El cotidiano milagro
de pisar las aceras,
de fundirse con la gente,
de vivir un día cualquiera.
El prodigio de quererse,
de dar besos y abrazarse,
de tener la piel expuesta.
La vida se saltó un latido,
sus venas de asfalto
desangraron sentimientos
reprimidos tras las puertas.
Su frecuencia cardíaca
cayó en coma, y poco a poco
recupera la consciencia.
Aunque yo, por el momento, prefiero seguir quedándome en casa mientras no me sea imprescindible salir a la calle.
No te confundas, no es que tenga el síndrome de la cabaña. Al contrario. ¡Ni te imaginas lo que me está costando aguantarme las ganas de ir a dar una vuelta! Quiero notar el sol en la piel y ver las caras de las personas con las que me topaba a diario antes de que esto comenzara. Pero parece que hay demasiada gente que no se está tomando el asunto con la seriedad que merece. 😔 Así que, ¿para qué exponerse sin necesidad?
Por favor, se responsable y cumple con las indicaciones que nos han dado. Solo de esa manera podremos dejar esta situación olvidada en el pasado.

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