viernes, 17 de julio de 2020

El monstruo del amor romántico 🧟‍♂️

Esta es una entrada que llevo mucho tiempo queriendo escribir. ¿Porque no lo he hecho hasta ahora? Pues... por miedo. 😝 No, es broma; no ha sido por eso. Yo soy una valentona. Solo me asusta  los zombis, los fantasmas, las sirenas... Poquita cosa,  ya ves. Razones que una mente madura comprenderá, seguro. 
En realidad, si me he demorado en redactar este post es porque considero que lo que voy a tratar aquí es material sensible. Para mí, por lo menos, lo es. Y es que, pese a ser una defensora convencida (y activa) de los derechos de la mujer y la tan necesaria (y aún no alcanzada) igualdad de sexos, también soy una romántica empedernida. 
¿Esto es posible, o es otra prueba del desequilibrio emocional que padezco desde niña y que la edad no ha hecho sino acentuar? 
Pues... No lo sé. No estoy capacitada para hacerme un análisis clínico a mí misma. No creo que podamos ser lo bastante imparciales cuando el objeto de estudio somos nosotros. Al juzgarnos, inevitablemente caemos del lado de lo bueno o de lo malo, nos falta equilibrio para permanecer en el centro. De lo que sí puedo dar fé es de que el tema me ha generado más de una crisis de identidad. Porque, a ver, ¿me puedo considerar feminista, con las cosas que escribo? Porque todas mis novelas van encaminadas a engordar (a base de azúcar en cantidades suficientes pa' destrozar la dentadura de un tiburón) a ese que las mayores representantes de esta ideología a la que creo pertenecer llaman el monstruo del amor romántico

Pues yo, aunque soy miedosa, al mostruo ese
lo imagino tal que así; peludito,
suavecito y muy cute.

Menudo dilema, ¿no? 🤔
A ver, yo creo que aquí hay un error de base en cuanto a la concepción del mentado amor romántico. Porque, mientras la corriente feminista lo describe como una relación de pareja tóxica, heterosexual y de clara dominación (incluso subordinación) de la figura femenina respecto de la masculina, para mí es un concepto mucho más edulcorado pero también más libre y benigno que lo anterior. 
Una definición estupenda de cómo considero yo que debe ser el amor de pareja (o el amor en general) está en unos versículos de la Biblia, los cuales aprendí en la peli Un paseo para recordar. 😅 ¿Qué pasa? En mi insti, en clase de religión veíamos El amante y hablábamos de drogadicción y métodos anticonceptivos. Entre eso, y que nunca he sentido una espiritualidad muy profunda en lo tocante a temas religiosos, este texto, aunque me encanta, solo podía llegarme por fuentes indirectas. El cine culturiza mucho, ya ves.
En fin, reproduzco textualmente:

El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso, ni jactancioso, ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 
Corintios 13: 4-7

Remarco con subrallador las frases que considero más importantes, aunque todo el contenido me parece fundamental. 
Esta parrafada, traducida al castellano moderno, viene a decir que quien ama a otra persona no la humilla, violenta ni golpea. NUNCA. JAMÁS. Aquí me pongo completamente seria. No permitas que nadie te trate así, porque si lo hace está demostrando lo poco que le importas. La ecuación es tan simple como sumar dos más dos, no te engañes queriendo disfrazar un resultado al que es bien sencillo llegar.
Los celos no son adorables, ni una muestra de amor. Nadie tiene derecho a controlar con quien andas o cómo te vistes. Por supuesto, sobra decir que el contenido de tu móvil es cosa tuya y de nadie más. Estar en una relación de pareja es una elección que debe hacerse libremente, y libre sigues siendo todo el tiempo que esta dure. Cualquier cosa que caiga en un comportamiento tan nocivo como lo es pretender controlar a tu pareja NO ES AMOR. Ni romántico, ni de ningún tipo. 
Ahora bien, admito que dentro del romance, como género, y particularmente en la literatura, hay obras (muchas, muchísimas obras) que enmascaran acciones abominables bajo la etiqueta de "historia de amor". Estoy hablando de secuestros, e incluso violaciones, que sufren las protagonistas a manos del mal llamado héroe de la novela. Por no mencionar otros comportamientos más inocuos, pero que también relegan a la mujer a un papel débil y dependiente del hombre. 
Sin embargo, todas estas son historias, en su mayoría, son muy antiguas. Se remontan a los años setenta-ochenta, cuando surgió la literatura romántica actual. El concepto de romance, como las relaciones de pareja y la sociedad en general, ha evolucionado con el paso del tiempo. La Novela Romántica, como fiel reflejo que es de esto, también lo ha hecho. Poco tienen que ver la mayoría de los títulos actuales con los de antaño. 
Es por todo esto que crear un mosntro a partir de un concepto tan bonito como lo es el amor romántico no solo no me gusta, sino que no lo puedo compartirlo. De hecho, creo que potenciarlo ayudaría a lograr relaciones de pareja más sanas e igualitarias, basadas en el respeto, la admiración y la protección mutua. Sí, la protección también; que querer a una persona implica preocuparse por él/ella e intentar ayudarlo/la siempre que esté en nuestra mano hacerlo. Lo otro es justificar el individualismo más egoísta pretendiendo ir de modernos.
Vamos, que más romance y menos reggaetón. ¡¡¡Coñi!!! 😁
Es broma. Bueno... no del todo. 😒
Aquí acabo esta entrada a la que he dado tantísimas vueltas. Espero que se me haya entendido. Y, si no ha sido así... ¡Pues qué le vamos a hacer! Al final, ser tan liberales que acabamos convertidos en dictadores, para no tolerar las opiniones de quienes no piensan como nosotros, es uno de los rasgos que definen a esta sociedad. La que buscando eliminar estereotipos no deja de inventar etiquetas para colgar de las orejas del prójimo, y separarnos más los unos de los otros. 

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