jueves, 14 de junio de 2018

La luna (poema)

En la curvatura de la luna,
menguante o creciente, eso da igual.
La que es una cuna de nácar
que mece la noche a su compás.

Sábanas de plata al viento,
barrotes de frío metal,
arrullo de mil lamentos,
infinita soledad.

En la curvatura de la luna
que mira al mundo y lo ve pasar;
que cierra los ojos y sigue durmiendo.
Ahí es donde quiero emigrar.

martes, 5 de junio de 2018

Trabajando en la portada

Ya ha iniciado el proceso de maquetación de la que va ha ser mi segunda novela publicada. La editorial me envió hace unos días un cuestionario con preguntas que debía responder, para que los responsable del diseño de la portada tuviesen suficiente información sobre la historia a la hora de elaborar la cubierta. 
Me lo pasé en grande contestando el formulario, la verdad. No hay nada que a un escritor le guste más que hablar de sus personajes. Por lo menos,  a mí me pasa, os aseguro que si empiezo no paro 😛. Además, esta novela la acabé hace meses (en septiembre del año pasado), y ha sido muy bonito reencontrarme con Berta, Nino y los demás, que aunque no sean protas también tienen su lugar. Una historia se compone de muchos personajes y todos son importantes, aunque luego unos tengan más peso que otros.
De momento no puedo dar mucha información. Adelantar solo que, como creo que ya escribí en alguna otra ocasión, la novela se publicará después de agosto (sin fecha fija aún). Y, ahora sí, como dato nuevo voy a decir que llevará por título Es medianoche, Cenicienta. De ahí el aluvión de alusiones al cuento y de zapatitos de cristal que decoran el blog.
¡Ay! Qué ñoña soy 😖.


Conforme vaya sabiendo más, iré dando detalles. Seguro que sí, porque estoy ilusionada como una niña pequeña. 
¡Qué ganas de ver la portada! 

sábado, 2 de junio de 2018

La valoración de mi lector beta

Cuando terminas de escribir una novela necesitas un lector que te aporte la visión objetiva que tú, como autor, no siempre tienes. El consejo más común es que busques a una persona lejos de tu entorno y que no tenga ligaduras afectivas contigo, para que no influencien su valoración de la obra. Sin embargo, cuando me puse a pensar en alguien que me pudiese ofrecer infinitas dosis de sinceridad, aún a riesgo de ser hiriente, resultó que tenía la solución bien a mano. Supongo que es una regla flexible, después de todo. 
El caso es que es difícil, muy difícil, exponerte a la opinión descarnada que otra persona (conocida de antemano o no) tendrá de tu libro. ¿Y si no le gusta?... ¡¿Y si lo detesta?! ¿Y si considera que soy una pésima escritora? Tiendo a comerme mucho la cabeza, es verdad. Y más, en esta ocasión. Ya comenté en otra entrada que, de todo lo que he escrito, la novela que acabé hace unas semanas ha sido lo más complicado. Lo que me ha tenido más liada y a lo que le he dado más vueltas. Es la historia que más inseguridad me genera cuando pienso en si habré sido capaz de contar lo que quería contar. Por eso también ha sido la que más me ha costado ceder al juicio de mi pozo de honestidad sin fin.
Me daba miedo lo que me pudiese decir. Sí, sí; mucho, lo admito. No tengo la más mínima intención de hacerme la valiente ni la heroína. Ese no es mi papel, soy una mera narradora de aventuras.
Estaba preparada para lo peor (¡Mentira! Nunca se está preparada para eso, pero hice por mentalizarme). De modo que cuando me soltó, sin venir a cuento y de forma completamente inesperada, un "por cierto, me encanta tu libro"... No supe como reaccionar. Ya digo que no era lo que esperaba. Eso sí, una vez superado el impacto, el subidón fue suculento como una pieza de pastel tres chocolates.


Siento una gran vinculación hacia mis historias. No sé si eso es bueno o, por el contrario, padezco algún tipo de síndrome de destete de autor. Pero es así. Todas mis novelas son muy importantes porque, aunque están a años luz de mi realidad, llevan una buena dosis de mí. Son una fantasía íntima que visto de ilusión, la de compartirla con más gente, y se cimienta en mucho trabajo. Gratificante, pero también duro. Aún así, este último (de momento) manuscrito se está ganando un lugar muy especial en mi corazón. Por un lado, por lo mucho que he luchado para sacarlo adelante. Por el otro, por la satisfacción de recibir una primera crítica tan buena como inesperada. 

lunes, 28 de mayo de 2018

El complejo del friolero (poema)

Sé que me miras raro
y que te cuesta entenderlo,
porque en cuanto sale el sol
tú te quedas con lo puesto. 

Con mangas de camisa,
y esos shorts tan indiscretos,
te paseas por la plaza
aunque haga menos cero.

Y es que ya casi es junio.
¡El verano es un hecho!
Pero, con este clima tan gris,
yo aún me siento en invierno.

Soy un espíritu libre.
El calendario no es mi dueño.
Así que te lo repito
pa' que dejes el requerimiento.

No, no tengo calor.
Ni atravesar el Polo Norte por sueño.
Lo que tengo es frío... ¡Carajo!
A ver si te enteras... ¡So lerdo!

sábado, 26 de mayo de 2018

La eterna lucha con la escritura de Philip Roth

El miércoles nos desayunamos con la noticia de que Philip Roth, eterno candidato al nobel de literatura (siempre creí que este era Murakami) había fallecido a los ochentaicinco años de edad. Una gran pérdida, sin duda. Pero, más allá de la muerte del escritor, me impactaron algunos datos biográficos que el reportero a cargo la noticia apuntó. Concretamente, los que describían la relación de Roth con la escritura. 
Resulta que a este genio de las letras, escribir nunca le resultó fácil. "Es frustración", llegó a decir. "Es una frustración diaria. Sin mencionar que es una humillación. No me puedo enfrentar más con los días que escribo cinco páginas y las tengo que tirar". Hasta tal punto se llevaba mal con las letras que, cuando se retiró, en el año 2012, colocó en la pantalla de su ordenador un pos-it con la frase: "the struggle with writing is over" (la lucha con la escritura ha acabado).
Mi primera reacción a las palabras del señor Roth fue de incomprensión. Luego, me indigné. Sí, lo hice; pese a ser consciente de que yo, una simple hormiguita, no soy nadie para juzgar a un titan como él. Aún así, no pude evitarlo porque, para mí, que sueño con dedicarme a la escritura sin tener que entregarme a ella sacrificando horas de sueño y vida social; que me veo obligada a dar de lado a la que es mi vocación para mantenerme con un trabajo más "práctico", su visión del oficio que tanto amo es incomprensible.


"Decidí que estaba terminando con la ficción. Ya no la quiero leer, no la quiero escribir y ni siquiera quiero hablar de ella", fue otra de las declaraciones de este grande. Y, en ese punto, mi enfado se convirtió en tristeza. Una tristeza infinita que ralló en depresión.
¿En que momento perdió, el que ha sido uno de los más importantes autores norteamericanos de la actualidad, la pasión que lo llevó a convertirse en novelista? Porque esta no es una profesión a la que se llega buscando prestigio o dinero, es demasiado inestable para que la ambición arrastre a nadie a ella. Solo la pasión te empuja a juntar palabras como un poseso. Por eso creo que puedo entender lo frustrado que llegó a sentirse Philip Roth al final de su carrera. Así lo pienso porque, de verme en su misma situación algún día, no sé qué haría. No quiero ni pensar en que puedo perder el gusto por inventar historias y plasmarlas en el papel. Es mi válvula de escape, mi particular medicina para combatir las enfermedades que no curan los medicamentos que se venden en la farmacia. Si desapareciese, gran parte de la persona que soy se iría con ello.