Todavía no te he hablado de ellos, ¿verdad?
Por este blog han desfilado Berta y Nino, Margot y Ari e, incluso, Jero y Abril. Y eso que estos últimos están atrapados en el limbo en el que habitan los personajes de las novelas cuando estas aún no existen como tales y son solo un borrador que el autor guarda en un cajón. Pero, a Lana y Darío, no te los he presentado.
No pasa nada, ese error lo solucionamos ahora mismo.
Para empezar, te cuento que la situación de esta pareja no es distinta de la de Abril y Jero: ellos también están en el limbo. De hecho, creo que son vecinos, viven en el mismo bloque de pisos y hasta comparten rellano😁. Lana y Darío son los protagonistas de la novela a la que puse punto final hará cosa de un mes. Y, ¿qué te voy a decir? Los quiero, claro. Como quiero a todos mis héroes y heroínas. He pasado tanto tiempo con ellos, he sufrido tanto con ellos, me he divertido tanto con ellos... No creo que encuentres a ningún escritor que te diga que no siente devoción por sus amigos imaginarios. Y, si por un casual te topas con uno, recomiéndale que cambie de profesión, porque es síntoma de que la que ejerce no le apasiona como debería 😉.
Si tengo que diferenciar a estos dos del resto de tortolitos cuyas historias he contado hasta la fecha, diría que ellos son los más inocentes. Quizás porque también son los más jóvenes. Y, aunque no sé si la edad tendrá algo que ver, los más beligerantes. ¡Lo que han batallado estos chicos! Y no solo con las circunstancias ―cuando me pongo Drama Queen, me pongo― sino entre ellos. Tienen bien merecido el premio a mi pareja peor avenida. Aun así, tengo que reconocer que ha sido divertido desarrollar esta relación de amor-odio. Yo, que tiendo a decantarme por el empalago en esto del romance ―sí, estoy reconociendo que soy una cursi; pero vamos, que tampoco es nada nuevo, si lo llevo con mucho orgullo― no imaginé, ni por asomo, que pudiese pasármelo tan bien con este par que se atrae tanto como se detestan.
También ha sido muy gratificante dar forma al mundo en el que se mueven. Pokcham, el pueblo de Lana, y Sarem, la ciudad donde nació Darío, son localidades de Bassana. Un país de la Europa del este que, por alguna extraña razón, no aparece en los mapas. No sé a qué se deberá esta exclusión, pero igual que me lo haya inventado influye un poquitín. Aún así, no parece razón de peso para no darle su lugar geográficamente hablando 😋.
![]() |
| Esta podría ser la vaquería de los Chejóv 🐮. El hogar de Lana, frente a la que el coche de Darío se detuvo por pura casualidad y donde el maquiavélico engranaje del destino se puso en funcionamiento. |
Soy historiadora. Aunque nunca he ejercido como tal, tengo mi título y me encanta la carrera que estudié. Mi especialidad es la Historia Actual y, dentro de este periodo, lo que más me interesa son los movimientos que se produjeron en los países que quedaron bajo el área de influencia de la URSS, tras la Segunda Guerra Mundial, para recuperar su identidad nacional y desvincularse de Rusia. No es de eso de lo que va la novela de Lana y Darío, no te asustes. Pero estos países y lo que en ellos ocurrió me ha servido de base para crear la nación de Bassana, y ha sido muy bonito volver a sumergirme en un tema que me apasiona y que me ha llevado de vuelta a mis años universitarios. Tengo un cuaderno repleto de apuntes que recrean la historia reciente de la nación bassaní. De esos datos, al final habré utilizado menos de un diez por ciento. Pero doy por bien empleado el tiempo dedicado a la construcción del "decorado", ya que me ha ayudado mucho a la hora de ubicarme. He comentado infinidad de veces lo importante que es, bajo mi punto de vista, el espacio físico en una novela. Y en cualquier tipo de narración.
Lo más complicado ha sido, precisamente, encontrar un equilibrio entre los acontecimientos que se van sucediendo y la historia de amor y personal de los chicos. No quería aburrir con detalles "históricos", pero tampoco que el ambiente en el que se mueven los personajes resultase poco consistente. Cruzo los dedos para haber sido capaz de hacer un trabajo digno en este sentido.
A Lana y Darío los he llamado Los amantes olvidados, pero no porque haya pasado de presentarlos formalmente hasta esta entrada. El sobrenombre tiene más base, es más significativo. Tanto, tanto, que da título a la novela que los une. La cual está marcada por la lucha por eludir la tragedia que ha vuelto célebres a los grandes amantes de la historia para ser solo una pareja más; feliz y anónima.
A Lana y Darío los he llamado Los amantes olvidados, pero no porque haya pasado de presentarlos formalmente hasta esta entrada. El sobrenombre tiene más base, es más significativo. Tanto, tanto, que da título a la novela que los une. La cual está marcada por la lucha por eludir la tragedia que ha vuelto célebres a los grandes amantes de la historia para ser solo una pareja más; feliz y anónima.
Y... Aquí lo voy a dejar, que una cosa es hacer un pequeño esbozo de la trama y, otra muy distinta, caer en el spoiler 😉.

No hay comentarios:
Publicar un comentario