miércoles, 2 de junio de 2021

Qué nos llueva (poema)

 Pues que nos llueva, ¡y mucho!
Y que vean que nos mojamos
pa' que se mueran de envidia
estos peces de secano.

Que nos llueva, que tú y yo
iremos de la mano
corriendo por las calles
sin reparar en los charcos.

Que caiga el diluvio,
que no buscaremos
lugar donde refugiarnos.

Protegerse del agua 
es cosa de cuerdos.
Y tú y yo tan locos estamos 
que, entre tanto donde elegir,
fuimos a elegir amarnos.



lunes, 17 de mayo de 2021

Inspiración ♥ (o mi eterna obsesion con Romeo y Julieta)

Sí, ya sé que llevo meses desaparecida. Concretamente dos, porque creo que mi última (ahora penúltima) entrada es de mediados de marzo. Cuando aún hacía frío y podía una acurrucarse bajo la mantita para leer y ver series. ¡Ay, invierno! Aún no llega el verano y ya te estoy echando de menos 😔.
Pero bueno, afrontemos la estación. Más que nada porque no hay otra; no es como si se pudieran saltar meses a capricho. Tenemos que vivirlos todos y, oye, eso tampoco es malo sino todo lo contrario.
En fin, vamos al lío; que sigo con mi manía de enrollarme como una persiana. 
Este tiempo en el que he estado sin dar señales de vida no ha sido para nada improductivo. De hecho, el caso es justo el opuesto; he estado trabajando a destajo, escribiendo y disfrutando muchísimo con ello. ¡Y he acabado una novela!
¡Aplausos, por favor! Y vamos a lanzar serpentina también, que me hace ilusión 😋.
La concluí hace una semana, y ahora estoy con un nuevo proyecto que me hace muchísima ilusión. Uno que, si consigo llevarlo a puerto, sé que se convertirá en una de esas historias especiales para mí como autora. Estoy convencida porque tiene una influencia super importante para esta romántica tonta que te escribe.
La magia de las novelas, de las películas... de las historias, en general, reside en que aquellas que nos gustan muchísimo nos hacen suyos; se quedan en el alma y ya jamás nos abandonan. Nunca nos cansaremos de ellas. Una de mis inolvidables es (aquí viene la sorpresa, porque no lo he dicho nunca; ¡qué va! 🙄) Romeo y Julieta. Y, bueno, los archiconocidos amantes de Verona son la influencia directa del par que me están contando su historia en este momento para que la ponga en el papel. Aunque a ellos les aguarda un final infinitamente más feliz que a sus referentes, de eso me ocupo yo. Que soy dramática, pero no trágica.
La inspiración me ha llegado de improviso, aunque supongo que era de esperarse. Llevo meses obsesionada (o retomando mi obsesión, mejor dicho) con la que es mi adaptación favorita del clásico de Shakespeare. Un musical francés de 2001 que se titula Romeo et Juliette: de la haine a l'amour. 
Me encanta. ¡LO-A-MO! Ha sido así desde hace años, cuando lo descubrí siendo una adolescente. No sé por qué desde principios de este 2021 me he vuelto a sumergir en él con la intensidad de aquellos tiempos mozos míos. Será porque se cumple el veinte aniversario del show y está de celebración. Ahí donde lo ves, esto en el país galo fue un fenómeno que estuvo a la altura de los UPA Dance aquí 🤣. No es exageración ni broma, estoy diciendo una realidad. 
Y como es parte de mi vida, mención especial en mi particular imaginario romántico, me apetece mucho sumarme a los festejos. Así que pongo mi particular granito de arena y esta entrada va dedicada a mis Romeo y Julieta que cantan en francés. Y a todos esos detalles por los que los prefiero a ellos sobre los demás.
Lo pongo en plan lista, que queda menos emotivo pero mucho más claro: 

Cécilia Cara y Damien Sargue como Romeo y Julieta
en el musical Romeo et Juliette: de la haine a l'amor.
No pueden ser más guapos, ni más intensos.

 
Es un musical
Esto ya es un buen punto para ganarse mi corazón. ¿No crees que los números musicales agregan un extra de magia a las historias? Por favor, no me vengas con que eres una de esas personas (extrañas y grises) que no entienden que los personajes estén hablando y, de buenas a primeras, se pongan a cantar y bailar. Ni que todos alrededor dejen de hacer lo que estaban haciendo para seguirles el rollo con la coreografía y los coros. A ver, que lo respeto, eh; convivo con alguien que es así. Pero... si no te gusta el musical... ¡No sabes lo que te pierdes! 
La música es el mejor canal de comunicación emocional que existe. Cuando acompaña a la palabra, esta se abre paso para llegar al corazón más rápido y se clava más profundo. La alegría, la tristeza, el amor... Todas las emociones vibran con más intensidad al amparo de unos buenos acordes.

La puesta en escena es súper visual
Otro detalle que también me encanta es el uso del color para diferenciar a los Capuleto (rojo) de los Montesco (azul). De este modo, el publico sabe en todo momento quién es quien sobre la escena; quienes pertenecen a un clan y quienes al otro. Esto es fácil de identificar con los personajes relevantes, pero al hablar de los figurantes estaríamos perdidos de no ser por este distintivo. Teniendo en cuenta que ambas familias pasan toda la obra peleando, un recurso aparentemente tan simple es de gran ayuda. Por no hablar de que sirve como elemento divisor, separando aún más a las casas de nuestros trágicos amantes. 
Por otro lado, la muerte aparece personificada. No habla, por supuesto, incluso podríamos decir que no interactúa con los personajes. Pero los asedia, está presente en todo momento y conecta al espectador con el mensaje que Shakespeare quiere transmitir en esta historia. Yo soy de las románticas, pero sé que el poeta inglés se enfadaría conmigo si supiera la interpretación que me gusta hacer de este trabajo suyo en concreto.

La reinterpretación del personaje de Romeo
Mi adaptación favorita esta protagonizada por el que es, también, el Romeo que más me gusta de todos. Y no lo digo solo porque Damien Sargue sea uno de los chicos más guapos que he visto en toda mi vida, que lo es (lo siento muchísimo DiCaprio, pero el título del más guapo de Verona te lo han quitado). Lo que pasa es que aquí el personaje presenta un matiz más heroico que el que encontramos en el texto original. Para empezar, no existe ninguna Rosalina, por lo que él no aparece como el chico voluble que cambia sus sentimientos (que juraba que eran sinceros, pero a la vista está que tenían menos profundidad que un charco) en el mismo segundo en que conoce a Julieta. 
Hago un inciso para darte un consejo: jamás te fíes de alguien que varía sus sentimientos con tanta facilidad. ¡Nunca!
El Romeo de Shakespeare es un jovenzuelo inmaduro, enamoradizo y muy Dramaking. En este musical, aunque se sigue presentando a un muchacho muy joven (Damien tenía solo 17 años cuando interpretó el papel por primera vez, aunque no lo parezca; ¡madre de Dios, cómo estaba el niño!) es alguien mucho más centrado. Es consciente del mundo que le rodea y de las consecuencias que podría llegar enfrentar por su modo de vida. 

Teobaldo enamorado de Julieta
Y esto no es un punto, ¡es un señor puntazo!
Que me disculpe don William, que no son ganas de enmendarle la plana ni mucho menos. Shakespeare es The King; así, sin más. Aún así, que no se le ocurriese llevar una trama en la que Teobaldo estuviera enamorado de su prima Julieta... ¡Eso es un fallo que se solucionó gracias a este musical!
Hala, ya está; ya lo he dicho. Que me lapiden los puristas, pero este cambio respecto al original me parece genial y, de hecho, muchas pelis posteriores han seguido esta línea al versionar la obra. Por ejemplo, la adaptación de 2013 protagonizada por Hailee Steinfeld y Douglas Booth. O la miniserie que hizo Telecinco hace unos años, con Martiño Rivas y Alessandra Mastronardi como los jóvenes (sí, jovencísimos; pero no adolescentes, que es lo reclaman ambos papeles 😒) amantes.
La verdad es que a mí este Teobaldo me gusta muchísimo, quizás porque también se nos permite conocerlo más en profundidad de lo que usualmente nos dejan hacerlo. Tiene dos solos, dos canciones, en las que habla de su vida, de cómo se siente, y la verdad es que da bastante pena y resulta imposible no empatizar con él. 
Me encanta este Teobaldo, ¡y no me he dado cuenta hasta que me he puesto a escribir esta entrada😱! 

Toda Verona está al tanto del amor de Romeo y Julieta:
Algo de este musical que me resulta muy curioso es que, aquí, parece que desde el principio todo el mundo está al tanto de que Romeo y Julieta se gustan y hay algo entre ellos. Los rumores corren por las calles y, obviamente, eso no gusta ni a los Capuleto ni a los Montesco. De este modo se produce un choque, no ya entre clanes sino de los propios protagonistas con su gente. A Julieta no la vemos en esta situación, pero Romeo si aparece en escena siendo cuestionados por los suyos. Incluso Mercucio y su primo Benvolio, sus amigos del alma, lo increpan y lo intentan forzar a olvidar sus sentimientos. 
De este modo se refuerza el concepto del amor prohibido y este se convierte en detonante del duelo entre Teobaldo y Mercucio que origina la tragedia, añadiendo una dimensión más emocional y humana al enfrentamiento. 

La despedida de Julieta
El final del musical es el que todos conocemos, el mismo que en la obra de teatro. No te hagas ilusiones, esto no es Disney. Aquí Romeo, por muy maduro que sea, sigue con su vena Dramaking y se lanza de cabeza al suicidio. También es rápido en la ejecución, el jodio, y no se espera para tomarse el veneno el tiempo suficiente hasta ver despertar a su amada. 
Por favor, ¡con la fácil que habría sido evitar la tragedia! Es que, cada vez que lo pienso, me pongo malísima. 
Anda, hijo de mi vida, que ya te podías haber quedado contemplándola un ratito más que para eso te parecía guapísima. ¡No veas el disgusto que nos habrías ahorrado!
Nos volvemos a quedar sin huida de los enamorados a lomos de un caballo blanco bajo los primeros rayos del amanecer (siempre los imagino así, en mi mente la historia termina de este modo 💖). Pero, a cambio, tenemos un solo de Julieta que nos hace llorar con más amargura (ya te digo que, a mí, cualquier palabra cantada me llega el doble; así que te puedes imaginar que clase de fuente soy en este momento). La canción tiene unos versos muy bellos, muy sentidos y también muy heavies. En un par de momentos Julieta se dirige al público, a nosotros, y nos dice que no sintamos pena por ella; es ella quien la siente al mirarnos, pues ve a gente que no sabe de amor. 
¡Bueno! Me voy a echar a llorar recordándolo. ¡Soy una ñoña!

Puedo seguir dando motivos, soy muy capaz de extender la lista hasta el infinito y más allá. Pero, al final, todos ellos se unifican en una idea: este musical es muy especial para mí, tiene un gran valor sentimental. Durante una época de mi vida estuve completamente obsesionada con él y, repito, vuelvo a las andadas. Damien Sargue y Cécilia Cara siempre me han regalado buenas dosis de inspiración a la hora de entrar en el mood adecuado para escribir escenas románticas. Ahora, con más motivos. 
El musical, como he dicho, fue un exitazo y ha tenido réplicas en medio mundo. Una que también fue muy buena (de hecho supera al francés en muchos aspectos, aunque mi amor incondicional lo mantenga en la cúspide del olimpo de mis preferencias) es el italiano. Si ya es un plus de magia oír a Romeo y Julieta en su idioma, la puesta en escena es maravillosa y el elenco fabuloso. Soy super fan del príncipe Escalo, Mercucio y Teobaldo (¡actorazos!, dan un matiz muy personal a sus personajes y los llevan al límite de un modo que ralla la locura); les roban el show a Romeo y Julieta por completo. Aunque estos también hacen una pareja muy cuqui y bastante más apasionada que sus homólogos franceses. ¡Menudos agarrones se dan en pleno escenario, Jesús bendito! Y qué besos 💞.




Damien y Cécilia eran mucho más modositos, que aún no habían cumplido la mayoría de edad y los responsables del espectáculo no querían problemas. Pero me encanta la pasión que derrochan estos dos.  
Bueno, pues creo que ha quedado claro que me maravilla este espectáculo, ¿no? Así que, si tienes ocasión de verlo... ¡Pues lo ves, leches! No te lo puedes perder. 
Yo hago un llamamiento, a ver hay algún productor que lo traiga a la escena española. Porque sí, el musical se ha representado en medio mundo; pero aquí, en España, no. ¡Ya es mala suerte 😔!

viernes, 12 de marzo de 2021

Mi peor paso (poema)

Fuiste mi peor paso;
el que me llevó a
dar de bruces en el suelo.
Ese que arrastró mi nombre
de una boca a otra,
despellejado en la grava
de la moral de cemento.

Fuiste mi peor paso
pero, a decir verdad,
como un error no te cuento.
Porque, si contigo fui feliz,
¿qué pudo estar mal?
Y, si acaso me dañaste,
no lo recuerdo.

Ando poco inspirada. Esto es lo mejor que ha salido 🤷‍♀️.




 

sábado, 27 de febrero de 2021

Ser romántico: ¿una enfermedad que se cura con el tiempo?

Dicen que así sucede con la juventud. Solo tienes que esperar unos añitos y, oye, se te pasa 😛. Pero el ser romántico,  idealista, contestatario... Son rasgos que se suelen asociar a esa etapa de la vida en que los años aún no se nos han acumulado lo bastante para comenzar a pesarnos. Así que, ¿debemos asumir que también se quedan en la adolescencia o nuestros primeros veinte?
Ufff... He comenzado el post en un plan melancólico-depre, ¿no? ¡Ay! Perdón,  es que hace nada he cumplido años 😅. Aunque lo que me ha llevado a formularme la pregunta que da título a esta entrada no ha sido la nueva castaña que me ha caído encima, sino la serie/telenovela que estoy viendo actualmente. 
Sí; he comenzado el año de enganchada a la ficción televisiva total. Así ando, que de escribir poco. Me la paso sentada frente a la pantalla, y no la del ordenador precisamente🤦‍♀️. Luego... ¡A ver si soy capaz de quejarme!
En fin, la serie que me tiene convertida en una desertora de la escritura (hoy por hoy) es esta: 



Love in Chains, o Encadenada, como la han traducido en España, es una teleserie ucraniana que despertó mi interés desde las primeras promos que se revelaron de ella en mi país. Eran bieeeeen intensitas y, claro, ya se sabe que a mí un amor sufridísimo... Pues eso, que me mola horrores. ¿Para qué vamos a reír cuando podemos llorar amargamente 😛?
Es para matarme, lo sé. Pero así soy yo.
Bien, pues en la primera semana me bebí los 24 capis de la primera temporada. De modo que sí: me estaba gustando mucho. En su comienzo me pareció una maravillosa producción, con una historia sólida que recuerda mucho a las novelas clásicas y contaba, además, con una ambientación que reproduce bastante bien la época en la que transcurre la acción. ¡Oh! ¡Qué gustazo ver una producción histórica bien contextualizada! La historiadora que vive en mi interior, aplastada por el desempleo,  dio palmas con las orejas de pura satisfacción.
¿Sobre el argumento? Pues durante la mayor parte de la primera temporada se nos presenta la historia de amor (¿imposible?) de Katerina, una sierva criada como una dama por su señora, y Aleksey, un joven de familia noble pero venida a menos.  Una relación marcada como prohibida desde sus cimientos que, por si fuera poco,  deberá sortear un plus de obstáculos cuando Grigori, hijo de la señora de Katerina, vuelva al hogar familiar y se prende de la muchacha. 
En el siglo XIX ya había especímenes a los que les costaba entender que cuando una mujer dice 《no》 lo que quiere decir es justamente eso: 《no》, y punto. 
Vale; pues todo muy bien, muy bonito y decimonónico. El tipo de serie que a mis 15 años habría disfrutado como una loca. Porque mira que me gustaba a mí un vestidazo de estos que llevan las mujeres de Encadena en mis años mozos. ¡Con el agobio que me generan ahora solo de imaginarme dentro de uno! Y mi opinión sobre corsés y demás parafernalia no es lo único que ha cambiado en estos años. Creo (y esto es algo de lo que me he dado cuenta viendo esta serie) que mi idea del amor romántico también lo ha hecho. A eso, precisamente, viene el que esté ahora escribiendo esta entrada. 


La verdad es que la parejita protagonista (o eso parecía que eran durante casi toda la primera temporada, repito) de este romance me puso un poquito de los nervios. Concretamente, era Aleksey quien me los alteraba. 
A Katerina la toleré más. Ella tiene solo 18 años (aunque, aquí entre nosotros y sin ánimo de ser criticona, la niña aparenta muchos más) y su edad, y la educación que tuvo como mujer en la época que le tocó vivir, justifican que a veces fuera un poco boba. Además, conforme avanza la trama descubre cosas que la hacen entender que ha vivido engañada. Su lucha no es solo por amor, sino por justicia hacia sí misma. No tiene por qué ser considerada hacia nadie más. Aleksey, en cambio...
Primero cabe destacar que el chico se enamora desesperadamente de Katerina en un primer encuentro pasado por agua (llovía a mares, ¡cómo mola! 🥰). Y vale, me parece bien; si yo ya he dicho que soy muy pro instalove. Me encantaría conocer a un señor y, en cinco minutos  o menos, tener la absoluta certeza de que ¡oh! ¡Es él! Lo veo improbable y poco sensato, pero la ficción es sueño. ¡Soñemos pues! Lo que ocurre es que este mozuelo ya estaba loca y ardientemente enamorado de otra mujer, una muchacha de nombre Natalia, antes de conocer a nuestra Katia. Llámame quisquillosa, pero el dato no dice mucho en favor del calado de los sentimientos del chaval. 
Por otro lado,  el jovenzuelos tiene la manía de acudir al casino para solucionar cualquier problema monetario que se le presente con una partida de cartas. ¡Gracias a Dios que tiene suerte! Con los naipes y en la vida, en general. Porque aún cuando pierde topa con buena gente que se resiste a dejarlo en la miseria. De lo contrario, este habría arruinado a su familia. De hecho, llegué a creer poderosamente que en algún momento de la novela terminaría haciéndolo🥴. Solo la benevolencia del equipo de guionistas podría evitar la ruina a los Kosak.
Aleksey es un enamorado capaz de todo por la mujer que ama. Un hombre de honor, además. Tiene los ingredientes para ser un personaje del que me habría enamorado hasta la médula en mi adolescencia. Y, sin embargo, la Adriana que soy ahora se la pasó reprendiéndolo cada vez que salía en pantalla, como si fuera uno de mis alumnos de primaria.
No puedo evitar pensar en lo egoísta que fue, en como arrastró a los suyos en su empeño de casarse con una sierva, condenadolos a ser parias sociales. Siempre defenderé el amor, pero el de este chico es uno que trae la tragedia a su casa, y él ni siquiera parecía mortificado por ello. 
Lo curioso de todo esto es que su perfil es muy parecido al de Romeo. Este también amaba a Rosalina y cambio su corazón nada más ver a Julieta. Y sobre lo de ir contra su familia... En realidad,  el tema familiar lo considero muy diferente al de Aleksey. Lo demás sí es parecido.
¿Por qué adoro a uno, en cambio, mientras que al otro lo censuro? ¿Será porque a Romeo lo conocí siendo adolescente? ¿Fue entonces cuando me formé la imagen de él, y por eso lo perdono? ¡¿Será que ahora soy mucho menos romántica de lo que lo fui en mis años mozos?! 
Si esta es la respuesta, me daría un poco de pena, la verdad.  Aunque crecer es algo inevitable, todos terminamos haciéndolo. Pero voy a luchar por conservar y cultivar lo que queda en mí de la muchacha que fui. Creo que lo peor que podemos hacer es perder nuestra esencia 😉.

MOMENTO SPOILER 
(Si sigues leyendo a partir de aquí, será bajo tú responsabilidad).

Habrás observado que, a lo largo de esta entrada, he aludido varias veces a que la opinión que expresó se refiere únicamente a la primera temporada de la serie. Esto se debe a que Aleksey, protagonista casi en exclusiva del post, muere al final del capítulo 19, de 24 que conforman esta primera entrega de Encadenada 🤷‍♀️.

martes, 16 de febrero de 2021

Nos ahogaremos juntos (poema)

 Y, si todo sale mal, más.
Si es en lo malo, con más motivo.
Si ves que las olas 
te arrastran al fondo
no sueltes mi mano,
recuerda que estoy dispuesta 
a hundirme contigo. 

Porque dejar de respirar
no me dará pena,
ni me inspiran temor 
los monstruos marinos. 
Nos ahogaremos, juntos,
y será nuestro hogar
cualquier barco hundido. 



sábado, 6 de febrero de 2021

Tour por las localizaciones de "El cielo de Bangkok"

El domingo pasado colgué en Instagram la captura de pantalla (vamos, un pantallazo) de una web que me envió una lectora. En ella, alguien había traducido al inglés un texto que escribí hace muchos años con motivo de la presentación de mi primera novela, El cielo de Bangkok. Se trataba de una especie de "guía turística" (así lo titulé)  que recogía los lugares a los que hacía mención en la novela y que se pueden visitar si vamos de viaje a la capital tailandesa (cosa harto improbable tal y como está el mundo, Facundo) ya que en realidad existen. 
Este es un material que he echado en falta muchas veces, pues el lugar en el originariamente fue publicado ya no existe y, desgraciadamente, no tengo copia de él, por lo que lo daba por perdido. Sin embargo, ahora que he podido acceder a esta versión del mismo que yo desconocía, he decido recuperarlo para el blog. Naturalmente, haciendo una traducción al español y reinterpretando las palabras que escribí a partir de esta copia que acabo de descubrir. 
¿Qué dices? ¿Te apuntas al viaje? Pues mete lo imprescindible en la maleta porque nos vamos ya.
Empiezo a ejercer de traductora 😉.

* * *

Lo prometido es deuda, así que aquí vengo con la primera entrega de la Guía de Viaje. Como es natural, comenzamos nuestro periplo en Bangkok, escenario principal de El cielo de Bangkok (no podía ser de otra manera). La ciudad que Ari y Margot ven como su prisión.  Sin embargo, para nosotros, que gracias a Dios no tenemos vidas tan complicadas como las de estos dos, es un lugar digno de ver y que te recomiendo mucho visitar si tienes un espíritu intrépido.
Bangkok es la capital de Tailandia, y su nombre significa "ciudad de las ciruelas salvajes". Aunque solamente los extranjeros la llamamos de este modo. Los tailandeses se refieren a la capital de su nación como Mahanakon Krung Thep (la ciudad de los ángeles).



Bien, y después de este momento Wikipedia, vamos al asunto. A continuación te presento algunos de los lugares que sirven de escenario a la novela. 


Sukhumvit

La zona en que se ubica el apartamento de Salvador Alker es una de las más cosmopolitas de la capital tailandesa. Un interminable desfile de elegantes bloques de pisos y apartamentos, tiendas, restaurantes, hoteles... Una visita obligada para los turista, pues aquí se mezclan lo mejor y lo peor de Bangkok.




ConceptCM2

Considerado uno de los mejores clubes nocturnos de la ciudad, este local ofrece una gran variedad de actividades. Desde disfrutar espectáculos en vivo hasta descansar tranquilamente en un reservado donde conversar tranquilamente o jugar en la piscina. 
Fue aquí donde Margot y Ari se conocieron ❤.




Lumpini Park

Mandado a construir por el rey Rama VI en 1920, como cualquier parque público es un espacio abierto repleto de árboles y áreas de juegos para los niños. Aunque ahora está ubicado en el corazón de la zona comercial de Bangkok, en su origen se construyó a las afueras de la capital.




El mercado flotante

Este es el lugar de Bangkok favorito de Ari, y también el mío. Un pintoresco entramado de canales en el que puedes encontrar desde comida hasta los souvenirs tan apreciados por los turistas. En realidad, la actividad aquí no es diferente a la de cualquier otro mercado, pero es una clara muestra de la cultura tailandesa que merece la pena ver.



Sirocco

Un elegante restaurante en el cual, además de la comida, se puede disfrutar de unas impresionantes vistas de la ciudad de Bangkok. Un excelente local que, desafortunadamente, queda fuera del alcance de los bolsillos de la mayoría de los mortales. 




* * *

Hasta aquí llega el viaje, espero que lo hayas disfrutado. Aunque haya sido más bien cortito. He descubierto lo escueta que era ofreciendo información en mis orígenes escritoriles. Hoy en día, esta guía de viaje habría estado precedida por una larga introducción en la que te contaría mi vida en verso, aderezada con refranes y expresiones populares y musicalizada con pedacitos de canciones tarareadas desde este lado de la pantalla 😋. 
Creo que soy más amena ahora (más resalada y encantadora 😜), aunque debería recuperar un poco de la capacidad para sintetizar que tenía antes. Todo tiene pros y contras, ya ves.
Originalmente escribí una segunda entrega de la Guía de viaje de El cielo de Bangkok. Por desgracia, esta no ha sido reproducida por la web ya que se centraba en el que es un escenario secundario de la novela: la isla de Koh Samui. Y, claro, se ve que a este portal solo le interesa la información referente a Bangkok. Ya dije al comienzo que perdí las copias de este material, así pues... ¡nos vamos a quedar con las ganas de recorrer la isla!
¡Ains! ¡Qué calamidad!🤦‍♀️

domingo, 31 de enero de 2021

De musas y musos

¡Oh, las musas! Esas diáfanas criaturas a las que el trabajo de los escritores, y de cualquiera que realice una actividad creativa, parece superditado. 
Si te digo la verdad, no soy muy devota de ellas. Me siento más afín al grupo de quienes las esperan pico y pala (o boli y libreta) en mano que del de quienes se sientan a adorarlas contemplativamente. Jamás se me ha dado bien lo de rendir pleitesía a nadie ni a nada. Pero, como esta es una entrada dedicada a ellas, vamos a reconocerles el tradicional lugar que se les otorga en la vida de todo "artista".
《¡Ay, mamá! ¡Quiero ser artista! 》🎵🎶 😜
Si tuviera que elegir alguna de las nueve, me quedo con Melpómene, la musa de la tragedia. Sí; sin duda, es la mía. Podría añadirla como coautora de mis novelas. Si me conoces un poquito ya sabrás que, a Dramaqueen... ¡no me gana nadie 😅! Me gustan las historias intensas y sufridas. Aunque alguna que otra comedia ligerita también hay en mi haber, que no todo va a ser disecar al personal a base de exprimirles lágrimas. 
Pero, más que de ellas, a lo que he venido ha sido a hablar de ellos. Sí, sí: de los musos, que también los hay aunque no se los mencione mucho. Hoy quiero contarte quienes han sido los señores que, desde mi más tierna infancian, han ido construyendo mi ideal de héroe romántico. El que inevitablemente plasmo en mis novelas. Al final, cuando una escribe, está hablando de sí misma 🤷‍♀️.
Me temo que esta entrada va a ser cortita. Soy una mujer fiel donde las haya y, al hacer repaso mental para redactar este post, me he dado cuenta de que este rasgo de mi personalidad aplica también a mis amores platónicos. Dejando de lado a Aladdin y John Smith, que me encandilaron siendo demasiado joven, como te podrás imaginar, solo hay dos nombres que de verdad han tenido influencia al forjar esa concepción del hombre perfecto que es el tema de esta entrada.  
Voy con el primero.
Mi infancia transcurrió en los años 90 (¡Oh, los felices y apacibles años 90! No me canso de añorarlos), época de esplendor de la comedia romántica. Casi todos los meses se estrenaban en los cines (¡Oh, los cines!... Como siga recordando me va a dar un bajón 😔) pelis de este encantador, almibardo y músical género. ¿ No te encantan las bandas sonoras de las viejas rom-coms? Pero, dejando de lado las OST, si por algo se caracterizaban estos filmes era por sus rostros recurrentes: Julia Roberts, Tom Hanks, Meg Ryan, Sandra Bullock... Y the King: Hugh Grand 🥰.
Sí, ya desvelamos el primer nombre de mi escueta lista de dos. ¿Se la puede llamar lista cuando solamente hay dos elementos en ella? 🤔
En fin, eso es irrelevante.
En sus años mozuelos, Hughgy se paseó por las pantallas de cine de todo el mundo dando vida a buenazos algo torpones y tan exageradamente tímidos que les ganaba el tartamudeo al hablar. Un encasillamiento que persigue al actor hasta nuestros días, aunque hace tiempo que se desligó de este tipo de papeles por, en sus propias palabras, 《estar demasiado viejo y feo para seguir haciendo comedias románticas》. Aún así, como digo, hay por ahí quién pone en duda la capacidad del actor para desempeñar su trabajo por el "modelo único" de personajes que interpretó en los felices 90's. Con la honrosa excepción de su aparición en las dos primeras pelis de Bridges Jones (aquí el chico bueno era Colin Firth, otro achuchable ❤) encarnando al detestable pero divertido Daniel. A todos estos descreídos, los invito a darle una visualización a Remando al viento, donde encontrarán a un magnífico Lord Byron con la cara de Grand. 
¡Hombre, ya! Qué fácil es poner pegas al trabajo de otros. 

Por esta época, el amor, fuera de la pantalla, de Hugh Grand
era la modelo Liz Hurley. Una chica a la que pillé una
manía horrible cuando le dio por decir que si estuviera
tan gorda como Marilyn Monroe se suicidaría 😒.

Naturalmente, nuestro Hugh no era tan bien portado en la vida real como los chicos a los que interpretaba. Tal nivel de bondad e ingenuidad es inalcanzable, y muy desaconsejable, si se quiere sobrevivir fuera de la ficción. Sonado fue el escándalo cuando lo pillaron practicando sexo oral con una prostituta. Pero yo era muy pequeña por aquella época,  demasiado para entender nada de esto, así que la imagen que tenía de él permaneció intacta 😇. Y aún cuando ya he alcanzado edad suficiente para comprender el asunto, el cariño y la admiración que siento por el actor me pesan más que cualquier otra cosa. 
¿Qué quieres? No me pidas que sea objetiva, ¡no puedo!
Hugh Grand fue mi actor favorito durante mi niñez y de él (o mejor dicho, de los personajes que representaba en pantalla) tomé el rasgo que sustenta el carácter de mi hombre perfecto: la bondad. Jamás me he sentido identificada con esa creencia tan extendida según la cual a las mujeres nos derriten los chicos malos. En mi caso, te puedo asegurar que no se acerca ni de lejos a la verdad. 
《Era un chico malo; no, no, no. Yo no quiero nada malo; no, no, no》. Y aquí dejo de cantar porque, pa' mala yo, tampoco.  Soy un cacho pan 😇😛.
Grand se quedó en aquellos inocentes años de mi vida y, ya en mi adolescencia, llegó el gusto por el cine clásico que mi madre comenzó a inculcarme. Fue entonces cuando lo descubrí a él: el galán por antonomasia. El bello e inigualable Robert Redford 🥰.

Aquí el señor Redford en su época de
máximo esplendor. Decir que no
se puede ser más guapo no es 
ninguna exageración.

De esta época de mi vida recuerdo ver en bucle tres películas: Tal como éramos (aún hoy es oír el tema musical principal y emocionarme), Descalzos por el parque (me sé de memoria los diálogos de esta comedia y todavía me desternillo con ella) y uno de mis títulos favoritos del cine: Propiedad condenada. El responsable de que Berta, protagonista de mi novela Es medianoche, Cenicienta, sienta una fascinación especial por las gabardinas 😉.
De la mano de Redford descubrí al galán clásico: maduro, masculino y seguro. Al mismo tiempo que se perfilaba mi consabido gusto por el drama 🤦‍♀️.
Juro que a mis quince/dieciséis años, mi sueño más dulce era tener un marido tan paciente y estupendo como Paul, personaje de Redford en Descalzos por el parque. Cosas de la edad, y de la ñoña desatada y aún no desintoxicada por la realidad que era en aquel entonces. 
Con Robert Redford mi héroe romántico terminó de definirse. A mí no me des un maromo de esos, tipo Mujeres, hombres y viceversa; de los que  llevan la ropa dos tallas más pequeña de la que en realidad necesitan, para que se les marquen los músculos,  y sueltan a la heroína de turno frases del tipo:
Esta noche, te haré gemir de placer 🤦‍♀️.
Todo ello mientras son incapaces de contener las reacciones de su miembro viril y, encima... ¡se sienten orgullosos de ello! ¡Chico! Que he trabajado en guarderías y esto pasaba mucho. El mérito está en saber controlarla.
No, no; a mí este modelo de hombre no me seduce nada. Prefiero un tipo elegante y natural en todo, incluida su manera de expresarse. Lo de fardar de vigor sexual😒... Además de parecerme de una imadurez anti morbo total (y de ponerme de los nervios) me resulta una mala costumbre. ¡Que luego hay que cumplir, chaval😜!
Al margen de estos dos grandes amores he tenido mis escarceos platónicos. No solo el ya mencionado Colin Firth, también tuve mi época obsesiva con el guapísimo James Marsden, la atracción que siento por Antonio Banderas no puede ser sana, me encantaría que el madurito Lean Neeson tuviera que venir a rescatarme (a este hombre no hay peli en la que no le secuestren a la mujer 🤷‍♀️; ojo con él, que es peligroso) y hace muchos años pillé una especie de trauma cuando las entradas de Jude Law se acentuaron más de la cuenta. Y, con todo esto, ahora hago examen de conciencia y me pregunto por qué narices digo que me gustan los morenazos, y que en materia de hombres me pierde lo racial, cuando tengo semejante historial de amores platónicos.
Definitivamente, ¡soy una contradicción con patas!

domingo, 24 de enero de 2021

Still Star-Crossed, y así seguireis porque lo que habeis hecho... ¡No tiene perdón!

Tengo una máxima: la de no ser nunca cruel al opinar de ninguna de las historias que consumó, con independencia del formato en que estas lleguen a mí. Soy una adicta a la ficción, como buena soñadora, y sé que las personas que trabajamos creando fantasías para el entretenimiento del personal, ya seamos escritores,  actores, directores, o pertenezcamos a cualquier otra profesión, ponemos toda muestra ilusión y el corazón en esa realidad alternativa que recreamos para que los demás se evadan un ratito de sus problemas. Así que, oye, si luego resulta que nuestro trabajo no gusta, ya sea a un grupo amplio o reducido de personas... Pues mala suerte. Tampoco es para despellejarnos ni para ir de maestros poniéndonos notas (¿de verdad se puede endosar un número a un libro o una peli, con sus décimas y todo?) como si aún estuviéramos en el cole. Que aquí ninguno es catedrático de nada y lo único que poseemos es algo tan subjetivo como una opinión. 
Es por esto que me sabe muy mal escribir todo lo que voy a escribir a continuación 😖. Podía quedarme calladita; que lo he pensado, de hecho. Pero... necesito desahogo, lo siento 🙏. Esto que he visto... Me ha dejado alucinada. Así pues, espero no pecar de dura ni ser desagradable. Y vaya por delante mi respeto a todo el personal involucrado en este proyecto que hoy centra mi atención.
Tras ver Birdgerton, me llegó la recomendación de otra serie, también de Shonda Rhimes, que prometía envolverme de nuevo en un apasionado romance histórico.  Con un añadido que, para mí, la volvía irresistible: esta historia prometía (y cumple, en eso no engaña) ser la continuación de la de Romeo y Julieta.  
Por Dios, ¡¿CÓMO NO ME HABÍA ENTERADO YO DE QUE EXISTÍA ALGO ASÍ?! 😱 ¿Te he dicho ya que amo esta obra de Shakespeare? ¿Que no me pierdo ninguna versión que se haga de ella? Hasta la saciedad, ¿verdad? Pues eso, ¡que me hizo una ilusión tremenda enterarme de la existencia de esta serie! Y me lancé de cabeza a por ella. 
Al parecer, la obra parte de una novela homónima cuya portada te dejo aquí abajo, junto con la sinopsis.


 Romeo y Julieta ya están muertos, pero
 el odio entre los Capuleto y los Montesco no tiene fin... 

El príncipe Escalo decide que la única 
manera de traer la paz a las dos 
familias es casando a un Montesco
 con una Capuleto. Los elegidos son Benvolio
 y Rosalina. Ellos, a diferencia de sus primos, 
no están enamorados y quieren encontrar una
 solución sin llegar al altar. Pero la 
sangre vuelve a correr por las calles de Verona
 y los jóvenes deben descubrir quién es el 
responsable antes de que sea demasiado tarde... 
Benvolio, Rosalina y el príncipe se dan cuenta de 
que el camino hacia la paz puede ser una tortura y 
de que el verdadero amor puede destruirlo todo.


Vale, pues de esta premisa partimos. Ahora, vamos al lío. 
La serie comienza con la boda de Romeo y Julieta. Que es secreta porque, como todo el mundo sabe, la cosa entre las familias de ambos no estaba pa' festejos. Para que luego haya quien se queje porque su madre y su suegra no se llevan bien 😛.  Sin embargo, a ella acuden, en calidad de testigos, Benvolio, primo del novio, y Rosalind, fiel sierva de la novia. Hay que dejar claro que ninguno de los dos está a favor de la unión, como es normal. Vamos a ser razonables, que esto visto desde fuera es muy romántico, pero a los jovenzuelos les faltaban unas cuantas tazas de madurez y sentido común. Lo que ocurre es que digamos que al padrino y la madrina de este despropósito les puede la lealtad hacia el par de merluzos que están por contraer nupcias sin siquiera conocerse.
Vale, aquí hago un alto para señalar lo único bueno de esta historia: Romeo y Julieta hacen una pareja preciosa 🥰. Y el vestido de ella, con ese diseño tan romántico que la hace verse como una princesa Disney, me encantó. 
Sí, esta que acabo de hacer es una reflexión muy superficial y sin ningún peso o valor a la hora de juzgar la obra, estoy de acuerdo. Pero es que, o tiro de ella, o verdaderamente no saco nada bueno del visionado. Más allá de esta cuestión puramente estética... Es que no encontré ninguna otra cosa que se pueda salvar.  

Foto tomada del álbum de bodas de Romy y July.
¿A que son monérrimos? 🥰

Tras la boda, lo que se nos presenta es un rapidísimo recorrido para llegar al trágico final de estos dos enamorados, durante el cual Rosalind asumen el protagonismo. Cosa muy razonable ya que es, precisamente, eso: la protagonista de esta historia. La única novedad respecto al relato original es la que aporta la aparición del príncipe Escalo. Quien, tras la muerte de su padre, se ve en la obligación de asumir el control de una Verona que en realidad es Salamanca (aquí se rodó la serie) y que Capuletos y Montescos mantienen sumida en el caos. 
En este punto hago mención especial a esas peleas a espadazo limpio 🤦‍♀️. ¿Alguna vez has jugado a espadachines, cuando eras niño/a? Pues estos actores debían preferir los videojuegos o el fútbol, porque se les ve poco duchos en la escenificación del arte de la esgrima. ¡Ay, Dios mío! ¡Qué desastre!
En realidad,  todo en esta serie recuerda demasiado a una actuación de fin de curso. Ese es el punto. No digo que los actores, los guionistas, los escenógrafos... todos los que han tomado parte en la producción en modo alguno, sean malos profesionales. No; seguro que tienen potencial, pero deben trabajar aún bastante para desarrollar sus posibilidades. O, quizás, lo que pasa es que debieron tomarse más en serio este proyecto. Aquí falta esa magia que te predispone a creer la mentira de la ficción. 
Por otro lado también está todo el tema de los anacronismos históricos. Aunque ya he asumido que esto es un rasgo característico de las producciones de época de la señora Rhimes, por lo que creo que tenemos que estar preparados para ello cuando nos sentamos a verlas. 
Pero bueno, vamos a lo que nos interesa de verdad. Lo cual es, ni más ni menos, que este trío:

De izquierda a derecha tenemos al príncipe Escalo, 
Rosalind Capuleto y Benvolio Montesco

Dejando de lado el detalle de que el vestuario es horripilante (¿a ti esta foto no te parece sacada de un catálogo de disfraces?) a mí estos tres no me pegan en sus respectivos papeles ni con cola. Particularmente, Rosalind. No recuerdo haber tenido nunca tanto problema para asimilar a un actor en un personaje como para ver a esta señorita, cuyo nombre desgraciadamente desconozco, ejerciendo como la heroína del drama. Me ha sido imposible entender esas expresiones faciales tan exageradas y desencajadas que hacía. Las cuales, unidas a que el personaje sobre el papel tampoco resulta particularmente simpático... Pues no puedo decir que me haya caído en gracia la mujer, y así mal vamos. Era verla y enterarme unas ganas de gritarle:
¿Quieres hacer el favor de quitar esa cara asco, hija?
Vamos, ni Kristen Stewart interpretando a Bella en la saga Crepúsculo.
La tragedia que truncó la vida de Rosalind es la siguiente:
Tanto ella como su hermana,  Olivia, eran niñas de buena familia. Pero, a la muerte del padre de ambas, las chicas pasaron a vivir de la caridad de Lady Capuleto. Lo cual no quiere decir que esta las tenga en mucha estima, que digamos, pues aunque es su tía materna (no recuerdo muy bien si este era el parentesco, lo siento), envidia a la difunta madre de las muchachas porque se casó con el hombre que ella amaba. Según le echa en cara a la buena señora Rosalind, que no se deja venir una, le está bien empleado el mal de amores que sufre por ir tras el título de su actual marido. ¡Será harpía, la cazafortunas esta! 
Vamos  que, como están las cosas, ya te puedes imaginar la predisposición que siente nuestra aspirante a Julieta a casarse con el Montesco en representación de los Capuleto. Y, mira, la chica será lo que queramos, pero en esto la entiendo. No me prestaría yo a sacrificarme por quienes no me muestran afecto. 
Pero es que hay más, espérate. Ya te digo que esto es un culebrón. ¡¿Cómo es posible que no me haya gustado?!
Resulta que, para acabar de rizar el rizo, antes de que su familia cayera en desgracia, Rosalind tenía un enamorado que por las noches le recitaba palabras de amor a pie de balcón (debe ser costumbre entre los hombres de Verona). Y agárrate a la silla porque este es, ni más ni menos que... ¡¡¡El príncipe Escalo!!! 
Que suene de fondo una música dramática y bien culebronesca, por favor.
Y aquí acaba el primer capi de esta serie: con los amantes pillados por un Benvolio que los ve desde un balcón (¡Ay! Si los balcones de Verona hablaran...) rezumando una tensión sexual que despertaría la suspicacia del más inocente.
No tengo ni idea de qué sucede a continuación, porque aquí me he quedado y no sé si continúe (aunque todo apunta a que no) con la historia. De verdad que me sabe fatal lo que he escrito sobre ella, pero Still Star- Crossed es lo más parecido al despropósito que he visto en una pantalla. Entiendo que la serie se quedara en 7 capítulos y ya, mejor parar la cosa para no seguir sumando errores. Y es una pena, porque creo que, en realidad, el argumento tenía bastante potencial. Pero la ejecución del mismo quedó en una función de primero de teatro aficionado. No sé si esto existe, imagino que no; pero tú ya me entiendes. 
Still Star-Crossed podría traducirse como "seguimos maldecidos/malditos por las estrellas". Y, con este panorama, creo que es un título muy bien puesto. Posiblemente sea el mayor acierto de todo el proyecto. Aunque, antes de despedirme,  quiero recalcar que esto es solo una opinión personal y que seguro habrá mucha gente a quien le haya encantado. Así pues, si quieres darle una probadita al pastel, adelante. Nunca conocerás su verdadero sabor si no usas tu propia lengua para descubrirlo 😜.

jueves, 14 de enero de 2021

En defensa de "Grease"

Yo era (y siempre seré por los siglos de los siglos, ¡amén!) más de Dirty Dancing. De hecho, hay por ahí quien piensa que aún estoy obsesionada con esta peli. Y mi hermana y yo seguimos manteniendo a día de hoy una encarnizada disputa por intentar hacer ver a la otra cuál de estos dos musicales es mejor. Evidentemente, yo llevo la razón.
Pero, a pesar de ser una persona con buen gusto, capaz de entender que el cine ha dado pocas parejas como Baby y Johnny 😛, he tenido infancia. Esto quiere decir que también he visto, y visto y requetevisto Grease, ¡hasta la saciedad! Incluso vi la versión teatral que hace años protagonizaron Gisela y el guapo Jordi Coll. Por eso, porque también he sido la pava de la clase que soñaba con que el chulito (que en el fondo era un pedazo de pan, pero se veía socialmente condicionado a esconder su sensibilidad tras una máscara de estereotipada masculinidad) se fijara en ella, y porque en esta película veía la encarnación de mi sueño hecho realidad, quiero salir en su defensa. 
Un emogi caracterizado de súper héroe es lo que me hace falta ahora mismo, pa' expresar mi estado de ánimo 😛.

¿Te puedes creer que nunca me he dado cuenta de
lo cortísimo que llevaba esta muchacha el flequillo?


A ver, te pongo en antecedentes, por si no te has enterado de la polémica.
Resulta que, hace unos días, uno de los canales de la emisora inglesa BBC transmitió la película Grease. Hasta aquí, nada que no haya sucedido chorrocientas veces. La novedad está en que, esta vez, la retransmisión dio lugar a que se produjera una oleada de críticas por parte del público joven. El cual expresó su disconformidad con el guion de este film (que en su día ganó 10 Oscar) por considerarlo machista, homófobo y racista. 
¡Ahí es na'! Se quedaron bien a gusto, los chavales. 
A ver, yo no voy a entrar a valorar si tienen o no razón porque... Evidentemente, la tienen. Pero es que aquí se está produciendo algo que me da mucho miedo, y es esa tendencia a un pensamiento liberal con un trasfondo tremendamente dictatorial. 
¡Ea! Pues yo también me he despachado de lo lindo 😛.
En mi opinión, aquí hay un problema de base, y es el querer juzgar una peli de 1978, que además retrotrae la acción  aún  más en el tiempo para ambientar la historia en la década de 1950, con una mentalidad de 2021. Y eso, chicos que os habéis sentido ofendidos, me vais a perdonar, pero no se puede hacer. Yo estudié Historia en la universidad y tengo tatuadas en la mente dos frases que los profesores nos repetían, a mis compañeros y a mí, hasta la saciedad:
  1. No caigáis en la prepotencia de juzgar la cultura como esto que vosotros tenéis a vuestro alcance: lo que habéis aprendido en los libros. La gente que no ha podido estudiar también tiene cultura, lo que pasa es que esta es diferente a la académica; es la que ellos necesitan para vivir. Y, a vosotros, nada de vuestros conocimientos os valdrían en su mundo. Seríais unos ignorantes.
  2. ¡Haced el favor de dejar de juzgar los hechos, y a los personajes históricos, con vuestra mentalidad de jóvenes del siglo XIX! Si de verdad queréis entender y aprender algo, intentad conectar con la época. 
Dos verdades, como dos catedrales de grande. Gracias, señores y señoras profesores de mi uni 👍.
Está claro que, si vemos o leemos algo que tiene más años que Toño Potoño encontraremos cosas que, gracias a Dios, en nuestra actualidad se consideran tanto social como moralmente censurables. O eso, al menos, es lo que debería suceder porque es el indicativo de que la humanidad avanza para ser mejor. Ahora bien, si estos cambios nos van a escandalizar al punto de organizar un linchamiento contra la obra artística en cuestión... Entonces, lo del avance social que mencioné antes se va a la porra.
¿Fue Netflix quien tuvo que agregar un cartel, al inicio de Lo que el viento se llevó, para advertir al público lo deleznable que era la sociedad esclavista que retrata la peli? ¡Pues muy mal! Esto, ya lo ve el espectador por sí solo, señores de Netflix. No somos tontos. Y, el que quiere entender, entiende. El que no, ni a tiros lo va a hacer. 
Lo que el viento se llevó muestra un mundo que se asienta sobre una visión de los derechos humanos muy cuestionable. Eso, por decirlo de un modo suave. No obstante, no deja de ser una gran película, reflejo de su tiempo. Y el pasado no se puede borrar, lo único que podemos hacer es aprender de él para no caer en los errores que ya cometieron las generaciones pasadas (¡aviso a navegantes!). Y, sobre todo,  lo que no podemos es eliminarlo solo porque no nos gusta. ¿No es mejor observar con una visión crítica (que no criticona), sana y tolerante? Porque, de lo contrario, además de acercarnos peligrosamente al totalitarismo estamos cayendo, como siempre digo, en un esquema tan de 1984...Que da pavor.
Yo, por mi parte, seguiré viendo Grease, y cualquier otro clásico que se me ponga por delante, siendo crítica con todo lo que, bajo mi personalísimo punto de vista, está bien o mal. Pero intentando no perder de vista que la gente que trabajó en ese proyecto se movía en terreno diferente al mío, e intentado conectar con ellos para entender lo que querían contar.
En definitiva: SEAMOS LIBERALES, PERO DE VERDAD. 


Para finalizar, recojo este tuit porque... Pues porque me ha hecho gracia 😛,  sin más.
Los créditos a El Richal, que no tengo el gusto de conocerle pero ha estado sembrado 👏.

martes, 5 de enero de 2021

Bridgerton: una reseña "virginal" de la serie de TV

Pues sí, así llegó una servidora al que por lo visto ha sido el éxito navideño de Netflix: 《like a virgin, touch for the very firts time...》Y es que, la verdad, yo a la señora Julia Quinn no tengo el justo de conocerla. Ya ves, jamás la he leído. No sé porqué, supongo que no me he topado con ningún título de esta autora que me haya llamado la atención. El caso es que no formo parte de ese grupo de fans que esperaban ansiosos el estreno, ni tampoco tenía información alguna sobre la historia que me iban a contar en ocho capítulos. De modo que la opinión que voy a expresar se basa única y exclusivamente en la versión televisiva de esta obra. Aclarado esto, paso a enumerar los aspectos de la serie que más me han llamado la atención.
¡Uy! Como me ha quedado esto de formal, ¿no? He comenzado el año... que ni yo me reconozco 😛.


  • La contextualización (o la absoluta falta de ella): Quien me conozca un poquito sabrá ya lo fan que soy de la ambientación en las novelas y películas. Para mí, el escenario en el que se desarrolla la trama es casi, casi un personaje más de la historia; un elemento fundamental a la hora de crear la atmósfera y hacer creíble el relato. Aquí, la Inglaterra de la regencia se retrata de una manera taaan libre... que no se parece nada a lo que realmente fue, desde un punto de vista histórico. Y, la verdad, esto me ha puesto muy difícil el meterme en situación. Manías de historiadora, supongo. Sé que la idea era precisamente no ajustarse fielmente a la época, para tener un resultado más fresco y atractivo para el público, con el que fuera más sencillo identificarse. Pero, oye, eso no quita para que yo, personalmente, hubiera preferido ver algo más realista. Eso sí, como punto a favor debo reconocer que me ha encantado el vestuario (verdaderamente lo he amado ❤). También la explicación, sobre el capítulo cuarto si no recuerdo mal, que Lady Dambury ofrece al duque sobre como el matrimonio de los reyes aunó a la sociedad, salvando las diferencias raciales, me parece un punto excelente. Además de jugar de un modo delicioso con la leyenda que defiende los orígenes africanos de la reina Carlota, me ayudó a asimilar esa diversidad racial entre la gentry que se ve en la serie.  A partir de ahí asimile que no estaba en la Inglaterra del siglo XIX,  sino en un universo paralelo. 
  • La pareja protagonista: Ya digo que no conocía absolutamente nada de la obra de la señora Quinn, por eso cuando vi el precioso cartel promocional, con ese Duque que está taaaan tremendo 🥰, mi mente se montó la película. Cosa muy habitual en mí, por otra parte. Pensé que iba a encontrar una historia de amor interracial (uno de mis fetiches, desde que siendo niña vi Pocahontas 🙈), con todos los inconvenientes que esta tendría que afrontar en esa Inglaterra tan rancia cuyo marco histórico obvia por completo la serie. Vamos, que me esperaba un 《amor prohibido murmuran por las calles porque somos de distintas sociedades》,  que cantaría Selena. ¡Y mira que me gusta a mí un amor prohibido y bien sufrido! Tanto, que fue eso lo que me animó a plantarme delante de la pantalla, la verdad. Quizás por ello, porque me esperaba algo mucho más intenso, el romance de Daphne y Simon me ha resultado un poco soso. A ver, que sí; hay entre ellos escenas de alto voltaje. Pero lo que es su relación, así en general y dejando de lado los encamientos que protagonizan, me parece demasiado sencilla. Lo que les impide estar juntos... son ellos mismos. Así pues, me pasé todos los capis pensando: ¡que se arreglen de una vez, leñe! Si no son felices es porque no les da la gana, y esto me empuja de cabeza al siguiente punto.
  • Sienna y Anthony: Para mí, estos dos se han robado todo el protagonismo de la trama romántica. Me he pasado los capítulos deseando verlos a ellos y lamentando que no nos mostraran más de su relación. ¡Su historia me resulta tan apasionada y bonita! También es verdad que lo de la cortesana (que aquí es una cantante; ya sé que no es lo mismo, pero la consideración social de ambas profesiones era asimilable en la época) y el chico de buena familia que no pueden amarse porque... pues por eso, porque es un Forbidden Love, que es lo que a la sufridor nata que soy le mola y lo que no encontré con Daphne y Simon. Sé que Sienna no es el amor destinado de Anthony (lo que ignoro es si el personaje es inventado para la serie o aparece en los libros), y lo acepto aunque me duela. Después de todo, el final de ambos, aunque triste, me parece adecuado. Me gustó mucho el alegato feminista de ella en la última escena que comparten. También es verdad que le pudo ahorrar el trago al  chaval, que se quedó allí el pobre con sus flores y todo, si le hubiera dado por soltarlo un ratito antes. Pero, a fin de cuentas, Sienna siempre quiso ser una mujer libre, de las que no se someten a un hombre ni a una sociedad que no las valora por ellas misma y las convierte en personajes pasivos de su propia existencia. Un mensaje muy coherente con el personaje y que no se debe escatimar en la ficción, ni tampoco en la vida real.
  • Mi personaje favorito:  Fue Penelope, de lejos. Aunque la necesidad de romance me la satisfajeron Sienna y Anthony, si tuviera que elegir a un personaje de entre todos los que habitan el mundo de los Bridgerton sin duda me quedo con Pen. Es una chica encantadora, pero no boba; es plenamente consciente del mundo que la rodea y de su presencia en él. No sé porqué, pero sentí mucha afinidad con ella. Sufrí por su amor secreto hacia Colin y hasta tuve mi momento de odiar a Marina  por fastidiarla indirectamente, a pesar de que es un personaje que me caía bien. Creo que Penélope es, con diferencia, la más inteligente de todos; por eso mismo, descubrí su secreto desde el primer momento 🤫😉.
Y... poco más tengo que añadir. Solo que, como a la mayoría, a mí la serie también me ha gustado. Me ha mantenido entretenida y enganchada a la trama. No tanto como para lanzarme a la lectura de los libros, eso es verdad. Al menos, no de El duque y yo, que es la novela que centra esta primera temporada. Espero la segunda, a ver si los protagonistas me enamoran más que Daphne y Simon. Aunque, si soy sincera, lo que de verdad espero es que Netflix se lance a producir más series basadas en novelas románticas, ya que es un gran impulso para un género que sobrevive a la sombra del tabú y la sorna. A ver si nos vamos liberando de prejuicios.
Se lo pediré a los Reyes Magos,  que igual aún llego a tiempo de mandarles mi carta y me lo cumplen 😉.