martes, 5 de enero de 2021

Bridgerton: una reseña "virginal" de la serie de TV

Pues sí, así llegó una servidora al que por lo visto ha sido el éxito navideño de Netflix: 《like a virgin, touch for the very firts time...》Y es que, la verdad, yo a la señora Julia Quinn no tengo el justo de conocerla. Ya ves, jamás la he leído. No sé porqué, supongo que no me he topado con ningún título de esta autora que me haya llamado la atención. El caso es que no formo parte de ese grupo de fans que esperaban ansiosos el estreno, ni tampoco tenía información alguna sobre la historia que me iban a contar en ocho capítulos. De modo que la opinión que voy a expresar se basa única y exclusivamente en la versión televisiva de esta obra. Aclarado esto, paso a enumerar los aspectos de la serie que más me han llamado la atención.
¡Uy! Como me ha quedado esto de formal, ¿no? He comenzado el año... que ni yo me reconozco 😛.


  • La contextualización (o la absoluta falta de ella): Quien me conozca un poquito sabrá ya lo fan que soy de la ambientación en las novelas y películas. Para mí, el escenario en el que se desarrolla la trama es casi, casi un personaje más de la historia; un elemento fundamental a la hora de crear la atmósfera y hacer creíble el relato. Aquí, la Inglaterra de la regencia se retrata de una manera taaan libre... que no se parece nada a lo que realmente fue, desde un punto de vista histórico. Y, la verdad, esto me ha puesto muy difícil el meterme en situación. Manías de historiadora, supongo. Sé que la idea era precisamente no ajustarse fielmente a la época, para tener un resultado más fresco y atractivo para el público, con el que fuera más sencillo identificarse. Pero, oye, eso no quita para que yo, personalmente, hubiera preferido ver algo más realista. Eso sí, como punto a favor debo reconocer que me ha encantado el vestuario (verdaderamente lo he amado ❤). También la explicación, sobre el capítulo cuarto si no recuerdo mal, que Lady Dambury ofrece al duque sobre como el matrimonio de los reyes aunó a la sociedad, salvando las diferencias raciales, me parece un punto excelente. Además de jugar de un modo delicioso con la leyenda que defiende los orígenes africanos de la reina Carlota, me ayudó a asimilar esa diversidad racial entre la gentry que se ve en la serie.  A partir de ahí asimile que no estaba en la Inglaterra del siglo XIX,  sino en un universo paralelo. 
  • La pareja protagonista: Ya digo que no conocía absolutamente nada de la obra de la señora Quinn, por eso cuando vi el precioso cartel promocional, con ese Duque que está taaaan tremendo 🥰, mi mente se montó la película. Cosa muy habitual en mí, por otra parte. Pensé que iba a encontrar una historia de amor interracial (uno de mis fetiches, desde que siendo niña vi Pocahontas 🙈), con todos los inconvenientes que esta tendría que afrontar en esa Inglaterra tan rancia cuyo marco histórico obvia por completo la serie. Vamos, que me esperaba un 《amor prohibido murmuran por las calles porque somos de distintas sociedades》,  que cantaría Selena. ¡Y mira que me gusta a mí un amor prohibido y bien sufrido! Tanto, que fue eso lo que me animó a plantarme delante de la pantalla, la verdad. Quizás por ello, porque me esperaba algo mucho más intenso, el romance de Daphne y Simon me ha resultado un poco soso. A ver, que sí; hay entre ellos escenas de alto voltaje. Pero lo que es su relación, así en general y dejando de lado los encamientos que protagonizan, me parece demasiado sencilla. Lo que les impide estar juntos... son ellos mismos. Así pues, me pasé todos los capis pensando: ¡que se arreglen de una vez, leñe! Si no son felices es porque no les da la gana, y esto me empuja de cabeza al siguiente punto.
  • Sienna y Anthony: Para mí, estos dos se han robado todo el protagonismo de la trama romántica. Me he pasado los capítulos deseando verlos a ellos y lamentando que no nos mostraran más de su relación. ¡Su historia me resulta tan apasionada y bonita! También es verdad que lo de la cortesana (que aquí es una cantante; ya sé que no es lo mismo, pero la consideración social de ambas profesiones era asimilable en la época) y el chico de buena familia que no pueden amarse porque... pues por eso, porque es un Forbidden Love, que es lo que a la sufridor nata que soy le mola y lo que no encontré con Daphne y Simon. Sé que Sienna no es el amor destinado de Anthony (lo que ignoro es si el personaje es inventado para la serie o aparece en los libros), y lo acepto aunque me duela. Después de todo, el final de ambos, aunque triste, me parece adecuado. Me gustó mucho el alegato feminista de ella en la última escena que comparten. También es verdad que le pudo ahorrar el trago al  chaval, que se quedó allí el pobre con sus flores y todo, si le hubiera dado por soltarlo un ratito antes. Pero, a fin de cuentas, Sienna siempre quiso ser una mujer libre, de las que no se someten a un hombre ni a una sociedad que no las valora por ellas misma y las convierte en personajes pasivos de su propia existencia. Un mensaje muy coherente con el personaje y que no se debe escatimar en la ficción, ni tampoco en la vida real.
  • Mi personaje favorito:  Fue Penelope, de lejos. Aunque la necesidad de romance me la satisfajeron Sienna y Anthony, si tuviera que elegir a un personaje de entre todos los que habitan el mundo de los Bridgerton sin duda me quedo con Pen. Es una chica encantadora, pero no boba; es plenamente consciente del mundo que la rodea y de su presencia en él. No sé porqué, pero sentí mucha afinidad con ella. Sufrí por su amor secreto hacia Colin y hasta tuve mi momento de odiar a Marina  por fastidiarla indirectamente, a pesar de que es un personaje que me caía bien. Creo que Penélope es, con diferencia, la más inteligente de todos; por eso mismo, descubrí su secreto desde el primer momento 🤫😉.
Y... poco más tengo que añadir. Solo que, como a la mayoría, a mí la serie también me ha gustado. Me ha mantenido entretenida y enganchada a la trama. No tanto como para lanzarme a la lectura de los libros, eso es verdad. Al menos, no de El duque y yo, que es la novela que centra esta primera temporada. Espero la segunda, a ver si los protagonistas me enamoran más que Daphne y Simon. Aunque, si soy sincera, lo que de verdad espero es que Netflix se lance a producir más series basadas en novelas románticas, ya que es un gran impulso para un género que sobrevive a la sombra del tabú y la sorna. A ver si nos vamos liberando de prejuicios.
Se lo pediré a los Reyes Magos,  que igual aún llego a tiempo de mandarles mi carta y me lo cumplen 😉.

miércoles, 23 de diciembre de 2020

Un año más: ¡feliz Navidad y próspero 2021🤞!

Le he perdido la rutina a esto del blog, ¡con el tesón que tenía yo con él! 🤦‍♀️ La verdad, es que en las últimas semanas prácticamente me he olvidado de este rincón al que llamaba mi casita online. 
No descubro nada nuevo si digo que 2020 no ha sido un buen año. Hay una coincidencia a nivel mundial sobre lo nefastos que ha resultado el que el pasado diciembre recibíamos como el principio de los felices años veinte (¡menuda ironía!). Nos equivocamos, el cambio de década, en realidad, lo hacemos ahora. Pero esto es lo de menos. Lo que cuenta es que a la tragedia general que hemos vivido hay que añadir las personales de cada uno. 
No ha sido un año fácil; no señor, no lo ha sido 😔.
Yo estoy en cuidados intensivos, después del vapuleo que me ha dado el puñetero 2020 😛. Evoluciono favorablemente, pero no sé por qué el cuidado que me estoy dando (por que yo lo valgo) ha incluido,  sin planearlo, el no pasarme por aquí. Aun así, no puedo no desearte una feliz Navidad y un próspero, alegre, sanísimo y lo más normal posible 2021. 
Dicen que después de la tempestad siempre llega la calma, que no hay mal que cien años dure y que después de mucho sufrir toca mucho reír. Por eso estoy segura de que nos esperan buenos tiempos. No sé si en un futuro próximo,  o si aún deberemos esperar un poquito más por ellos. Pero calma, porque de que llegan, llegan 😉. Así que no te preocupes de nada y, simplemente, disfruta de estas fechas y se muy prudente porque la recompensa  nos aguarda.




Por cierto, si me echas de menos,  pásate por mi Instagram. Y, no sé, ya de paso, sigueme,  que es gratis 😜.

jueves, 17 de diciembre de 2020

Era septiembre

Era septiembre. 
Te vi venir a mí desde
el final de la acera. 

Nuestros ojos tropezaron;
yo te vi, tú me viste
y el disimulo se
descartó como estrategia.

Pero nos ganó el orgullo.
O quizás fuera el dolor,
la inseguridad o la pena.

Era septiembre.
Nos cruzamos como desconocidos 
en una calle cualquiera. 

Y sentí frío dentro.
Ahí supe que el invierno 
había deshojado
nuestra primavera.



martes, 24 de noviembre de 2020

Te tengo (poema)

Brillas en mis ojos
cuando te miro
y, en mis labios,
cuando te hablo,
eres suspiro.

El beso
que nunca he dado.
El que quedó
en el aire.
El imaginado.

Eres tanto,
y tú sin saberlo.
No sospechas 
que, aun sin tenerte,
te tengo.

domingo, 8 de noviembre de 2020

Mister Wu, o cómo saber qué cara tendrá tu futuro marido antes de conocerlo

El domingo pasado iba yo caminando con mis auriculares a toda mecha. A este ritmo, me acabaré quedando sorda, porque para que la música se sobreponga al sonido de la ciudad hay que elevarla a unos niveles... En fin, que esa tarde me había dado por rememorar viejas canciones de igualmente viejas pelis románticas. Y así, desgranando las melodías de Notting Hill, entre When You say Nothing At All y She me saltó un anuncio. Nada especial cuando oyes música en youtube, salvo por el carácter del mismo. Eso... digamos que la esencia del spot sí que fue bastante particular. 
La voz de una chica hablando en inglés se coló, tal y como he relatado, entre la de Ronan Keating y Elvis Costelo para hablarme de su primer amor con un tono bien intenso. Cuando me di cuenta de que la muchacha estaba dispuesta a desgranar su historial amoroso me aparté a un lado de la calle y comencé a mirar la pantalla. Reconozco que se ganó mi atención y ya no me bastaba con oír, también quería poner imagen a la mini comedia romántica que la inglesa me estaba soltando de improviso. No es un secreto que siento debilidad por el género. Y juro que, más que un anuncio, aquello tenía pinta de cortometraje.
Tras dos o tres relaciones, resulta que la que había venido a interrumpir mi tarde de música y paseo para contarme su vida en verso se compromete. Y se va de viaje a China; pero sola como la una, no te creas que se lleva al novio. Por lo visto, la chavala dominaba un poquito el mandarín (ahí, como la que dice que chapurrea el francés). Creo recordar que de niña pasó una temporada allí,  por el trabajo de sus padres. Pero eso tampoco importa mucho. Lo que cuenta es que, en un café, ve a un anciano observando fijamente a una joven y dibujando en un papel.


Un retratista,  dirás tú; como dije yo. Pues no, porque el caballero estaba pintando el rostro de un hombre, no el de la joven a la que no quitaba ojo. Raro, ¿no? Pues lo mismo pensó la inglesa y, para regocijo de tú curiosidad de la mía, resultó que no era una chavala tímida y no sentía pudor por abordar a un absoluto desconocido. Sin dudarlo, se acercó al anciano chino y le preguntó que estaba haciendo. A lo que él respondió (insertar música telenovelera aquí, please) que estaba pintando al futuro marido de la muchacha a la que estaba mirando.
😮😮😮😮😮😮😮😮😮😮
¡Toma! Ahí es nada. ¿Cómo te has quedado?
Pues nuestra amiga inglesa lo asimiló con bastante naturalidad, la verdad. Tanto, que hasta le pidió al caballero que le hiciera un retrato de su futuro santo. Claro, la oportunidad la pintan calva; yo habría hecho lo mismo. La mala suerte es que la cara que el dibujante plasmó en el papel... pues no fue la del prometido al que ella no se había llevado de viaje.
¿Ves? Por eso, teniendo en cuenta que ya andaba camino del altar, como quien dice, pues igual habría sido mejor no tentar a la suerte. ¿No?
Total, la tía va y deja al novio (hay que ser un poquito... Un poquito... ¡mala persona!). Y lo mejor es que le sale bien la locura de depositar una fe ciega en un anciano al que acaba de conocer y le ha soltado una chapa difícil de tragar, porque a los meses conoce al hombre que el chino le dibujó. 
Y todo esto es, como ya he dicho, un anuncio de cuatro minutazos. ¿Qué anuncia? Pues Mister Wu. ¿Y qué o quién es Mister Wu? El anciano dibujante, que se ve que se ha modernizado y ha abierto site online para dibujar maridos futuribles a mujeres del mundo entero. Con esto de Internet, el que se cierra puertas es porque quiere. Eso sí, si deseas solicitar sus servicios date prisa, porque el buen hombre tiene su edad y le queda poco tiempo de poder andar con el lápiz en la mano. Además,  creo recordar que no puede hacer más de cinco retratos al día. Cosas de las magias ancestrales, que también se agotan como la batería del móvil. 
Me pareció surrealista, de verdad. Todavía lo estoy intentando digerir, de hecho. Encuentro increíble que a alguien se le haya ocurrido un negocio así y, más aún, que haya gente dispuesta a gastar dinero en un servicio semejante. Luego está el tema del spot, que ya digo que era en plan peli y tuvo que costar lo suyo. 
He buscado información sobre Mister Wu pero no he hallado nada. Tampoco he vuelto a ver el anuncio. Lo único que he encontrado, para corroborar que todo esto que he contado no es fruto de un sueño, es esta página, donde varias personas hablan del anuncio (y no dan crédito, claro). Y, la verdad, la romántica que habita en mí (y que es muy grande para este cuerpo tan pequeño que tengo, metro ochenta debe medir como poco) se ha quedado con las ganas de echarle un ojo al site. Porque aunque sabe que esto es, además de un negocio muy absurdo, un tongo... ¡sería taaaaan bonito que fuera real! 🥰

Simplemente es una idea del tipo de marido que quiero,
un simple esbozo.
Mister Wu, ya sabe usted; tome nota 😛.


Yo,  aunque no llegara nunca a encontrar a mi amor destinado, guardaría su retrato y, con saber cómo es su cara, ya me daría por satisfecha. Sería como conocerlo un poco, aunque no lo conociera de nada.
¡Ay! ¡Qué asco vivir en el mundo real! Con lo bien que se tiene que estar dentro de una comedia romántica.