Cuando terminas de escribir una novela necesitas un lector que te aporte la visión objetiva que tú, como autor, no siempre tienes. El consejo más común es que busques a una persona lejos de tu entorno y que no tenga ligaduras afectivas contigo, para que no influencien su valoración de la obra. Sin embargo, cuando me puse a pensar en alguien que me pudiese ofrecer infinitas dosis de sinceridad, aún a riesgo de ser hiriente, resultó que tenía la solución bien a mano. Supongo que es una regla flexible, después de todo.
El caso es que es difícil, muy difícil, exponerte a la opinión descarnada que otra persona (conocida de antemano o no) tendrá de tu libro. ¿Y si no le gusta?... ¡¿Y si lo detesta?! ¿Y si considera que soy una pésima escritora? Tiendo a comerme mucho la cabeza, es verdad. Y más, en esta ocasión. Ya comenté en otra entrada que, de todo lo que he escrito, la novela que acabé hace unas semanas ha sido lo más complicado. Lo que me ha tenido más liada y a lo que le he dado más vueltas. Es la historia que más inseguridad me genera cuando pienso en si habré sido capaz de contar lo que quería contar. Por eso también ha sido la que más me ha costado ceder al juicio de mi pozo de honestidad sin fin.
Me daba miedo lo que me pudiese decir. Sí, sí; mucho, lo admito. No tengo la más mínima intención de hacerme la valiente ni la heroína. Ese no es mi papel, soy una mera narradora de aventuras.
Estaba preparada para lo peor (¡Mentira! Nunca se está preparada para eso, pero hice por mentalizarme). De modo que cuando me soltó, sin venir a cuento y de forma completamente inesperada, un "por cierto, me encanta tu libro"... No supe como reaccionar. Ya digo que no era lo que esperaba. Eso sí, una vez superado el impacto, el subidón fue suculento como una pieza de pastel tres chocolates.
Siento una gran vinculación hacia mis historias. No sé si eso es bueno o, por el contrario, padezco algún tipo de síndrome de destete de autor. Pero es así. Todas mis novelas son muy importantes porque, aunque están a años luz de mi realidad, llevan una buena dosis de mí. Son una fantasía íntima que visto de ilusión, la de compartirla con más gente, y se cimienta en mucho trabajo. Gratificante, pero también duro. Aún así, este último (de momento) manuscrito se está ganando un lugar muy especial en mi corazón. Por un lado, por lo mucho que he luchado para sacarlo adelante. Por el otro, por la satisfacción de recibir una primera crítica tan buena como inesperada.
Me daba miedo lo que me pudiese decir. Sí, sí; mucho, lo admito. No tengo la más mínima intención de hacerme la valiente ni la heroína. Ese no es mi papel, soy una mera narradora de aventuras.
Estaba preparada para lo peor (¡Mentira! Nunca se está preparada para eso, pero hice por mentalizarme). De modo que cuando me soltó, sin venir a cuento y de forma completamente inesperada, un "por cierto, me encanta tu libro"... No supe como reaccionar. Ya digo que no era lo que esperaba. Eso sí, una vez superado el impacto, el subidón fue suculento como una pieza de pastel tres chocolates.
Siento una gran vinculación hacia mis historias. No sé si eso es bueno o, por el contrario, padezco algún tipo de síndrome de destete de autor. Pero es así. Todas mis novelas son muy importantes porque, aunque están a años luz de mi realidad, llevan una buena dosis de mí. Son una fantasía íntima que visto de ilusión, la de compartirla con más gente, y se cimienta en mucho trabajo. Gratificante, pero también duro. Aún así, este último (de momento) manuscrito se está ganando un lugar muy especial en mi corazón. Por un lado, por lo mucho que he luchado para sacarlo adelante. Por el otro, por la satisfacción de recibir una primera crítica tan buena como inesperada.

No hay comentarios:
Publicar un comentario