde mi más tierna infancian, han ido construyendo mi ideal de héroe romántico. El que inevitablemente plasmo en mis novelas. Al final, cuando una escribe, está hablando de sí misma 🤷‍♀️.
Me temo que esta entrada va a ser cortita. Soy una mujer fiel donde las haya y, al hacer repaso mental para redactar este post, me he dado cuenta de que este rasgo de mi personalidad aplica también a mis amores platónicos. Dejando de lado a Aladdin y John Smith, que me encandilaron siendo demasiado joven, como te podrás imaginar, solo hay dos nombres que de verdad han tenido influencia al forjar esa concepción del hombre perfecto que es el tema de esta entrada.  
Voy con el primero.
Mi infancia transcurrió en los años 90 (¡Oh, los felices y apacibles años 90! No me canso de añorarlos), época de esplendor de la comedia romántica. Casi todos los meses se estrenaban en los cines (¡Oh, los cines!... Como siga recordando me va a dar un bajón 😔) pelis de este encantador, almibardo y músical género. ¿ No te encantan las bandas sonoras de las viejas rom-coms? Pero, dejando de lado las OST, si por algo se caracterizaban estos filmes era por sus rostros recurrentes: Julia Roberts, Tom Hanks, Meg Ryan, Sandra Bullock... Y the King: Hugh Grand 🥰.
Sí, ya desvelamos el primer nombre de mi escueta lista de dos. ¿Se la puede llamar lista cuando solamente hay dos elementos en ella? 🤔
En fin, eso es irrelevante.
En sus años mozuelos, Hughgy se paseó por las pantallas de cine de todo el mundo dando vida a buenazos algo torpones y tan exageradamente tímidos que les ganaba el tartamudeo al hablar. Un encasillamiento que persigue al actor hasta nuestros días, aunque hace tiempo que se desligó de este tipo de papeles por, en sus propias palabras, 《estar demasiado viejo y feo para seguir haciendo comedias románticas》. Aún así, como digo, hay por ahí quién pone en duda la capacidad del actor para desempeñar su trabajo por el "modelo único" de personajes que interpretó en los felices 90's. Con la honrosa excepción de su aparición en las dos primeras pelis de Bridges Jones (aquí el chico bueno era Colin Firth, otro achuchable ❤) encarnando al detestable pero divertido Daniel. A todos estos descreídos, los invito a darle una visualización a Remando al viento, donde encontrarán a un magnífico Lord Byron con la cara de Grand. 
¡Hombre, ya! Qué fácil es poner pegas al trabajo de otros. 

Por esta época, el amor, fuera de la pantalla, de Hugh Grand
era la modelo Liz Hurley. Una chica a la que pillé una
manía horrible cuando le dio por decir que si estuviera
tan gorda como Marilyn Monroe se suicidaría 😒.

Naturalmente, nuestro Hugh no era tan bien portado en la vida real como los chicos a los que interpretaba. Tal nivel de bondad e ingenuidad es inalcanzable, y muy desaconsejable, si se quiere sobrevivir fuera de la ficción. Sonado fue el escándalo cuando lo pillaron practicando sexo oral con una prostituta. Pero yo era muy pequeña por aquella época,  demasiado para entender nada de esto, así que la imagen que tenía de él permaneció intacta 😇. Y aún cuando ya he alcanzado edad suficiente para comprender el asunto, el cariño y la admiración que siento por el actor me pesan más que cualquier otra cosa. 
¿Qué quieres? No me pidas que sea objetiva, ¡no puedo!
Hugh Grand fue mi actor favorito durante mi niñez y de él (o mejor dicho, de los personajes que representaba en pantalla) tomé el rasgo que sustenta el carácter de mi hombre perfecto: la bondad. Jamás me he sentido identificada con esa creencia tan extendida según la cual a las mujeres nos derriten los chicos malos. En mi caso, te puedo asegurar que no se acerca ni de lejos a la verdad. 
《Era un chico malo; no, no, no. Yo no quiero nada malo; no, no, no》. Y aquí dejo de cantar porque, pa' mala yo, tampoco.  Soy un cacho pan 😇😛.
Grand se quedó en aquellos inocentes años de mi vida y, ya en mi adolescencia, llegó el gusto por el cine clásico que mi madre comenzó a inculcarme. Fue entonces cuando lo descubrí a él: el galán por antonomasia. El bello e inigualable Robert Redford 🥰.

Aquí el señor Redford en su época de
máximo esplendor. Decir que no
se puede ser más guapo no es 
ninguna exageración.

De esta época de mi vida recuerdo ver en bucle tres películas: Tal como éramos (aún hoy es oír el tema musical principal y emocionarme), Descalzos por el parque (me sé de memoria los diálogos de esta comedia y todavía me desternillo con ella) y uno de mis títulos favoritos del cine: Propiedad condenada. El responsable de que Berta, protagonista de mi novela Es medianoche, Cenicienta, sienta una fascinación especial por las gabardinas 😉.
De la mano de Redford descubrí al galán clásico: maduro, masculino y seguro. Al mismo tiempo que se perfilaba mi consabido gusto por el drama 🤦‍♀️.
Juro que a mis quince/dieciséis años, mi sueño más dulce era tener un marido tan paciente y estupendo como Paul, personaje de Redford en Descalzos por el parque. Cosas de la edad, y de la ñoña desatada y aún no desintoxicada por la realidad que era en aquel entonces. 
Con Robert Redford mi héroe romántico terminó de definirse. A mí no me des un maromo de esos, tipo Mujeres, hombres y viceversa; de los que  llevan la ropa dos tallas más pequeña de la que en realidad necesitan, para que se les marquen los músculos,  y sueltan a la heroína de turno frases del tipo:
Esta noche, te haré gemir de placer 🤦‍♀️.
Todo ello mientras son incapaces de contener las reacciones de su miembro viril y, encima... ¡se sienten orgullosos de ello! ¡Chico! Que he trabajado en guarderías y esto pasaba mucho. El mérito está en saber controlarla.
No, no; a mí este modelo de hombre no me seduce nada. Prefiero un tipo elegante y natural en todo, incluida su manera de expresarse. Lo de fardar de vigor sexual😒... Además de parecerme de una imadurez anti morbo total (y de ponerme de los nervios) me resulta una mala costumbre. ¡Que luego hay que cumplir, chaval😜!
Al margen de estos dos grandes amores he tenido mis escarceos platónicos. No solo el ya mencionado Colin Firth, también tuve mi época obsesiva con el guapísimo James Marsden, la atracción que siento por Antonio Banderas no puede ser sana, me encantaría que el madurito Lean Neeson tuviera que venir a rescatarme (a este hombre no hay peli en la que no le secuestren a la mujer 🤷‍♀️; ojo con él, que es peligroso) y hace muchos años pillé una especie de trauma cuando las entradas de Jude Law se acentuaron más de la cuenta. Y, con todo esto, ahora hago examen de conciencia y me pregunto por qué narices digo que me gustan los morenazos, y que en materia de hombres me pierde lo racial, cuando tengo semejante historial de amores platónicos.
Definitivamente, ¡soy una contradicción con patas!

domingo, 24 de enero de 2021

Still Star-Crossed, y así seguireis porque lo que habeis hecho... ¡No tiene perdón!

Tengo una máxima: la de no ser nunca cruel al opinar de ninguna de las historias que consumó, con independencia del formato en que estas lleguen a mí. Soy una adicta a la ficción, como buena soñadora, y sé que las personas que trabajamos creando fantasías para el entretenimiento del personal, ya seamos escritores,  actores, directores, o pertenezcamos a cualquier otra profesión, ponemos toda muestra ilusión y el corazón en esa realidad alternativa que recreamos para que los demás se evadan un ratito de sus problemas. Así que, oye, si luego resulta que nuestro trabajo no gusta, ya sea a un grupo amplio o reducido de personas... Pues mala suerte. Tampoco es para despellejarnos ni para ir de maestros poniéndonos notas (¿de verdad se puede endosar un número a un libro o una peli, con sus décimas y todo?) como si aún estuviéramos en el cole. Que aquí ninguno es catedrático de nada y lo único que poseemos es algo tan subjetivo como una opinión. 
Es por esto que me sabe muy mal escribir todo lo que voy a escribir a continuación 😖. Podía quedarme calladita; que lo he pensado, de hecho. Pero... necesito desahogo, lo siento 🙏. Esto que he visto... Me ha dejado alucinada. Así pues, espero no pecar de dura ni ser desagradable. Y vaya por delante mi respeto a todo el personal involucrado en este proyecto que hoy centra mi atención.
Tras ver Birdgerton, me llegó la recomendación de otra serie, también de Shonda Rhimes, que prometía envolverme de nuevo en un apasionado romance histórico.  Con un añadido que, para mí, la volvía irresistible: esta historia prometía (y cumple, en eso no engaña) ser la continuación de la de Romeo y Julieta.  
Por Dios, ¡¿CÓMO NO ME HABÍA ENTERADO YO DE QUE EXISTÍA ALGO ASÍ?! 😱 ¿Te he dicho ya que amo esta obra de Shakespeare? ¿Que no me pierdo ninguna versión que se haga de ella? Hasta la saciedad, ¿verdad? Pues eso, ¡que me hizo una ilusión tremenda enterarme de la existencia de esta serie! Y me lancé de cabeza a por ella. 
Al parecer, la obra parte de una novela homónima cuya portada te dejo aquí abajo, junto con la sinopsis.


 Romeo y Julieta ya están muertos, pero
 el odio entre los Capuleto y los Montesco no tiene fin... 

El príncipe Escalo decide que la única 
manera de traer la paz a las dos 
familias es casando a un Montesco
 con una Capuleto. Los elegidos son Benvolio
 y Rosalina. Ellos, a diferencia de sus primos, 
no están enamorados y quieren encontrar una
 solución sin llegar al altar. Pero la 
sangre vuelve a correr por las calles de Verona
 y los jóvenes deben descubrir quién es el 
responsable antes de que sea demasiado tarde... 
Benvolio, Rosalina y el príncipe se dan cuenta de 
que el camino hacia la paz puede ser una tortura y 
de que el verdadero amor puede destruirlo todo.


Vale, pues de esta premisa partimos. Ahora, vamos al lío. 
La serie comienza con la boda de Romeo y Julieta. Que es secreta porque, como todo el mundo sabe, la cosa entre las familias de ambos no estaba pa' festejos. Para que luego haya quien se queje porque su madre y su suegra no se llevan bien 😛.  Sin embargo, a ella acuden, en calidad de testigos, Benvolio, primo del novio, y Rosalind, fiel sierva de la novia. Hay que dejar claro que ninguno de los dos está a favor de la unión, como es normal. Vamos a ser razonables, que esto visto desde fuera es muy romántico, pero a los jovenzuelos les faltaban unas cuantas tazas de madurez y sentido común. Lo que ocurre es que digamos que al padrino y la madrina de este despropósito les puede la lealtad hacia el par de merluzos que están por contraer nupcias sin siquiera conocerse.
Vale, aquí hago un alto para señalar lo único bueno de esta historia: Romeo y Julieta hacen una pareja preciosa 🥰. Y el vestido de ella, con ese diseño tan romántico que la hace verse como una princesa Disney, me encantó. 
Sí, esta que acabo de hacer es una reflexión muy superficial y sin ningún peso o valor a la hora de juzgar la obra, estoy de acuerdo. Pero es que, o tiro de ella, o verdaderamente no saco nada bueno del visionado. Más allá de esta cuestión puramente estética... Es que no encontré ninguna otra cosa que se pueda salvar.  

Foto tomada del álbum de bodas de Romy y July.
¿A que son monérrimos? 🥰

Tras la boda, lo que se nos presenta es un rapidísimo recorrido para llegar al trágico final de estos dos enamorados, durante el cual Rosalind asumen el protagonismo. Cosa muy razonable ya que es, precisamente, eso: la protagonista de esta historia. La única novedad respecto al relato original es la que aporta la aparición del príncipe Escalo. Quien, tras la muerte de su padre, se ve en la obligación de asumir el control de una Verona que en realidad es Salamanca (aquí se rodó la serie) y que Capuletos y Montescos mantienen sumida en el caos. 
En este punto hago mención especial a esas peleas a espadazo limpio 🤦‍♀️. ¿Alguna vez has jugado a espadachines, cuando eras niño/a? Pues estos actores debían preferir los videojuegos o el fútbol, porque se les ve poco duchos en la escenificación del arte de la esgrima. ¡Ay, Dios mío! ¡Qué desastre!
En realidad,  todo en esta serie recuerda demasiado a una actuación de fin de curso. Ese es el punto. No digo que los actores, los guionistas, los escenógrafos... todos los que han tomado parte en la producción en modo alguno, sean malos profesionales. No; seguro que tienen potencial, pero deben trabajar aún bastante para desarrollar sus posibilidades. O, quizás, lo que pasa es que debieron tomarse más en serio este proyecto. Aquí falta esa magia que te predispone a creer la mentira de la ficción. 
Por otro lado también está todo el tema de los anacronismos históricos. Aunque ya he asumido que esto es un rasgo característico de las producciones de época de la señora Rhimes, por lo que creo que tenemos que estar preparados para ello cuando nos sentamos a verlas. 
Pero bueno, vamos a lo que nos interesa de verdad. Lo cual es, ni más ni menos, que este trío:

De izquierda a derecha tenemos al príncipe Escalo, 
Rosalind Capuleto y Benvolio Montesco

Dejando de lado el detalle de que el vestuario es horripilante (¿a ti esta foto no te parece sacada de un catálogo de disfraces?) a mí estos tres no me pegan en sus respectivos papeles ni con cola. Particularmente, Rosalind. No recuerdo haber tenido nunca tanto problema para asimilar a un actor en un personaje como para ver a esta señorita, cuyo nombre desgraciadamente desconozco, ejerciendo como la heroína del drama. Me ha sido imposible entender esas expresiones faciales tan exageradas y desencajadas que hacía. Las cuales, unidas a que el personaje sobre el papel tampoco resulta particularmente simpático... Pues no puedo decir que me haya caído en gracia la mujer, y así mal vamos. Era verla y enterarme unas ganas de gritarle:
¿Quieres hacer el favor de quitar esa cara asco, hija?
Vamos, ni Kristen Stewart interpretando a Bella en la saga Crepúsculo.
La tragedia que truncó la vida de Rosalind es la siguiente:
Tanto ella como su hermana,  Olivia, eran niñas de buena familia. Pero, a la muerte del padre de ambas, las chicas pasaron a vivir de la caridad de Lady Capuleto. Lo cual no quiere decir que esta las tenga en mucha estima, que digamos, pues aunque es su tía materna (no recuerdo muy bien si este era el parentesco, lo siento), envidia a la difunta madre de las muchachas porque se casó con el hombre que ella amaba. Según le echa en cara a la buena señora Rosalind, que no se deja venir una, le está bien empleado el mal de amores que sufre por ir tras el título de su actual marido. ¡Será harpía, la cazafortunas esta! 
Vamos  que, como están las cosas, ya te puedes imaginar la predisposición que siente nuestra aspirante a Julieta a casarse con el Montesco en representación de los Capuleto. Y, mira, la chica será lo que queramos, pero en esto la entiendo. No me prestaría yo a sacrificarme por quienes no me muestran afecto. 
Pero es que hay más, espérate. Ya te digo que esto es un culebrón. ¡¿Cómo es posible que no me haya gustado?!
Resulta que, para acabar de rizar el rizo, antes de que su familia cayera en desgracia, Rosalind tenía un enamorado que por las noches le recitaba palabras de amor a pie de balcón (debe ser costumbre entre los hombres de Verona). Y agárrate a la silla porque este es, ni más ni menos que... ¡¡¡El príncipe Escalo!!! 
Que suene de fondo una música dramática y bien culebronesca, por favor.
Y aquí acaba el primer capi de esta serie: con los amantes pillados por un Benvolio que los ve desde un balcón (¡Ay! Si los balcones de Verona hablaran...) rezumando una tensión sexual que despertaría la suspicacia del más inocente.
No tengo ni idea de qué sucede a continuación, porque aquí me he quedado y no sé si continúe (aunque todo apunta a que no) con la historia. De verdad que me sabe fatal lo que he escrito sobre ella, pero Still Star- Crossed es lo más parecido al despropósito que he visto en una pantalla. Entiendo que la serie se quedara en 7 capítulos y ya, mejor parar la cosa para no seguir sumando errores. Y es una pena, porque creo que, en realidad, el argumento tenía bastante potencial. Pero la ejecución del mismo quedó en una función de primero de teatro aficionado. No sé si esto existe, imagino que no; pero tú ya me entiendes. 
Still Star-Crossed podría traducirse como "seguimos maldecidos/malditos por las estrellas". Y, con este panorama, creo que es un título muy bien puesto. Posiblemente sea el mayor acierto de todo el proyecto. Aunque, antes de despedirme,  quiero recalcar que esto es solo una opinión personal y que seguro habrá mucha gente a quien le haya encantado. Así pues, si quieres darle una probadita al pastel, adelante. Nunca conocerás su verdadero sabor si no usas tu propia lengua para descubrirlo 😜.

jueves, 14 de enero de 2021

En defensa de "Grease"

Yo era (y siempre seré por los siglos de los siglos, ¡amén!) más de Dirty Dancing. De hecho, hay por ahí quien piensa que aún estoy obsesionada con esta peli. Y mi hermana y yo seguimos manteniendo a día de hoy una encarnizada disputa por intentar hacer ver a la otra cuál de estos dos musicales es mejor. Evidentemente, yo llevo la razón.
Pero, a pesar de ser una persona con buen gusto, capaz de entender que el cine ha dado pocas parejas como Baby y Johnny 😛, he tenido infancia. Esto quiere decir que también he visto, y visto y requetevisto Grease, ¡hasta la saciedad! Incluso vi la versión teatral que hace años protagonizaron Gisela y el guapo Jordi Coll. Por eso, porque también he sido la pava de la clase que soñaba con que el chulito (que en el fondo era un pedazo de pan, pero se veía socialmente condicionado a esconder su sensibilidad tras una máscara de estereotipada masculinidad) se fijara en ella, y porque en esta película veía la encarnación de mi sueño hecho realidad, quiero salir en su defensa. 
Un emogi caracterizado de súper héroe es lo que me hace falta ahora mismo, pa' expresar mi estado de ánimo 😛.

¿Te puedes creer que nunca me he dado cuenta de
lo cortísimo que llevaba esta muchacha el flequillo?


A ver, te pongo en antecedentes, por si no te has enterado de la polémica.
Resulta que, hace unos días, uno de los canales de la emisora inglesa BBC transmitió la película Grease. Hasta aquí, nada que no haya sucedido chorrocientas veces. La novedad está en que, esta vez, la retransmisión dio lugar a que se produjera una oleada de críticas por parte del público joven. El cual expresó su disconformidad con el guion de este film (que en su día ganó 10 Oscar) por considerarlo machista, homófobo y racista. 
¡Ahí es na'! Se quedaron bien a gusto, los chavales. 
A ver, yo no voy a entrar a valorar si tienen o no razón porque... Evidentemente, la tienen. Pero es que aquí se está produciendo algo que me da mucho miedo, y es esa tendencia a un pensamiento liberal con un trasfondo tremendamente dictatorial. 
¡Ea! Pues yo también me he despachado de lo lindo 😛.
En mi opinión, aquí hay un problema de base, y es el querer juzgar una peli de 1978, que además retrotrae la acción  aún  más en el tiempo para ambientar la historia en la década de 1950, con una mentalidad de 2021. Y eso, chicos que os habéis sentido ofendidos, me vais a perdonar, pero no se puede hacer. Yo estudié Historia en la universidad y tengo tatuadas en la mente dos frases que los profesores nos repetían, a mis compañeros y a mí, hasta la saciedad:
  1. No caigáis en la prepotencia de juzgar la cultura como esto que vosotros tenéis a vuestro alcance: lo que habéis aprendido en los libros. La gente que no ha podido estudiar también tiene cultura, lo que pasa es que esta es diferente a la académica; es la que ellos necesitan para vivir. Y, a vosotros, nada de vuestros conocimientos os valdrían en su mundo. Seríais unos ignorantes.
  2. ¡Haced el favor de dejar de juzgar los hechos, y a los personajes históricos, con vuestra mentalidad de jóvenes del siglo XIX! Si de verdad queréis entender y aprender algo, intentad conectar con la época. 
Dos verdades, como dos catedrales de grande. Gracias, señores y señoras profesores de mi uni 👍.
Está claro que, si vemos o leemos algo que tiene más años que Toño Potoño encontraremos cosas que, gracias a Dios, en nuestra actualidad se consideran tanto social como moralmente censurables. O eso, al menos, es lo que debería suceder porque es el indicativo de que la humanidad avanza para ser mejor. Ahora bien, si estos cambios nos van a escandalizar al punto de organizar un linchamiento contra la obra artística en cuestión... Entonces, lo del avance social que mencioné antes se va a la porra.
¿Fue Netflix quien tuvo que agregar un cartel, al inicio de Lo que el viento se llevó, para advertir al público lo deleznable que era la sociedad esclavista que retrata la peli? ¡Pues muy mal! Esto, ya lo ve el espectador por sí solo, señores de Netflix. No somos tontos. Y, el que quiere entender, entiende. El que no, ni a tiros lo va a hacer. 
Lo que el viento se llevó muestra un mundo que se asienta sobre una visión de los derechos humanos muy cuestionable. Eso, por decirlo de un modo suave. No obstante, no deja de ser una gran película, reflejo de su tiempo. Y el pasado no se puede borrar, lo único que podemos hacer es aprender de él para no caer en los errores que ya cometieron las generaciones pasadas (¡aviso a navegantes!). Y, sobre todo,  lo que no podemos es eliminarlo solo porque no nos gusta. ¿No es mejor observar con una visión crítica (que no criticona), sana y tolerante? Porque, de lo contrario, además de acercarnos peligrosamente al totalitarismo estamos cayendo, como siempre digo, en un esquema tan de 1984...Que da pavor.
Yo, por mi parte, seguiré viendo Grease, y cualquier otro clásico que se me ponga por delante, siendo crítica con todo lo que, bajo mi personalísimo punto de vista, está bien o mal. Pero intentando no perder de vista que la gente que trabajó en ese proyecto se movía en terreno diferente al mío, e intentado conectar con ellos para entender lo que querían contar.
En definitiva: SEAMOS LIBERALES, PERO DE VERDAD. 


Para finalizar, recojo este tuit porque... Pues porque me ha hecho gracia 😛,  sin más.
Los créditos a El Richal, que no tengo el gusto de conocerle pero ha estado sembrado 👏.

martes, 5 de enero de 2021

Bridgerton: una reseña "virginal" de la serie de TV

Pues sí, así llegó una servidora al que por lo visto ha sido el éxito navideño de Netflix: 《like a virgin, touch for the very firts time...》Y es que, la verdad, yo a la señora Julia Quinn no tengo el justo de conocerla. Ya ves, jamás la he leído. No sé porqué, supongo que no me he topado con ningún título de esta autora que me haya llamado la atención. El caso es que no formo parte de ese grupo de fans que esperaban ansiosos el estreno, ni tampoco tenía información alguna sobre la historia que me iban a contar en ocho capítulos. De modo que la opinión que voy a expresar se basa única y exclusivamente en la versión televisiva de esta obra. Aclarado esto, paso a enumerar los aspectos de la serie que más me han llamado la atención.
¡Uy! Como me ha quedado esto de formal, ¿no? He comenzado el año... que ni yo me reconozco 😛.


  • La contextualización (o la absoluta falta de ella): Quien me conozca un poquito sabrá ya lo fan que soy de la ambientación en las novelas y películas. Para mí, el escenario en el que se desarrolla la trama es casi, casi un personaje más de la historia; un elemento fundamental a la hora de crear la atmósfera y hacer creíble el relato. Aquí, la Inglaterra de la regencia se retrata de una manera taaan libre... que no se parece nada a lo que realmente fue, desde un punto de vista histórico. Y, la verdad, esto me ha puesto muy difícil el meterme en situación. Manías de historiadora, supongo. Sé que la idea era precisamente no ajustarse fielmente a la época, para tener un resultado más fresco y atractivo para el público, con el que fuera más sencillo identificarse. Pero, oye, eso no quita para que yo, personalmente, hubiera preferido ver algo más realista. Eso sí, como punto a favor debo reconocer que me ha encantado el vestuario (verdaderamente lo he amado ❤). También la explicación, sobre el capítulo cuarto si no recuerdo mal, que Lady Dambury ofrece al duque sobre como el matrimonio de los reyes aunó a la sociedad, salvando las diferencias raciales, me parece un punto excelente. Además de jugar de un modo delicioso con la leyenda que defiende los orígenes africanos de la reina Carlota, me ayudó a asimilar esa diversidad racial entre la gentry que se ve en la serie.  A partir de ahí asimile que no estaba en la Inglaterra del siglo XIX,  sino en un universo paralelo. 
  • La pareja protagonista: Ya digo que no conocía absolutamente nada de la obra de la señora Quinn, por eso cuando vi el precioso cartel promocional, con ese Duque que está taaaan tremendo 🥰, mi mente se montó la película. Cosa muy habitual en mí, por otra parte. Pensé que iba a encontrar una historia de amor interracial (uno de mis fetiches, desde que siendo niña vi Pocahontas 🙈), con todos los inconvenientes que esta tendría que afrontar en esa Inglaterra tan rancia cuyo marco histórico obvia por completo la serie. Vamos, que me esperaba un 《amor prohibido murmuran por las calles porque somos de distintas sociedades》,  que cantaría Selena. ¡Y mira que me gusta a mí un amor prohibido y bien sufrido! Tanto, que fue eso lo que me animó a plantarme delante de la pantalla, la verdad. Quizás por ello, porque me esperaba algo mucho más intenso, el romance de Daphne y Simon me ha resultado un poco soso. A ver, que sí; hay entre ellos escenas de alto voltaje. Pero lo que es su relación, así en general y dejando de lado los encamientos que protagonizan, me parece demasiado sencilla. Lo que les impide estar juntos... son ellos mismos. Así pues, me pasé todos los capis pensando: ¡que se arreglen de una vez, leñe! Si no son felices es porque no les da la gana, y esto me empuja de cabeza al siguiente punto.
  • Sienna y Anthony: Para mí, estos dos se han robado todo el protagonismo de la trama romántica. Me he pasado los capítulos deseando verlos a ellos y lamentando que no nos mostraran más de su relación. ¡Su historia me resulta tan apasionada y bonita! También es verdad que lo de la cortesana (que aquí es una cantante; ya sé que no es lo mismo, pero la consideración social de ambas profesiones era asimilable en la época) y el chico de buena familia que no pueden amarse porque... pues por eso, porque es un Forbidden Love, que es lo que a la sufridor nata que soy le mola y lo que no encontré con Daphne y Simon. Sé que Sienna no es el amor destinado de Anthony (lo que ignoro es si el personaje es inventado para la serie o aparece en los libros), y lo acepto aunque me duela. Después de todo, el final de ambos, aunque triste, me parece adecuado. Me gustó mucho el alegato feminista de ella en la última escena que comparten. También es verdad que le pudo ahorrar el trago al  chaval, que se quedó allí el pobre con sus flores y todo, si le hubiera dado por soltarlo un ratito antes. Pero, a fin de cuentas, Sienna siempre quiso ser una mujer libre, de las que no se someten a un hombre ni a una sociedad que no las valora por ellas misma y las convierte en personajes pasivos de su propia existencia. Un mensaje muy coherente con el personaje y que no se debe escatimar en la ficción, ni tampoco en la vida real.
  • Mi personaje favorito:  Fue Penelope, de lejos. Aunque la necesidad de romance me la satisfajeron Sienna y Anthony, si tuviera que elegir a un personaje de entre todos los que habitan el mundo de los Bridgerton sin duda me quedo con Pen. Es una chica encantadora, pero no boba; es plenamente consciente del mundo que la rodea y de su presencia en él. No sé porqué, pero sentí mucha afinidad con ella. Sufrí por su amor secreto hacia Colin y hasta tuve mi momento de odiar a Marina  por fastidiarla indirectamente, a pesar de que es un personaje que me caía bien. Creo que Penélope es, con diferencia, la más inteligente de todos; por eso mismo, descubrí su secreto desde el primer momento 🤫😉.
Y... poco más tengo que añadir. Solo que, como a la mayoría, a mí la serie también me ha gustado. Me ha mantenido entretenida y enganchada a la trama. No tanto como para lanzarme a la lectura de los libros, eso es verdad. Al menos, no de El duque y yo, que es la novela que centra esta primera temporada. Espero la segunda, a ver si los protagonistas me enamoran más que Daphne y Simon. Aunque, si soy sincera, lo que de verdad espero es que Netflix se lance a producir más series basadas en novelas románticas, ya que es un gran impulso para un género que sobrevive a la sombra del tabú y la sorna. A ver si nos vamos liberando de prejuicios.
Se lo pediré a los Reyes Magos,  que igual aún llego a tiempo de mandarles mi carta y me lo cumplen 😉.