jueves, 3 de octubre de 2019

La madrugada (poema)

Le pondré tu nombre al desvelo
de mis eternas noches en blanco,
para que la madrugada responda
si entre susurros te llamo.

Podría ser que ella se apiade
de este amor que rompe en llanto.
Quizás a la noche le importe
lo que tú sigues obviando.

jueves, 26 de septiembre de 2019

El guión de diálogo

El maldito guión de diálogo. Así es como me habría gustado titular esta entrada. Pero, no es plan de ir faltando el respeto por ahí, no señor. Eso no está bien. Y, menos, cuando la condenada rallita de marras va a ser la invitada especial de hoy. A ella va dedicado el post, con todo mi cariño. 😒
Por si eres profanx en esto de la escritura, voy a empezar presentando a nuestra protagonista. Que no se diga que soy mala anfitriona. El guión de diálogo, como su propio nombre indica, es esa pequeña línea que precede a las intervenciones de los personajes en un texto. O, lo que es lo mismo, la que indica al lector que estos han tomado la palabra.


Ejemplo: Te dije que él no vendría. 

Hasta aquí, todo muy fácil. ¿Verdad? Seguro que no te estoy revelando nada que no supieras ya.

Pues no, nada más lejos de la apariencia. Para empezar porque, deja que te diga, que no cualquier ralla vale para introducir un diálogo. Concretamente, la que aparece dibujada en el teclado (guión corto) no sirve. ¿Y esa que a veces nos genera Word, de forma automática? (guión medio) Pues tampoco. 
El correcto, el apropiado, el que debes utilizar si no quieres quedar como un pardillo cuando mandes tu manuscrito a las editoraiales, es el guión largo. Sin más. Este es el gramaticalmente correcto a la hora de marcar la intervención de alguién.
Vale, y, ¿dónde lo encontramos? Porque, si el corto lo tenemos en el teclado, y el medio sale solo con un poco de ayuda de Merlín... El largo...
No te canses, deja de buscarlo. Ponerlo ahí, a la vista de cualquiera, habría sido demasiado fácil. Le quita emoción. Para hacer la vida del escritor un poquito más interesante, los señores diseñadores de los procesadores de texto han decidido proponernos un juego. Uno parecido a la búsqueda del Santo Grial: la búsqueda de nuestro guión largo/guión de diálogo. 
En realidad, dónde esté depende mucho del ordenador que estés utilizando e, incluso, del software. Generalmente, hay dos caminos para llegar a él:

  1. Ve a la barra de herramientas de tu procesador de texto (que está en la parte superior de la pantalla), busca la pestaña "insertar". Aquí te aparecerá un submenú en el que encontrarás el apartado "símbolo". Ahora, coge las gafas de bucear y zambúllete en en él. Se supone que aquí deberías encontrar el guión correcto para hacer a tus personajes hablar.
  2. Esta es mi favorita. También viene de la mano de Merlín, es un encantamiento. Coge tu barita mágica (si no tienes, los dedos también valen) y teclea el código Alt+0151, con el teclado numérico activado. 
Siguiendo una de estas dos vía llegarás al lugar adecuado. Aunque, ¿quién sabe? También es posible que no des con lo que buscas. A mí me ha pasado. 
En fin, lo de utilizar el guión correcto para introducir diálogos es algo que aprendí pronto. Cuando escribía El cielo de Bnagkok ya tenía solucionado el asunto. Lo que me ha costado bastante más es aprender a puntuar cuando a mis personajes les da por pasar de mí y toman la palabra. Para ser honesta, esto es algo que acabo de aprender. Lo estoy aprendiendo. En eso ando esta semana. 
Por lo que sé, es un problema común a la mayoría de los escritores. No lo digo para justificar mi ineptitud, sino porque realmente he leído y oído a muchos novelistas quejarse del lío que tienen con las normas de puntuación dentro de los diálogos. 
De este mal común surgió la idea de escribir el post que nos ocupa. Ahora, que me he convertido en una maestra en la materia, voy a compartir mi sabiduría con el pueblo llano😋 . 
Primero de todo, como ya sabemos cuál es el guión que debemos usar (el largo, siempre el largo, que no se te olvide) y dónde encontrarlo (con un poco de ayuda de los astros), tengamos en cuenta que no solo las palabras de los personajes van precedidas por él. También se usa para introducir todas las aclaraciones que, como narradores, queramos hacer sobre la actitud o apariencia del que está hablado. 

Ejemplo:  Te dije que no vendría exclamó María. 

Cuando, tras este pequeño inciso que hemos hecho, el personaje retoma la palabra, volvemos a colocar otro guión. Dejando la aclaración del narrador encerrada entre ambas líneas. 

Ejemplo: Te dije que no vendría exclamó María―. Es un cabezota.

Sin embargo, cuando la aclaración que hace el narrador no comienza por un verbo de habla (dijo, exclamó, comentó...), como hemos visto en el ejemplo, el punto que marca la aclaración del escritor se coloca antes del guión, y no después. 

Ejemplo:Ya te he dicho que no quiero hablar del tema. ―Ana se dio media vuelta y dejó a Julián plantado en mitad de la calle. 

Es fácil. Pero, créeme, se complica. Lo hace en el momento que también las frases lo hacen. Cuando personaje y narrador se suceden para mostrar al lector lo que está ocurriendo (lo que hace, siente, piensa o ve el que habla, mientras habla). Pero, por hoy, lo voy a dejar aquí. El resto, lo abordaremos en otra entrada. Hasta entonces, practica con esto.😜
Yo también lo haré. Corregiré mis textos y me flagelaré con la vergüenza que siento al pensar en esos otros, los que andan vagando por editoriales. Sin que pueda ya remediar los muchísimos errores que cometieron mis personajes al hablar (la culpa es de ellos, no mía). Las manos a las que esas aberraciones han llegado... Deben estar alucinando. 

domingo, 22 de septiembre de 2019

Tu ausencia me empapa (poema)

Cielo teñido de gris
sobre un manto de hojarasca
que cubre la acera y la guarda
de la lluvia que me empapa.

Cielo de otoño mojado
en infinidad de gotas.
En difuminada llovizna
que me cala la ropa.

Dulce melancolía,
soledad que no me daña
porque en el cielo te encuentro.
Porque tu ausencia me empapa.

martes, 17 de septiembre de 2019

Siempre y un día más (poema)

No pidas que te quiera siempre,
no creo que sea capaz.
Para que te quede claro:
te querré siempre y un día más.

No puedo darte menos que eso,
avisado quedas ya.
Lo que siento es lo que siento
y no lo puedo cambiar.

Quita esa cara, cariño,
que no busco pelear.
No son ganas de quedar encima.
Simplemente, es la verdad.

Así que olvídate de infinitos,
no me quieras limitar.
Mi amor no entiende medidas y,
si se trata de ti, siempre quiere más.

jueves, 12 de septiembre de 2019

Lana y Darío: los amantes olvidados

Todavía no te he hablado de ellos, ¿verdad? 
Por este blog han desfilado Berta y Nino, Margot y Ari e, incluso, Jero y Abril. Y eso que estos últimos están atrapados en el limbo en el que habitan los personajes de las novelas cuando estas aún no existen como tales y son solo un borrador que el autor guarda en un cajón. Pero, a Lana y Darío, no te los he presentado. 
No pasa nada, ese error lo solucionamos ahora mismo. 
Para empezar, te cuento que la situación de esta pareja no es distinta de la de Abril y Jero: ellos también están en el limbo. De hecho, creo que son vecinos, viven en el mismo bloque de pisos y hasta comparten rellano😁. Lana y Darío son los protagonistas de la novela a la que puse punto final hará cosa de un mes. Y, ¿qué te voy a decir? Los quiero, claro. Como quiero a todos mis héroes y heroínas. He pasado tanto tiempo con ellos, he sufrido tanto con ellos, me he divertido tanto con ellos... No creo que encuentres a ningún escritor que te diga que no siente devoción por sus amigos imaginarios. Y, si por un casual te topas con uno, recomiéndale que cambie de profesión, porque es síntoma de que la que ejerce no le apasiona como debería 😉. 
Si tengo que diferenciar a estos dos del resto de tortolitos cuyas historias he contado hasta la fecha, diría que ellos son los más inocentes. Quizás porque también son los más jóvenes. Y, aunque no sé si la edad tendrá algo que ver, los más beligerantes. ¡Lo que han batallado estos chicos! Y no solo con las circunstancias cuando me pongo Drama Queen, me pongo― sino entre ellos. Tienen bien merecido el premio a mi pareja peor avenida. Aun así, tengo que reconocer que ha sido divertido desarrollar esta relación de amor-odio. Yo, que tiendo a decantarme por el empalago en esto del romance sí, estoy reconociendo que soy una cursi; pero vamos, que tampoco es nada nuevo, si lo llevo con mucho orgullo― no imaginé, ni por asomo, que pudiese pasármelo tan bien con este par que se atrae tanto como se detestan. 
También ha sido muy gratificante dar forma al mundo en el que se mueven. Pokcham, el pueblo de Lana, y Sarem, la ciudad donde nació Darío, son localidades de Bassana. Un país de la Europa del este que, por alguna extraña razón, no aparece en los mapas. No sé a qué se deberá esta exclusión, pero igual que me lo haya inventado influye un poquitín. Aún así, no parece razón de peso para no darle su lugar geográficamente hablando 😋.

Esta podría ser la vaquería de los Chejóv 🐮. El hogar de Lana, frente a la que el coche de Darío
 se detuvo por pura casualidad y donde el maquiavélico engranaje del destino se puso en funcionamiento. 

Soy historiadora. Aunque nunca he ejercido como tal, tengo mi título y me encanta la carrera que estudié. Mi especialidad es la Historia Actual y, dentro de este periodo, lo que más me interesa son los movimientos que se produjeron en los países que quedaron bajo el área de influencia de la URSS, tras la Segunda Guerra Mundial, para recuperar su identidad nacional y desvincularse de Rusia. No es de eso de lo que va la novela de Lana y Darío, no te asustes. Pero estos países y lo que en ellos ocurrió me ha servido de base para crear la nación de Bassana, y ha sido muy bonito volver a sumergirme en un tema que me apasiona y que me ha llevado de vuelta a mis años universitarios. Tengo un cuaderno repleto de apuntes que recrean la historia reciente de la nación bassaní. De esos datos, al final habré utilizado menos de un diez por ciento. Pero doy por bien empleado el tiempo dedicado a la construcción del "decorado", ya que me ha ayudado mucho a la hora de ubicarme. He comentado infinidad de veces lo importante que es, bajo mi punto de vista, el espacio físico en una novela. Y en cualquier tipo de narración. 
Lo más complicado ha sido, precisamente, encontrar un equilibrio entre los acontecimientos que se van sucediendo y la historia de amor y personal de los chicos. No quería aburrir con detalles "históricos", pero tampoco que el ambiente en el que se mueven los personajes resultase poco consistente. Cruzo los dedos para haber sido capaz de hacer un trabajo digno en este sentido.
A Lana y Darío los he llamado Los amantes olvidados, pero no porque haya pasado de presentarlos formalmente hasta esta entrada. El sobrenombre tiene más base, es más significativo. Tanto, tanto, que da título a la novela que los une. La cual está marcada por la lucha por eludir la tragedia que ha vuelto célebres a los grandes amantes de la historia para ser solo una pareja más; feliz y anónima.
Y... Aquí lo voy a dejar, que una cosa es hacer un pequeño esbozo de la trama y, otra muy distinta, caer en el spoiler 😉.