Ayer tuvo lugar la última sesión del Taller de escritura de Novela Romántica que, desde comienzos de febrero, he estado dirigiendo en la Biblioteca Provincial de Huelva. Una experiencia que solo puedo resumir como maravillosa y tremendamente enriquecedora para mí. Aunque también debo confesar que tuve mis dudas al principio. "En qué berengenal te estás metiendo, Adriana", me decía el Pepito Grillo que habita en mi cabeza. Y con más razón que un santo, por muy bichejo que sea ―mira que había animales, ¿por qué tenía que ser un grillo?😵― no puedo quitársela.
Siempre he sido la tímida que se sentaba al final de la clase y rezaba en voz baja para que al maestro no le diese por preguntarle. También la que ve una cámara y huye en dirección contraria. Es por eso que estar frente a un auditorio me queda un poco fuera de habitad. Me he dedicado a la docencia durante varios años, pero esta ha sido mi primera vez frente a adultos... y no me he podido sentir más a gusto.
Muchísimas gracias, grupo. Por aguantarme durante estas últimas ocho semanas, por vuestra disposición y vuestras ganas y, sobre todo, por haberme permitido disfrutar de vuestro talento.
Ánimo, y a seguir escribiendo 👍

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