Mi querida Berta se la pasa hablando de películas viejas y romanticonas, como ya sabréis los que halláis leído Es medianoche, Cenicienta. Así es ella, y me encanta. Disfruté muchísimo con esta faceta suya porque yo también soy una aficionada a este tipo de cine. De verdad que me encantan esas historias y echo mucho de menos la atmósfera dulce, un poco inocentona pero con bastante encanto, que no encuentro en el Hollywood del siglo XXI. Fue un gusto darle libertad a mi protagonista para expresar este rasgo de su carácter y, en particular, me encantó redactar esta parte.
Siempre quise tener una gabardina. Desde que, a los trece años, vi a la bella Natalie Wood vistiéndola en una de las viejas películas que me ponía mi abuela, la gabardina se convirtió en mi prenda fetiche. En la cinta, Natalie abandona su pueblo natal, y a un esposo con la cara de Charles Bronson, para ir en busca de Robert Redford. Un abandono perfectamente comprensible. Seamos honestos a pesar de la crueldad del acto. Cuando, casi al final de la película, los enamorados se reencuentran en un parque de Nueva Orleans, Robert rodea la fuente que los separa para decirle:
―Te he echado de menos.
―¿De verdad? ―preguntaba Natalie, pudorosa, como buena heroína de historia romántica.
Entonces, con esa afectación que tienen los galanes del cine, y cuya intensidad es directamente proporcional a la antigüedad de la película, él afirmaba:
―Tu ausencia se nota y se siente.
Si dejamos de lado la obsesión que tiene Berta con las gabardinas, una prenda que a mí en particular nunca me ha gustado, me cuesta diferenciar dónde terminan las palabras de esta Cenicienta y empiezan las mías. O viceversa.
La película de la que hablamos (las dos😜) y a la cual pertenece ese diálogo, es This Property Is Condemned (Propiedad condenada, en español). Una cinta de Sydney Pollack con guión de Francis Ford Coppola, escrito a partir de una breve obra de teatro de Tennessee Williams, que contó con un reparto de lujo. A pesar de todos estos ingredientes de primerisima calidad el filme fue un fracaso de taquilla en su estreno, allá a finales de los sesenta. Pero a mí, y está claro que también a Berta, me encantó desde la primera vez que la vi. Me recuerdo de niña encerrada en el dormitorio de mis padres ―el único que tenía tele― en esas tardes invernales de domingo, cuando llovía demasiado para atreverse a salir de casa, viéndola. Lo hice tantas veces que me la sé de memoria.
Anda que no habré fantaseado con ser la soñadora Alva Starr (un papel en el que me veo perfectamente, por cierto), para que Owen me dijese esas cosas que le decía a ella y estuviese dispuesto a llevarme con él al fin del mundo.
Suspiros, suspiros y más suspiros 😍. Todavía hoy en día siento esta historia y a estos personajes de esa forma. Supongo que sigue siendo una de mis pelis favoritas.
Por eso he pensado que, ahora que ya es oficialmente otoño y que los días se acortan, que regresamos a la rutina del trabajo o los estudios y los domingos vuelven a ser ese remanso de paz antes de lanzarnos de cabeza a la rutina, estaría bien venir con esta recomendación cinematográfica. Estoy segura de que esta historia de amores y odios, tan intensos unos como los otros, te hará pasar una buena tarde. Eso sí, siempre que no tengas un corazón demasiado sensible al drama. Y, en todo caso, no te olvides de dejar cerca la caja de pañuelos desechables. Te va a hacer falta.
¡Buen finde!

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