Ahora sí, he acabado. El The End está puesto y bien puesto, es un hecho consolidado. ¡Y yo me siento felíz! No he recorrido un camino fácil para llegar a la meta.
La que acabo de concluir (ahora mismo, vengo aquí directa después de colocarle el punto final) es, sin ninguna duda, mi novela más tortuosa. Así la he vivido mientras la escribía, porque, aunque me lo he pasado muy bien haciéndolo (para mí es básico cuando me siento delante del papel, si no no tiene razón de ser) también he sufrido muuucho. He hecho frente a varios parones, abandonos y regresos y vueltas atrás para reescribir capítulos completos.
También he pasado miedo. Sí, que no te suene exagerado. Levantar el boli puede asustar mucho. Es aterrador cuando no te sientes segura de estar comunicando bien lo que quieres transmitir, y eso que quieres transmitir es importante para ti. En este sentido he tenido peleas monumentales con Abril, mi protagonista femenina. ¡Dios mío! Lo que nos hemos cabreado la una con la otra. O, bueno, la verdad, la única mosqueada era yo. Ahí estaba el problema, en la falta de carácter de esta chica. Pero, al final, y tras mucho trabajarlo, logramos llegar a un equilibrio entre su personalidad y la evolución que yo quería para su personaje. Ahora nos llevamos muy bien 😅.
En cuanto a él, a Jero,.... Tengo que confesarlo, me tiene enamoradita. Espero que Abril no me lo lleve a mal, ella sabe que para mí su amor es sagrado. Pero soy mujer y hay cosas que no puedo evitar. De todos mis héroes, Jero es mi favorito. Él ha sido un gran impulso para terminar este trabajo, se merecía el esfuerzo y mucho más.
Ojalá que pronto tenga la oportunidad de compartir a esta pareja, y su apasionada historia de amor, con los lectores. Ese es mi objetivo como escritora, devolver algunas fantasías por todas las que me han regalado a mí.

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