martes, 1 de mayo de 2018

El anillo (relato)

Primera parte

Luis soltó la diminuta mano de Aki para buscar el pasaje de avión que, apenas cinco minutos antes, había metido en el bolsillo interior de su cazadora. Tenía la costumbre de sacar lo que fuera que había guardado para volver a introducirlo unos segundos después sin siquiera mirarlo. Lo hacía para asegurarse de que seguía allí. Era una costumbre que su mala memoria le había obligado a adquirir a base de olvidos. Por lo general, aquello lo tranquilizaba, pero esa tarde habría dado cualquier cosa por no hallar nada al rebuscar en su bolsillo. Por que el pasaje se hubiese desintegrado, desaparecido por arte de magia; lo que fuera. Cualquier cosa habría valido con tal de tener una excusa para no coger el avión. 
Volvió a dejar el pasaje donde estaba y se subió la cremallera de la cazadora con un movimiento rápido. Estaba helado. No recordaba haber tenido tanto frío en toda su vida. 
Trató de agarrar la mano de Aki otra vez, pero ella se lo impidió. Se alzó de puntillas para echarle los brazos al cuello y enlazar sus frías manos tras la nuca de él. Un gesto que provocó por igual sonrisas y miradas airadas entre quienes presenciaron la escena. 
¿Todo en orden? ¿Sigue en su sitio o ha logrado escapar? le preguntó sonriendo.
Luis se limitó a devolverle la sonrisa. Habría querido decir algo, pero no podía. No sabía por qué, pero tenía la sensación de que aquellos serían los últimos momentos que pasaría con ella. En realidad, la suya era una inquietud muy absurda. Sólo estaría fuera un par de semanas. El tiempo suficiente para arreglar algunos asuntos y visitar a la familia. Quería trasladarse a Tokio definitivamente. Quería estar en cualquier lugar en el que pudiera estar con Aki, sin importar cuál fuese ni lo lejos que quedase de todo lo que había conocido y amado antes de ella. 
La enlazó por la cintura y la estrechó contra él, mientras ella metía las manos en los bolsillos de su cazadora para calentárselas, como hacía siempre. 
¡Mira! exclamó la muchacha, apartándose bruscamente y sosteniéndolo ante sus ojos un brillante papelito de papel dorado . Pero está vacío, solo es el envoltorio. ¿No te quedan más caramelos? 
No, lo siento. Por cierto, desde que te conozco, mis bolsillos parecen un basurero. 
Aki sonrió, en absoluto afectada por la suave reprimenda, y se dio media vuelta buscando una papelera. 
Espera la detuvo él, asiéndola suavemente del brazo para que se detuviera. 
¿Qué pasa?
Dámelo, ya verás. 
Luis estiró el papel de envoltorio, eliminando las arrugas, y luego lo dobló hasta que le dio la forma de un anillo. Cuando hubo terminado, lo sostuvo entre el pulgar y el índice para que ella pudiera verlo. Luego cogió la mano derecha de la chica y se lo puso en el índice.


Si este es el anillo que vas a darme no te molestes en volver bromeó ella, alzándose otra vez en las punteras de sus zapatos para besarle. 
La llamada de embarque para los pasajeros del vuelo con destino a Madrid sonó en ese instante, retumbando en las patedes del aeropuerto. Luis no podía moverse, era como si sus pies fuesen de plomo. No quería irse de allí, ni despegar sus labios de los de Aki. Pero ella rompió la unión, poniendo fin al beso y dándole suaves golpecitos en los hombros para animarlo a irse. 
Perderás el avión.
Él asintió, se acomodó la mochila en el hombro y se dio vuelta para encaminarse a la puerta de embarque. Volviendo atrás la mirada varias veces para verla una última vez que se negaba a serlo. Cada vez un poco más lejos, Aki sonreía diciendo adiós, agitando efusivamente la mano en el aire. Lo que hacía que su larga melena oscura se agitase en sus hombros con el vaivén. 
¡Aishiteru! le gritó, usando las manos como megáfono para ampliar la voz. 
Te quiero respondió él en español, demasiado bajo para que ella pudiese oírlo. 

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