Ahí, justo ahí es donde llegué el pasado lunes.
Estoy hablando metafóricamente, claro; porque ya sabes que en España seguimos confinados. ¿Cuántos días van? Yo he perdido la cuenta. 😅 Aunque, si te soy honesta, tampoco me importa tanto. Le he cogido el gusto a esto de vivir en pijama y tengo mi vida completamente organizada, como te he contado con anterioridad en algún otro post. Después del terrible comienzo de año que tuve, empiezo a ver la luz. Y me asusta pensar si esto de sacar la cabeza del hoyo es algo que estoy haciendo por mí misma o tendrá que ver con el parón obligado que ha hecho el mundo. Porque ahora, vivir me está resultando demasiado fácil; aquí, dentro de mi madriguera. Me aterra enfrentarme de nuevo a la vida real, la normalidad, lo cotidiano...
Lo sé, estoy como una cabra. No es nuevo. Tienes todo el derecho a ponerme verde, como la hoja del perejil.
Pero mis idas de olla ahora no vienen al caso. Retomando el tema del post; sí, he llegado a mi destino. El fijado en mi mapa de escritora. Ese que tracé para no perderme en el desarrollo de la novela que comencé a escribir a principios de marzo. ¿Recuerdas que te he ido relatando cómo me iba con este método de trabajo? Pues ya tengo listo el primer borrador de esta nueva historia.
Ha sido un visto y no visto.
Hablaba en otra entrada de lo genial que resulta escribir con mapa para incrementar el rendimiento. Pero he superado con creces la fecha prevista para tener este primer esbozo de la novela. En realidad, esta ha sido la que marqué en el calendario tras organizar todo el trabajo. Pero, tal como ya relaté, me han ido surgiendo escenas improvisadas sobre la marcha. También hubieron tres días, a principios de marzo ―cuando comenzaba este trabajo― que me salté el plan y no escribí. Cuesta acostumbrarse a las nuevas rutinas, ya sabes. Por eso esperaba que el primer borrador no estuviera listo hasta finales de abril, como muy pronto.
Hablaba en otra entrada de lo genial que resulta escribir con mapa para incrementar el rendimiento. Pero he superado con creces la fecha prevista para tener este primer esbozo de la novela. En realidad, esta ha sido la que marqué en el calendario tras organizar todo el trabajo. Pero, tal como ya relaté, me han ido surgiendo escenas improvisadas sobre la marcha. También hubieron tres días, a principios de marzo ―cuando comenzaba este trabajo― que me salté el plan y no escribí. Cuesta acostumbrarse a las nuevas rutinas, ya sabes. Por eso esperaba que el primer borrador no estuviera listo hasta finales de abril, como muy pronto.
Toda una sorpresa que no haya sido así. La cual sé que tengo que agradecer a la cuarentena, porque en circunstancias normales no habría podido dedicarle tanto tiempo a la escritura.
Sin embargo.... La alegría que siento cada vez que termino de narrar una historia se ve empañada por el miedo y la inseguridad. Y es que no puedo ver en las casi trescientas paginas que he ido escribiendo las últimas cinco semanas una historia completa. Le falta entidad para ello. Debo repasar el texto, corregir faltas pero también perfilar la trama, los ambientes, los personajes... Y eso es lo que me asusta, porque no sé si seré capaz de convertir el desastroso manuscrito que tengo ahora en una novela de verdad.
Por otro lado, siento la historia y a sus personajes como extraños. A día de hoy puedo decir que no les tengo el afecto que suelo agarrar a las personas que transitan por mis obras. Será porque he convivido con ellos poco tiempo y no he podido conocerlos muy bien. No me han calado. Aunque sí me han ayudado a hacer más llevadera la cuarentena. Durante estas semanas, el mejor momento del día ha sido sentarme a escribir y sumergirme en la fantasía, olvidando el resto de mundo. Solo por eso, debería estarle agradecida a esta pandilla, ¿no?
Por otro lado, siento la historia y a sus personajes como extraños. A día de hoy puedo decir que no les tengo el afecto que suelo agarrar a las personas que transitan por mis obras. Será porque he convivido con ellos poco tiempo y no he podido conocerlos muy bien. No me han calado. Aunque sí me han ayudado a hacer más llevadera la cuarentena. Durante estas semanas, el mejor momento del día ha sido sentarme a escribir y sumergirme en la fantasía, olvidando el resto de mundo. Solo por eso, debería estarle agradecida a esta pandilla, ¿no?
Nunca he sido partidaria de Nanowrimo, ni de ningún otro sistema que pregone el escribe sin preocuparte por las letras dejas atrás. Eso no quiere decir que no me parezcan métodos estupendos. Pero solo para quienes sean capaces de trabajar en esas condiciones, como ocurre con todo. Yo necesito el orden, ir creando un rastro seguro y bien encaminado en el papel por el que paso. Es algo que a los escritores siempre nos dicen que no debe preocuparnos. Que lo que tenemos que hacer es escribir, y ya luego corregimos todo lo que haga falta. Pero... a mí me cuesta tanto rendir de esta manera. Sin embargo, he caído en la tentación de acabar un trabajo rápido. Lo he hecho... ¡Y me ha gustado demasiado!
El gran problema ―mi gran problema― lo enfrento ahora, que llega el momento de pagar los costes de tantísima velocidad. El miércoles, dejando un día de descanso tras finalizar el proyecto, hice un primer intento de sentarme a peinarle la enmarañada melena a este retoño que acabo de traer al mundo. Me he agobiado tanto que he decidido dejarlo en reposo unos meses y retomar la historia con la que estaba a principios de año. Aunque, eso sí, he comenzado a organizar una escaleta de la misma a partir de los tres capítulos que ya tengo escritos. Esa parte del experimento que he llevado a cabo sí me ha gustado y la encuentro muy ventajosa.
Así que, tras todo lo expuesto, creo que la conclusión es que todos tenemos nuestros tiempos y debemos respetarlos. Porque, si me paro a pensarlo objetivamente, la verdad es que sigo sin tener nueva novela terminada, por más que ahora sume un borrador almacenado en mi USB. Este no estará listo hasta que le meta mano al texto y lo pula para dejarlo como Dios manda. De modo que, acéptalo, Adriana; eres una autora que necesita dejar cocer su trabajo a fuego lento. De otra manera, lo único que consigues es echar a perder la comida. 😔
Así que, tras todo lo expuesto, creo que la conclusión es que todos tenemos nuestros tiempos y debemos respetarlos. Porque, si me paro a pensarlo objetivamente, la verdad es que sigo sin tener nueva novela terminada, por más que ahora sume un borrador almacenado en mi USB. Este no estará listo hasta que le meta mano al texto y lo pula para dejarlo como Dios manda. De modo que, acéptalo, Adriana; eres una autora que necesita dejar cocer su trabajo a fuego lento. De otra manera, lo único que consigues es echar a perder la comida. 😔

¡Ánimo Adriana! Te entiendo mucho en lo que cuentas, la verdad, como escritoras, siempre tenemos nuestros altibajos y novelas que, como comentas, a veces se quedan un poco atascadas y otras que van saliendo solas. Pero el caso es seguir hacia delante, y digan lo que digan, las que tenemos que estar contentas con nuestro trabajo y nuestros "niños" somos nosotras ^^
ResponderEliminarEstoy segura de que te quedará una novela chulísima <3 Un abrazo :)
¡Hola!
EliminarTienes razón, cada uno es como es; y yo soy lenta, muy lenta. :-P
Me gusta probar todas las técnicas de escritura para aprender y mejorar en lo posoble, pero la verdad es que muchas de ellas, al final, acaban entorpeciéndome más que ayudándome. Creo que, en realidad, cada uno tiene sus propios metódos para organizarse el trabajo y escribir es algo tan personal que la mecánica no sirve.
Muchísimas gracias por pasarte, Luna. Y por los ánimos.
¡Besos!