Esta pregunta me la formuló mi hermana el pasado domingo. Andábamos las dos en modo confidencias y mí me tocó abrir mi alma para revelar si no me quedaba nada por dentro después de haber rechazado todas las propuestas editoriales que me han llegado hasta el momento. Porque sí, así de diva he pasado el mes de julio: permitiéndome el lujo de responder con un "no" a quienes han mostrado interés en la historia de Jero y Abril.
¡Por que yo lo valgo! 😛
¡Por que yo lo valgo! 😛
En la última entrada ―que será penúltima en el momento en que publique esta― que escribí en el blog te conté que había recibido cinco ofertas para sacar el libro al mercado. En esa ocasión me centré en tres de ellas, las que consistían en una autoedición. Pero, ¿y las otras dos?
Pues esas eran publicaciones como Dios manda. Aunque, si te soy sincera, solamente una de ellas me interesó. Más que eso, al imaginar que podía llegar a publicar con esta editorial me sentí volar por el cielo subida en una nube blanca, como Goku. Se trata de un sello que conozco, he leído libros suyos, me encanta el trabajo que hacen y tienen cierto nombre dentro del sector.
También tengo que decir que sufrí más que un poco durante el proceso de selección. En cierto sentido, fue como si estuviese concursando de Operación Triunfo 😅. Lo digo porque tuve que pasar varios "castings". ¡Menudos nervios!
Como es habitual en estos casos, el primer paso lo di yo al enviar el manuscrito. Me respondieron ―creo que fue al día siguiente― para hacerme saber que lo habían recibido e intentarían ponerse en contacto conmigo a la menor brevedad. Una promesa que cumplieron, de verdad que sí. Dos semanas después volvía a tener un e-mail en mi buzón de correo remitido por uno de los responsables de la editorial. ¡Había pasado la primera fase del proceso de selección! ―primer casting😜― El cual consistía en la lectura de la novela. El manuscrito les había gustado, pero querían saber si la historia era parte de una saga o un libro único, ver mis redes sociales... Y, aquí, es donde dio inicio el segundo casting. Que, para mi sorpresa, también superé satisfactoriamente. Si es que estaba en racha. No sé por qué no se me ocurrió comprar un cupón.
Si te soy sincera, no me esperaba una valoración favorable esta vez. Lo de echar un vistazo a mis redes sociales me descorazonó porque no soy ninguna influencer. Imaginé que el interés en ver cómo me movía por Internet se debía a que querían comprobar con qué público contaban de antemano, antes de decidir sí acogían el proyecto o no.
¡Mal pensada, Adriana! ¿Qué te pasa? Ya no eres la cándida que solías ser. Estoy decepcionada de mí misma.
Si te soy sincera, no me esperaba una valoración favorable esta vez. Lo de echar un vistazo a mis redes sociales me descorazonó porque no soy ninguna influencer. Imaginé que el interés en ver cómo me movía por Internet se debía a que querían comprobar con qué público contaban de antemano, antes de decidir sí acogían el proyecto o no.
¡Mal pensada, Adriana! ¿Qué te pasa? Ya no eres la cándida que solías ser. Estoy decepcionada de mí misma.
Quedaron en enviarme el contrato para que lo leyese y viera cuáles serían sus condiciones. Aquí fue donde comenzó la auténtica agonía, los nervios del casting se quedaron en nada comparados con la incertidumbre que sufrí a partir de aquí. Porque, para que ellos pudieran redactar el borrado, yo debía facilitar antes mis datos personales y la información que este recoge por ley. Algo más que lógico, así que me falto tiempo para hacerles llegar todo lo que me pidieron. Por desgracia, este tirano, el mentado tiempo, no quiso jugar a mi favor.
Pasaron tres semanas, me fui a La Rábida a hacer un curso de escritura, volví a mi casa, y... ¡Nada!, del contrato ni rastro. Sé que las cosas de palacio van despacio, que yo no sería la única con la que estaban en negociaciones, que la paciencia además de ser la madre de la ciencia también lo es del escritor. Pero, mira, al final, la impaciencia me pudo y me anime a escribir de nuevo solo para preguntar si les había llegado mi último mail, porque no había tenido acuse de recibo y estaba preocupada. Me contestaron, una vez más, muy amablemente y rápido. Resultó que el mensaje con mis datos personales había ido a parar a Spam. Así que me alegré de quedar de pesada ya que sirvió para solucionar el problema.
En medio te todo esto, a demás de irme a vivir la vida bohemia jugando a ser escritora, recibí la propuesta de otra editorial ―la quinta de las que me han llegado, la segunda de las que consideré―. Hice malabares intentando ganar tiempo a ver si me llegaba el tan esperado contrato, para comparar ambas, y, al final, entendiendo que tenía que dar una respuesta o dejar que el tiempo ―¡maldito tiempo!― engullese la negociación reduciéndola al olvido, rechacé; priorizando la opción que me hacía tanta ilusión sobre esta última.
Pasaron tres semanas, me fui a La Rábida a hacer un curso de escritura, volví a mi casa, y... ¡Nada!, del contrato ni rastro. Sé que las cosas de palacio van despacio, que yo no sería la única con la que estaban en negociaciones, que la paciencia además de ser la madre de la ciencia también lo es del escritor. Pero, mira, al final, la impaciencia me pudo y me anime a escribir de nuevo solo para preguntar si les había llegado mi último mail, porque no había tenido acuse de recibo y estaba preocupada. Me contestaron, una vez más, muy amablemente y rápido. Resultó que el mensaje con mis datos personales había ido a parar a Spam. Así que me alegré de quedar de pesada ya que sirvió para solucionar el problema.
En medio te todo esto, a demás de irme a vivir la vida bohemia jugando a ser escritora, recibí la propuesta de otra editorial ―la quinta de las que me han llegado, la segunda de las que consideré―. Hice malabares intentando ganar tiempo a ver si me llegaba el tan esperado contrato, para comparar ambas, y, al final, entendiendo que tenía que dar una respuesta o dejar que el tiempo ―¡maldito tiempo!― engullese la negociación reduciéndola al olvido, rechacé; priorizando la opción que me hacía tanta ilusión sobre esta última.
En fin, son cosas pasan; parte del juego.
Vale, y, a ver, si tantas ganas tenía de publicar con ellos, ¿cómo es que al final rehusé trabajar con esta editorial?
Pues porque me he dado cuenta de que, si quiero publicar un libro en papel, es mejor ir por cuenta propia.
Me explico. Los acuerdos que las editoriales plantean a los escritores suelen ser poco favorables a estos últimos. Eso no es nuevo para mí, lo sabía antes de empezar a tocar puertas. El caso es que siempre pensé que se debía a la desigualdad en cuanto al reparto de las ganancias. Pero, después de la experiencia que estoy adquiriendo, y de haber leído ya un buen puñado de contratos redactados por diferentes sellos, entiendo que el dinero no es la única brecha de desigualdad y que la distribución del trabajo entre las partes también es bastante injusta.
Desde mis inicios como autora he buscado el amparo de una editorial. A pesar de conocer a gente que se ha lanzado a Amazon para comercializar su obra, y que ha obtenido resultados estupendos, siempre he preferido el tutelaje de los especialistas en el tema. ¿Por qué? Pues por una sencilla razón: me veo muy capaz de hacer todo el trabajo de creación de un libro. Además sé que lo disfrutaría. Por no hablar de que existen maravillosos profesionales, desde correctores a portadistas, que trabajan de modo autónomo y cuyos servicios puede contratar cualquier escritor. Mi problema es que no me siento ni medianamente capaz de hacer labor publicitaria. Hablando en plata, si publicase usando Amazon, o cualquier otra plataforma similar... Creo que solo vendería un ejemplar, el que comprase yo.
No sé qué hacer para llegar a la gente. Para dar mi trabajo a conocer al mayor número de personas posible.
Por eso prefiero trabajar con editorial. Tenía la idea de que estas, como empresas dedicadas al sector que son, contarían con un departamento publicitario para ocuparse de lo que yo no tengo ni idea de cómo hacer. Sí me dices que tendré que moverme sola y que, además, el editor puede cancelar el contrato si considera que no me implico lo suficiente, no tan bien como debería hacerlo e incluso que los beneficios no son satisfactorios... Pues, entonces, llego a la conclusión de que es mejor trabajar por mí misma. Así, al menos, no tengo que preocuparme de responder ante otra persona en un campo en el que me siento insegura.
Y no creas que me estoy quejando, ¿eh? Nada de eso. Entiendo que hacer un libro en papel es un riesgo para toda editorial. Nunca sabes cómo funcionará y corres el riesgo de acabar comiéndote con patatas la tirada completita, salvando solo los ejemplares que compren los familiares y amigos del escritor. Pero, mirando mi interés, lo que yo quiero, lo que necesito es trabajar con alguien que no se limite a imprimirme el libro para luego dejarme a la buena de Dios, so pena de anular el contrato a la más mínima.
Este es el motivo por que, al final, la ilusión y las ganas de publicar con este sello se doblegaron ante el "no" con el que respondí a su amable ofrecimiento.
Su oferta no era mala, iba en la línea habitual del mercado editorial. Tampoco creo que vaya a conseguir una propuesta mejor. Simplemente, no me siento con capacidad, ni con ganas, de adquirir , ni con ellos ni con nadie, el compromiso que me proponen. Es algo que solo puedo hacer conmigo misma.
Es por esto que, respondiendo a la pregunta que planteé en el título: no, no me arrepiento. Para empezar, no lo hago porque creo que no vale de nada llorar sobre la leche derramada. Una vez tomas un camino ya no hay más opción que seguir adelante por él. Pero, sobre todo, no me atormenta ningún arrepentimiento porque he optado por lo que creo que es lo mejor para ambas partes.
Así que en esta situación estamos, aún no puedo darte fecha para presentarte a Jero y Abril ―ni siquiera sé qué voy a hacer con ellos 😖― . Sé que es duro, que no puedes aguantarte las ganas de conocerlos, que descubrir su historia de amor es hoy por hoy tu única razón de vivir. Ya, es un clamor popular, la humanidad está esperando por nosotros. Me doy cuenta. 😁
Aguanta un poco más, querid@ amig@. Recuerda que lo bueno siempre se hace esperar.
Pues porque me he dado cuenta de que, si quiero publicar un libro en papel, es mejor ir por cuenta propia.
Me explico. Los acuerdos que las editoriales plantean a los escritores suelen ser poco favorables a estos últimos. Eso no es nuevo para mí, lo sabía antes de empezar a tocar puertas. El caso es que siempre pensé que se debía a la desigualdad en cuanto al reparto de las ganancias. Pero, después de la experiencia que estoy adquiriendo, y de haber leído ya un buen puñado de contratos redactados por diferentes sellos, entiendo que el dinero no es la única brecha de desigualdad y que la distribución del trabajo entre las partes también es bastante injusta.
Desde mis inicios como autora he buscado el amparo de una editorial. A pesar de conocer a gente que se ha lanzado a Amazon para comercializar su obra, y que ha obtenido resultados estupendos, siempre he preferido el tutelaje de los especialistas en el tema. ¿Por qué? Pues por una sencilla razón: me veo muy capaz de hacer todo el trabajo de creación de un libro. Además sé que lo disfrutaría. Por no hablar de que existen maravillosos profesionales, desde correctores a portadistas, que trabajan de modo autónomo y cuyos servicios puede contratar cualquier escritor. Mi problema es que no me siento ni medianamente capaz de hacer labor publicitaria. Hablando en plata, si publicase usando Amazon, o cualquier otra plataforma similar... Creo que solo vendería un ejemplar, el que comprase yo.
No sé qué hacer para llegar a la gente. Para dar mi trabajo a conocer al mayor número de personas posible.
Por eso prefiero trabajar con editorial. Tenía la idea de que estas, como empresas dedicadas al sector que son, contarían con un departamento publicitario para ocuparse de lo que yo no tengo ni idea de cómo hacer. Sí me dices que tendré que moverme sola y que, además, el editor puede cancelar el contrato si considera que no me implico lo suficiente, no tan bien como debería hacerlo e incluso que los beneficios no son satisfactorios... Pues, entonces, llego a la conclusión de que es mejor trabajar por mí misma. Así, al menos, no tengo que preocuparme de responder ante otra persona en un campo en el que me siento insegura.
Y no creas que me estoy quejando, ¿eh? Nada de eso. Entiendo que hacer un libro en papel es un riesgo para toda editorial. Nunca sabes cómo funcionará y corres el riesgo de acabar comiéndote con patatas la tirada completita, salvando solo los ejemplares que compren los familiares y amigos del escritor. Pero, mirando mi interés, lo que yo quiero, lo que necesito es trabajar con alguien que no se limite a imprimirme el libro para luego dejarme a la buena de Dios, so pena de anular el contrato a la más mínima.
Este es el motivo por que, al final, la ilusión y las ganas de publicar con este sello se doblegaron ante el "no" con el que respondí a su amable ofrecimiento.
Su oferta no era mala, iba en la línea habitual del mercado editorial. Tampoco creo que vaya a conseguir una propuesta mejor. Simplemente, no me siento con capacidad, ni con ganas, de adquirir , ni con ellos ni con nadie, el compromiso que me proponen. Es algo que solo puedo hacer conmigo misma.
Es por esto que, respondiendo a la pregunta que planteé en el título: no, no me arrepiento. Para empezar, no lo hago porque creo que no vale de nada llorar sobre la leche derramada. Una vez tomas un camino ya no hay más opción que seguir adelante por él. Pero, sobre todo, no me atormenta ningún arrepentimiento porque he optado por lo que creo que es lo mejor para ambas partes.
Así que en esta situación estamos, aún no puedo darte fecha para presentarte a Jero y Abril ―ni siquiera sé qué voy a hacer con ellos 😖― . Sé que es duro, que no puedes aguantarte las ganas de conocerlos, que descubrir su historia de amor es hoy por hoy tu única razón de vivir. Ya, es un clamor popular, la humanidad está esperando por nosotros. Me doy cuenta. 😁
Aguanta un poco más, querid@ amig@. Recuerda que lo bueno siempre se hace esperar.

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