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lunes, 17 de mayo de 2021

Inspiración ♥ (o mi eterna obsesion con Romeo y Julieta)

Sí, ya sé que llevo meses desaparecida. Concretamente dos, porque creo que mi última (ahora penúltima) entrada es de mediados de marzo. Cuando aún hacía frío y podía una acurrucarse bajo la mantita para leer y ver series. ¡Ay, invierno! Aún no llega el verano y ya te estoy echando de menos 😔.
Pero bueno, afrontemos la estación. Más que nada porque no hay otra; no es como si se pudieran saltar meses a capricho. Tenemos que vivirlos todos y, oye, eso tampoco es malo sino todo lo contrario.
En fin, vamos al lío; que sigo con mi manía de enrollarme como una persiana. 
Este tiempo en el que he estado sin dar señales de vida no ha sido para nada improductivo. De hecho, el caso es justo el opuesto; he estado trabajando a destajo, escribiendo y disfrutando muchísimo con ello. ¡Y he acabado una novela!
¡Aplausos, por favor! Y vamos a lanzar serpentina también, que me hace ilusión 😋.
La concluí hace una semana, y ahora estoy con un nuevo proyecto que me hace muchísima ilusión. Uno que, si consigo llevarlo a puerto, sé que se convertirá en una de esas historias especiales para mí como autora. Estoy convencida porque tiene una influencia super importante para esta romántica tonta que te escribe.
La magia de las novelas, de las películas... de las historias, en general, reside en que aquellas que nos gustan muchísimo nos hacen suyos; se quedan en el alma y ya jamás nos abandonan. Nunca nos cansaremos de ellas. Una de mis inolvidables es (aquí viene la sorpresa, porque no lo he dicho nunca; ¡qué va! 🙄) Romeo y Julieta. Y, bueno, los archiconocidos amantes de Verona son la influencia directa del par que me están contando su historia en este momento para que la ponga en el papel. Aunque a ellos les aguarda un final infinitamente más feliz que a sus referentes, de eso me ocupo yo. Que soy dramática, pero no trágica.
La inspiración me ha llegado de improviso, aunque supongo que era de esperarse. Llevo meses obsesionada (o retomando mi obsesión, mejor dicho) con la que es mi adaptación favorita del clásico de Shakespeare. Un musical francés de 2001 que se titula Romeo et Juliette: de la haine a l'amour. 
Me encanta. ¡LO-A-MO! Ha sido así desde hace años, cuando lo descubrí siendo una adolescente. No sé por qué desde principios de este 2021 me he vuelto a sumergir en él con la intensidad de aquellos tiempos mozos míos. Será porque se cumple el veinte aniversario del show y está de celebración. Ahí donde lo ves, esto en el país galo fue un fenómeno que estuvo a la altura de los UPA Dance aquí 🤣. No es exageración ni broma, estoy diciendo una realidad. 
Y como es parte de mi vida, mención especial en mi particular imaginario romántico, me apetece mucho sumarme a los festejos. Así que pongo mi particular granito de arena y esta entrada va dedicada a mis Romeo y Julieta que cantan en francés. Y a todos esos detalles por los que los prefiero a ellos sobre los demás.
Lo pongo en plan lista, que queda menos emotivo pero mucho más claro: 

Cécilia Cara y Damien Sargue como Romeo y Julieta
en el musical Romeo et Juliette: de la haine a l'amor.
No pueden ser más guapos, ni más intensos.

 
Es un musical
Esto ya es un buen punto para ganarse mi corazón. ¿No crees que los números musicales agregan un extra de magia a las historias? Por favor, no me vengas con que eres una de esas personas (extrañas y grises) que no entienden que los personajes estén hablando y, de buenas a primeras, se pongan a cantar y bailar. Ni que todos alrededor dejen de hacer lo que estaban haciendo para seguirles el rollo con la coreografía y los coros. A ver, que lo respeto, eh; convivo con alguien que es así. Pero... si no te gusta el musical... ¡No sabes lo que te pierdes! 
La música es el mejor canal de comunicación emocional que existe. Cuando acompaña a la palabra, esta se abre paso para llegar al corazón más rápido y se clava más profundo. La alegría, la tristeza, el amor... Todas las emociones vibran con más intensidad al amparo de unos buenos acordes.

La puesta en escena es súper visual
Otro detalle que también me encanta es el uso del color para diferenciar a los Capuleto (rojo) de los Montesco (azul). De este modo, el publico sabe en todo momento quién es quien sobre la escena; quienes pertenecen a un clan y quienes al otro. Esto es fácil de identificar con los personajes relevantes, pero al hablar de los figurantes estaríamos perdidos de no ser por este distintivo. Teniendo en cuenta que ambas familias pasan toda la obra peleando, un recurso aparentemente tan simple es de gran ayuda. Por no hablar de que sirve como elemento divisor, separando aún más a las casas de nuestros trágicos amantes. 
Por otro lado, la muerte aparece personificada. No habla, por supuesto, incluso podríamos decir que no interactúa con los personajes. Pero los asedia, está presente en todo momento y conecta al espectador con el mensaje que Shakespeare quiere transmitir en esta historia. Yo soy de las románticas, pero sé que el poeta inglés se enfadaría conmigo si supiera la interpretación que me gusta hacer de este trabajo suyo en concreto.

La reinterpretación del personaje de Romeo
Mi adaptación favorita esta protagonizada por el que es, también, el Romeo que más me gusta de todos. Y no lo digo solo porque Damien Sargue sea uno de los chicos más guapos que he visto en toda mi vida, que lo es (lo siento muchísimo DiCaprio, pero el título del más guapo de Verona te lo han quitado). Lo que pasa es que aquí el personaje presenta un matiz más heroico que el que encontramos en el texto original. Para empezar, no existe ninguna Rosalina, por lo que él no aparece como el chico voluble que cambia sus sentimientos (que juraba que eran sinceros, pero a la vista está que tenían menos profundidad que un charco) en el mismo segundo en que conoce a Julieta. 
Hago un inciso para darte un consejo: jamás te fíes de alguien que varía sus sentimientos con tanta facilidad. ¡Nunca!
El Romeo de Shakespeare es un jovenzuelo inmaduro, enamoradizo y muy Dramaking. En este musical, aunque se sigue presentando a un muchacho muy joven (Damien tenía solo 17 años cuando interpretó el papel por primera vez, aunque no lo parezca; ¡madre de Dios, cómo estaba el niño!) es alguien mucho más centrado. Es consciente del mundo que le rodea y de las consecuencias que podría llegar enfrentar por su modo de vida. 

Teobaldo enamorado de Julieta
Y esto no es un punto, ¡es un señor puntazo!
Que me disculpe don William, que no son ganas de enmendarle la plana ni mucho menos. Shakespeare es The King; así, sin más. Aún así, que no se le ocurriese llevar una trama en la que Teobaldo estuviera enamorado de su prima Julieta... ¡Eso es un fallo que se solucionó gracias a este musical!
Hala, ya está; ya lo he dicho. Que me lapiden los puristas, pero este cambio respecto al original me parece genial y, de hecho, muchas pelis posteriores han seguido esta línea al versionar la obra. Por ejemplo, la adaptación de 2013 protagonizada por Hailee Steinfeld y Douglas Booth. O la miniserie que hizo Telecinco hace unos años, con Martiño Rivas y Alessandra Mastronardi como los jóvenes (sí, jovencísimos; pero no adolescentes, que es lo reclaman ambos papeles 😒) amantes.
La verdad es que a mí este Teobaldo me gusta muchísimo, quizás porque también se nos permite conocerlo más en profundidad de lo que usualmente nos dejan hacerlo. Tiene dos solos, dos canciones, en las que habla de su vida, de cómo se siente, y la verdad es que da bastante pena y resulta imposible no empatizar con él. 
Me encanta este Teobaldo, ¡y no me he dado cuenta hasta que me he puesto a escribir esta entrada😱! 

Toda Verona está al tanto del amor de Romeo y Julieta:
Algo de este musical que me resulta muy curioso es que, aquí, parece que desde el principio todo el mundo está al tanto de que Romeo y Julieta se gustan y hay algo entre ellos. Los rumores corren por las calles y, obviamente, eso no gusta ni a los Capuleto ni a los Montesco. De este modo se produce un choque, no ya entre clanes sino de los propios protagonistas con su gente. A Julieta no la vemos en esta situación, pero Romeo si aparece en escena siendo cuestionados por los suyos. Incluso Mercucio y su primo Benvolio, sus amigos del alma, lo increpan y lo intentan forzar a olvidar sus sentimientos. 
De este modo se refuerza el concepto del amor prohibido y este se convierte en detonante del duelo entre Teobaldo y Mercucio que origina la tragedia, añadiendo una dimensión más emocional y humana al enfrentamiento. 

La despedida de Julieta
El final del musical es el que todos conocemos, el mismo que en la obra de teatro. No te hagas ilusiones, esto no es Disney. Aquí Romeo, por muy maduro que sea, sigue con su vena Dramaking y se lanza de cabeza al suicidio. También es rápido en la ejecución, el jodio, y no se espera para tomarse el veneno el tiempo suficiente hasta ver despertar a su amada. 
Por favor, ¡con la fácil que habría sido evitar la tragedia! Es que, cada vez que lo pienso, me pongo malísima. 
Anda, hijo de mi vida, que ya te podías haber quedado contemplándola un ratito más que para eso te parecía guapísima. ¡No veas el disgusto que nos habrías ahorrado!
Nos volvemos a quedar sin huida de los enamorados a lomos de un caballo blanco bajo los primeros rayos del amanecer (siempre los imagino así, en mi mente la historia termina de este modo 💖). Pero, a cambio, tenemos un solo de Julieta que nos hace llorar con más amargura (ya te digo que, a mí, cualquier palabra cantada me llega el doble; así que te puedes imaginar que clase de fuente soy en este momento). La canción tiene unos versos muy bellos, muy sentidos y también muy heavies. En un par de momentos Julieta se dirige al público, a nosotros, y nos dice que no sintamos pena por ella; es ella quien la siente al mirarnos, pues ve a gente que no sabe de amor. 
¡Bueno! Me voy a echar a llorar recordándolo. ¡Soy una ñoña!

Puedo seguir dando motivos, soy muy capaz de extender la lista hasta el infinito y más allá. Pero, al final, todos ellos se unifican en una idea: este musical es muy especial para mí, tiene un gran valor sentimental. Durante una época de mi vida estuve completamente obsesionada con él y, repito, vuelvo a las andadas. Damien Sargue y Cécilia Cara siempre me han regalado buenas dosis de inspiración a la hora de entrar en el mood adecuado para escribir escenas románticas. Ahora, con más motivos. 
El musical, como he dicho, fue un exitazo y ha tenido réplicas en medio mundo. Una que también fue muy buena (de hecho supera al francés en muchos aspectos, aunque mi amor incondicional lo mantenga en la cúspide del olimpo de mis preferencias) es el italiano. Si ya es un plus de magia oír a Romeo y Julieta en su idioma, la puesta en escena es maravillosa y el elenco fabuloso. Soy super fan del príncipe Escalo, Mercucio y Teobaldo (¡actorazos!, dan un matiz muy personal a sus personajes y los llevan al límite de un modo que ralla la locura); les roban el show a Romeo y Julieta por completo. Aunque estos también hacen una pareja muy cuqui y bastante más apasionada que sus homólogos franceses. ¡Menudos agarrones se dan en pleno escenario, Jesús bendito! Y qué besos 💞.




Damien y Cécilia eran mucho más modositos, que aún no habían cumplido la mayoría de edad y los responsables del espectáculo no querían problemas. Pero me encanta la pasión que derrochan estos dos.  
Bueno, pues creo que ha quedado claro que me maravilla este espectáculo, ¿no? Así que, si tienes ocasión de verlo... ¡Pues lo ves, leches! No te lo puedes perder. 
Yo hago un llamamiento, a ver hay algún productor que lo traiga a la escena española. Porque sí, el musical se ha representado en medio mundo; pero aquí, en España, no. ¡Ya es mala suerte 😔!

sábado, 27 de febrero de 2021

Ser romántico: ¿una enfermedad que se cura con el tiempo?

Dicen que así sucede con la juventud. Solo tienes que esperar unos añitos y, oye, se te pasa 😛. Pero el ser romántico,  idealista, contestatario... Son rasgos que se suelen asociar a esa etapa de la vida en que los años aún no se nos han acumulado lo bastante para comenzar a pesarnos. Así que, ¿debemos asumir que también se quedan en la adolescencia o nuestros primeros veinte?
Ufff... He comenzado el post en un plan melancólico-depre, ¿no? ¡Ay! Perdón,  es que hace nada he cumplido años 😅. Aunque lo que me ha llevado a formularme la pregunta que da título a esta entrada no ha sido la nueva castaña que me ha caído encima, sino la serie/telenovela que estoy viendo actualmente. 
Sí; he comenzado el año de enganchada a la ficción televisiva total. Así ando, que de escribir poco. Me la paso sentada frente a la pantalla, y no la del ordenador precisamente🤦‍♀️. Luego... ¡A ver si soy capaz de quejarme!
En fin, la serie que me tiene convertida en una desertora de la escritura (hoy por hoy) es esta: 



Love in Chains, o Encadenada, como la han traducido en España, es una teleserie ucraniana que despertó mi interés desde las primeras promos que se revelaron de ella en mi país. Eran bieeeeen intensitas y, claro, ya se sabe que a mí un amor sufridísimo... Pues eso, que me mola horrores. ¿Para qué vamos a reír cuando podemos llorar amargamente 😛?
Es para matarme, lo sé. Pero así soy yo.
Bien, pues en la primera semana me bebí los 24 capis de la primera temporada. De modo que sí: me estaba gustando mucho. En su comienzo me pareció una maravillosa producción, con una historia sólida que recuerda mucho a las novelas clásicas y contaba, además, con una ambientación que reproduce bastante bien la época en la que transcurre la acción. ¡Oh! ¡Qué gustazo ver una producción histórica bien contextualizada! La historiadora que vive en mi interior, aplastada por el desempleo,  dio palmas con las orejas de pura satisfacción.
¿Sobre el argumento? Pues durante la mayor parte de la primera temporada se nos presenta la historia de amor (¿imposible?) de Katerina, una sierva criada como una dama por su señora, y Aleksey, un joven de familia noble pero venida a menos.  Una relación marcada como prohibida desde sus cimientos que, por si fuera poco,  deberá sortear un plus de obstáculos cuando Grigori, hijo de la señora de Katerina, vuelva al hogar familiar y se prende de la muchacha. 
En el siglo XIX ya había especímenes a los que les costaba entender que cuando una mujer dice 《no》 lo que quiere decir es justamente eso: 《no》, y punto. 
Vale; pues todo muy bien, muy bonito y decimonónico. El tipo de serie que a mis 15 años habría disfrutado como una loca. Porque mira que me gustaba a mí un vestidazo de estos que llevan las mujeres de Encadena en mis años mozos. ¡Con el agobio que me generan ahora solo de imaginarme dentro de uno! Y mi opinión sobre corsés y demás parafernalia no es lo único que ha cambiado en estos años. Creo (y esto es algo de lo que me he dado cuenta viendo esta serie) que mi idea del amor romántico también lo ha hecho. A eso, precisamente, viene el que esté ahora escribiendo esta entrada. 


La verdad es que la parejita protagonista (o eso parecía que eran durante casi toda la primera temporada, repito) de este romance me puso un poquito de los nervios. Concretamente, era Aleksey quien me los alteraba. 
A Katerina la toleré más. Ella tiene solo 18 años (aunque, aquí entre nosotros y sin ánimo de ser criticona, la niña aparenta muchos más) y su edad, y la educación que tuvo como mujer en la época que le tocó vivir, justifican que a veces fuera un poco boba. Además, conforme avanza la trama descubre cosas que la hacen entender que ha vivido engañada. Su lucha no es solo por amor, sino por justicia hacia sí misma. No tiene por qué ser considerada hacia nadie más. Aleksey, en cambio...
Primero cabe destacar que el chico se enamora desesperadamente de Katerina en un primer encuentro pasado por agua (llovía a mares, ¡cómo mola! 🥰). Y vale, me parece bien; si yo ya he dicho que soy muy pro instalove. Me encantaría conocer a un señor y, en cinco minutos  o menos, tener la absoluta certeza de que ¡oh! ¡Es él! Lo veo improbable y poco sensato, pero la ficción es sueño. ¡Soñemos pues! Lo que ocurre es que este mozuelo ya estaba loca y ardientemente enamorado de otra mujer, una muchacha de nombre Natalia, antes de conocer a nuestra Katia. Llámame quisquillosa, pero el dato no dice mucho en favor del calado de los sentimientos del chaval. 
Por otro lado,  el jovenzuelos tiene la manía de acudir al casino para solucionar cualquier problema monetario que se le presente con una partida de cartas. ¡Gracias a Dios que tiene suerte! Con los naipes y en la vida, en general. Porque aún cuando pierde topa con buena gente que se resiste a dejarlo en la miseria. De lo contrario, este habría arruinado a su familia. De hecho, llegué a creer poderosamente que en algún momento de la novela terminaría haciéndolo🥴. Solo la benevolencia del equipo de guionistas podría evitar la ruina a los Kosak.
Aleksey es un enamorado capaz de todo por la mujer que ama. Un hombre de honor, además. Tiene los ingredientes para ser un personaje del que me habría enamorado hasta la médula en mi adolescencia. Y, sin embargo, la Adriana que soy ahora se la pasó reprendiéndolo cada vez que salía en pantalla, como si fuera uno de mis alumnos de primaria.
No puedo evitar pensar en lo egoísta que fue, en como arrastró a los suyos en su empeño de casarse con una sierva, condenadolos a ser parias sociales. Siempre defenderé el amor, pero el de este chico es uno que trae la tragedia a su casa, y él ni siquiera parecía mortificado por ello. 
Lo curioso de todo esto es que su perfil es muy parecido al de Romeo. Este también amaba a Rosalina y cambio su corazón nada más ver a Julieta. Y sobre lo de ir contra su familia... En realidad,  el tema familiar lo considero muy diferente al de Aleksey. Lo demás sí es parecido.
¿Por qué adoro a uno, en cambio, mientras que al otro lo censuro? ¿Será porque a Romeo lo conocí siendo adolescente? ¿Fue entonces cuando me formé la imagen de él, y por eso lo perdono? ¡¿Será que ahora soy mucho menos romántica de lo que lo fui en mis años mozos?! 
Si esta es la respuesta, me daría un poco de pena, la verdad.  Aunque crecer es algo inevitable, todos terminamos haciéndolo. Pero voy a luchar por conservar y cultivar lo que queda en mí de la muchacha que fui. Creo que lo peor que podemos hacer es perder nuestra esencia 😉.

MOMENTO SPOILER 
(Si sigues leyendo a partir de aquí, será bajo tú responsabilidad).

Habrás observado que, a lo largo de esta entrada, he aludido varias veces a que la opinión que expresó se refiere únicamente a la primera temporada de la serie. Esto se debe a que Aleksey, protagonista casi en exclusiva del post, muere al final del capítulo 19, de 24 que conforman esta primera entrega de Encadenada 🤷‍♀️.

domingo, 8 de noviembre de 2020

Mister Wu, o cómo saber qué cara tendrá tu futuro marido antes de conocerlo

El domingo pasado iba yo caminando con mis auriculares a toda mecha. A este ritmo, me acabaré quedando sorda, porque para que la música se sobreponga al sonido de la ciudad hay que elevarla a unos niveles... En fin, que esa tarde me había dado por rememorar viejas canciones de igualmente viejas pelis románticas. Y así, desgranando las melodías de Notting Hill, entre When You say Nothing At All y She me saltó un anuncio. Nada especial cuando oyes música en youtube, salvo por el carácter del mismo. Eso... digamos que la esencia del spot sí que fue bastante particular. 
La voz de una chica hablando en inglés se coló, tal y como he relatado, entre la de Ronan Keating y Elvis Costelo para hablarme de su primer amor con un tono bien intenso. Cuando me di cuenta de que la muchacha estaba dispuesta a desgranar su historial amoroso me aparté a un lado de la calle y comencé a mirar la pantalla. Reconozco que se ganó mi atención y ya no me bastaba con oír, también quería poner imagen a la mini comedia romántica que la inglesa me estaba soltando de improviso. No es un secreto que siento debilidad por el género. Y juro que, más que un anuncio, aquello tenía pinta de cortometraje.
Tras dos o tres relaciones, resulta que la que había venido a interrumpir mi tarde de música y paseo para contarme su vida en verso se compromete. Y se va de viaje a China; pero sola como la una, no te creas que se lleva al novio. Por lo visto, la chavala dominaba un poquito el mandarín (ahí, como la que dice que chapurrea el francés). Creo recordar que de niña pasó una temporada allí,  por el trabajo de sus padres. Pero eso tampoco importa mucho. Lo que cuenta es que, en un café, ve a un anciano observando fijamente a una joven y dibujando en un papel.


Un retratista,  dirás tú; como dije yo. Pues no, porque el caballero estaba pintando el rostro de un hombre, no el de la joven a la que no quitaba ojo. Raro, ¿no? Pues lo mismo pensó la inglesa y, para regocijo de tú curiosidad de la mía, resultó que no era una chavala tímida y no sentía pudor por abordar a un absoluto desconocido. Sin dudarlo, se acercó al anciano chino y le preguntó que estaba haciendo. A lo que él respondió (insertar música telenovelera aquí, please) que estaba pintando al futuro marido de la muchacha a la que estaba mirando.
😮😮😮😮😮😮😮😮😮😮
¡Toma! Ahí es nada. ¿Cómo te has quedado?
Pues nuestra amiga inglesa lo asimiló con bastante naturalidad, la verdad. Tanto, que hasta le pidió al caballero que le hiciera un retrato de su futuro santo. Claro, la oportunidad la pintan calva; yo habría hecho lo mismo. La mala suerte es que la cara que el dibujante plasmó en el papel... pues no fue la del prometido al que ella no se había llevado de viaje.
¿Ves? Por eso, teniendo en cuenta que ya andaba camino del altar, como quien dice, pues igual habría sido mejor no tentar a la suerte. ¿No?
Total, la tía va y deja al novio (hay que ser un poquito... Un poquito... ¡mala persona!). Y lo mejor es que le sale bien la locura de depositar una fe ciega en un anciano al que acaba de conocer y le ha soltado una chapa difícil de tragar, porque a los meses conoce al hombre que el chino le dibujó. 
Y todo esto es, como ya he dicho, un anuncio de cuatro minutazos. ¿Qué anuncia? Pues Mister Wu. ¿Y qué o quién es Mister Wu? El anciano dibujante, que se ve que se ha modernizado y ha abierto site online para dibujar maridos futuribles a mujeres del mundo entero. Con esto de Internet, el que se cierra puertas es porque quiere. Eso sí, si deseas solicitar sus servicios date prisa, porque el buen hombre tiene su edad y le queda poco tiempo de poder andar con el lápiz en la mano. Además,  creo recordar que no puede hacer más de cinco retratos al día. Cosas de las magias ancestrales, que también se agotan como la batería del móvil. 
Me pareció surrealista, de verdad. Todavía lo estoy intentando digerir, de hecho. Encuentro increíble que a alguien se le haya ocurrido un negocio así y, más aún, que haya gente dispuesta a gastar dinero en un servicio semejante. Luego está el tema del spot, que ya digo que era en plan peli y tuvo que costar lo suyo. 
He buscado información sobre Mister Wu pero no he hallado nada. Tampoco he vuelto a ver el anuncio. Lo único que he encontrado, para corroborar que todo esto que he contado no es fruto de un sueño, es esta página, donde varias personas hablan del anuncio (y no dan crédito, claro). Y, la verdad, la romántica que habita en mí (y que es muy grande para este cuerpo tan pequeño que tengo, metro ochenta debe medir como poco) se ha quedado con las ganas de echarle un ojo al site. Porque aunque sabe que esto es, además de un negocio muy absurdo, un tongo... ¡sería taaaaan bonito que fuera real! 🥰

Simplemente es una idea del tipo de marido que quiero,
un simple esbozo.
Mister Wu, ya sabe usted; tome nota 😛.


Yo,  aunque no llegara nunca a encontrar a mi amor destinado, guardaría su retrato y, con saber cómo es su cara, ya me daría por satisfecha. Sería como conocerlo un poco, aunque no lo conociera de nada.
¡Ay! ¡Qué asco vivir en el mundo real! Con lo bien que se tiene que estar dentro de una comedia romántica. 

domingo, 26 de julio de 2020

Héroes que sumen

Hace unos meses, después de leer puros comentarios positivos de la telenovela Hercai, me decidí a darle una oportunidad. Ya lo comenté por aquí en su momento, y también dediqué una buena parrafada a contar lo mucho que me gustaba su protagonista masculino. Uso el pasado, como te habrás percatado, porque muuuuchos capítulos después (ni yo misma me creo que he llegado tan lejos con esta serie; la voy viendo a salto de mata, eso sí, pero ahí sigo), mi opinión sobre el personaje ha cambiado drásticamente. Y es que en algún punto indeterminado de la historia, Miran Aslanbey dejó de ser para mí el héroe y pasó a asumir el rol del villano. 
Hago un pequeño esbozo del personaje, por si no lo conoces. 
Miran perdió a sus padres en trágicas circunstancias cuando solo era un niño. Desde ese momento estuvo bajo el cuidado de su abuela, Azize. Una señora muy bella que puede hacer que se te descomponga el vientre con una simple mirada. ¡Por Dios, qué miedito da esta mujer! De este modo, el pequeño crece intoxicado por los planes de venganza que la mujer le mete en la cabeza. Azize quiere usar a su nieto para vengar la muerte de su hijo y saldar, a su favor, la ancestral enemistad que la une a los Sadoglu. ¿Su plan maestro? Que Miran tome por esposa a Reyyan, una de las nietas de su odiado enemigo, para repudiarla tras la noche de bodas. Una vileza que supondrá que la deshonra caiga sobre la familia de la muchacha. Estamos en la Turquía profunda, así que ya te puedes imaginar lo que esto supone. 
Esta sería la trama a groso modo, porque como en todo buen culebrón aquí hay muchos matices y aclaraciones que no vienen a cuento. Necesitaría diez entradas, como poco, para exponerlo todo tal y como es. 😓
Partiendo de esta base, en principio, entender a Miran se hace muy fácil. Su dilema moral, la lucha que mantiene con los inesperados sentimientos que Reyyan le despierta... Es un hombre dividido entre la necesidad de hacer justicia, que le han inculcado casi desde la cuna (aunque sea una justicia viciada, para él es la correcta), y el dolor que siente al pensar en  hacer daño a la mujer que ama. 
¡¿Cómo no vamos a comprenderlo?! En un par de capis se gana nuestra ternura por completo.


Peeeero... la cosa cambia cuando el comprensible dilema moral que sufre el personaje se convierte en una patología. No soy psicóloga, pero solo hay que ver las reacciones de Miran para darse cuenta de que el chico tiene problemas. Sus estallidos de ira, su falta total de empatía hacia Reyyan, su egoísmo... Miran pasa de abandonar a su esposa a la mañana siguiente a su boda, sin explicaciones de ningún tipo ni volver la vista atrás, a exigir que ella se rinda al amor que él está seguro de que la chiquilla aún siente. Y no se equivoca, que es lo más curioso, porque a mí un hombre me hace la mitad de lo que él le hizo a Reyyan y juro que no me queda más sentimiento hacia su persona que el odio. Debo ser muy rencorosa. Pero bueno, Reyyan no es el objeto de análisis. Vuelvo con su maridito, que con él ya tengo bastante tela que cortar. 
Como iba diciendo, el hombre pasa olimpicamente de lo que siente la chica a la que le ha destrozado la vida y se empeña en ayudarla. Digo se empeña porque le vale un maldito ardite si ella quiere su ayuda o no. Y, si bien en un principio se muestra como un corderito enamorado, haciendo que hasta tú (o yo, en este caso) como espectador te dividas entre él «¡jo! ¡Si es que lo que le ha hecho es imperdonable!», y el «¿Pero qué iba a hacer el pobre, si le tienen lavado el cerebro?», poco a poco va pasando a un acoso y derribo de lo más tóxico. 
Aquí voy a tratar varios puntos que son spoiler, los cuales corresponde al momento en el que más cabreada he estado con Miran en lo que llevo de novela. Si decides seguir leyendo será bajo tu responsabilidad 😉
  1. Si Reyyan decide casarse con su primo, o con quien a ella le dé su realísima gana, es una decisión suya y, como tal, merece ser respetada. Si la chica ha concluido que es mejor pasar del amor y buscar la comodidad y el bienestar familiar, allá ella. Nos podrá parecer bien o mal, pero es asunto suyo. Miran, respeta. 
  2. Me parece súper romántica la escena del enamorado que llega, a lomos de su caballo, como si aún estuviéramos en el siglo XIX, a llevarse a la novia el día de su boda con otro hombre. Un cliché, vale; pero es que a mí los clichés me molan un montón. Ahora, cuando la novia en cuestión no quiere irse con este jinete del que está enamorada, la escena pierde toda su magia. Se convierte en un secuestro en toda regla. Esto también deberías apuntarlo, Miran: si una mujer te dice no, es no. Punto. Ella sabrá sus cuentas. 
  3. Creo que cuando un persona está en peligro, tiene todo el derecho del mundo a saberlo. Eso de «te secuestré para salvarte...» pues mira, chico, no. Mejor me cuentas lo que está pasando y ya yo decido si me compensa irme contigo o busco un plan alternativo. A la fuerza nada. 
Y, todo esto, aderezado con un repertorio de estallidos de furia que, la verdad, no convierten al héroe de esta novela en candidato al premio a mejor novio/marido del año. A mí, personalmente, me daría miedo convivir con un hombre así. Se me retuerce el estómago cuando veo a Miran en este plan, y aquí tengo que resaltar el estupendo trabajo que hace el actor encargado de darle vida, porque de verdad que parece que se le ha ido la pinza. Son escenas muy complicadas y él las interpreta con mucha naturalidad. Por otro lado, no estoy diciendo que el personaje esté mal desarrollado. Para nada, creo que lo han perfilado muy, muy bien. Verdaderamente es un chico que ha sido utilizado desde la infancia y eso lo ha llevado a ser devorado por la carga que Azize depositó sobre sus hombros, y el peso de las acciones que esta lo ha obligado a llevar a cabo. 
Miran está completamente desquiciado. No es su culpa, pero lo está. 
Esto me lleva a la cuestión que planteo en el título de la entrada: ¿es un buen héroe? Porque a la infeliz Reyyan le ha hecho cosas que otras protagonistas de novela han sufrido a manos de sus villanos. 
Si me fijo en los comentarios de la mayoría de las personas que ven la serie, parece que la respuesta es sí. Me llama mucho la atención que tanta gente defienda a Miran, mientras se quejan de lo difícil que se lo pone Reyyan al que es su marido. Lo entiendo, ¿eh? No sería la primera vez que soy yo la equivocada, la que ve las cosas de un modo en que no son. Perfectamente puedo estar malinterpretando. Pero lo que me hace difícil resignarme a ser la que no está viendo las cosas como son es que tanta consideración hacía Miran se justifica en el hecho de que el chico es muy guapo. Y lo es, ahí estoy completamente de acuerdo con la opinión general. A mí también me parece que Akin Akinözü es un hombre tremendamente atractivo (aun a pesar del horrible flequillito que lucía en los primeros capítulos), super masculino y muy... Pues eso, muy como me gustan a mí los hombres. Pero... ¿eso lo justifica todo? ¿Un buen físico vuelve perdonable lo imperdonable? 
Saco a colación al que es mi personaje favorito de la novela: Firat 🥰; el mejor amigo de Miran. El hijo de la criada de los Aslanbey, al que Azize ha criado como si fuera uno más de sus nietos (¿por qué será? ¡ah!🤐). Un tipo leal a la familia de la que se siente parte y que se esfuerza en hacer las cosas bien, con cabeza. Pero, curiosamente, ha terminado convertido en el chivo expiatorio del público, que no soporta que sea la voz de la razón, el Pepito Grillo del irascible héroe de esta historia. Porque Firat puede ser leal y estar más que dispuesto a arrimar el hombro (y sacar la pistola) cuando haga falta, pero eso no quiere decir que transija con todas las locuras que hace su amigo. Máxime, cuando estas implican poner en riesgo a otras personas a las que él también quiere. Y, ¡oh! ¡Eso es traición!


¡Pues claro, hombre! Ser completamente honesto con las personas que realmente aprecias, aunque eso implique decirles lo que no quieren escuchar, es ser una mala persona. Lo otro, no. Endulzar los oídos del personal, aun sabiendo que los estás alentando a que comentan un pifia enorme, es lo que hay que hacer. 😒
Me pregunto si, de haber escogido a un actor con un físico tan imponente como el de quien interpreta a Miran, las acciones de este personaje serían juzgadas de la misma manera. Me da en la nariz que el bueno de Firat, tan sensato y entregado a las personas que quiere, sería mucho más apreciado si, además, fuera un hombre guapo. 
Entonces, ¿qué debe tener el héroe de una novela para conseguir que empaticemos con él y nos pongamos de su parte? ¿Una personalidad carismática, justa, o una cara bonita y un abdominal marcado? 
Yo lo siento pero, aún sabiendo que soy minoría (pero una muy, muy minoritaria) me declaro Team Firat. A mí es que un buenazo me puede. Sobretodo si, además, tiene agallas. Me gusta tanto la personalidad de este personaje que, después del chorro de capítulos que llevo a la espalda, ya hasta le encuentro el punto a este hombre con un físico tan discretito; tan de andar por casa. Para mí, él es el verdadero héroe de la historia. El que más se ajusta al papel, de todos los personajes que habitan Hercai, por su desarrollo. Porque, para mí, sin duda, lo importante son los héroes que suman. Que no se convierten en un obstáculo constante que la protagonista debe salvar. Que no la empequeñezen, sino que, por el contrario, les faciliten el camino para que puedan llegar a ser la mejor versión de ellas mismas. 
Este es el tipo de persona que quiero en mi vida y, por lo mismo, la clase de héroe que espero encontrar en una historia. 

P.D.: Ahora verás como, en un puñado de capítulos, el tal Firat se convierte en un sieso solo para tirarme por tierra la defensa pública que le he hecho. Lo estoy viendo venir. 😨 Y no creo que mi corazón pueda soportar el desengaño. 😋

viernes, 17 de julio de 2020

El monstruo del amor romántico 🧟‍♂️

Esta es una entrada que llevo mucho tiempo queriendo escribir. ¿Porque no lo he hecho hasta ahora? Pues... por miedo. 😝 No, es broma; no ha sido por eso. Yo soy una valentona. Solo me asusta  los zombis, los fantasmas, las sirenas... Poquita cosa,  ya ves. Razones que una mente madura comprenderá, seguro. 
En realidad, si me he demorado en redactar este post es porque considero que lo que voy a tratar aquí es material sensible. Para mí, por lo menos, lo es. Y es que, pese a ser una defensora convencida (y activa) de los derechos de la mujer y la tan necesaria (y aún no alcanzada) igualdad de sexos, también soy una romántica empedernida. 
¿Esto es posible, o es otra prueba del desequilibrio emocional que padezco desde niña y que la edad no ha hecho sino acentuar? 
Pues... No lo sé. No estoy capacitada para hacerme un análisis clínico a mí misma. No creo que podamos ser lo bastante imparciales cuando el objeto de estudio somos nosotros. Al juzgarnos, inevitablemente caemos del lado de lo bueno o de lo malo, nos falta equilibrio para permanecer en el centro. De lo que sí puedo dar fé es de que el tema me ha generado más de una crisis de identidad. Porque, a ver, ¿me puedo considerar feminista, con las cosas que escribo? Porque todas mis novelas van encaminadas a engordar (a base de azúcar en cantidades suficientes pa' destrozar la dentadura de un tiburón) a ese que las mayores representantes de esta ideología a la que creo pertenecer llaman el monstruo del amor romántico

Pues yo, aunque soy miedosa, al mostruo ese
lo imagino tal que así; peludito,
suavecito y muy cute.

Menudo dilema, ¿no? 🤔
A ver, yo creo que aquí hay un error de base en cuanto a la concepción del mentado amor romántico. Porque, mientras la corriente feminista lo describe como una relación de pareja tóxica, heterosexual y de clara dominación (incluso subordinación) de la figura femenina respecto de la masculina, para mí es un concepto mucho más edulcorado pero también más libre y benigno que lo anterior. 
Una definición estupenda de cómo considero yo que debe ser el amor de pareja (o el amor en general) está en unos versículos de la Biblia, los cuales aprendí en la peli Un paseo para recordar. 😅 ¿Qué pasa? En mi insti, en clase de religión veíamos El amante y hablábamos de drogadicción y métodos anticonceptivos. Entre eso, y que nunca he sentido una espiritualidad muy profunda en lo tocante a temas religiosos, este texto, aunque me encanta, solo podía llegarme por fuentes indirectas. El cine culturiza mucho, ya ves.
En fin, reproduzco textualmente:

El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso, ni jactancioso, ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 
Corintios 13: 4-7

Remarco con subrallador las frases que considero más importantes, aunque todo el contenido me parece fundamental. 
Esta parrafada, traducida al castellano moderno, viene a decir que quien ama a otra persona no la humilla, violenta ni golpea. NUNCA. JAMÁS. Aquí me pongo completamente seria. No permitas que nadie te trate así, porque si lo hace está demostrando lo poco que le importas. La ecuación es tan simple como sumar dos más dos, no te engañes queriendo disfrazar un resultado al que es bien sencillo llegar.
Los celos no son adorables, ni una muestra de amor. Nadie tiene derecho a controlar con quien andas o cómo te vistes. Por supuesto, sobra decir que el contenido de tu móvil es cosa tuya y de nadie más. Estar en una relación de pareja es una elección que debe hacerse libremente, y libre sigues siendo todo el tiempo que esta dure. Cualquier cosa que caiga en un comportamiento tan nocivo como lo es pretender controlar a tu pareja NO ES AMOR. Ni romántico, ni de ningún tipo. 
Ahora bien, admito que dentro del romance, como género, y particularmente en la literatura, hay obras (muchas, muchísimas obras) que enmascaran acciones abominables bajo la etiqueta de "historia de amor". Estoy hablando de secuestros, e incluso violaciones, que sufren las protagonistas a manos del mal llamado héroe de la novela. Por no mencionar otros comportamientos más inocuos, pero que también relegan a la mujer a un papel débil y dependiente del hombre. 
Sin embargo, todas estas son historias, en su mayoría, son muy antiguas. Se remontan a los años setenta-ochenta, cuando surgió la literatura romántica actual. El concepto de romance, como las relaciones de pareja y la sociedad en general, ha evolucionado con el paso del tiempo. La Novela Romántica, como fiel reflejo que es de esto, también lo ha hecho. Poco tienen que ver la mayoría de los títulos actuales con los de antaño. 
Es por todo esto que crear un mosntro a partir de un concepto tan bonito como lo es el amor romántico no solo no me gusta, sino que no lo puedo compartirlo. De hecho, creo que potenciarlo ayudaría a lograr relaciones de pareja más sanas e igualitarias, basadas en el respeto, la admiración y la protección mutua. Sí, la protección también; que querer a una persona implica preocuparse por él/ella e intentar ayudarlo/la siempre que esté en nuestra mano hacerlo. Lo otro es justificar el individualismo más egoísta pretendiendo ir de modernos.
Vamos, que más romance y menos reggaetón. ¡¡¡Coñi!!! 😁
Es broma. Bueno... no del todo. 😒
Aquí acabo esta entrada a la que he dado tantísimas vueltas. Espero que se me haya entendido. Y, si no ha sido así... ¡Pues qué le vamos a hacer! Al final, ser tan liberales que acabamos convertidos en dictadores, para no tolerar las opiniones de quienes no piensan como nosotros, es uno de los rasgos que definen a esta sociedad. La que buscando eliminar estereotipos no deja de inventar etiquetas para colgar de las orejas del prójimo, y separarnos más los unos de los otros. 

domingo, 29 de marzo de 2020

Los hombres también saben escribir romántica

¡Y sin ayuda de nadie!
Así, con esta reivindicación de profundo calado social como todas las que hago 😋― comienzo el post de hoy. Pero, antes de entrar en materia, te voy a poner en situación con una de esas larguísimas introducciones, en las que te cuento la mitad de mi vida.🤦‍♀️
Aquí está el germen que ha dado origen a la entrada que ahora lees. 
La cuarentena me está permitiendo llevar una vida muy estructurada. De lunes a sábado tengo todas las horas del día programadas, distribuidas en tareas con las cuales el tiempo se me pasan volando. Es una recomendación que dieron los psicólogos cuando el encierro comenzó y la estoy llevando a rajatabla. Me está sentando tan bien esta dinámica, que me da un poco de miedo pensar sí seré capaz de mantenerla cuando se levante el estado de alarma. La verdad es que he ganado calidad de vida, aunque haya perdido libertad. 
¿Esto tiene algún sentido?😕
Dentro de la organizada existencia que estoy llevando, el domingo es el día de descanso. Cuando me permito olvidarme de todo y simplemente vegetar, que tras toda una semana a piñón me viene muy bien. Sinceramente, acabo agotada. Hacía tiempo que no dormía como lo estoy haciendo ahora. Pero, claro, no tener nada que hacer, cuando estás obligada a no poner un pie fuera de casa, también tiene su parte negativa: la jornada se hace interminaaaable. 
Así que, tras aburrirme como una ostra el domingo pasado, desde el lunes siguiente me puse a pensar qué iba a hacer con mi día de descanso esta semana. Me apetecía rever una peli; una de esas viejitas que me gustaban mucho en el pasado. Redescubrir una historia para reencontrarme con emociones de otra época. Pero... ¿cuál veo? Si ya le he dado seis vueltas, como poco, a mi lista de clásicos inolvidables.
Entonces me acordé de un título que he tenido olvidadísimo: 1, 2, 3... ¡Splash!
Cuando era una niña, me encantaba esta historia. Mucho tenía que ver que estuviera completamente obsesionada con La sirenita. Y con todas las Princesas Disney, en general; pero, particularmente, con la que tiene su reino "Under the sea". 🎶 Al hacerme mayor, se me pasó la fiebre "sirenil" y lo que me parecía un personaje de lo más seductor empezó a darme un poco de grimilla ¿te imaginas caerte al agua y que, en medio de esa oscuridad y la falta de oxígeno, se te acerque un ser mitad humano mitad pez? ¡A mí me da un infarto!. Así me olvidé del mágico romance que Tom Hanks y Daryl Hanna mantuvieron en la pantalla. 
Hasta el lunes pasado, como ya digo; cuando un rayo de luz iluminó los rincones de mi memoria. Desde entonces, ando ilusionadísima, igual que una niña pequeña, con la sesión de cine que me espera esta tarde. Suponiendo que sea capaz de encontrar el DVD en el que tengo grabada la peli y que el reproductor, que no uso hace mil, todavía funcione. Pero... ¡fuera pesimismo! El reestreno va a ir rodado, ya veras. 
No desesperes, que ya casi he llegado al meollo de la cuestión. 😛
Desde que me he levantado, me he puesto a buscar información sobre la película en Internet. Ha sido así como he dado con el dato que, primero, ha despertado mi suspicacia. Y, segundo, me ha indignado un poco. 
Si recuerdas la historia, 1, 2, 3... ¡Splash! sigue la vida de Allen, un soñador desencantado del amor que ha perdido la esperanza de encontrar algún día a la mujer de su vida. Pero, ¡oh, cosas del destino! Cuando más desesperado está, su camino se cruza o se recruza, porque estos dos ya se conocieron siendo niños con el de una preciosa muchacha que guarda un enorme y húmedo secreto. 
La trama, en sí, es un soplo de esperanza para todos lo corazones románticos y vapuleados por la realidad, como el de esta que escribe.😭 Porque, tú párate a pensarlo, si por Allen, cuando él ya lo daba todo por perdido, una sirena que lo había amado desde su infancia dejó el mar para buscarlo por las aceras de Nueva York, ¿quién quita que en una galaxia muy lejana no pueda haber un alienígena de lo más hot coladito por estos huesos que, a estas altura de la cuarentena, ya tengo bien recubiertos de magro? Oye, las mismas probabilidades hay de una cosa que de la otra. Así que no seas aguafiestas y déjame fantasear.
Al final, se descubre el pastel, claro. Y Madison así llamó Allen a su sirenita, provocando que en Estados Unidos hubiera un aluvión de niñas nacidas en los ochenta que cargaron con el mismo nombre― queda expuesta con su cola de pez en una multitudinaria fiesta. Se la llevan para estudiarla. Que, por lo que se ve en las pelis, los norteamericanos son mucho de esto; te cogen a alguien que se sale de la norma y lo encierran para hacerle pruebas. Menos mal que nací en España, porque con lo bicho raro que soy, del otro lado del charco ya estaría conectada a un puñado de cables. 
Al bueno de Allen, tras asimilar el secretillo de Madison, no le queda más remedio que aceptar el papel de héroe y acudir al rescate de su dama con escamas. 
Ya está; ahora sí. Llegamos al punto. ¡Te juro que sí!
Al parecer, según las informaciones que he encontrado en Internet, la primera versión del guión concluía la acción con la despedida de los enamorados en los astilleros del río Hudson. Allí Madison se lanzaba al agua para regresar al mar, y su chico... Pues se quedaba en tierra, ¿qué iba a hacer el hombre? Es lo que tienen los amores entre diferentes especies; la adaptabilidad al habitad del otro es complicada. Si alguna vez has tenido un novio o novia de otro país, seguro que lo entiendes. 
Pero los señores involucrados en esta producción destinada a un fin tan trágico, tuvieron a bien dejar que sus esposas leyeran la historia antes de comenzar a rodar. Vamos, que, por lo que he leído, el script debió rular que no veas entre la parentela de estos tipos. Lo de mantener el proyecto en secreto les importó más bien poco. Fue esta visión femenina la que hizo cambiar el desenlace al Happy Ending que finalmente tuvo. 
Cuentan estas crónicas cibernéticas que, una de las mujeres, incluso llegó a decirle a su esposo:
Si Allen no va tras ella, el que se irá (de casa) serás tú. 

Allen y Madison despidiéndose frente a las heladas aguas del río Hudson.
¡PARA SIEMPRE!
Suerte que el club de esposas lo impidió.

Sí, sí, sí; es una anécdota muy encantadora. A mí también me hace gracia imaginarme a esa señora, que durante páginas ha sufrido el subidón de azúcar al que te arrastran Madison y Allen, haciendo chantaje emocional a su conjugue para que les de el final que ella y todos nosotros; yo, al menos― quería para la parejita. Pero, honestamente, la escenita me resulta un poco repetitiva. ¿No pasó exactamente lo mismo con la idea original de Pretty Woman?
¡Vaya! Por lo que se ve, las esposas de los grandes hombres de Hollywood son todas unas romanticonas. ¡Qué lástima que a James Cameron no le diera por enseñar el guión de Titanic a su santa! Quién quita que, de haberlo hecho, hubiésemos tenido un final feliz también para Jack y Rose. Seguro que la señora Cameron tenía la lógica suficiente para entender que ¡¡¡los dos cabían perfectamente en esa condenada tabla!!! 😡🤬
Perdón, no quiero encenderme. 
Todo esto viene a que lo del final trágico que se convierte en feliz por consejo de la esposa, ya no cuela. Lo siento mucho. Me parece una estrategia de marketing con la que se pretende engordar la leyenda que rodea a una producción de éxito. Y no me parece mal, que conste. Lo que me chirría es que se basa en una mentalidad bastante rancia y machista. 
Para empezar, creo que a estas alturas de la vida es evidente que NO todas las mujeres somos unas sentimentales, de lagrima fácil, que se emocionan hasta la médula con las historias de amor. Yo no soy un buen ejemplo de esto, estoy claramente en el bando de las ficticias esposas cambia finales. Pero lo de ser romántica viene determinado por mi personalidad, en ningún caso por mi sexo. 
De igual modo, también existen hombres que son perfectamente capaces de crear una historia romántica, con bien de azúcar, sin la ayuda de ninguna mujer. No todos son una panda de cínicos incapaces de desear por sí mismos un "y fueron felices, y comieron perdices". Como ocurre con las mujeres, también ellos desarrollan un carácter más allá de los estereotipos que se imponen a su género. 
Dejo el cine para llevarme el tema a la literatura, que es mi campo. Hombres eran Emma Blair (Ian Blair) o Jill Sanderson (Roger Sanderson). También el creador de la saga Poldark, Winston Graham. Imposible no mencionar al superventas Nicholas Sparks aunque este sea un especialista en regalarnos dramáticos finales. Un poquito más cerca tenemos a Federico Moccia. O, quedándonos en suelo patrio, a José de la Rosa. Un autor estupendo, que me encanta y recomiendo mucho. 
De modo que sí, como decía al comienzo de la entrada, queda probado que los hombres también saben escribir romántica. Porque el amor es algo que experimentamos todos los seres humanos, con independencia de nuestro género y preferencias sexuales. Y el romanticismo es un rasgo de la personalidad, no tiene nada que ver con que te llames María o Manolo. 
¡He dicho!
Bueno, pues, escribiendo esto, ya he echado fuera la mañana del domingo. 😊
¡Hala! A disfrutar del día.

Edito: Por si te interesa, te cuento que, al final, se fastidió la sesión de cine. No he podido encontrar ese DVD que he guardado durante años y que, justo cuando iba a hacer uso de él, resulta que está en paradero desconocido. Me he llevado un chasco bueno, después  de pasar toda la semana esperando para ver la peli. 😞
Nota mental: Adriana, hija, a ver si esto te sirve para aprender a ser un poquito más previsora y no dejarlo todo para el último momento. 

domingo, 15 de marzo de 2020

La teoría de la probabilidad

Desde el momento en que llegamos a este mundo, todos, sin excepción, iniciamos un proceso de adaptación a la vida. Es lo justo. Al fin y al cabo, ella estaba aquí mucho antes que nosotros. Pero como lo justo no siempre es lo que más nos conviene, hasta el menos pillo se busca sus mañas para conseguir que sea la vida la que se adapte un poquito a el/la menda. Estoy hablando de cosas pequeñas, por supuesto; detalles insignificantes. Porque una cosa es querer estar lo más cómodo y a gusto posible y, otra bien distinta, pretender que sea el mundo el que gire a tu alrededor. Si esto es lo que esperas, te lo aviso desde ya: vas de culo. 
Por ejemplo, ¿quién no ha usado alguna vez la banqueta de la cocina como mesa supletoria para poner el café cuando se repantiga en el sofá a ver la tele? Y, ¿qué me dices de la última balda del mueble de la alacena, donde acaban olvidados los productos que no usas a diario? Di que sí; garbanzos, lentejas y pastas bien a la mano, y lo otro... confinado en la más alta torre. Pues claro, los bajitos tenemos nuestras mañas. 
Los miedosos, también. 
Creo que esta no será la primera vez que cuento lo poco aficionada que soy a las pelis y novelas de terror. Ni lo lejos que me mantengo de la puerta de la casa del terror cuando voy a un parque de atracciones ―naturalmente, jamás los visito en Halloween. Para mí el miedo es una emoción negativa, desagradable, así que trato de guardar distancias con ella y evitarla lo más posible. Pero, claro, hay determinadas situaciones y, sobretodo, ambientes, en los que no importa que tú no quieras acercarte a él, porque es el miedo quien se empeña en ir detrás de ti. Cerca; muy, muy cerca. Tanto, que hasta puedes notar su aliento despeinándote los pelillos de la nuca. 
¡AYYY! 😱😱😱
Desérticas paradas de autobús a primera hora de la mañana, pasillos oscuros y largos en ese lugar de trabajo en el que ya no queda nadie más que tú, tu casa cuando eres la única de sus habitantes habituales que se ha quedado sin plan para la noche... Todos esos escenarios tienen algo inquietante para el alma miedosa. Si a eso se le une una desquiciada mente novelera, como la de esta que escribe... No es por ponerme medallas, de verdad que no; pero creo que si me dedicara a escribir las historias que  se me pasan por la cabeza en mis momentos de terror, podría hacerle la competencia a Stephen King. Aunque también lo pasaría fatal durante el proceso creativo, 🤨 no compensa. 
Es por esto que, en este proceso de adaptación de la vida a las necesidades propias, que mencioné al principio, he acabado desarrollando mi particular kit de emergencia para situaciones en las que siento que empiezo a sucumbir al miedo. Esto es lo que llamo La teoría de la probabilidad. 
A ver, me explico. 
Supongamos que, de vuelta a casa, sola, después de haber estado de fiesta, me toca pasar por un callejón en cuyos muros las sombras dibujan figuras espectrales antes de engullir por completo el camino. ¡No pasa nada! Vale que me vienen a la mente todas esas escenas de historias de ficción que he visto y/o leído lo de mantener las distancias con el género me lo impuse al hacerme adulta y priorizar mi paz mental sobre todo lo demás; así que yo también tengo un buen repertorio de escenarios de pesadilla, como todo hijo de vecino. Esas en las que un chica incauta y menudita la coincidencia del perfil del personaje con el mío es pura coincidencia, y que por lo mismo tiene nulas posibilidades de salir victoriosa de un enfrentamiento físico, aun cuando el adversario sea el Ratoncito Pérez, es atacada por uno de esos zombis devorador de cerebros.
¡Qué ascazo! De verdad. 
Ella empieza a oír sus gruñidos tras un cubo de basura, se acerca ―¡No! ¿Por qué en todas las películas la victima potencial se acerca? Mejor corre, boba; ¡corre! y, entonces... ¡ZAS! En cuestión de segundos termina convertida en puré de carne. 
Sí; confieso que en mi imaginación he protagonizado infinidad de veces esta escena. Es entonces cuando decido que ha llegado el momento de ceder la palabra a mi voz interiorla cual me dice:

Vamos a ver, Adriana, deja en pause la imaginación desbocada esa que tienes y tira de la racionalidad, que algún uso le tendrás que dar de vez en cuando, ¡digo yo!
En estas historias que son directamente responsables de que estés a un paso del paro cardíaco, ¿no hay siempre un héroe macizorro que aparece en el momento justo para salvar a la chica? No; no a la pardilla que muere al principio, antes de que terminen de pasar los créditos. Tampoco a la que la palma a la mitad. Sino a la protagonista, ella siempre llega con vida al The End. Y está claro que ese es el papel que te toca a ti. Estaría bueno no ser prota ni en tus propios terrores. Ahora, piénsalo seriamente: ¿cuántas posibilidades crees que hay de que tú te topes con un tío así? En este punto, a mi voz interior se le escapa una risotada perversa. Tiene mala uva, la puñetera―. Eso es, ¡cero! Por lo tanto, siguiendo con la argumentación lógica, a cero posibilidades de encuentro con el héroe le corresponde cero posibilidades de ataque zombi. ¿No? 
Pues ahí lo tienes, la acción no es posible. ¡Despídete de la película, Prima Donna!

Y, ¡oye! ¡Mano de santo! 
Tras esta charleta conmigo misma, me quedo la mar de relajada y soy capaz de atravesar el cementerio a medianoche, si hace falta. 
Es tonto, vale. Lo admito. Pero, párate a pensarlo; es igual de idiota que creer en zombis (aclaración importante: el zombi es sustituible por vampios, espectros y el resto de variables posible dentro de las criaturas de ultratumba). Con lo cual, me parece un remedio a la altura del mal. 
Sin embargo, mira tú por donde, la vida, que se habrá molestado conmigo por intentar zafarme de las taras que me ha impuesto, ha venido a fastidiarme el invento desatando una pandemia mundial. Después de esto, empiezo a cuestionarme las leyes de esa lógica a la que recurro en mis momentos de mayor ansiedad. Porque esta que estamos viviendo es otra de esas situaciones que solo creía posibles en la ficción. Y, no se tú, pero yo sigo sin encontrarme a Brad Pitt. ¿O será que hay que esperar a que la cosa empeore y empiecen a aparecer los primeros zombis?


Aquí el señor Pitt analizando la situación antes de entrar en acción.
Buena señal; si puede pararse a elaborar estrategias significa que la cosa aún no está muy mal.


Esto que acabo de soltar es un frivolidad enorme, teniendo en cuenta lo serias que están las cosas. Pero permitirme un poquito de humor antes de decir lo importante. 
No soy muy partidaria de hacerme eco de los problemas sociales. Primero, porque como escritora de Novela Romántica considero que mi papel es conseguir que te evadas del mundo y sus problemas. Segundo, porque creo firmemente que los que tienen potestad para hablar son, únicamente, los especialistas, y que muchas veces el que nos hagamos eco en avalancha de una situación tan delicada como esta, soltando nuestras propias opiniones, puede ser más contraproducente que otra cosa. Sin embargo, en vista del cariz que están tomando el asunto, me voy a tomar la libertad de hacer una pequeña excepción en esta máxima que tengo para darte un consejo:

¡CALMA!


Todavía no hemos llegado a la situación que se ve en las pelis sobre el fin de la humanidad. Y, honestamente, tampoco creo que la alcancemos. 
No quiero minimizar lo que está sucediendo, por supuesto que es algo muy grave y sin precedentes. Pero también considero, y confío, en que se puede solucionar si escuchamos a los que saben y acatamos las medidas que se nos han impuesto. Quédate en casa e intenta aprovechar el tiempo. Solo eso. A ver, que tampoco nos están pidiendo algo tan difícil. ¡Con la de libros y pelis que hay para leer y ver! ¡Vamos! Si estoy harta de oír las ganas que tiene todo el mundo de que sea finde para pillar por banda al Netflix. 😉
Y, POR FAVOR, no saquees tu super más cercano. No hay ningún problema de abastecimiento ni lo habrá, a no ser que lo provoquemos nosotros. Haz la compra como la harías normalmente y piensa en los que vienen detrás, que también tendrán que comer algo. Yo hago la compra semanal los sábados y te juro que ayer aluciné con el panorama y la actitud tan egoísta de la gente. Los hay que se llevan las cosas porque sí, al grito de: ¡eso mismo!
Además, deja ya de preocuparte por el p*** papel higiénico. Qué estás en tu casa, hombre; en un momento de apuro tiras de bidé y sanseacabó. 😋
Así que tranqui, que me da a mí que lo único que necesitamos es esperar, y que no va a hacer falta que el señor Pitt venga a salvarnos. Aunque no sé yo si esto, a algunos, les parecerá una bendición o una desgracia. 😅

P.D.: Lo de la teoría de la probabilidad es completamente cierto, pero que quede claro que no soy ninguna pirada con el tema de los fantasmas. De hecho, suelo pecar de escéptica con lo paranormal. Será por eso que me funciona tirar de la lógica cuando me desquicio. Lo que pasa es que también tengo una imaginación demasiado fértil y soy muy sensible a los ambientes. No me hace falta mucho para montarme la película y, claro, así, a veces acabo como acabo.

P.D. 2: Llegado el caso, ¿podría cambiar a Brad Pitt por otro? A mí es que los chicos así, tan rubitos y tipo nórdico, no me van mucho. 

martes, 15 de octubre de 2019

Lo que me pareció "Pretty Woman" cuando la vi siendo adulta

Si tengo algo en común con Berta mi chica de Es medianoche, Cenicienta es que, como a ella, a mí también me encantan las viejas pelis de amor. Al igual que mi protagonista, no me canso de ver las historias que me cautivaron en su día. Aunque mi espectro es algo más amplio que el suyo, no me limito al cine clásico. En mi lista de imprescindibles también incluyo títulos noventeros. Incluso, alguno que otro que se estrenó en los albores de este siglo que estamos deshojando. 
Entre todas esas películas, si tuviera que elegir una que me ha acompañado durante mi adolescencia, sin duda escogería Pretty Woman. ¡Cuántas veces la vi! La tenía en VHS qué mayor soy, me encamino peligrosamente a la ancianidad😋― y no sé cómo no la quemé con la de horas que pasó metida dentro del reproductor de vídeo. Era un aliciente para los sueños de la jovencita inocentona y extremadamente romántica que era por aquel entonces. La que estaba segura de que, algún día, cuando ya fuera adulta, conocería un Richard Gere con canas y todo, sí, porque si algo tengo y he tenido en común con Becky G. es que a mí también me gustan los mayores, de esos que llaman señores que me amaría y haría feliz por el resto de mi vida. 
¡Ay! ¡Ilusa!Qué ternura me doy ahora 😉.
Tanto la película como el sueño de amor eterno se quedaron en mi almibarada adolescencia. Fue por esa época cuando vi a Julia Roberts, convertida en una prostituta que recorre las calles de Hollywood Boulevard, por última vez. Esa fue nuestra despedida. Hasta que nos reencontramos, hace unas semanas.
A principios de septiembre pasaron la peli por televisión, en horario de noche. Yo estaba sola en casa, y odio irme pronto a la cama cuando no tengo compañía. La verdad es que me da miedo. Así que decidí quedarme apoltronada en el sofá y darle una review a esta historia. 
Aprovechando que acaban de cumplirse veintinueve años del estreno de la película, que como ya he dicho es un de los pilares de mi vocación romántica, voy a contarte qué le pareció a la Adriana que soy hoy.


Hace años que vengo oyendo que Pretty Woman es una de esas películas que, pese al éxito que tuvo en su día, no podrían rodarse hoy. No pasaría el corte que la moral de los tiempos modernos ha impuesto en la meca del cine pese a que lleva varias temporadas convertido en un musical de relativo éxito en EEUU. Concretamente, chocaría con la corriente que busca empoderar a la figura femenina. Y yo, que como sabes soy una defensora incansable del amor romántico, siempre pensaba:
¡Hala! Ya estamos exagerando otra vez. 
Sin embargo... Ahora...
Tengo que decir que todavía no estoy muy segura de cómo terminaré este post. Espero ir aclarando mis ideas conforme escribo. Cabe la posibilidad de que, al final, dé la razón a las voces que claman contra este clásico del cine romántico. Aunque también tengo que decir que, contrariamente a la crítica más generalizada, no es el argumento lo que encuentro "políticamente incorrecto".
La historia, en sí, la sigo percibiendo como siempre lo he hecho. Tiene el clásico esquema de cuento de hadas: la Cenicienta que vive triste y, tras muchas calamidades, consigue su Happy Ending. Puede parecer simple, tópico, y todo lo que quieras, pero a mí me encanta. Al llegar a la última escena y oír ese "no dejes de soñar", se me sigue enturbiando la mirada y creo que podría morir de una subida de azúcar.
Por otro lado, el personaje femenino me gusta; me cae bien y empatizo con ella. Vivian (Julia Roberts) es una chica joven que, por una serie de decisiones erráticas, acaba viviendo por no decir malviviendo― en un submundo. Un lugar en el que no se siente cómoda, eso se nota desde el inicio de la cinta. Tiene la oportunidad de salir del hoyo por un breve periodo, una semana. Suficiente para poner distancia con lo que la rodea y darse cuenta de que merece y puede tener mucho más. Y, lo mejor de todo, esta dispuesta a conseguirlo por ella misma. Pasando de la propuesta de respaldarla económicamente que le hace el guaperas que llegó para sacarla del agujero y del que, además, se ha enamorado.
Por favor, ronda de aplausos para la chica. Si el suyo no es un claro ejemplo de mujer fuerte, independiente y con dignidad, no sé qué lo será. 
¿Qué dónde está la crítica, entonces? Pues, precisamente, en el guaperas al que hice referencia en el párrafo anterior. Aka Edward (Richard Gere). Él, al contrario que su partenaire, me parece... un cretino. Así de claro y sin ningún ánimo de ofensa, solo de definir.
Resulta que el tipo no es el hombre honrado, víctima de un flechazo, por el que yo lo tenía cuando era una ingenua. ¡Qué va! No invitó a Vivian a subir a su suite porque era muy tarde y le daba cosilla dejar a la chavala sola, esperando el bus en mitad de una solitaria calle Adriana, de verdad😞. Si es que siempre has vivido en la inopia. La contrata con toda la intención de hacer uso de sus servicios. Y no se corta a la hora de, valga la redundancia, cortarle el rollo a ella, que está de lo más relajada  disfrutando la sesión de cine que se a improvisado en la habitación.
¡Odio a los jefes que no respetan las horas de descanso de sus asalariados!
Tonterías a parte, la manera en que él la trata durante la semana que pasan juntos... En mi opinión, deja bastante que desear.
Nunca te he tratado como una prostituta le dice casi al final de la película. Cuando ella decide pasar de él, tragarse sus sentimientos, y seguir su vida por cuenta propia.
En ese momento yo, que seguía repantigada en mi sofá, me sentí dividida entre la carcajada irónica y el bofetón. Opté por lo primero, claro, porque lo del guantazo solo me habría servido para cargarme la tele. 
Pero, vamos a ver, tío... ¿Cómo que no? Si, no le has guardado las espaldas a la chica en ningún momento. Hasta al idiota de tu socio-amigo, cuando quiso saber quién era ella, lo pusiste al corriente de su profesión."Es una puta" palabras textuales del doblaje en España―, eso dijiste para cortar la paranoia de tu colega.
Muy bonito, Edward. ¡Muy bonito!
Desde luego, a este hombre se le puede acusar de muchas cosa, menos de falta de sinceridad🙄.
También quiero recordar que el señor tiene a nuestra Vivian guardadita en su lujosa suite de hotel, y la saca de allí solo para lucirla en fiestas, cenas y otros compromisos. Que la niña es muy rebonita y, aunque la pobre no tenga ni idea de etiqueta, adorna mucho. En fin, es cierto que la contrató precisamente para eso. Porque, como él mismo dijo, no estaba de ánimo para "peleas románticas".
Mira, de verdad... Es que hasta Maluma tiene en sus canciones mensajes menos degradantes que el que el bueno de Edward transmite en esta frase.
Pero está bien. De acuerdo, no pasa nada. Es el punto de partida del personaje. Alguna justificación habrá que dar para que estas dos personas, que vienen de mundos tan diferentes, tengan una excusa para pasar tiempo juntos, conocerse y enamorarse. Tampoco sería la primera vez que veo a un idiota  integral convertirse en un amorcete. Si esto es un clásico del género romántico, en todas sus formas. El problema que veo en Edward es que no hay evolución en la manera en la que él afronta la relación, ni en como la ve a ella, a lo largo de la película. Yo no la he sentido, al menos. Para él, Vivian no deja de ser una asalariada, por mucho que al final se de a entender que tiene sentimientos por ella.  
Tengo entendido que, en la primera versión del script, la pareja se separa al final de la película. Pero no quedaba ahí la cosa, no. En un derroche de dramatismo y crueldad de todo punto injustificada, la prota muere de sobredosis en un callejón. También cuenta la leyenda que fue la esposa del guionista ―¿o era el director? quien sugirió el cambio al final feliz que todos conocemos. Algo que, personalmente, jamás podré agradecer lo suficiente a la buena mujer. Lo que menos necesito son más traumas. Siempre consideré este giro de guión un acierto. Lo sigo haciendo, aunque ahora creo que el personaje masculino se quedó anclado en la primera versión aun después de reescribir el libreto. Este hombre no llegó a enamorarse en ningún momento. 
Y no, lo de subir a un segundo piso por la escalera de incendios, con La Traviata a to' meter en la radio del coche y un ramo de flores en la mano, para mí no cuenta como prueba de amor. Ni siquiera teniendo en cuenta el vértigo que padece el artífice de la hazaña. ¡Que es un segundo piso, hombre! Tampoco es para tanto. Por no hablar de que, si no llega a ser porque el director del hotel este hombre sí que es adorable🥰 le metió el dedo en la yaga a nuestro Edward... A saber si no habría seguido su camino tan campante, el tío.

Si me lo permites, en este punto me gustaría dirigirme a Vivian:

Cariño, sé que llego veintinueve años tarde. Aún así, permíteme el atrevimiento de darte un consejo.
No te dejes enternecer por la puesta en escena y sigue tu plan inicial. Ve a estudiar, lábrate un futuro y ya luego, si eso, quizás conozcas a un buen hombre que de verdad sepa amarte. Tengo la impresión de que Edward suspenderá esa materia una y otra vez. Para él nunca dejarás de ser la chica que encontró en la calle. Preciosa y divertida, sí; pero condicionada por tu pasado. 

Pues ya está, ya me quedé a gusto. Ahora, regreso contigo, mi querido/a lector/a.
Esto es lo que sentí cuando, esa noche de soledad, los créditos llenaron la pantalla de mi televisión y no me quedó más remedio que irme a dormir, iniciando la tortuosa tarea de apagar luces y refugiarme en mi cama antes de que un espectro me alcanzara. Si tú eres un/a enamorado/a de esta película, y no te importaría fugarte con Edward en su Lottus, te pido perdón. Mi intención no ha sido destrozar tu fantasía, nada de eso. Siempre he defendido que a estas hay que alimentarlas y cuidarlas con mimo, para algo nos hacen la vida más llevadera. Tan solo quería compartir mi punto de vista.
Aún así, si quieres ponerme verde, los comentarios están a tu disposición😉.
Para concluir, quiero decir que, pese a que el galán de la historia se quedó muy lejos de robarme el corazón, disfruté la película. Me gustó, me ilusionó y la viví. Tres cosas que considero fundamentales en la ficción. De manera que, al final, me quedo en el bando de los defensores de Pretty Woman. 

miércoles, 9 de octubre de 2019

¿Por qué leo y escribo Novela Romántica?

Para mí, esta es una pregunta clásica, de las de toda la vida. Ya de jovencita mis maestros, los padres de mis amigxs, y cualquier adulto razonable que me rondase y estuviera al tanto de mis gustos, no se cortaba en pedirme explicaciones sobre ellos. 
¿Novelas románticas? ¡Uy! Con la de cosas interesantes que hay para leer, chiquilla me decían.  
Cuando crucé al otro lado de la página para ser, además de lectora, escritora de romántica, el juicio se recrudeció. 
Si te gusta escribir, ¿por qué no lo intentas con la literatura seria? volvía a cuestionarme el universo. 
Tengo que admitir que el adjetivo "serio" nunca me ha gustado mucho, la verdad. Sobre todo, si se aplica a la literatura y sirve para marcar el clasista baremo que separa a la buena de la mala. Cuando este es el caso, la palabra me huele a rancio, me suena a gris, me empuja a visualizar a señores con levita y monóculo tomando el té en algún club del Londres decimonónico, mientras hablan del tiempo porque, en realidad, no tienen nada más que decirse queriendo sentar cátedra.
No soy seria, no me considero como tal. No del aburrido modo en que la gente concibe el significado de este vocablo. A mí, me fascinan los amores apasionados, las aventuras al límite, los villanos perversos y los héroes y heroínas dispuestos a darlo todo en la defensa de sus ideales. Me enamoran los libros que me hacen sentir y soñar, y es por esto que me rindo a la literatura romántica.
Pero si con esta razón aún no basta, y debo argumentar mis motivos, aquí van tres que considero de peso.


Leo y escribo Novela Romántica porque...

1. Hablan de sentimientos: de amor, sí; pero no solo del amor romántico. Pensar eso es quedarse en la superficie. Las páginas de la Novela Romántica están llenas de amor en la familia, entre amigos... ¡En la vida, en general! ¿Quién no ha sufrido con esa heroína dispuesta a sacrificarse a sí misma por el bien de su hermano/a? ¿Y qué hay del amigo/a leal que se mantiene del lado de nuestro héroe sin importar las consecuencias? ¡Pues eso! Que en un mundo donde los periódicos y la prensa no se cansan de servirnos en bandeja el lado más vil y cruel del ser humano, menos mal que tenemos estos libros para contrarrestar el amargo sabor de boca que puede dejar la realidad. Tanto, que, ahora que lo pienso, creo que los psicólogos deberían recetarlos. Su efecto en el cerebro es igual al de muchos medicamentos contra la depresión, con la ventaja de que resultan mucho más inocuos al organismo.

2. Gracias a ellas, puedo vivir todos los grandes amores que me de la gana: y tranquilamente,  oye; desde el sofá de mi casa. Sin pasar ni frío ni calor. Sin sufrir ni la presión de los corsés que marcaban tendencia en la moda de los siglos pasados ni correr el riesgo de llevarme un balazo en una persecución por las calles del moderno San Francisco. Y, hablando de San Francisco, ¿acaso conoces un modo más económico de viajar? A Estados Unidos, Inglaterra... ¡La India! E, incluso, al pasado o el futuro. Además de en las farmacias, ¡que vendan Novelas Románticas en las agencias de viajes!

3. Por más grande que sea el problema, el Happy Ending nunca nos falla: y déjame decirte que, para tragedias, ya está la realidad. ¿A quién no le gustaría regresar atrás el tiempo para reescribir el final de alguna historia vivida y cambiarlo a otro más dulce? Con la Novela Romántica sabes que no habrá necesidad de cambiar las últimas páginas, porque siempre terminarán como deben hacerlo. Por grande que sea el impedimento que se alza entre nuestros protagonistas, el amor triunfará, los buenos obtendrán su justa recompensa y los villanos serán castigados. ¡Cómo debe ser! ¿Exagero si extiendo la distribución de este género literario a las clases de ética?

Podría seguir, redactar una lista muuuuucho más larga que esta. Pero sería hacerme pesada y, al final, la verdad es que todos mis motivos se pueden resumir en uno: leo y escribo Novela Romántica porque la considero un género digno, plagado de grandes historias, de novelas escritas con mimo y entrega y autoras/res que no desmerecen a los que trabajan cualquier otro género.

¡Hala! Ya está. A quedado claro, ¿no? Pues verás como aún voy a tener que seguir escuchando y respondiendo la dichosa preguntita. 😅

Y a ti, ¿qué te enamora de la Novela Romántica?