domingo, 5 de julio de 2020

Porque soy una sirena (poema)

Da igual si el mar está en calma 
o si arrecia la tormenta
y sus entrañas se alzan
en broncas olas de espuma yerma.

Aun si no me mantengo a flote,
y la marea me zarandea
arrastrándome a su capricho,
no temeré a la profundidad
ni a perecer ahogada en ella.

Soy inmune a los naufragios,
la tempestad no me afecta.
Saldré ilesa, lo juro,
porque soy una sirena. 


Ya había publicado este poema, hace unas semanas, por Instagram. Me gusta que el contenido que posteo aquí y allí sea diferente, no le veo mucho sentido a decir dos veces lo mismo. 🤷‍♀️ Sin embargo, con este texto, como ves, he hecho una excepción. Duplico su publicación porque, para mí, es especial. 
Todo lo que escribo tiene mucho que ver conmigo. Si eres asidua/o a leerme por aquí habrás notado que, aparte de hablar de escritura, en la mayoría de las entradas parte del contenido tiene mucho que ver con mi día a día. Me cuesta ser una narradora imparcial, por eso siempre que estoy redactando termino revelando, quizás, más de lo que debería. 
Cuando escribo una historia, son mis fantasías las que comparto. Esas que fabulo tumbada en la cama, mientras espero a que llegue el sueño, o en la parada del bus... Realmente, inventar una trama no me cuesta; es algo que me sale de manera natural, ya que desde que tengo uso de razón soñar despierta ha sido mi actividad favorita con la que matar el rato. No necesito ir al cine, lo llevo dentro de mi cabeza.
En mis novelas no hay nada de mi realidad, no son autobiográficas. Lógicamente, porque si hubiera vivido todo eso... Ya me habría tirado por el balcón. ¡Ufff! Menudos dramas me montó. 😛 Pero todos los argumentos los saco de una parcela muy íntima. Una en la que puede que incluso sea más yo de lo que lo soy cuando la realidad me reclama y no me queda más remedio que atenderla. 
Con la poesía es diferente. Estas... si tienen el punto autobiográfico que le falta a mi prosa. Y, de entre todos los poemas que he escrito, como digo, este es especial. Es mi himno. Uno que me recito íntimamente muy seguido. 
No es mi mejor poema, ni siquiera el más sentido. Pero sí es el que me recuerda que debo ser fuerte. Me hace mucha falta no olvidarlo. Es por esto que he hecho de estos versos mi mantra. También por lo que los traigo al blog a pesar de no ser inéditos. 
Quiero recordarme a mí misma que no debo dejarme atemorizar por la tempestad. Que si el barco zozobra, no importa. Que cuando el mar me engulla no precisaré nadar, desesperada, a la superficie, para asomar la cabeza entre las olas y mendigar una bocanada de aire. 
Yo no necesito preocuparme por nada de esto, porque no hay un naufragio capaz de acabar con una sirena. Simplemente, no está en nuestra naturaleza, nos es imposible ahogarnos.
No lo olvides, hermana sirena. 😉 O hermano tritón (no sireno, nunca sireno; deshechemos esta palabra, por favor). Yo no dejo de rocordarmelo. 🌊🧜‍♂️🧜‍♀️

jueves, 2 de julio de 2020

Recomendando autoras: Luna Dueñas

Esta es una entrada que tengo pendiente casi desde los orígenes del blog. Fue por esa época cuando descubrí a Luna Dueñas. Sin embargo, en algún momento decidí no escribir reseñas y hasta borré el par de ellas que ya tenía publicadas por aquí. Mis melodramas y yo. 😛 La verdad es que no me siento cómoda juzgando el trabajo de mis compañeras. Estoy segura de que todas las "pegas" que puedo llegar a sacarle a una novela están también en las que firmo yo. Es por esto que no me siento con autoridad para ejercer de crítico literario. Sin embargo, hoy me voy a saltar la norma que me he autoimpuesto de guardarme mis opiniones (en publico, porque en privado y con mi círculo de confianza algún traje he cortado 😈) para hablarte de esta autora que, además de ser un encanto como persona, también tiene una pluma capaz de emocionar y trasladarnos a otros mundos. Y es que, cuando lo que se tiene que decir del trabajo de los demás es bueno, ¿por qué vamos a callarlo? ¿No te parece?

Como he dicho, hace unos años me topé, por pura casualidad, con esta novela. 



Lo primero que llamó mi atención (como suele pasar en estos casos) fue la portada, el título me pareció precioso y, después de leer la sinopsis, estuve segura de que había encontrado mi próxima lectura. A veces se producen flechazos, y el que tuve con Voy a encontrarte se transformó en un amor que aún hoy perdura. 
¡Qué novela taaaaan bonita!
La acción se centra en Sofía y Darío, dos niños que se conocen en el orfanato al que, por diferentes motivos, han ido a parar. Allí hacen la promesa de no separarse nunca. Promesa que no pueden cumplir, por supuesto, porque el permanecer juntos no está en sus manos y el destino ya ha decidido por ellos. La suerte es que este también tiene planeado dejar que se reencuentren, años después y ya convertidos en adultos. Entonces, Darío reconoce a Sofía al primer golpe de vista. A ella... le va a costar un poquito más identificar al niño, que la acompañaba durante sus noches en vela, en el guapo muchacho de ojos verdes que le crispa los nervios. 
La historia es preciosa, emotiva y súper romántica (¡tiene unos momentazos!). Es un melodrama clásico, pero eso no quiere decir que sea común. Si por algo me gusta la manera de escribir de Luna es porque es una autora que tiene voz propia. Su manera de narrar es muy personal y sabe imprimir su sello particular a cada historia que cuenta. Las suyas no son las típicas novelas románticas y es ahí, precisamente, donde reside su magia.
¿Como punto negativo? La actitud de Sofía, al principio, se me hizo un poquito desesperante. No entendía que culpara a Darío por haberla dejado ir cuando es obvio que él, siendo solo un huérfano y un niño pequeño, no podía hacer nada para evitar que se rompiera su promesa. 
Por lo demás, la disfruté de la primera a la última página. Tanto, que al acabarla corrí a buscar más libros de la autora. 

La segundo novela suya que leí, fue la primera que ella escribió. Al menos, la primera que publicó: Serás mi luz siempre. 




Un romance con tintes sobrenaturales (yo, que soy una miedosa, algún que otro sustillo me llevé, de esos que te hacen estar en la cama pendiente de cualquier ruido) en el que Lucía tendrá que decidir entre dos hermanos a cual más estupendo: ¿Alejandro o Miguel? ¡He ahí la cuestión! A mí me costó elegir, por momentos prefería a uno u otro. Aunque, conociendo lo que le gusta a Luna un amor reñido, pronto averigüe cuál de los dos se quedaría con la chica. 😉
Lucía se ve obligada a abandonar sus estudios en el conservatorio para comenzar a trabajar como asistenta en la casa de los De la Vega, la familia más adinerada del pueblo. La cual está envuelta por un halo de misterio bastante perturbador.  En cierto sentido, me recordaban a los Cullen de la saga Crepúsculo. Sobre todo, por el modo en que los ven sus vecinos. 
Los De la Vega acogen a la muchacha con los brazos abiertos. Tanto, que en muchos momentos le otorgan privilegios y consideraciones muy por encima de las que tienen con el resto del servicio. La propia Lucía llega a preguntarse por qué serán tan buenos con ella. Y yo, que soy una novelera, empecé a pensar que había algún secreto oculto que la unía a sus jefes. Pero no. Simplemente, Lucía es una chica encantadora que se gana el afecto de todos, llegando a tener una relación muy especial con la madre de Alejando y Miguel. Es por esto por lo que la familia la trata de un modo diferente y, la verdad, en algunos momentos encontré la relación un poco inverosímil. También temí que la pobre Lucía fuera a sufrir represalias muy chungas de parte de sus compañeras de trabajo. 😖 Debe quemar eso de estar sirviendo la cena y que a tu compi la inviten a sentarse, mientras a ti te toca seguir currando. 
Dejando este detalle de lado, esta historia también me gustó bastante. Es emocionante, mágica, aterradora por momentos. Y tiene una escena, casi al final del libro, de Lucía con el hermano elegido por su corazón, ambos bajo la lluvia... 💔😥

Con su tercer título esta autora me sorprendió, dando un giro al realismo que no me esperaba. 



La de Lara y Jojo es, por lo que he podido leer en entrevistas y artículos, una novela que se asienta en una historia real. Seguramente, por eso es mucho más personal e intimista que el resto de los trabajos de Luna. Aquí nos presenta a una protagonista que se siente estancada en su vida; una chica normal y corriente con la que es muy sencillo, no solo empatizar, sino llegar a sentirse identificada (esos momentos de Lara preparando currículos o siendo incapaz de escribir una línea de la novela que tiene en mente😥). Un bache del que comenzará a salir cuando conoce (o sería mejor decir que se reencuentra) con Jojo, un muchacho de carácter bohemio que desprende un buen rollo increíble. 
Confieso que este libro me genera sentimientos encontrados. Por un lado, considero que es un gran trabajo. Quizás, el mejor de esta escritora. Sin embargo, su lectura se me hizo complicada. Más de una vez hube de aparcarla porque sentía que me ahogaba con toda la carga de sentimientos que estaba experimentando Lara. Creo que porque eran los mismos que con los que también yo lidiaba en ese momento, y aún hoy intento capear. 
Una historia que se sale del estilo habitual de Luna. Hermosa, pero cruda. 
Por suerte, ahí están los compañeros de piso de la protagonista. Ellos, con sus caracteres tan opuestos, forman una pareja encantadora y divertida que aportan un toque fresco y ligero, equilibrando el tono de la narración. 

Lo último publicado (hasta la fecha) de esta escritora es una biología. 

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Como primer punto a resaltar de este trabajo tengo que decir que, pese a estar dividida en dos volúmenes, es una historia completa, coherente y con sentido. Personalmente, no soy muy fan de las sagas y series. Cuando una trama se extiende demasiado casi siempre termina perdiendo su esencia y hasta su razón de ser. A mí, por lo menos, así me lo parece. Pero, como he anticipado, esto no sucede con la biología Los días robados. Incluso me atrevería a decir que fue concebida como una única novela, y que se decidió dividirla en dos por su extensión. No hay en ella nada que sobre, que huela a relleno o que intente estirar la trama innecesariamente. 
Como segundo punto, la protagonista y yo somo tocayas. 😛 Ya sé que esto es una tontería, pero me hace mucha ilusión. Supongo que es un trauma que arrastro de la infancia. A ver si te crees que es fácil pasar media vida siendo "la niña del nombre raro". 
Adriana es una chica normal, cuya vida no sería muy diferente de la de cualquier estudiante universitaria de no ser porque pierde a su novio, Daniel. Esto la deja destrozada, ya que estaba completamente enamorada de él (las Adrianas, que nos pasamos de entregadas). Sin embargo, y aunque ni ella lo imagina, el enorme dolor que siente al haber perdido al que cree su gran amor no será lo peor a lo que tendrá que hacer frente. De la noche a la mañana, su vida se convierte en un caos. O, peor todavía, comenzará a descubrir que esta ha sido una gran mentira. Y, en medio del shock que esto supone, de los secretos por desvelar y los enemigos que la acechan demasiado cerca, aparece Ángel. 
Estas dos novelas, que ya digo que en realidad son una, supuso reencontrarme con la Luna Dueñas más Drama Queen. Lo que me encantó, ya que este es un género que me apasiona y que ella domina con maestría. En realidad, no tengo nada negativo que apuntar de esta historia. Si acaso, por sacar alguna pega, si se me hizo un poco larga hacia el final, pero tampoco en exceso. No me provocó esa sensación de desear que todo se resolviera de una vez para cerrar el libro. En realidad, me dio pena despedirme de Adriana, ya que desde el principio conecté mucho con ella. Creo que, de todas las protagonistas femeninas de Luna Dueñas, esta es con la que "mejor me he llevado".  Su historia es muy, muy intensa y está rodeada por una atmósfera de intriga y suspense que me tuvo trasnochando. Todo para leer un capítulo más y así poder descubrir que sucedía a continuación.

Hasta el momento, este es el currículo literario de Luna Dueñas; en espera de que en agosto publique un nuevo título. El cual seguro que leeré porque, como habrá quedado claro, me encanta. Para mí, es una de las mejores plumas que hay actualmente en la romántica escrita en español. Tiene sentimiento, un sello propio y una manera de entender el género que vuelve única su obra. Soy de las que creen que esto es lo más importante en un escritor, y en cualquier persona que realice una actividad artística o creativa: la personalidad. Por eso mismo, te recomiendo muchísimo leer a esta escritora. Te gustará o no, eso depende de las preferencias de cada uno. Pero lo que sí te puedo asegurar es que vas a encontrar algo diferente en sus historias. 

Por cierto, Luna también administra un blog dedicado al mundo de los doramas, el Kpop y en el que hace reseñas literarias. Si te gusta el mundo Hallyu tienes que pasarte por allí. A mí me ha sacado de dudas muchas veces sobre qué serie ver y cuál descartar definitivamente. 😉 Aquí abajo te dejo un enlace, por si quieres echar un vistazo a su contenido. 

viernes, 26 de junio de 2020

Tú... (poema)

Tú...

Me inventas,
me reinventas
y me nombras.
Me construyes
para luego destruirme.
Me dibujas y, al segundo,
me borras.

Tú...

Me haces fuego
al derramar mis aguas.
Me enciendas y me apagas,
sometiendo a tus caprichos
cada una de mis ganas.


Tú...

Eres fuego, tierra,
viento y agua.
El universo resumido
en mis sentidos.
La razón para vivir
que me faltaba.

martes, 16 de junio de 2020

Cuando la contextualizacion es un error

Lo sé; ando bastante desaparecida del blog últimamente. Bueno, del blog, de Instagram y hasta de mi propia vida. Estoy en una de esas etapas en las que necesito buscarme a mí misma, porque no sé dónde me he dejado. Vamos, un clásico. A estas alturas, empiezo a pensar que sería mejor pedirle a alguien que me presente a Adriana Andivia, porque ya ni sé si alguna vez habré coincidido con ella. 😛
Me estoy dando mimitos. Dedico mucho tiempo a ver series, pelis, leer, dar largos paseos... ¿Escribir? Poco, la verdad. He aparcado la narrativa y solo agarro el bolígrafo para componer poesía. Para mí, es más terapéutica que la prosa. Como el chocolate, que es la mejor medicina que existe y por eso lo he convertido en un alimento básico de mi dieta. También he comenzado un diario.
Pero bueno, a lo que vamos. 
Como digo, estoy quemando muchas horas gracias al cine. Una de las películas que he visto últimamente es La bella y la bestia, el remake en live accion que hizo Disney de su clásico animado en... ¿2016? No conozco el dato exacto, pero allá por esa fecha debió ser.


Soy una gran fan de las princesas y los príncipes Disney, como habrá quedado claro porque son un tema recurrente en este blog-diario. Sin embargo, aunque sé que es una de las historias más queridas de las producidas por la casa del ratón Mickey, la de la peculiar Bella no es uno de mis clásicos favoritos. Me gusta, muchísimo; es una película preciosa que he visto infinidad de veces. Pero yo era más de La sirenita  y Pocahontas. Los vestidazos pomposos me agobian bastante, soy de ambientes que invitan a llevar prendas más funcionales. 😉 Esto, unido a que en su momento no me resultó nada atractiva la propuesta con actores de carne y hueso, me hizo dejar pasar de largo la visita al cine para reencontrarme con un pedacito de mi niñez. Pero ahora, que tengo tiempo de sobra, le he dado una oportunidad.
La verdad, lo que he visto no me ha parecido muy diferente de lo que esperaba. Para empezar, no me gusta nada Emma Watson para el papel de Bella. Pido perdón, porque sé que esta chica es muy querida y tiene una legión de fans. Seguramente, seré yo quien esté equivocada (cuando los que piensan lo contrario a ti son mayoría, suele deberse a esto), pero no puedo desprender de la sensación de que su expresión facial no varía, con independencia de la emoción que esté interpretando. Tampoco me resulta tan guapa como exiguía el personaje. 
Anda que me he quedado a gusto. Me siento una criticona y una persona horrible ahora mismo. 😅 Pero es que aún debo ser más perversa, porque después de ver la peli tampoco estoy satisfecha con la elección de Dan Stevens como el príncipe Adam (aka la bestia).
El problema es que, tanto él como Emma, me resultan demasiado serios. Bella y su príncipe bestia tenían carácter; se aborrecieron antes de enamorarse, tenían chispa y resultaban simpáticos y entrañables. Pero Stevens y Watson... no me creí su historia. Son más un par que aprenden a tolerarse, por el bien de la convivencia, que dos personas que aprenden a ver más allá de la apariencia del otro. No encontré complicidad entre ellos y, como he dicho, divertidos... pues no son, los chicos. 
Mención especial merece Luke Evans como Gastón. Estuvo soberbio. Claro que tampoco sé si estoy siendo objetiva con él, porque a mí, este hombre... me gusta demasiado. 🤫
Otro que bordó su papel fue Josh Gad, como Lefou. Aquí sí que no me está cegando la pasión. 


Por otro lado, y siempre bajo mi punto de vista, los encargados de la banda sonora hicieron un destrozo digno de cárcel (mínimo, una multa, pa' que no me llames melodramática) con los arreglos de las canciones. Solo el nuevo tema que canta la bestia, cuando deja ir a Bella, me gustó, pero sin llegar a encantarme. Y, aunque sea una frivolidad, el vestuario fue otro aspecto muy decepcionante. 
Da la sensación de que Bella se pasó toda peli con el mismo vestido y solo se cambió para el baile. No es así; sí que saca varios modelitos. Todos ellos reinerpretaciones de su clásico pichi celeste, con camisa blanca. Pero estos nuevos trajes son tan parecidos entre sí que cuesta diferenciarlos y, así, al final parece que esta chica no se muda de ropa y, más allá de llevar al espectador a cuestionarse sus hábitos higiénicos (los cuales no son relevantes para el desarrollo de la trama) lo deja con la sensación de que el tiempo interno de la historia es muy breve. Demasiado, para poder desarrollar los sentimientos de los personajes.
Esta monotonía en el vestuario de la protagonista es, además, innecesaria. La versión animada de Bella tiene uno de los guardarropas más amplios entre las princesas Disney. No soy diseñadora, pero creo que, aún siguiendo la línea de mantenerse lo más fiel posible al personaje de dibujos, se le podría haber dado mucha más variedad a su apariencia, ayudando así al espectador a captar el paso del tiempo (del muuuucho tiempo) que la chica pasó en el castillo de la bestia. 
Pero lo que menos me gustó, y de lo que en realidad he venido ha hablar (después de soltar esta chapa, porque ya ves que no he cambiado en mi manía de hacer larguísimas introducciones; debe ser este un rasgo característico de la tal Adriana), es del espacio físico en La bella y la bestia live action. 
En las obras de ficción hay tres tipos de espacio:
  • Espacio social.
  • Espacio psicológico.
  • Espacio físico.
Los tres son súper importantes, pero yo soy muy fan de los espacios físicos. Hasta escribí una entrada sobre él hace ya bastante tiempo. Soy particularmente sensible a los escenarios de las novelas, series y películas. Para mí, son un factor determinante para que me gusten o no. 
Entonces, ¿el espacio físico en esta película estuvo mal reflejado?
Para nada y, curiosamente, este fue el problema.
Sí; ni yo misma lo entiendo. Pero, si me tienes un poquito más de paciencia (sé que es mucho abusar, después de todo lo que he escrito ya) intentaré explicarme.
Una de las cosas que más me gustan de estas revisiones de las películas que adoraba cuando era una niña, es que me permiten apreciar una visión más madura de ellas. No solo yo me he hecho adulta, los guionistas intentan ofrecer una versión de estas obras que también lo sean. En este sentido, La bella y la bestia presenta una trama más contextualizada que su predecesora.
Esto funcionó muy bien en el musical Anastasia, donde la figura del villano, Rasputin (una especie de walking dead que, honestamente, dio lugar a escenas un poco desagradables en la versión animada), fue sustituida por un joven Lenin no tan malvado como su predecesor. Un acierto total, bajo mi punto de vista. El cambio sirve para presentar la misma historia desde una perspectiva muy diferente. Una que la hace pasar de peli para niños a espectáculo adulto y precioso. De verdad, si tienes la oportunidad de ver este musical, hazlo. La puesta en escena es bellísima.
Pero, claro, dar verosimilitud histórica a una historia como la de Anastasia es un puntazo. No en vano estamos hablando de un personaje que podemos ubicar perfectamente en una época concreta, porque formó parte de ella. Es un personaje real, aunque la historia que nos están contando sobre ella sea completamente inventada. 
Pero, ¿funciona esta contextualización histórica cuando hablamos de un cuento de hadas?
Pues, después de ver La bella y la bestia, mi opinión personal es que no. 
Partamos de la base de que una historia que presenta, en un entorno pretendidamente realista, el romance entre una muchacha y una criatura con características animales, tiene por sí solo un punto un tanto sórdido. Sin el aura de cuento... No sé, a mí la fórmula no me funciona.
Esta versión sitúa la acción en Francia, como la de dibujos, pero da algunos detalles más para poder precisar el momento exacto en que todo sucede. 
Por ejemplo, aquí, Gastón es un capitán del ejército que sufre estrés post traumático tras haber combatido en el frente. ¿De qué guerra? No se menciona en ningún momento, pero los aficionados a crear teorías sobre el universo Disney aseguran que se trata de la guerra contra los portugueses, mejor conocida como guerra de las naranjas o guerra peninsular (1801). No sé yo, pero tampoco voy a poner en duda el dato. 
Algo que me chirriaba ya en la película de dibujos es que, si todo sucedía en Francia, y la bestia era un príncipe, entonces, ¿dónde le hacemos hueco dentro del árbol genealógico de la familia real gala? En algún momento, él debió heredar el trono, ¿no?Al final, asumí que este era uno de esos casos que se ven en los dramas históricos coreanos, en los que nos presentan un príncipe o rey inventado y ya está. La veracidad del relato es lo de menos, pues no influye en el desarrollo de la narración.
Pero, claro, en la versión más reciente, al ser todo más realista y estar más acotado históricamente... ¿Dónde puñetas contextualizo al príncipe bestia? ¿Qué sentido tiene que haya un heredero a la corona viviendo en un palacio perdido en medio de la nada?... ¡¿Puede alguien decirme quién demonios está gobernando Francia?!
La duda me angustia, de verdad; muchísimo. 
En la Rusia imperial era normal que hubiera nobles, con título de príncipe o princesa, sin poder en el gobierno. Incluso ahogados por las deudas y casi viviendo en la indigencia. Pero las monarquías de Europa occidental siempre han funcionado de modo diferente. Aquí, un príncipe es un personaje con una responsabilidad gubernamental. No puede permitirse vivir la vida padre, en su casita de campo, organizando fiestas. Mucho menos, ser olvidado por obra de un hechizo y que esto no tenga consecuencias para sus súbditos.
Me gustó saber un poco más sobre la vida familiar de Bella y la bestia. Qué pasó con la madre de ella y con los padres de él. Pero, una vez más por ese innecesario realismo, la información hizo que la trama se volviera más deprimente. 
Por último, y aunque el tema sea particularmente sensible en este momento, me cuesta asimilar que en la Francia de principios del siglo XIX, y más concretamente en un pueblo minúsculo, donde una mujer aficionada a la lectura era motivo de cuchicheos y habladurías, se aceptara a un librero negro. Amen de muchos otros aldeanos de la misma raza.
A ver, no me malinterpretes. Cualquiera que me conozca mínimamente confirmará que estoy muy lejos de ser sospechosa por racista. En otras pelis, como el live action de Cenicienta, donde no se especificaba el país en el que transcurría la acción y, por lo tanto, está no estaba sometida a la verosimilitud histórica que, por otro lado,  se ha buscado dar a esta otra peli que comento, estoy muy a favor de que se presente una variedad racial entre los personajes. También estoy encantada con la elección de Halle Bailey como Ariel, en La sirenita. La chica me gusta muchísimo. Canta como una auténtica sirena, también es bellísima como una y tiene ese aire juvenil y simpático que caracteriza a Ariel. Da igual que no se parezca fisicamente al personaje de dibujos, tiene su esencia y creo que puede bordar el papel. 🥰 Pero, claro, repito que en la Francia del siglo XIX... pues me cuesta creer que pudiera haber tantan gente de otra raza que no fuera la blanca. 
Y tú dirás: 《pues anda que un príncipe bestia es muy realista》. 😒
¡Amigo! Ahí está el tema. Esa es la razón de ser de esta entrada tan larguísima que ya estoy por concluir (palabrita de niña Jesús). Porque sí, los espacios físicos son súper importantes. De eso, a mí nadie me tiene que convencer. Y la verosimilitud histórica ayuda a centrar al espectador/lector en el tiempo. Pero, cuando hablamos de un cuento de hadas, ¿de verdad queremos tanto realismo?
Yo, te aseguro que no.
Ahora sí me despido.
Intentaré estar más activa por aquí y no fallar a la publicación de mi entrada semanal. En todo caso, si en el futuro vuelvo a faltar a la cita, no me lo tengas muy en cuenta, ¿vale? 😉 Piensa que ando más loquita de lo habitual y andaré ocupada con mi camisa de fuerza. 

martes, 2 de junio de 2020

Desempolvando viejas historias

Pues... Va siendo hora de seguir avanzando, ¿no? El mundo se detuvo bruscamente el pasado invierno, pero ya es casi verano y, poco a poco, parece que todo esta volviendo a su lugar. 
El pasado jueves pisé la calle por primera vez, desde el 14 de marzo, y pude ver de primera mano qué es eso a lo que ahora se llama "la nueva normalidad". Pero este no fue el único paso adelante que di. Ese mismo día ―ya ves que debo marcar la fecha en el calendario como esa en la que comencé a vivir de nuevo 😛― decidí que era hora de darle la oportunidad a una de las novelas que tengo secuestradas, negándoles que alguien más las sueñe. Después de haberla releído, y sometido a una de esas correcciones a las que soy taaaan aficionada, he enviado a Lana y Darío, mis amantes olvidados, ha hacer un tour por diversas editoriales. 


Cuando puse título a su historia, no imaginé hasta que punto les iba a ir bien. Aunque, bueno, tampoco puedo decir que me haya olvidado de ellos en todos estos meses que han pasado desde que nos despedimos, en el obligado punto final. En realidad, ellos, y el resto de personajes que los acompañan en su aventura, han vuelto a mi memoria con relativa frecuencia. La que protagonizan me parece una excelente novela.
A ver, que esto no suene a sobrada por mi parte. Lo que quiero decir es que estoy muy satisfecha con el resultado y creo que conseguí hacer un trabajo muy digno. 
Por desgracia, Los amantes olvidados también es una de esas novelas que me hacen plantearme si soy o no una autora de Novela Romántica. Quizás sea, de todas las que he escrito hasta la fecha, la que más me hace cuestionarmelo. Porque, a ver, la de Lana y Darío es una historia muy, muy romántica. Pero ya expliqué, hace algunas entradas, que, aunque suene paradójico, eso no implica que entre a formar parte del género. 
Pero, dejando de lado este tema... ¿no es una pena mantener un trabajo del que te sientes orgullosa y satisfecha encerrado en un cajón, solo porque no sabes si merece que se le cuelgue una etiqueta? Yo he llegado a la conclusión de que sí y, por lo mismo, me he decidido a probar suerte. 
No tengo muchas esperanzas ―por no decir ninguna― de obtener respuesta por parte de las editoriales a las que he presentado este trabajo. Ya digo que no sé hasta que punto puedan estas considerar que Los amantes olvidados encaja con su línea editorial. A saber, esto es siempre algo muy subjetivo, depende de las manos a las que llegue el manuscrito.  El gran hadicap que tiene este trabajo es que siempre estás dependiendo de la opinión que un tercero tenga de lo que has hecho. 
Lo más curioso de todo es que, mientras que cuando hice este mismo proceso con Una vida contigo esperaba, de una manera casi obsesiva, que alguien me ofreciera una propuesta de edición en papel de la obra, ahora, por el contrario, lo que busco son ofertas para sacar la novela en ebook. La experiencia te cambia la perspectiva sobre las cosas. Hoy sé que, por mucho que el sueño de todo autor sea tener su obra en papel, lo más ventajoso que para un autor sin fama que trabaja con editorial es firmar un contrato para una edición digital. Como siempre, hay una gran diferencia entre aquello que soñamos y lo que estamos capacitados para manejar. 
De todas maneras, lo que sí te puedo asegurar es que vas a conocer a esta pareja. Si no es de la mano de un sello editorial, será con la ayuda de mi bien amando Create Space ―¡Qué descubrimento, amig@!😛―. Como ya he dicho, es una pena que Darío y Lana sigan a la sombra. Tengo la máxima de que, como escritora, no poseo la fórmula para crear una novela que guste a todo el mundo. Esto, como te imaginarás, es un imposible. Por lo mismo, si al leer mi trabajo llego a la conclusión de que he escrito un libro que yo misma, como lectora, habría disfrutado, entonces puedo decir que he hecho un buen trabajo. 
Cumple tus propias expectativas. Es lo único, y lo más honesto, que puedes hacer. 
He disfrutado mucho la relectura de Los amantes olvidados. Después de tanto tiempo transcurrido desde que la finalicé, había olvidado el modo en que está escrito. Así como muchas escenas y detalles de la trama, y ha sido genial recordarlos. Me he vuelto a enamorar de esta historia, por eso estoy dispuesta a apostar por ella. 
Estante atent@, tengo planeado que pronto tú también puedas disfrutarla.