Desde el día en que comencé a escribir en este blog jamás me he tomado unas vacaciones de él. He estado por aquí en verano, Navidad y hasta mi cumpleaños; siempre intentando darle contenido y mantenerlo activo. No he sentido la necesidad de aparcarlo porque me encanta escribir. Así que, aún cuando me he sentido saturada de la novela que en ese momento tuviese entre manos, y necesitara desesperadamente aparcarla, el blog quedaba a parte de ese respiro porque sentarme aquí, a hablar contigo, me ayuda a desconectar y a cambiar de aires literarios.
Sin embargo, este mes de agosto me voy a ausentar, por primera vez, de la que es mi casa en Internet. Pero tranqui, que no me siento mal ni ando enredada en uno de esos melodramas que tanto me gusta montarme. De hecho, estoy bastante bien a nivel anímico. Es solo que tengo una sobredosis de trabajo; ando preparando la novela de Lana y Darío, que me gustaría tener lista para el último trimestre de este año, y he aceptado el reto que me ha propuesto una amiga para terminar otra novela antes de septiembre (¿por qué no sabré reconocer cuándo es mejor retirarse que empeñarse en una cabezonería?🤦♀️). Quiero pasar los próximos treinta días centrada en estos proyectos y, por lo mismo, he decidido aparcar el blog, ya que no voy a poder dedicarme a él como me gusta hacerlo.
Así que echo el cierre. Pero el 1 de septiembre, sin falta, prometo estar de vuelta por este riconcito de Internet que tan mío siento y en el que estoy tan a gusto.
¿Qué dices? ¿Me esperas hasta entonces? 😉
