sábado, 27 de febrero de 2021

Ser romántico: ¿una enfermedad que se cura con el tiempo?

Dicen que así sucede con la juventud. Solo tienes que esperar unos añitos y, oye, se te pasa 😛. Pero el ser romántico,  idealista, contestatario... Son rasgos que se suelen asociar a esa etapa de la vida en que los años aún no se nos han acumulado lo bastante para comenzar a pesarnos. Así que, ¿debemos asumir que también se quedan en la adolescencia o nuestros primeros veinte?
Ufff... He comenzado el post en un plan melancólico-depre, ¿no? ¡Ay! Perdón,  es que hace nada he cumplido años 😅. Aunque lo que me ha llevado a formularme la pregunta que da título a esta entrada no ha sido la nueva castaña que me ha caído encima, sino la serie/telenovela que estoy viendo actualmente. 
Sí; he comenzado el año de enganchada a la ficción televisiva total. Así ando, que de escribir poco. Me la paso sentada frente a la pantalla, y no la del ordenador precisamente🤦‍♀️. Luego... ¡A ver si soy capaz de quejarme!
En fin, la serie que me tiene convertida en una desertora de la escritura (hoy por hoy) es esta: 



Love in Chains, o Encadenada, como la han traducido en España, es una teleserie ucraniana que despertó mi interés desde las primeras promos que se revelaron de ella en mi país. Eran bieeeeen intensitas y, claro, ya se sabe que a mí un amor sufridísimo... Pues eso, que me mola horrores. ¿Para qué vamos a reír cuando podemos llorar amargamente 😛?
Es para matarme, lo sé. Pero así soy yo.
Bien, pues en la primera semana me bebí los 24 capis de la primera temporada. De modo que sí: me estaba gustando mucho. En su comienzo me pareció una maravillosa producción, con una historia sólida que recuerda mucho a las novelas clásicas y contaba, además, con una ambientación que reproduce bastante bien la época en la que transcurre la acción. ¡Oh! ¡Qué gustazo ver una producción histórica bien contextualizada! La historiadora que vive en mi interior, aplastada por el desempleo,  dio palmas con las orejas de pura satisfacción.
¿Sobre el argumento? Pues durante la mayor parte de la primera temporada se nos presenta la historia de amor (¿imposible?) de Katerina, una sierva criada como una dama por su señora, y Aleksey, un joven de familia noble pero venida a menos.  Una relación marcada como prohibida desde sus cimientos que, por si fuera poco,  deberá sortear un plus de obstáculos cuando Grigori, hijo de la señora de Katerina, vuelva al hogar familiar y se prende de la muchacha. 
En el siglo XIX ya había especímenes a los que les costaba entender que cuando una mujer dice 《no》 lo que quiere decir es justamente eso: 《no》, y punto. 
Vale; pues todo muy bien, muy bonito y decimonónico. El tipo de serie que a mis 15 años habría disfrutado como una loca. Porque mira que me gustaba a mí un vestidazo de estos que llevan las mujeres de Encadena en mis años mozos. ¡Con el agobio que me generan ahora solo de imaginarme dentro de uno! Y mi opinión sobre corsés y demás parafernalia no es lo único que ha cambiado en estos años. Creo (y esto es algo de lo que me he dado cuenta viendo esta serie) que mi idea del amor romántico también lo ha hecho. A eso, precisamente, viene el que esté ahora escribiendo esta entrada. 


La verdad es que la parejita protagonista (o eso parecía que eran durante casi toda la primera temporada, repito) de este romance me puso un poquito de los nervios. Concretamente, era Aleksey quien me los alteraba. 
A Katerina la toleré más. Ella tiene solo 18 años (aunque, aquí entre nosotros y sin ánimo de ser criticona, la niña aparenta muchos más) y su edad, y la educación que tuvo como mujer en la época que le tocó vivir, justifican que a veces fuera un poco boba. Además, conforme avanza la trama descubre cosas que la hacen entender que ha vivido engañada. Su lucha no es solo por amor, sino por justicia hacia sí misma. No tiene por qué ser considerada hacia nadie más. Aleksey, en cambio...
Primero cabe destacar que el chico se enamora desesperadamente de Katerina en un primer encuentro pasado por agua (llovía a mares, ¡cómo mola! 🥰). Y vale, me parece bien; si yo ya he dicho que soy muy pro instalove. Me encantaría conocer a un señor y, en cinco minutos  o menos, tener la absoluta certeza de que ¡oh! ¡Es él! Lo veo improbable y poco sensato, pero la ficción es sueño. ¡Soñemos pues! Lo que ocurre es que este mozuelo ya estaba loca y ardientemente enamorado de otra mujer, una muchacha de nombre Natalia, antes de conocer a nuestra Katia. Llámame quisquillosa, pero el dato no dice mucho en favor del calado de los sentimientos del chaval. 
Por otro lado,  el jovenzuelos tiene la manía de acudir al casino para solucionar cualquier problema monetario que se le presente con una partida de cartas. ¡Gracias a Dios que tiene suerte! Con los naipes y en la vida, en general. Porque aún cuando pierde topa con buena gente que se resiste a dejarlo en la miseria. De lo contrario, este habría arruinado a su familia. De hecho, llegué a creer poderosamente que en algún momento de la novela terminaría haciéndolo🥴. Solo la benevolencia del equipo de guionistas podría evitar la ruina a los Kosak.
Aleksey es un enamorado capaz de todo por la mujer que ama. Un hombre de honor, además. Tiene los ingredientes para ser un personaje del que me habría enamorado hasta la médula en mi adolescencia. Y, sin embargo, la Adriana que soy ahora se la pasó reprendiéndolo cada vez que salía en pantalla, como si fuera uno de mis alumnos de primaria.
No puedo evitar pensar en lo egoísta que fue, en como arrastró a los suyos en su empeño de casarse con una sierva, condenadolos a ser parias sociales. Siempre defenderé el amor, pero el de este chico es uno que trae la tragedia a su casa, y él ni siquiera parecía mortificado por ello. 
Lo curioso de todo esto es que su perfil es muy parecido al de Romeo. Este también amaba a Rosalina y cambio su corazón nada más ver a Julieta. Y sobre lo de ir contra su familia... En realidad,  el tema familiar lo considero muy diferente al de Aleksey. Lo demás sí es parecido.
¿Por qué adoro a uno, en cambio, mientras que al otro lo censuro? ¿Será porque a Romeo lo conocí siendo adolescente? ¿Fue entonces cuando me formé la imagen de él, y por eso lo perdono? ¡¿Será que ahora soy mucho menos romántica de lo que lo fui en mis años mozos?! 
Si esta es la respuesta, me daría un poco de pena, la verdad.  Aunque crecer es algo inevitable, todos terminamos haciéndolo. Pero voy a luchar por conservar y cultivar lo que queda en mí de la muchacha que fui. Creo que lo peor que podemos hacer es perder nuestra esencia 😉.

MOMENTO SPOILER 
(Si sigues leyendo a partir de aquí, será bajo tú responsabilidad).

Habrás observado que, a lo largo de esta entrada, he aludido varias veces a que la opinión que expresó se refiere únicamente a la primera temporada de la serie. Esto se debe a que Aleksey, protagonista casi en exclusiva del post, muere al final del capítulo 19, de 24 que conforman esta primera entrega de Encadenada 🤷‍♀️.

martes, 16 de febrero de 2021

Nos ahogaremos juntos (poema)

 Y, si todo sale mal, más.
Si es en lo malo, con más motivo.
Si ves que las olas 
te arrastran al fondo
no sueltes mi mano,
recuerda que estoy dispuesta 
a hundirme contigo. 

Porque dejar de respirar
no me dará pena,
ni me inspiran temor 
los monstruos marinos. 
Nos ahogaremos, juntos,
y será nuestro hogar
cualquier barco hundido. 



sábado, 6 de febrero de 2021

Tour por las localizaciones de "El cielo de Bangkok"

El domingo pasado colgué en Instagram la captura de pantalla (vamos, un pantallazo) de una web que me envió una lectora. En ella, alguien había traducido al inglés un texto que escribí hace muchos años con motivo de la presentación de mi primera novela, El cielo de Bangkok. Se trataba de una especie de "guía turística" (así lo titulé)  que recogía los lugares a los que hacía mención en la novela y que se pueden visitar si vamos de viaje a la capital tailandesa (cosa harto improbable tal y como está el mundo, Facundo) ya que en realidad existen. 
Este es un material que he echado en falta muchas veces, pues el lugar en el originariamente fue publicado ya no existe y, desgraciadamente, no tengo copia de él, por lo que lo daba por perdido. Sin embargo, ahora que he podido acceder a esta versión del mismo que yo desconocía, he decido recuperarlo para el blog. Naturalmente, haciendo una traducción al español y reinterpretando las palabras que escribí a partir de esta copia que acabo de descubrir. 
¿Qué dices? ¿Te apuntas al viaje? Pues mete lo imprescindible en la maleta porque nos vamos ya.
Empiezo a ejercer de traductora 😉.

* * *

Lo prometido es deuda, así que aquí vengo con la primera entrega de la Guía de Viaje. Como es natural, comenzamos nuestro periplo en Bangkok, escenario principal de El cielo de Bangkok (no podía ser de otra manera). La ciudad que Ari y Margot ven como su prisión.  Sin embargo, para nosotros, que gracias a Dios no tenemos vidas tan complicadas como las de estos dos, es un lugar digno de ver y que te recomiendo mucho visitar si tienes un espíritu intrépido.
Bangkok es la capital de Tailandia, y su nombre significa "ciudad de las ciruelas salvajes". Aunque solamente los extranjeros la llamamos de este modo. Los tailandeses se refieren a la capital de su nación como Mahanakon Krung Thep (la ciudad de los ángeles).



Bien, y después de este momento Wikipedia, vamos al asunto. A continuación te presento algunos de los lugares que sirven de escenario a la novela. 


Sukhumvit

La zona en que se ubica el apartamento de Salvador Alker es una de las más cosmopolitas de la capital tailandesa. Un interminable desfile de elegantes bloques de pisos y apartamentos, tiendas, restaurantes, hoteles... Una visita obligada para los turista, pues aquí se mezclan lo mejor y lo peor de Bangkok.




ConceptCM2

Considerado uno de los mejores clubes nocturnos de la ciudad, este local ofrece una gran variedad de actividades. Desde disfrutar espectáculos en vivo hasta descansar tranquilamente en un reservado donde conversar tranquilamente o jugar en la piscina. 
Fue aquí donde Margot y Ari se conocieron ❤.




Lumpini Park

Mandado a construir por el rey Rama VI en 1920, como cualquier parque público es un espacio abierto repleto de árboles y áreas de juegos para los niños. Aunque ahora está ubicado en el corazón de la zona comercial de Bangkok, en su origen se construyó a las afueras de la capital.




El mercado flotante

Este es el lugar de Bangkok favorito de Ari, y también el mío. Un pintoresco entramado de canales en el que puedes encontrar desde comida hasta los souvenirs tan apreciados por los turistas. En realidad, la actividad aquí no es diferente a la de cualquier otro mercado, pero es una clara muestra de la cultura tailandesa que merece la pena ver.



Sirocco

Un elegante restaurante en el cual, además de la comida, se puede disfrutar de unas impresionantes vistas de la ciudad de Bangkok. Un excelente local que, desafortunadamente, queda fuera del alcance de los bolsillos de la mayoría de los mortales. 




* * *

Hasta aquí llega el viaje, espero que lo hayas disfrutado. Aunque haya sido más bien cortito. He descubierto lo escueta que era ofreciendo información en mis orígenes escritoriles. Hoy en día, esta guía de viaje habría estado precedida por una larga introducción en la que te contaría mi vida en verso, aderezada con refranes y expresiones populares y musicalizada con pedacitos de canciones tarareadas desde este lado de la pantalla 😋. 
Creo que soy más amena ahora (más resalada y encantadora 😜), aunque debería recuperar un poco de la capacidad para sintetizar que tenía antes. Todo tiene pros y contras, ya ves.
Originalmente escribí una segunda entrega de la Guía de viaje de El cielo de Bangkok. Por desgracia, esta no ha sido reproducida por la web ya que se centraba en el que es un escenario secundario de la novela: la isla de Koh Samui. Y, claro, se ve que a este portal solo le interesa la información referente a Bangkok. Ya dije al comienzo que perdí las copias de este material, así pues... ¡nos vamos a quedar con las ganas de recorrer la isla!
¡Ains! ¡Qué calamidad!🤦‍♀️

domingo, 31 de enero de 2021

De musas y musos

¡Oh, las musas! Esas diáfanas criaturas a las que el trabajo de los escritores, y de cualquiera que realice una actividad creativa, parece superditado. 
Si te digo la verdad, no soy muy devota de ellas. Me siento más afín al grupo de quienes las esperan pico y pala (o boli y libreta) en mano que del de quienes se sientan a adorarlas contemplativamente. Jamás se me ha dado bien lo de rendir pleitesía a nadie ni a nada. Pero, como esta es una entrada dedicada a ellas, vamos a reconocerles el tradicional lugar que se les otorga en la vida de todo "artista".
《¡Ay, mamá! ¡Quiero ser artista! 》🎵🎶 😜
Si tuviera que elegir alguna de las nueve, me quedo con Melpómene, la musa de la tragedia. Sí; sin duda, es la mía. Podría añadirla como coautora de mis novelas. Si me conoces un poquito ya sabrás que, a Dramaqueen... ¡no me gana nadie 😅! Me gustan las historias intensas y sufridas. Aunque alguna que otra comedia ligerita también hay en mi haber, que no todo va a ser disecar al personal a base de exprimirles lágrimas. 
Pero, más que de ellas, a lo que he venido ha sido a hablar de ellos. Sí, sí: de los musos, que también los hay aunque no se los mencione mucho. Hoy quiero contarte quienes han sido los señores que, desde mi más tierna infancian, han ido construyendo mi ideal de héroe romántico. El que inevitablemente plasmo en mis novelas. Al final, cuando una escribe, está hablando de sí misma 🤷‍♀️.
Me temo que esta entrada va a ser cortita. Soy una mujer fiel donde las haya y, al hacer repaso mental para redactar este post, me he dado cuenta de que este rasgo de mi personalidad aplica también a mis amores platónicos. Dejando de lado a Aladdin y John Smith, que me encandilaron siendo demasiado joven, como te podrás imaginar, solo hay dos nombres que de verdad han tenido influencia al forjar esa concepción del hombre perfecto que es el tema de esta entrada.  
Voy con el primero.
Mi infancia transcurrió en los años 90 (¡Oh, los felices y apacibles años 90! No me canso de añorarlos), época de esplendor de la comedia romántica. Casi todos los meses se estrenaban en los cines (¡Oh, los cines!... Como siga recordando me va a dar un bajón 😔) pelis de este encantador, almibardo y músical género. ¿ No te encantan las bandas sonoras de las viejas rom-coms? Pero, dejando de lado las OST, si por algo se caracterizaban estos filmes era por sus rostros recurrentes: Julia Roberts, Tom Hanks, Meg Ryan, Sandra Bullock... Y the King: Hugh Grand 🥰.
Sí, ya desvelamos el primer nombre de mi escueta lista de dos. ¿Se la puede llamar lista cuando solamente hay dos elementos en ella? 🤔
En fin, eso es irrelevante.
En sus años mozuelos, Hughgy se paseó por las pantallas de cine de todo el mundo dando vida a buenazos algo torpones y tan exageradamente tímidos que les ganaba el tartamudeo al hablar. Un encasillamiento que persigue al actor hasta nuestros días, aunque hace tiempo que se desligó de este tipo de papeles por, en sus propias palabras, 《estar demasiado viejo y feo para seguir haciendo comedias románticas》. Aún así, como digo, hay por ahí quién pone en duda la capacidad del actor para desempeñar su trabajo por el "modelo único" de personajes que interpretó en los felices 90's. Con la honrosa excepción de su aparición en las dos primeras pelis de Bridges Jones (aquí el chico bueno era Colin Firth, otro achuchable ❤) encarnando al detestable pero divertido Daniel. A todos estos descreídos, los invito a darle una visualización a Remando al viento, donde encontrarán a un magnífico Lord Byron con la cara de Grand. 
¡Hombre, ya! Qué fácil es poner pegas al trabajo de otros. 

Por esta época, el amor, fuera de la pantalla, de Hugh Grand
era la modelo Liz Hurley. Una chica a la que pillé una
manía horrible cuando le dio por decir que si estuviera
tan gorda como Marilyn Monroe se suicidaría 😒.

Naturalmente, nuestro Hugh no era tan bien portado en la vida real como los chicos a los que interpretaba. Tal nivel de bondad e ingenuidad es inalcanzable, y muy desaconsejable, si se quiere sobrevivir fuera de la ficción. Sonado fue el escándalo cuando lo pillaron practicando sexo oral con una prostituta. Pero yo era muy pequeña por aquella época,  demasiado para entender nada de esto, así que la imagen que tenía de él permaneció intacta 😇. Y aún cuando ya he alcanzado edad suficiente para comprender el asunto, el cariño y la admiración que siento por el actor me pesan más que cualquier otra cosa. 
¿Qué quieres? No me pidas que sea objetiva, ¡no puedo!
Hugh Grand fue mi actor favorito durante mi niñez y de él (o mejor dicho, de los personajes que representaba en pantalla) tomé el rasgo que sustenta el carácter de mi hombre perfecto: la bondad. Jamás me he sentido identificada con esa creencia tan extendida según la cual a las mujeres nos derriten los chicos malos. En mi caso, te puedo asegurar que no se acerca ni de lejos a la verdad. 
《Era un chico malo; no, no, no. Yo no quiero nada malo; no, no, no》. Y aquí dejo de cantar porque, pa' mala yo, tampoco.  Soy un cacho pan 😇😛.
Grand se quedó en aquellos inocentes años de mi vida y, ya en mi adolescencia, llegó el gusto por el cine clásico que mi madre comenzó a inculcarme. Fue entonces cuando lo descubrí a él: el galán por antonomasia. El bello e inigualable Robert Redford 🥰.

Aquí el señor Redford en su época de
máximo esplendor. Decir que no
se puede ser más guapo no es 
ninguna exageración.

De esta época de mi vida recuerdo ver en bucle tres películas: Tal como éramos (aún hoy es oír el tema musical principal y emocionarme), Descalzos por el parque (me sé de memoria los diálogos de esta comedia y todavía me desternillo con ella) y uno de mis títulos favoritos del cine: Propiedad condenada. El responsable de que Berta, protagonista de mi novela Es medianoche, Cenicienta, sienta una fascinación especial por las gabardinas 😉.
De la mano de Redford descubrí al galán clásico: maduro, masculino y seguro. Al mismo tiempo que se perfilaba mi consabido gusto por el drama 🤦‍♀️.
Juro que a mis quince/dieciséis años, mi sueño más dulce era tener un marido tan paciente y estupendo como Paul, personaje de Redford en Descalzos por el parque. Cosas de la edad, y de la ñoña desatada y aún no desintoxicada por la realidad que era en aquel entonces. 
Con Robert Redford mi héroe romántico terminó de definirse. A mí no me des un maromo de esos, tipo Mujeres, hombres y viceversa; de los que  llevan la ropa dos tallas más pequeña de la que en realidad necesitan, para que se les marquen los músculos,  y sueltan a la heroína de turno frases del tipo:
Esta noche, te haré gemir de placer 🤦‍♀️.
Todo ello mientras son incapaces de contener las reacciones de su miembro viril y, encima... ¡se sienten orgullosos de ello! ¡Chico! Que he trabajado en guarderías y esto pasaba mucho. El mérito está en saber controlarla.
No, no; a mí este modelo de hombre no me seduce nada. Prefiero un tipo elegante y natural en todo, incluida su manera de expresarse. Lo de fardar de vigor sexual😒... Además de parecerme de una imadurez anti morbo total (y de ponerme de los nervios) me resulta una mala costumbre. ¡Que luego hay que cumplir, chaval😜!
Al margen de estos dos grandes amores he tenido mis escarceos platónicos. No solo el ya mencionado Colin Firth, también tuve mi época obsesiva con el guapísimo James Marsden, la atracción que siento por Antonio Banderas no puede ser sana, me encantaría que el madurito Lean Neeson tuviera que venir a rescatarme (a este hombre no hay peli en la que no le secuestren a la mujer 🤷‍♀️; ojo con él, que es peligroso) y hace muchos años pillé una especie de trauma cuando las entradas de Jude Law se acentuaron más de la cuenta. Y, con todo esto, ahora hago examen de conciencia y me pregunto por qué narices digo que me gustan los morenazos, y que en materia de hombres me pierde lo racial, cuando tengo semejante historial de amores platónicos.
Definitivamente, ¡soy una contradicción con patas!

domingo, 24 de enero de 2021

Still Star-Crossed, y así seguireis porque lo que habeis hecho... ¡No tiene perdón!

Tengo una máxima: la de no ser nunca cruel al opinar de ninguna de las historias que consumó, con independencia del formato en que estas lleguen a mí. Soy una adicta a la ficción, como buena soñadora, y sé que las personas que trabajamos creando fantasías para el entretenimiento del personal, ya seamos escritores,  actores, directores, o pertenezcamos a cualquier otra profesión, ponemos toda muestra ilusión y el corazón en esa realidad alternativa que recreamos para que los demás se evadan un ratito de sus problemas. Así que, oye, si luego resulta que nuestro trabajo no gusta, ya sea a un grupo amplio o reducido de personas... Pues mala suerte. Tampoco es para despellejarnos ni para ir de maestros poniéndonos notas (¿de verdad se puede endosar un número a un libro o una peli, con sus décimas y todo?) como si aún estuviéramos en el cole. Que aquí ninguno es catedrático de nada y lo único que poseemos es algo tan subjetivo como una opinión. 
Es por esto que me sabe muy mal escribir todo lo que voy a escribir a continuación 😖. Podía quedarme calladita; que lo he pensado, de hecho. Pero... necesito desahogo, lo siento 🙏. Esto que he visto... Me ha dejado alucinada. Así pues, espero no pecar de dura ni ser desagradable. Y vaya por delante mi respeto a todo el personal involucrado en este proyecto que hoy centra mi atención.
Tras ver Birdgerton, me llegó la recomendación de otra serie, también de Shonda Rhimes, que prometía envolverme de nuevo en un apasionado romance histórico.  Con un añadido que, para mí, la volvía irresistible: esta historia prometía (y cumple, en eso no engaña) ser la continuación de la de Romeo y Julieta.  
Por Dios, ¡¿CÓMO NO ME HABÍA ENTERADO YO DE QUE EXISTÍA ALGO ASÍ?! 😱 ¿Te he dicho ya que amo esta obra de Shakespeare? ¿Que no me pierdo ninguna versión que se haga de ella? Hasta la saciedad, ¿verdad? Pues eso, ¡que me hizo una ilusión tremenda enterarme de la existencia de esta serie! Y me lancé de cabeza a por ella. 
Al parecer, la obra parte de una novela homónima cuya portada te dejo aquí abajo, junto con la sinopsis.


 Romeo y Julieta ya están muertos, pero
 el odio entre los Capuleto y los Montesco no tiene fin... 

El príncipe Escalo decide que la única 
manera de traer la paz a las dos 
familias es casando a un Montesco
 con una Capuleto. Los elegidos son Benvolio
 y Rosalina. Ellos, a diferencia de sus primos, 
no están enamorados y quieren encontrar una
 solución sin llegar al altar. Pero la 
sangre vuelve a correr por las calles de Verona
 y los jóvenes deben descubrir quién es el 
responsable antes de que sea demasiado tarde... 
Benvolio, Rosalina y el príncipe se dan cuenta de 
que el camino hacia la paz puede ser una tortura y 
de que el verdadero amor puede destruirlo todo.


Vale, pues de esta premisa partimos. Ahora, vamos al lío. 
La serie comienza con la boda de Romeo y Julieta. Que es secreta porque, como todo el mundo sabe, la cosa entre las familias de ambos no estaba pa' festejos. Para que luego haya quien se queje porque su madre y su suegra no se llevan bien 😛.  Sin embargo, a ella acuden, en calidad de testigos, Benvolio, primo del novio, y Rosalind, fiel sierva de la novia. Hay que dejar claro que ninguno de los dos está a favor de la unión, como es normal. Vamos a ser razonables, que esto visto desde fuera es muy romántico, pero a los jovenzuelos les faltaban unas cuantas tazas de madurez y sentido común. Lo que ocurre es que digamos que al padrino y la madrina de este despropósito les puede la lealtad hacia el par de merluzos que están por contraer nupcias sin siquiera conocerse.
Vale, aquí hago un alto para señalar lo único bueno de esta historia: Romeo y Julieta hacen una pareja preciosa 🥰. Y el vestido de ella, con ese diseño tan romántico que la hace verse como una princesa Disney, me encantó. 
Sí, esta que acabo de hacer es una reflexión muy superficial y sin ningún peso o valor a la hora de juzgar la obra, estoy de acuerdo. Pero es que, o tiro de ella, o verdaderamente no saco nada bueno del visionado. Más allá de esta cuestión puramente estética... Es que no encontré ninguna otra cosa que se pueda salvar.  

Foto tomada del álbum de bodas de Romy y July.
¿A que son monérrimos? 🥰

Tras la boda, lo que se nos presenta es un rapidísimo recorrido para llegar al trágico final de estos dos enamorados, durante el cual Rosalind asumen el protagonismo. Cosa muy razonable ya que es, precisamente, eso: la protagonista de esta historia. La única novedad respecto al relato original es la que aporta la aparición del príncipe Escalo. Quien, tras la muerte de su padre, se ve en la obligación de asumir el control de una Verona que en realidad es Salamanca (aquí se rodó la serie) y que Capuletos y Montescos mantienen sumida en el caos. 
En este punto hago mención especial a esas peleas a espadazo limpio 🤦‍♀️. ¿Alguna vez has jugado a espadachines, cuando eras niño/a? Pues estos actores debían preferir los videojuegos o el fútbol, porque se les ve poco duchos en la escenificación del arte de la esgrima. ¡Ay, Dios mío! ¡Qué desastre!
En realidad,  todo en esta serie recuerda demasiado a una actuación de fin de curso. Ese es el punto. No digo que los actores, los guionistas, los escenógrafos... todos los que han tomado parte en la producción en modo alguno, sean malos profesionales. No; seguro que tienen potencial, pero deben trabajar aún bastante para desarrollar sus posibilidades. O, quizás, lo que pasa es que debieron tomarse más en serio este proyecto. Aquí falta esa magia que te predispone a creer la mentira de la ficción. 
Por otro lado también está todo el tema de los anacronismos históricos. Aunque ya he asumido que esto es un rasgo característico de las producciones de época de la señora Rhimes, por lo que creo que tenemos que estar preparados para ello cuando nos sentamos a verlas. 
Pero bueno, vamos a lo que nos interesa de verdad. Lo cual es, ni más ni menos, que este trío:

De izquierda a derecha tenemos al príncipe Escalo, 
Rosalind Capuleto y Benvolio Montesco

Dejando de lado el detalle de que el vestuario es horripilante (¿a ti esta foto no te parece sacada de un catálogo de disfraces?) a mí estos tres no me pegan en sus respectivos papeles ni con cola. Particularmente, Rosalind. No recuerdo haber tenido nunca tanto problema para asimilar a un actor en un personaje como para ver a esta señorita, cuyo nombre desgraciadamente desconozco, ejerciendo como la heroína del drama. Me ha sido imposible entender esas expresiones faciales tan exageradas y desencajadas que hacía. Las cuales, unidas a que el personaje sobre el papel tampoco resulta particularmente simpático... Pues no puedo decir que me haya caído en gracia la mujer, y así mal vamos. Era verla y enterarme unas ganas de gritarle:
¿Quieres hacer el favor de quitar esa cara asco, hija?
Vamos, ni Kristen Stewart interpretando a Bella en la saga Crepúsculo.
La tragedia que truncó la vida de Rosalind es la siguiente:
Tanto ella como su hermana,  Olivia, eran niñas de buena familia. Pero, a la muerte del padre de ambas, las chicas pasaron a vivir de la caridad de Lady Capuleto. Lo cual no quiere decir que esta las tenga en mucha estima, que digamos, pues aunque es su tía materna (no recuerdo muy bien si este era el parentesco, lo siento), envidia a la difunta madre de las muchachas porque se casó con el hombre que ella amaba. Según le echa en cara a la buena señora Rosalind, que no se deja venir una, le está bien empleado el mal de amores que sufre por ir tras el título de su actual marido. ¡Será harpía, la cazafortunas esta! 
Vamos  que, como están las cosas, ya te puedes imaginar la predisposición que siente nuestra aspirante a Julieta a casarse con el Montesco en representación de los Capuleto. Y, mira, la chica será lo que queramos, pero en esto la entiendo. No me prestaría yo a sacrificarme por quienes no me muestran afecto. 
Pero es que hay más, espérate. Ya te digo que esto es un culebrón. ¡¿Cómo es posible que no me haya gustado?!
Resulta que, para acabar de rizar el rizo, antes de que su familia cayera en desgracia, Rosalind tenía un enamorado que por las noches le recitaba palabras de amor a pie de balcón (debe ser costumbre entre los hombres de Verona). Y agárrate a la silla porque este es, ni más ni menos que... ¡¡¡El príncipe Escalo!!! 
Que suene de fondo una música dramática y bien culebronesca, por favor.
Y aquí acaba el primer capi de esta serie: con los amantes pillados por un Benvolio que los ve desde un balcón (¡Ay! Si los balcones de Verona hablaran...) rezumando una tensión sexual que despertaría la suspicacia del más inocente.
No tengo ni idea de qué sucede a continuación, porque aquí me he quedado y no sé si continúe (aunque todo apunta a que no) con la historia. De verdad que me sabe fatal lo que he escrito sobre ella, pero Still Star- Crossed es lo más parecido al despropósito que he visto en una pantalla. Entiendo que la serie se quedara en 7 capítulos y ya, mejor parar la cosa para no seguir sumando errores. Y es una pena, porque creo que, en realidad, el argumento tenía bastante potencial. Pero la ejecución del mismo quedó en una función de primero de teatro aficionado. No sé si esto existe, imagino que no; pero tú ya me entiendes. 
Still Star-Crossed podría traducirse como "seguimos maldecidos/malditos por las estrellas". Y, con este panorama, creo que es un título muy bien puesto. Posiblemente sea el mayor acierto de todo el proyecto. Aunque, antes de despedirme,  quiero recalcar que esto es solo una opinión personal y que seguro habrá mucha gente a quien le haya encantado. Así pues, si quieres darle una probadita al pastel, adelante. Nunca conocerás su verdadero sabor si no usas tu propia lengua para descubrirlo 😜.