El domingo pasado iba yo caminando con mis auriculares a toda mecha. A este ritmo, me acabaré quedando sorda, porque para que la música se sobreponga al sonido de la ciudad hay que elevarla a unos niveles... En fin, que esa tarde me había dado por rememorar viejas canciones de igualmente viejas pelis románticas. Y así, desgranando las melodías de Notting Hill, entre When You say Nothing At All y She me saltó un anuncio. Nada especial cuando oyes música en youtube, salvo por el carácter del mismo. Eso... digamos que la esencia del spot sí que fue bastante particular.
La voz de una chica hablando en inglés se coló, tal y como he relatado, entre la de Ronan Keating y Elvis Costelo para hablarme de su primer amor con un tono bien intenso. Cuando me di cuenta de que la muchacha estaba dispuesta a desgranar su historial amoroso me aparté a un lado de la calle y comencé a mirar la pantalla. Reconozco que se ganó mi atención y ya no me bastaba con oír, también quería poner imagen a la mini comedia romántica que la inglesa me estaba soltando de improviso. No es un secreto que siento debilidad por el género. Y juro que, más que un anuncio, aquello tenía pinta de cortometraje.
Tras dos o tres relaciones, resulta que la que había venido a interrumpir mi tarde de música y paseo para contarme su vida en verso se compromete. Y se va de viaje a China; pero sola como la una, no te creas que se lleva al novio. Por lo visto, la chavala dominaba un poquito el mandarín (ahí, como la que dice que chapurrea el francés). Creo recordar que de niña pasó una temporada allí, por el trabajo de sus padres. Pero eso tampoco importa mucho. Lo que cuenta es que, en un café, ve a un anciano observando fijamente a una joven y dibujando en un papel.

Un retratista, dirás tú; como dije yo. Pues no, porque el caballero estaba pintando el rostro de un hombre, no el de la joven a la que no quitaba ojo. Raro, ¿no? Pues lo mismo pensó la inglesa y, para regocijo de tú curiosidad de la mía, resultó que no era una chavala tímida y no sentía pudor por abordar a un absoluto desconocido. Sin dudarlo, se acercó al anciano chino y le preguntó que estaba haciendo. A lo que él respondió (insertar música telenovelera aquí, please) que estaba pintando al futuro marido de la muchacha a la que estaba mirando.
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¡Toma! Ahí es nada. ¿Cómo te has quedado?
Pues nuestra amiga inglesa lo asimiló con bastante naturalidad, la verdad. Tanto, que hasta le pidió al caballero que le hiciera un retrato de su futuro santo. Claro, la oportunidad la pintan calva; yo habría hecho lo mismo. La mala suerte es que la cara que el dibujante plasmó en el papel... pues no fue la del prometido al que ella no se había llevado de viaje.
¿Ves? Por eso, teniendo en cuenta que ya andaba camino del altar, como quien dice, pues igual habría sido mejor no tentar a la suerte. ¿No?
Total, la tía va y deja al novio (hay que ser un poquito... Un poquito... ¡mala persona!). Y lo mejor es que le sale bien la locura de depositar una fe ciega en un anciano al que acaba de conocer y le ha soltado una chapa difícil de tragar, porque a los meses conoce al hombre que el chino le dibujó.
Y todo esto es, como ya he dicho, un anuncio de cuatro minutazos. ¿Qué anuncia? Pues Mister Wu. ¿Y qué o quién es Mister Wu? El anciano dibujante, que se ve que se ha modernizado y ha abierto site online para dibujar maridos futuribles a mujeres del mundo entero. Con esto de Internet, el que se cierra puertas es porque quiere. Eso sí, si deseas solicitar sus servicios date prisa, porque el buen hombre tiene su edad y le queda poco tiempo de poder andar con el lápiz en la mano. Además, creo recordar que no puede hacer más de cinco retratos al día. Cosas de las magias ancestrales, que también se agotan como la batería del móvil.
Me pareció surrealista, de verdad. Todavía lo estoy intentando digerir, de hecho. Encuentro increíble que a alguien se le haya ocurrido un negocio así y, más aún, que haya gente dispuesta a gastar dinero en un servicio semejante. Luego está el tema del spot, que ya digo que era en plan peli y tuvo que costar lo suyo.
He buscado información sobre Mister Wu pero no he hallado nada. Tampoco he vuelto a ver el anuncio. Lo único que he encontrado, para corroborar que todo esto que he contado no es fruto de un sueño, es
esta página, donde varias personas hablan del anuncio (y no dan crédito, claro). Y, la verdad, la romántica que habita en mí (y que es muy grande para este cuerpo tan pequeño que tengo, metro ochenta debe medir como poco) se ha quedado con las ganas de echarle un ojo al site. Porque aunque sabe que esto es, además de un negocio muy absurdo, un tongo... ¡sería taaaaan bonito que fuera real! 🥰
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Simplemente es una idea del tipo de marido que quiero, un simple esbozo. Mister Wu, ya sabe usted; tome nota 😛. |
Yo, aunque no llegara nunca a encontrar a mi amor destinado, guardaría su retrato y, con saber cómo es su cara, ya me daría por satisfecha. Sería como conocerlo un poco, aunque no lo conociera de nada.
¡Ay! ¡Qué asco vivir en el mundo real! Con lo bien que se tiene que estar dentro de una comedia romántica.